domingo, 30 de agosto de 2020

Reflexión 13 er. Domingo después de Pentecostés - Mt. 16:21-27

 


Desde entonces, Jesús comenzó a explicarles a sus seguidores que tendría que ir a Jerusalén, y que los ancianos líderes, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley lo harían sufrir mucho. Tendría que morir, pero a los tres días resucitaría. Entonces Pedro se lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo:

—Señor, Dios tenga compasión de ti. ¡Que nunca te suceda eso!

Jesús se volvió y le dijo a Pedro:

—¡Largo de aquí, Satanás! ¡Me estás estorbando! A ti no te preocupan las cosas de Dios, sino las de la gente.

Entonces Jesús les dijo a sus seguidores:

—Si alguien quiere ser mi seguidor, tiene que renunciar a sí mismo, aceptar la cruz que se le da y seguirme. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, la encontrará. De nada vale tener todo el mundo y perder la vida. Nadie puede pagar lo suficiente para recuperar su vida. Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles y entonces dará a cada cual la recompensa que merece por lo que haya hecho.

 

1.     El texto en su contexto

El relato evangélico de hoy está a continuación de la confesión de Pedro sobre la que reflexionábamos el domingo pasado. Se encuentra en un escenario donde Jesús va preparando a la comunidad apostólica para el fin trágico de su ministerio. Éste es el primer anuncio de su muerte.

El mismo que días atrás lo confesaba como Mesías, Hijo de Dios, ahora intenta desvirtuar la misión de Jesús. Y es que los discípulos tenían una expectativa mesiánica diferente (Mt. 20:20-28). Al igual que la mayoría del pueblo, esperaban que el Mesías expulsara a los romanos de la tierra que Dios les había dado y que estableciera el reinado de Israel.

Pero Jesús, visualizaba otra realidad. Se identificaba con la figura del Siervo de Yavé de los relatos del profeta Isaías. Tiempo después, pasado el Acontecimiento Pascual, los discípulos comprenderán estas afirmaciones de Jesús. La consecuencia de sus dichos y hechos lo ponían en un lugar complejo, de enfrentamiento al poder político y religioso, justamente, quienes se aliarán para matarlo.

En paralelo al anuncio de su muerte, Jesús enseña que el discipulado implica coherencia. Seguir a Jesús es oponerse a esos dos poderes que conspiran contra la dignidad de las personas cuando les pervierte el uso del poder. Y oponerse al poder político y al poder religioso tiene como consecuencia la expulsión, la persecución, el juicio y la muerte.

 

2.     El texto en nuestro contexto.

Poco ha cambiado este escenario desde los tiempos de Jesús. Quienes han optado por un seguimiento radical, tarde o temprano, han enfrentado rechazo de los poderosos, persecución, amenazas, detenciones, torturas y en muchos casos la muerte, real o simbólica.

Aún dentro de la Iglesia, quienes buscar vivir un cristianismo más auténtico, sufren la incomprensión y el rechazo de otros cristianos

Nuestro contexto,  de injusticia, desigualdades y opresión; donde los recursos naturales son explotados salvajemente; donde los trabajadores son reemplazados por máquinas que el sistema capitalista crea para enriquecer a unos pocos; donde el alimento y el agua potable no llega a la totalidad de la humanidad; donde a los pueblos originarios se les expropian sus tierras para que los terratenientes las exploten; donde las ciudades se han convertido en los lugares donde se concentran las mayores desigualdades y opresiones; se levantan voces denunciando la presencia del mal, surgen personas proponiendo modelos alternativos, otras que anuncian otro mundo posible. Pero muchas de esas personas son perseguidas y asesinadas.

Basta detenernos en las noticias: campesinos perseguidos, trabajadores golpeados, líderes de indígenas  detenidos, activistas de derechos humanos asesinados…

La persecución a Jesús, continúa hoy en la persecución a las personas que trabajan por la paz y la justicia; por los derechos de los pueblos, la naturaleza y los derechos humanos; por la inclusión y el cese de las discriminaciones.

