domingo, 27 de septiembre de 2020

Reflexión del 17° Domingo después de Pentecostés – Mt. 21:28-32

 



21 28 Jesús continuó:

—¿Qué piensan de esto? Un hombre tenía dos hijos. Le dijo al mayor: “Hijo, ve hoy y trabaja en el viñedo”. 29 Él le contestó: “No quiero ir”. Pero más tarde cambió de idea y fue. 30 Después, el papá le pidió lo mismo al hijo menor. Él le respondió: “Sí señor, iré”. Pero no lo hizo. 31 ¿Cuál de los dos hizo lo que el papá quería?

Ellos respondieron:

—El hijo mayor.

Jesús les dijo:

—Les digo la verdad: los cobradores de impuestos y las prostitutas van a entrar primero que ustedes al reino de Dios. 32 Juan el Bautista vino para mostrarles el camino de justicia y ustedes no le creyeron. En cambio, los cobradores de impuestos y las prostitutas sí le creyeron. Ustedes los vieron cambiar a ellos, pero aun así ustedes no creyeron ni cambiaron.

 

1.     El texto en su contexto

El contexto del relato evangélico de hoy es un claro enfrentamiento entre Jesús y los líderes religiosos. La escena se produce en el Templo de Jerusalén (vv 23 a) donde las autoridades civiles y religiosas cuestionan su autoridad (vv 23 b).

Jesús les presenta la parábola de los dos hijos. Uno de ellos representan al pueblo de Israel que dijo sí a través de la Alianza (Ex. 19:8) pero no cumplió con sus compromisos (Jr. 2:20). También hace referencia a las personas contemporáneas a Jesús, que habiendo recibido a Juan y a Jesús, rechazaron el mensaje. Otro representa a todas las personas que tienen la capacidad de arrepentirse. En tiempos de Jesús, publicanos y prostitutas entraban en la categoría de pecadores (Mt. 9:10-11). Según Jesús, estas personas aceptaron la predicación de Juan el Bautista y se arrepintieron. Pero también puede representar a los pueblos de la gentilidad que creen y aceptan a Jesús.

Claramente, Jesús confirma que las personas que son consideradas pecadoras por el sistema político y religioso, que aceptan la Buena Noticia, entrarán al Reino de Dios antes que los líderes religiosos y políticos. Dura afirmación que alimentará el enfrentamiento entre Jesús y ellos.

Este relato es seguido por la parábola de los viñadores asesinos y la del banquete de bodas, ambas reafirmando la misma enseñanza.

 

2.      El texto en nuestro contexto

Nuestra sociedad y nuestra cultura señalan a muchas personas discriminándolas, rechazándolas, condenándolas por sus acciones, por su trabajo, porque no se ajustan a las expectativas que se depositan sobre ellas o porque ellas no aceptan las normas que se imponen. Si bien este grupo es bastante grande, quisiera nombrar únicamente a las trabajadoras sexuales, a las personas divorciadas que se vuelven a casar, a las mujeres que abortan, a quienes utilizan métodos anticonceptivos, a las personas gltbiq … que, se les priva la posibilidad de vivir su experiencia de fe en algunas denominaciones cristianas, se les niega el derecho a ejercer la filiación adoptiva de la que son portadoras por el bautismo, se las juzga, se las condena y se las expulsa del seno comunitario.

Muchas de ellas, a pesar del penoso camino que se les impone recorrer al ser señaladas y excluidas, mantienen la fe, buscan a Dios, se acercan a otras denominaciones cristianas o comunidades de fe que las aceptan, dando claras señales de vivir una vida de fe, con un vínculo espiritual que se traduce en palabras y acciones.

Estas personas, seguramente, no van a los templos, no celebran los sacramentos, no ofrendan pero sin lugar a dudas, forman parte del Reinado de Dios porque cumplen aquello que es esencial a la relación Divinidad – Humanidad. Estas personas, entran antes o en lugar de muchas que se consideran buenas, piadosas, cumplidoras de los preceptos eclesiales, que participan de los sacramentos, que diezman, que lideran o ejercen cargos jerárquicos en la estructura eclesial.

