Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

sábado, 1 de marzo de 2014

“Busquen el Reino y la justicia de Dios y lo demás vendrá por añadidura” (Mateo 6,24-34)



8º Domingo del tiempo de la Iglesia 


Estamos ante un texto que no es elaboración teológica del evangelista, sino que son, seguramente palabras dichas por el propio Jesús, ya que los evangelios fueron escritos en griego y estos párrafos conservan conceptos arameos muy arraigados. El biblista Joaquim Jeremías y otros exégetas de renombre, afirman que cuando en los Evangelios que fueron redactados en griego, se conservan conceptos o términos arameos, es por respeto al mismo Maestro que pronunció esas palabras. No puedo menos que conmoverme hasta lo más íntimo, sabiendo que el mismo Señor pronunció estas palabras.


1.    El texto en su contexto:

En tiempos de Jesús, difícilmente dos señores, dueños de esclavos, los compartían, y si esto sucedía, resultaba que la lealtad estaba dividida y el esclavo se inclinaba más a uno que otro, dependiendo de las situaciones. Distintas versiones bíblicas presentan el término “riquezas”, sin embargo, una traducción literal sería “Mammón”, un término arameo que significa: propiedad, dinero, bienes materiales o beneficios (versículo 24).

Mammón es un término que no aparece en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento Jesús la pronuncia en el marco del gran sermón, del monte en Mateo 6,24 o del llano en Lucas 16,9.11.13). En aquella época se empleaba generalmente para referirse a un espíritu malo o dios que personificaba las riquezas.

Jesús enfrenta dos realidades, el servicio a Dios y la idolatría, como forma de acumulación personal, egoísta y avara de los bienes o riquezas (Colosenses 3,5).

Los dos ejemplos propuestos por Jesús, respecto a las aves y las flores del campo (versículos 25 – 32) refuerzan la importancia de no preocuparse por las posesiones, algo totalmente contrario a lo que vivimos en nuestros días; algo totalmente contrario a lo que aspiramos en nuestra sociedad.

Jesús transmite la confianza en un Dios que es providente, generoso, amante y cuidador de su pueblo (versículo 31-33); e invita a trabajar en la construcción de ese otro mundo posible al que llamó Reino, donde las personas gozan de dignidad y derechos (versículo 34). Una Justicia de Dios que a diferencia de la justicia humana, es parcial (Deuteronomio 10,18; Oseas 10,12; Isaías 30,18), tomando partido por las personas oprimidas, excluidas y discriminadas (Job 29,12-17; Salmo 145 [146] 7-9; Malaquías 3,5).

Según la Biblia, oprimir o explotar significa utilizar el poder en beneficio propio, limitando o privando a otras personas de sus derechos básicos (Marcos 12,40); en cambio hacer justicia significa corregir ese abuso, satisfaciendo las necesidades de esas personas que son victimizadas (Isaías 1,7).

En la concepción bíblica, la justicia presuponía que las personas vivieran en comunidad. Cuando alguien se empobrecía o se limitaban sus derechos o dignidad, en relación al resto de la comunidad, tenían que ser fortalecidas para poder mantenerse como parte del grupo, viviendo como miembros del mismo pueblo (Levítico 25,35-36). Es decir que la justicia, de acuerdo a la concepción bíblica, restaura e integra a la persona a su comunidad, es inclusiva y liberadora (Salmo 76 [77] 9; Isaías 45,8; 58,11; 62,1-2).


2.    El texto en nuestro contexto:

Las discípulas y los discípulos de Jesús en el siglo XXI recibimos la invitación de Jesús a dejar nuestras preocupaciones por las seguridades, el confort, el consumismo que están relacionados a nuestro porvenir, y arriesgarnos por lo que es verdadero y valedero: la justicia para todas las personas.

La construcción de otro mundo posible, otro cristianismo posible, otra iglesia posible, otra familia posible, solo puede darse si postergamos intereses personales para servir a la construcción del Reino, aquí y ahora,

El discipulado no admite mediocridad. Exige radicalidad. ¿Quiénes están dispuestos o dispuestas, a dejarlo todo por continuar la obra de Jesús? No es suficiente ser un buen cristiano, no alcanza con dar limosna, no sirve ir a las celebraciones religiosas, no tiene sentido la oración personal o comunitaria, si todo esto, no está asociado directamente a la acción radicalmente,  revolucionariamente y escandalosamente transformadora de las estructuras injustas en espacios inclusivos y liberadores, solidarios y participativos.



Buena semana para todas y todos.
+ Julio, obispo de la Iglesia Antigua de Uruguay - Diversidad Cristiana.

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