En esta realidad estamos inmersos. En esta realidad, Jesús nos desafía a posicionarnos, con Él o contra Él. Cada cristiana y cristiano, haciendo uso de su libertad tiene, necesariamente, que tomar una posición; de nosotros y nosotras depende; como Pedro, en su mediocridad, buscaremos el camino fácil y sin riesgos o como Jesús, imitando su ejemplo

 

Buena semana para todos y todas.

sábado, 22 de agosto de 2020

Reflexión 12° Domingo después de Pentecostés - Mateo 16:13-20

 



 Cuando Jesús vino a la región de Cesarea de Filipo, les preguntó a sus seguidores:

—¿Quién dice la gente que soy yo, el Hijo del hombre?

Ellos contestaron:

—Algunos creen que eres Juan el Bautista, otros dicen que eres Elías y otros que eres Jeremías o uno de los profetas.

Jesús les dijo:

—Y ustedes, ¿quién creen que soy yo?

Simón Pedro le respondió:

—Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente.

 Jesús le dijo:

—Simón, hijo de Jonás, qué afortunado eres porque no fue un ser humano el que te lo reveló, sino mi Padre que está en el cielo. También te digo que tú eres Pedro, y construiré mi iglesia sobre esta roca. Las fuerzas de la muerte no la derrotarán. Te daré las llaves del reino de Dios. Si tú juzgas a alguien aquí en la tierra, Dios ya lo habrá juzgado en el cielo. A quien perdones aquí en la tierra, Dios también lo habrá perdonado en el cielo.

Entonces Jesús les advirtió a sus seguidores que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

 

1.     El texto en su contexto.

El relato evangélico de hoy presenta una de las confesiones de fe de los discípulos a la que se le ha dado una trascendencia  fundamental para sostener el poder terrenal y espiritual del papado. Sin embargo, los evangelios recogen otras confesiones de fe; el domingo pasado leíamos el relato de la mujer pagana que lo reconoce como el Mesías asignándole el título de “Hijo de David” (Mt. 15:22); en otro pasaje, María Magdalena lo confiesa como “Maestro” (Jn. 20:16); Tomás como “Señor y Dios” (Jn. 20:28), entre otras.

La gente del pueblo, que fue testigo de sus palabras y acciones, consideraba a Jesús como un especial enviado de Dios, tan especial como Elías que fue preservado de la muerte (Eclo. 48:1); o como Juan el Bautista que había muerto pero que podría haber resucitado (Lc. 16:30), pero no llegaban a descifrar aún, el misterio de la persona de Jesús (vv 14).

Pedro, seguramente partícipe muchas veces de conversaciones con el resto de los discípulos, que iban intuyendo que Jesús no era solo un Maestro o un Profeta, lo confiesa como el Mesías prometido (vv 16). En la vida de Pedro, al igual que en la vida de fe de la mayoría de las personas, hay momentos en que las dudas se disipan, en que todo está tan claro que ya no hay lugar a la duda, es el momento en que nos damos cuenta que Dios nos está guiando a la respuesta: la revelación (vv 17).

Jesús reconoce en Pedro, a aquel que será la piedra sobre la que se construya la nueva comunidad; así como Abraham fue padre en la fe del pueblo hebreo, Pedro lo será del nuevo pueblo de Dios que surge a partir de los Doce, así como el pueblo hebreo se constituye a partir de las doce tribus. Poco tiempo después, nos relata claramente el Libro de Hechos de los Apóstoles, el liderazgo del nuevo pueblo pasa de Pedro a Santiago (Hch. 15) hasta que varios siglos después se lo sitúa en la ciudad de Roma y se lo designa pilar de la iglesia universal.

 

2.     El texto en nuestro contexto.

La historia de la Iglesia primitiva nos muestra que el gobierno de la Iglesia no residía sobre Pedro sino sobre Santiago actuando conjuntamente con el resto de los apóstoles (Hch. 15).

La historia de la Iglesia indivisa nos nuestra que el gobierno de la Iglesia no residía sobre el obispo de Roma sino sobre los cinco Patriarcados (Antioquía, Alejandría, Constantinopla, Jerusalén y Roma).

Es a partir de la disputa de poder entre el imperio bizantino y el imperio romano que se fortalecen los patriarcados de Roma y Constantinopla hasta el punto que se fracciona la Iglesia, se excomulgan mutuamente ambos patriarcas y en la Iglesia de Occidente se realza la figura del Obispo de Roma utilizando justamente, el texto evangélico de hoy.