Tal vez, uno de los grandes desafíos, luego de veintiún siglos de cristianismo, es preguntarnos si estamos cumpliendo con lo que Dios nos pide o nos hemos perdido en el cumplimiento de ritos, fórmulas y prácticas que no nos acercan a Dios.

Buena semana para todos y todas.

+Julio V.


sábado, 19 de septiembre de 2020

Reflexión en el 16° Domingo después de Pentecostés – Mateo 20,1-16

 


19 30 Muchos de los que ahora son los primeros, serán los últimos; y muchos de los que ahora son los últimos, serán los primeros.

20 »El reino de Dios es como el dueño de una finca que salió bien temprano a contratar trabajadores para su viñedo. Se puso de acuerdo con ellos en el pago por un día de trabajo y los envió a trabajar a su viñedo. Casi a las nueve de la mañana salió de su casa y vio a unos hombres que estaban sin hacer nada en la plaza de mercado. Les dijo: “Vayan ustedes también a trabajar en mi viñedo y les pagaré lo justo”. Así que ellos fueron a trabajar allá. Una vez más, salió de su casa como al mediodía y luego como a las tres de la tarde, e hizo lo mismo. Cuando eran las cinco, salió de su casa y encontró a otros desempleados en la plaza de mercado. Él les preguntó: “¿Por qué ustedes no hacen nada en todo el día?” Le contestaron: “Es que nadie nos da trabajo”. Él les dijo: “Vayan ustedes también a trabajar en mi viñedo”.»Cuando se hizo de noche, el dueño le dijo al encargado: “Llama a los trabajadores y págales. Empieza desde los últimos que se contrataron hasta los que se contrataron al principio”. Se presentaron los que se habían contratado a las cinco de la tarde y cada uno recibió el pago de un día. 10 Cuando llegaron los primeros que se habían contratado, creyeron que les iban a pagar más, pero recibieron el mismo pago. 11 Lo recibieron y empezaron a quejarse con el dueño del terreno, 12 diciendo: “Los últimos que se contrataron sólo trabajaron una hora y usted les pagó lo mismo que a nosotros que trabajamos todo el día aguantando el calor”. 13 El dueño le contestó a uno de ellos: “Amigo, yo no soy injusto contigo. ¿No nos pusimos de acuerdo en que yo te daría el pago por un día de trabajo? 14 Toma lo que es tuyo y vete a tu casa. Al último que contraté quiero darle lo mismo que a ti. 15 ¿No tengo derecho de hacer lo que quiera con mi dinero? ¿O es que estás celoso porque soy bueno con los demás?”

16 »Así es que los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos.

 

1.     El texto en su contexto.

El primer versículo (19:30) anuncia el orden en la nueva comunidad y también en el Reinado de Dios y el último versículo (20:16) explica esta nueva realidad.

Si bien al comienzo del relato evangélico (vv 30) anuncia la inversión de valores:

Muchos de los que ahora son los primeros, serán los últimos; y muchos de los

que ahora son los últimos, serán los primeros

Al final del relato termina en una igualación entre todos los miembros:

Al último que contraté quiero darle lo mismo que a ti. 15 ¿No tengo derecho de hacer lo que quiera con mi dinero? ¿O es que estás celoso porque soy bueno con los demás?”

16 »Así es que los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos.

En aquellos días no existían los sindicatos para exigir la idea de justicia distributiva, distribuyendo el salario matemáticamente de acuerdo al trabajo. En la primera relación laboral (vv 1-2) se procede a un contrato, el salario de un día por una jornada laboral y finalizada la misma, lo recibirá. En las otras relaciones laborales (vv 3-7)  se establece otra relación laboral que, ciertamente nos cuesta comprenderla en nuestro sistema laboral, regulado por dos medios, radicalmente opuestos y muchas veces negativos; por un lado patronales que explotan a los trabajadores y las trabajadoras, y por otro, sindicalistas que rara vez han trabajado pero que, en muchos casos politizados, hablan en nombre de trabajadores y trabajadoras sin ser representativo del colectivo. Esta nueva relación laboral se rige por la necesidad del trabajador y la generosidad del dueño de la viña.

