domingo, 26 de agosto de 2018

Tú mensaje es de vida plena, digna y abundante para todas las personas, por eso te seguimos




Domingo de la Décima cuarta semana del Tiempo de Misión en la Diversidad
26 de Agosto

1.     El texto en su contexto:

El Evangelio exige compromiso y radicalidad. En muchas situaciones el discipulado se torna un verdadero desafío, una exigencia que no queremos enfrentar. Eso le sucede a aquellos discípulos que sintieron que el modo de hablar de Jesús era duro, que no se le podía hacer caso. No estaban preparados o no querían radicalizar su fe. Hacerlo ponía en riesgo sus seguridades, sus comodidades, sus creencias, sus formas de vivir. Por eso deciden abandonarlo.

El relato evangélico nos presenta una de tantas crisis que vivió el movimiento de Jesús, la Iglesia. La división entre quienes optaron por la seguridad y quienes lo arriesgaron todo por el proyecto de Jesús. Seguir a Jesús implicaba desinstalarse, abandonar la zona de confort, arriesgarse a lo desconocido, aceptar que otra forma de vivir y de entender la vida era posible. Unos optaron por lo que la sociedad y cultura del momento entendía que era lo normal, lo natural, lo aceptado, lo querido por Dios.

Jesús puso en riesgo lo que era aparentemente una verdad aceptada sobre su identidad. Para todos era el hijo de aquella pareja nazarena que todos conocían, José y María, se resistían a comprender que su identidad iba más allá de lo que habían naturalizado los líderes del pueblo y sus discípulos.


2.     El texto en nuestro contexto:

Ser discípulo en el siglo XXI no difiere tanto del siglo I y II. La realidad de nuestros tiempos nos interpela. Las formas de vida, de creer, de expresar la fe, de relacionarnos con el mundo pone en crisis al movimiento de Jesús, la Iglesia actual.

Uruguay se encuentra en estos momentos polarizado por el proyecto de Ley para las personas Trans. Esa polarización se refleja también en la Iglesia. Algunos sectores del cristianismo están escandalizados porque la realidad demuestra que hay otras formas de vida que no encajan en los binarismos de género y sexo. Sienten cuestionadas sus creencias sobre lo natural y lo normal. Se escandalizan porque hay personas que reclaman se les reconozca su identidad. Y es que reconocer su verdadera identidad significa sacarlas del lugar del “pecado”, del lugar de lo “anormal”, del lugar de lo “contra la naturaleza”, del lugar de la enfermedad: disforia.

Que se reconozca la dignidad y los derechos de las personas trans les resulta un verdadero escándalo, un atentado contra lo que se ha creído y practicado durante siglos.

Desde la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana entendemos que el Evangelio es esencialmente inclusivo de las diferentes realidades humanas. Entendemos que las personas trans han existido desde siempre y que no eligen serlo sino que esa es su identidad, nacen trans, como otras nacemos heterosexuales, bisexuales u homosexuales. Entendemos que esta afirmación está en sintonía con el mensaje del Padre que nos comunica Jesucristo; un mensaje de amor, de aceptación, sin prejuicios ni preconceptos. En las palabras y las acciones de Jesús encontramos el fundamento para realizar estas afirmaciones, actuando con un compromiso radical y una solidaridad radical con las personas trans.

Como colectivo que quiere seguir al Señor en el discipulado optamos por ser fieles a Dios y no a creencias y prácticas humanas y con el apóstol Pedro afirmamos: Tú mensaje es de vida plena, digna y abundante para todas las personas por eso te seguimos.

Bendecida semana a todos y todas.
+Julio.