¿Estuvo en la cabeza de Jesús que el obispo de Roma tuviera primacía en la Iglesia; fuera considerado “vicario de Cristo” es decir, el que hace las veces de Jesús; se lo proclamara infalible y se le designar como “Santidad”? Seguramente no. Tengamos en cuenta las palabras de Jesús:

»Pero ustedes no dejen que nadie los llame “maestro”. Ustedes solamente tienen un Maestro y todos ustedes son iguales como hermanos y hermanas.  Aquí en la tierra no le digan a nadie “padre”. Ustedes sólo tienen un Padre que está en el cielo.  Tampoco dejen que les llamen “líder”, pues ustedes solamente tienen un Líder, quien es el Mesías.  El más importante entre ustedes será el que les sirva,  porque el que se crea más que los demás será humillado, y el que se humille será hecho importante Mt. 23:8-12).

Pedro desempeñó el papel fundamental de ser el cimiento del nuevo pueblo de Dios, figura de las muchas personas que en diferentes lugares y épocas han sido impulsores de la Iglesia de Jesús; así como en la historia del pueblo hebreo Abraham fue su fundador como padre en la fe, pero hubo otras personas que en distintos momentos tuvieron la primacía: Moisés en el proceso de consolidación de los hebreos como pueblo; Josué como el guía al pueblo que se introduce en la tierra de la promesa; David como el rey que consolida a Israel como un reino al servicio de Dios; los profetas como hombres de Dios que actuaron como la conciencia moral del pueblo. Igualmente sucede en el nuevo pueblo de Dios, muchos hombres y mujeres han protagonizado la consolidación de la Iglesia.

Es fundamental que sepamos identificar a quienes surgen como piedras, cimientos en nuestras comunidades, haciendo las veces de Pedro en la comunidad de Jerusalén, respetar su liderazgo en cuanto servicio a la Iglesia reconociendo justamente que están al servicio y nos lo recuerda el relato evangélico de ayer (Mt. 23:11). Orar por esas personas. Acompañarlas en la toma de decisiones. Alentarlas en su ministerio. Estar atentos a corregirlas cuando olviden servir realmente a la Iglesia.

Buena semana para todos y todas.

+Julio V.

 


domingo, 16 de agosto de 2020

Reflexión: 11 Domingo después de Pentecostés – Mt. 15:21-28

 

21 Jesús salió de allí y se fue a la región de Tiro y de Sidón. 22 Una mujer cananea que vivía en esa región salió y empezó a gritar:

—¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! ¡Mi hija está poseída por un demonio que la atormenta terriblemente!

23 Jesús no le decía nada. Entonces los seguidores se acercaron a él y le rogaron:

—Por favor, dile que se vaya porque viene gritando detrás de nosotros.

24 Jesús les dijo:

—Dios solamente me envió a las ovejas perdidas de Israel.

25 Entonces la mujer se puso enfrente de Jesús, se arrodilló y le dijo:

—¡Señor, ayúdame!

26 Jesús le contestó:

—No está bien darles a los perros el pan de los hijos.

27 Ella dijo:

—Es cierto, Señor, pero hasta los perros se comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños.

28 Jesús le dijo:

—Mujer, tienes mucha fe. Por eso haré lo que quieres que haga.

Y en ese momento la hija de la mujer fue sanada.

 

1.     El texto en su contexto.

El Evangelio hoy nos propone el episodio en que Jesús ayuda a una mujer cananea.

Jesús se encontraba en territorio de Fenicia, al norte de Galilea, en las cercanías de Tiro y Sidón (vv. 21), donde una mujer cananea le sale al encuentro (vv. 22a); téngase en cuenta que en la tradición bíblica, Canaán se opone a Israel (Gn. 10.15); sin embargo, lo reconoce como Mesías y Señor (vv. 22b). El silencio que mantiene Jesús al no responderle pone a prueba la fe de la mujer (vv. 23). Ante la insistencia de los discípulos para que la despidiera, Jesús revela que en el proyecto de Dios están primero los israelitas (vv. 24 cf. Jr. 50:17).

La mujer pagana insiste (vv. 25), a lo que nuevamente Jesús prueba su fe, esta vez de una forma durísima, comparándola despectivamente con un perro (vv. 26). Un tema que tal vez se venía planteando en las comunidades a las que escribe Mateo, sobre quienes eran destinatarios prioritarios del Evangelio, si los judeocristianos o los paganos convertidos al cristianismo.