Para este último grupo, no existe una relación trabajo – salario, sino necesidad – generosidad, cuya consecuencia, finalmente, es el agradecimiento del trabajador porque no fue proporcional el pago del dueño de la viña.

Para los trabajadores de la  primera hora, con quienes se estableció un contralo laboral de un día de paga por un jornal, les pareció una injusticia cobrar lo mismo que cobraron quienes trabajaron menos, sin embargo no hay injusticia en ser generoso, ellos recibieron lo pactado (vv 19:2-3, 20:13-14) en el acuerdo laboral.

El evangelista nos enseña que Dios no es injusto aunque se muestre generoso con todas las personas.

 

2.     El texto en nuestro contexto.

Muchas veces las comunidades cristianas nos regulamos por la idea de méritos y derechos provocando envidias y malestar al interior de las comunidades. Sin embargo, esa no es la lógica de Dios que se manifiesta bondadoso y misericordioso con todas las personas (5:44-45).

El tema surge en diferentes momentos del ministerio de Jesús: ¿Quiénes son primeros? ¿Quiénes más importantes? ¿Quiénes se sentarán junto a él?

Una y otra vez, la respuesta es la misma, en una comunidad, donde hay personas: célibes y casadas, dedicadas a tiempo completo o a medio tiempo, jóvenes y ancianas, migrantes y locatarias, destacadas y otras que viven en anonimato, heterosexuales y homosexuales, bisexuales y transexuales; ya que estamos en el mes de la Diversidad Sexual las recordamos muy especialmente, ya que en nuestras comunidades de fe, las personas GLTBIQ han sufrido invisibilización, silenciamiento, discriminación, juicio y expulsión; la respuesta a siempre la misma: Dios es quien asigna los roles y los rangos en la comunidad. No es cuestión de méritos humanos sino de elección generosa y gratuita de Dios.

En su infinita generosidad, Dios hace partícipe de su amor y misericordia a quien quiere. Y es hora de recordarles a quienes se atribuyen los derechos de hablar en nombre de Dios y privilegios de ser primeros, de ocupar lugares importantes, de creerse mejores o superiores o con méritos, que “Dios no hace diferencia entre las personas” (Hch. 10:34), a todas las personas ofrece su paternidad “rica en misericordia” (Ef. 2:4) sin preguntarle a cuántas celebraciones litúrgicas asistió, ni su orientación sexual, o incluso, su religión; porque Dios, es Dios.

Buena semana para todos y todas.

+Julio V.


domingo, 13 de septiembre de 2020

Reflexión del 15° Domingo después de Pentecostés - Mt. 18:21-35


 

Entonces Pedro se acercó a Jesús y le dijo:

—Señor, ¿cuántas veces debo perdonar a mi hermano si no deja de hacerme mal? ¿Debo perdonarlo aun si peca contra mí hasta siete veces?

Jesús le dijo:

—No sólo siete veces, sino que debes perdonarlo hasta setenta y siete veces.

»Por eso el reino de Dios se puede comparar con un rey que decidió hacer cuentas con sus siervos.  Cuando empezó, le llevaron a un siervo que le debía muchos millones de monedas de plata.  Como debía mucho, no tenía dinero para pagar la deuda. El rey ordenó que lo vendieran junto con su esposa e hijos y todo lo que tenía, y así poder recuperar el dinero. Entonces el siervo se postró delante de él y le rogó: “Por favor, tenga un poco de paciencia conmigo, yo le voy a pagar todo lo que le debo”.  El rey tuvo compasión de él, le perdonó la deuda y lo dejó libre.

 »Cuando este siervo se fue, se encontró con un compañero que le debía cien monedas de plata. Entonces el siervo a quien el rey había perdonado agarró al otro del cuello y le dijo: “¡Págame lo que me debes!”  El compañero se postró delante de él y le rogó: “Por favor, ten un poco de paciencia conmigo, yo te voy a pagar todo lo que te debo”.  Pero el primer siervo no quiso perdonarle la deuda y mandó echarlo a la cárcel hasta que pagara lo que le debía.  Cuando los otros compañeros se dieron cuenta de lo que había pasado, se entristecieron mucho y fueron a contarle todo al rey.  Entonces el rey lo llamó y le dijo: “¡Eres un mal siervo! Te perdoné la deuda porque me rogaste que tuviera compasión,  ¿no debiste haber mostrado compasión con tu compañero, así como yo la tuve contigo?”  Por esta razón, el rey se enojó muchísimo y entregó al siervo a los torturadores hasta que pagara todo lo que le debía.