La mujer pagana no se queda con la respuesta de Jesús, insiste, discute y rebate la respuesta del Maestro (vv. 27), al punto que Jesús reconoce la gran fe de la mujer pagana y le concede la sanidad de su hija (vv. 28); y es que Dios, trasciende los nacionalismos (Is. 56:1-7; Rom. 11:13-15.29-32). Las razones profundamente humanas de la mujer pagana derriban todos los argumentos de Jesús y se da por vencido.

 

2.     El texto en nuestro contexto.

Al igual que Jesús, muchas veces la Iglesia tiende a cerrarse sobre sí misma. Hasta no hace muchos años se afirmaba únicamente los cristianos se salvarían y el resto se condenaría; es más, dentro del cristianismo, estaban quienes afirmaba que “fuera de la Iglesia no hay salvación” y se referían a la Iglesia Católica Apostólica Romana, por lo tanto, el resto de los cristianos también se condenarían:

"Con nuestros corazones creemos y con nuestros labios confesamos solo una Iglesia, no aquella de los herejes, sino la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana, fuera de la cual creemos que no hay salvación" (Inocencio III, 1198-1216).

"Hay solo una Iglesia Universal de los fieles, fuera de la cual nadie está a salvo" (IV Concilio de Letrán, 1215. Denzinger 792).

“Nosotros declaramos, decimos, definimos y pronunciamos que es absolutamente necesario para la salvación de toda criatura humana el estar sometida al Romano Pontífice" (Bonifacio III: Bula Unam Sanctam, 1302

"Es nuestro deber el recordar a los grandes y pequeños, tal como el Santo Pontífice Gregorio hizo hace años atrás, la absoluta necesidad nuestra de recurrir a la Iglesia para efectuar nuestra salvación eterna" (Pío X: Encíclica Jucunda Sane, 1903-1914).

"Por si sola la Iglesia Católica mantiene la adoración verdadera. Esta es la fuente de verdad, esta es la casa de la fe, esta es el templo de Dios; Si cualquier hombre entra no aquí, o si cualquier hombre se aleja de ella, el será un extraño a la vida de fe y salvación. ... Es más, en esta única Iglesia de Cristo, no puede haber o permanecer un hombre que no acepta, reconozca y obedezca la autoridad y la supremacía de Pedro y la de sus sucesores legítimos" (Pío XI: Encíclica Mortalium Animos, 1922-1939).

"Por mandato divino la interprete y la guardiana de las Escrituras, y la depositaria de la Sagrada Tradición que vive en ella, la Iglesia por si sola es la entrada a la salvación: Ella sola, por sí misma, y bajo la protección y la guía del Espíritu Santo, es la fuente de la verdad" (Pío XII: Discurso en la Universidad Gregoriana, el 17 de octubre de 1953).

“El sagrado Concilio pone ante todo su atención en los fieles católicos y enseña, fundado en la Escritura y en la Tradición, que esta Iglesia peregrina es necesaria para la Salvación. Pues solamente Cristo es el Mediador y el camino de la salvación, presente a nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia, y El, inculcando con palabras concretas la necesidad de la fe y del bautismo (cf. Mc., 16,16; Jn., 3,5), confirmó a un tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que los hombres entran por el bautismo como puerta obligada. Por lo cual no podrían salvarse quienes, sabiendo que la Iglesia católica fue instituida por Jesucristo como necesaria, rehusaran entrar o no quisieran permanecer en ella” (Concilio Vaticano II: Constitución Dogmática Lumen Gentium, N° 14, 19 de noviembre de 1964).

Por más de mil años se creyó y se enseñó esta realidad que nosotros nos atrevemos a cuestionar por considerarla absolutamente inaceptable.

El  Evangelio de hoy nos desafía,  no solamente a derribar el mito de la superioridad católica romana sobre las otras denominaciones cristianas, incluidas, les guste o no, el  movimiento de iglesias católicas independientes; sino lo que es aún más escandaloso, para conservadores y fundamentalistas, derribar el mito de la superioridad cristiana sobre las otras comunidades de fe.

La Iglesia en sus distintas denominaciones cristianas, necesita dejarse interpelar por la sociedad y la cultura, e incluso, por las otras comunidades de fe; así como Jesús, se dejó interpelar por la mujer proveniente de una cultura pagana. Urge el diálogo ecuménico al interior de la Iglesia de Jesucristo y el diálogo interreligioso con otras comunidades de fe.

La Iglesia del siglo XXI, presente en cualquiera de las denominaciones cristinas, pero especialmente en aquellas que se han sentido el centro del mundo, necesariamente deberá seguir el ejemplo de Jesús, reconociendo que Dios, trasciende tal o cual iglesia, trasciende el cristianismo, trasciende toda religión y que la salvación es don gratuito de Dios (Ef. 2:8) para toda la humanidad, porque así lo reveló por medio del profeta Isaías:

“yo los traeré a mi santo monte y haré que sean felices en mi casa de oración.
Aceptaré en mi altar sus ofrendas que deben quemarse completamente y sus sacrificios, porque mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones”
(Is. 56:7).

Buena semana para todos y todas.

+Julio V.

sábado, 8 de agosto de 2020

Reflexión 10° Domingo después de Pentecostés – Mt. 14:22-33

 



22 Enseguida Jesús ordenó a sus seguidores que subieran a la barca y se fueran primero que él al otro lado del lago. Él se quedó hasta despedirse de la gente. 23 Cuando terminó de despedirse, Jesús subió a un monte a orar. Se hizo de noche y estaba allí solo. 24 La barca ya estaba bien lejos [a] de la orilla, y las olas la golpeaban con dureza, porque soplaba un viento muy fuerte en su contra.

25 A la madrugada, Jesús llegó caminando sobre el agua. 26 Cuando sus seguidores lo vieron caminando sobre el agua, se asustaron mucho y gritaban de miedo:

—¡Es un fantasma!

27 Pero Jesús inmediatamente les dijo:

—¡Tranquilos, soy yo! No tengan miedo.

28 Pedro le contestó:

—Señor, si eres tú, haz que yo vaya hacia ti caminando sobre el agua.

29 Jesús le dijo:

—¡Ven!

Pedro salió de la barca, caminó sobre el agua y fue hacia donde estaba Jesús. 30 Pero vio que el viento era fuerte, tuvo miedo, se empezó a hundir y gritó:

—¡Señor, sálvame!

31 Jesús de inmediato lo tomó de la mano y le dijo:

—Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?

32 Y cuando ellos subieron a la barca, el viento se calmó. 33 Los que estaban en la barca empezaron a adorarlo, y le dijeron:

—¡Tú sí eres verdaderamente el Hijo de Dios!

 

1.     El texto en su contexto.

Jesús acaba de enseñar a compartir los alimentos y consolidar la solidaridad entre las personas (vv.13-22). El relato actual podríamos identificarlo como una cristofanía, similar a la del Monte Tabor o al Acontecimiento Pascual.

El evangelista Mateo nos describe a Jesús orando luego de su actividad Sin embargo, tiene un fuerte contenido eclesiológico que desarrollaremos más adelante. La comunidad apostólica fue testigo de la multiplicación del alimento (vv. 13-22) y ahora en la barca, ya sin Jesús, seguramente irían conversado, mientras transcurría la noche, lo sucedido, cuando el viento comienza a soplar y hacer que la barca se tambalee (vv. 24). Ya próximo al amanecer ven a Jesús caminado sobre el agua dirigiéndose hacia la barca (vv. 25). Nuevamente su fe se ve cuestionada por lo sucedido. El miedo se apodera de ellos (vv. 26) pero Jesús les calma utilizando la fórmula “Soy yo” que nos remite al nombre divino revelado en Ex. 3:14.

Asombrado por la cristofanía, Pedro pide ir hacia Jesús sobre las aguas, no como en el Mar Rojo o el Río Jordán, donde Dios separó las aguas y secó la tierra para que el pueblo cruzara primero hacia la liberación y luego tomando posesión de la tierra prometida (vv. 28). Pedro, impulsivo como siempre, reconoce la voz de Jesús y lo sigue, sale de la barca a su encuentro (vv. 29) pero su fe frágil lo hace dudar ante la fuerza del viento como obstáculo para llegar a Jesús, teme y comienza a hundirse. Pedro, no teme porque se hunde, sino que, se hunde porque teme, por eso recurre a Jesús  (vv. 30). Jesús lo salva (vv 31) y suben juntos a la barca donde estaba el resto de la comunidad apostólica, una vez dentro de la barca el viento se calma (vv 32).

El asombro ya no era únicamente de Pedro sino de todos los discípulos que lo reconocen como el Mesías (vv. 33).

 

2.     El texto en nuestro contexto.

La barca simboliza a la Iglesia inmersa en el mundo, en medio de crisis y conflictos (vv. 24). Actualmente, las distintas comunidades cristianas enfrentamos serios problemas que nos sacuden: enfrentamiento entre Iglesias, escándalos internos en unas denominaciones, graves acusaciones en otras, falta de liderazgo en otras, posiciones fundamentalistas en otras, incapacidad de responder a los desafíos de estos tiempos en otras, persecución a cristianas y cristianos en algunos países, difamación de unas denominaciones cristianas a otras; pareciera que la Iglesia no tiene rumbo en medio de esta compleja situación que se agrava aún más, por la pandemia del coronavirus COVID 19, que nos aísla, nos impide congregarnos, nos presenta al prójimo como un potencial riesgo del que debemos protegernos, entre otras dificultades.

En este complejo contexto, muchas iglesias desfiguran tanto la imagen de Jesús que lo presentan como un fantasma. En  lugar de anunciar la Buena Noticia del Reinado de Dios por la que Jesús entregó su vida, un Reinado de liberación, sanación e inclusión para todas las personas, siembran prejuicios, discriminación y odio. Incluso hay quienes utilizan la pandemia para aterrar predicando castigos divinos por leyes aprobadas en los últimos años en nuestros países, que garantizan la igualdad y la inclusión.

Es en este escenario, donde la Iglesia de Jesucristo se tambalea, que el Señor nos sale al encuentro y nos calma, nos contiene y nos sostiene: “¡Tranquilos, soy yo! No tengan miedo” (vv. 27).

A pesar de todas las dificultades, Jesús está en la Iglesia representada en la barca; no en una u otra, sino en todas las denominaciones cristianas, representadas en el colectivo de los discípulos que postrándose lo reconocen y confiesan como Mesías (vv. 33) y ese reconocimiento no es otra cosa que encarnar y proclamar su Buena Noticia para la humanidad en cada tiempo.

Les invito a creer y confiar en Jesús. A pedirle que nos ayude cuando nuestra fe es frágil. A aferrarnos a su mano cuando sentimos que nos hundimos. A reconocerlo como el Maestro y el Señor.

Buena semana para todos y todas.

+Julio.

domingo, 2 de agosto de 2020

Reflexión 9° Domingo después de Pentecostés - Mt. 14:13-22

Multiplicación de los panes | Icono ortodoxo, Como adelgazar ...



13 Cuando Jesús supo lo que le había pasado a Juan, se fue solo en una barca hasta un lugar despoblado. Pero la gente se enteró y lo siguió a pie desde los pueblos. 14 Cuando Jesús bajó de la barca, vio a una gran multitud, tuvo compasión de ellos y sanó a los que estaban enfermos.       

15 Al anochecer, se le acercaron sus seguidores y le dijeron:

—Este es un lugar despoblado y ya es muy tarde. Dile a la gente que se vaya y así puedan irse a las aldeas y comprar comida.

16 Pero Jesús les dijo:

—No hay necesidad de que ellos se vayan. Denles ustedes de comer.        

17 Sus seguidores le dijeron:

—Nosotros aquí sólo tenemos cinco panes y dos pescados.

18 Él les dijo:

—Tráiganmelos para acá.    

19 Y mandó a la gente que se sentara en el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, miró al cielo y dio gracias a Dios. Después partió el pan y les dio los pedazos de pan a sus seguidores y ellos se los repartieron a toda la gente. 20 Todos comieron y quedaron satisfechos. Después de esto, los seguidores llenaron doce canastas con lo que sobró. 21 Más o menos cinco mil hombres comieron, sin contar a las mujeres ni a los niños.

 

1.     El texto en su contexto:

Sin lugar a dudas no estamos ante una creación teológica sino ante un acontecimiento real protagonizado por Jesús. Los cuatro evangelios son coincidentes (cf. Mc. 6:30-41; Lc. 9:10-17; Jn. 6:1-14).

Este acontecimiento nos recuerda a Moisés y el pueblo hebreo en el desierto, cuando Dios envía pan del cielo: el maná (Ex. 16) y al profeta Eliseo repartiendo el pan al grupo de profetas (2Re. 4:42-44); pero también nos proyecta a una comida muy especial entre Jesús y sus discípulos, una comida entre muchas que tuvieron, pero en la que, partiendo, compartiendo y repartiendo el pan, instituyó la Eucaristía (vv. 19).

El evangelista Mateo nos narra que Jesús se dirigió a un lugar solitario pero la gente al enterarse  se puso en camino hacia ese lugar (vv. 13) y al igual que los discípulos tomaron las precauciones, tanto para el camino de ida y vuelta, como para el tiempo que estuvieran con Jesús, por eso tenían cinco panes y dos peces (vv. 17), seguramente lo que les había sobrado del camino; también la gente, antes de partir de los poblados, sin lugar a dudas tomaron algo para el camino; cualquiera de nosotros lo haría; es ilógico pensar que la gente dejó lo que estaba haciendo y partió de inmediato  al encuentro de Jesús, sin prever agua y alimento para el camino. Nosotros hoy prepararíamos el mate y algunas tortas o panes e igual que aquella gente nos pondríamos en camino.

Continúa narrando el evangelista Mateo que, Jesús al desembarcar y ver a toda la gente sintió lástima, otras traducciones dicen: compasión. Lo cierto es que Jesús se conmovió al ver a toda esa gente buscándolo (vv. 14). Ciertamente, unas  personas buscarían sanar de sus enfermedades, otras consuelo para sus angustias, otras enseñanzas, otras, curiosas, querrían verificar lo que se decía sobre Jesús. Toda la multitud buscaba algo y sin lugar a dudas Jesús se los proporcionó, por eso no se marcharon quedándose hasta el atardecer (vv. 15).

El relato continúa con la aparición en escena de los discípulos, quienes en muchísimas ocasiones habían demostrado su poca fe y confianza en Jesús, percibiendo el problema que se les avecinaba: la noche estaba próxima, estaban en un lugar despoblado, había que prever la alimentación de toda esa gente. Y, así como el resto de la multitud buscaba algo de Jesús, ellos también: que terminara de hablar y les despidiera para que se fueran a las aldeas próximas (vv. 15).

Como siempre, Jesús contracorriente, les desconcierta. La respuesta a lo que buscan no pasa por despedir a la gente, sino por organizarla y enseñarles a compartir. (vv. 19).  Jesús da el ejemplo, toma lo que a ellos le sobró del camino y comenzó a repartirlo. Mucha gente, viendo este gesto, seguramente sacó lo que les había sobrado del camino y lo comenzó a compartir; otras personas habrán tenido que ser estimuladas a compartir lo que tenían en sus bolsas; entonces ¿no hubo milagro?.

El milagro no estuvo en que Jesús multiplicó mágicamente el pan, sino en que enseñó a la gente a organizarse, a compartir y que cada vez que se comparte, siempre sobra (vv. 20), no importa la cantidad que sean (vv. 21).

 

2.     El texto en nuestro contexto:

En esta “nueva normalidad” producto de la pandemia del coronavirus COVID 19, donde se promueve el individualismo a partir del aislamiento social y de la cuarentena; donde el otro deja de ser el prójimo – próximo para transformarse en una amenaza que me puede contagiar; donde valores como el compartir, la solidaridad quedan postergados en virtud de la emergencia sanitaria; el relato evangélico de hoy nos desafía a la creatividad evangélica.

Es posible reunirnos en espacios abiertos o cerrados pero amplios y ventilados, tomando las precauciones del tapabocas, el lavado de manos y la desinfección con alcohol. Es posible ejercer la solidaridad compartiendo con quienes están sufriendo hambre, falta de vivienda, falta de abrigo, producto del desempleo o de la inestabilidad laboral generada.

La gente en la actualidad, está buscando respuesta a los múltiples problemas, producto de la pandemia, así como la multitud buscaba en Jesús respuestas a sus problemas. La Iglesia tiene la respuesta: “vengan y lo verán” (Jn. 1:38-9). La “nueva normalidad” no puede impedir que construyamos una civilización de paz con justicia, de solidaridad con inclusión, tarea que inició Jesús y nos encomendó continuar.

En las palabras y acciones de Jesús, contenidas en los Evangelios, leídos e interpretados con fidelidad creativa, encontraremos las respuestas a los desafíos que nos presenta el COVID 19.


Buena semana para todos y todas.

+Julio.