 »Así los tratará mi Padre que está en el cielo si ustedes no perdonan de todo corazón a sus hermanos.

 

1.     El texto en su contexto

Continuamos con el tema de las instrucciones comunitarias y dentro de ellas, la reconciliación, iniciado el domingo pasado.

Al  planteo de Pedro sobre el perdón, Jesús lo toma y nos da una magnífica lección, ampliando lo dicho por Pedro y presentando un ejemplo de cómo debería de proceder, quien ha experimentado la misericordia infinita de Dios.

En efecto, Dios que es rico en misericordia, (Ef. 2:4) perdona incondicionalmente movido por la compasión hacia la humanidad (cf. Mt. 18:27) y espera que actuemos imitando su ejemplo (vv. 18:32-33).

 

2.     El texto en nuestro contexto

Sin lugar a dudas, el tema del perdón es el gran desafío que enfrentamos la mayoría de las cristianas y de los cristianos. Es fácil afirmar que uno perdona, pero es difícil perdonar realmente. Incluso, hay situaciones tan complejas … ¿Cómo perdonar a quien asesinó a mi esposo o esposa? ¿Cómo perdonar a quien violó a mi hija o mi hijo? ¿Cómo perdonar a quienes destruyen los ecosistemas y ponen en riesgo la existencia de otras especies? ¿Cómo perdonar a quienes genera injusticia y exclusión? ¿Cómo perdonar a quienes reprimen y torturan? Qué difícil lo que nos propone Jesús!

Sin embargo, es el único camino posible a la transformación de este mundo. No hay otra posibilidad de continuar con la construcción del Reinado de Dios, revelado por Jesús, que seguir el camino que Él inició; un camino de perdón y de reconciliación entre los seres humanos: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc. 23:34).

 

Buena semana para todos y todas.

+Julio V.

martes, 8 de septiembre de 2020

«El nacimiento de la nueva Eva»

 


«El nacimiento de la nueva Eva»

Alégrate, Adán, nuestro padre, y especialmente tú, Eva, nuestra madre. Ambos eran nuestros padres y nuestros asesinos; ustedes que nos condenaron a la muerte incluso antes de darnos a luz, consuélense ahora. Una de tus hijas, ¡y qué hija! - Te consolará ... Vamos, Eva, corre hacia Mary. Que la madre se vuelva hacia su hija; la hija responderá por la madre y compensará su falta… Porque la raza humana ahora será elevada por una mujer.

¿Qué dijo Adán en el pasado? "La mujer que me diste me ofreció el fruto del árbol y lo comí". (Gén. 3.12) Eran malas palabras, que agravaban su falta en lugar de borrarla. Pero la Sabiduría divina triunfó sobre tanta malicia; Aquella ocasión de perdonar que Dios había intentado en vano provocar, interrogando a Adán, he aquí, ahora la encuentra en el tesoro de su inagotable bondad. La primera mujer es reemplazada por otra, una mujer sabia en lugar de una tonta, una mujer tan humilde como la otra orgullosa.

En lugar del fruto del árbol de la muerte, presenta a los hombres el pan de vida; reemplaza esa comida amarga y envenenada con la dulzura de una comida eterna. Entonces, Adán, cambia tu injusta acusación en una expresión de agradecimiento y di: “Señor, la mujer que me diste me presentó el fruto del árbol de la vida. Lo comí y su sabor me fue más delicioso que la miel (Sal 18,11), porque por este fruto me devolviste la vida ”. Por eso el ángel fue enviado a una virgen. ¡Oh Virgen admirable, digna de todos los honores! Oh mujer que tenemos que adorar infinitamente entre todas las mujeres, tú suples la falta de nuestros primeros padres, das vida a todos tus descendientes.

sábado, 5 de septiembre de 2020

Reflexión 14° Domingo después de Pentecostés - Mateo 18:15-20

 




»Si tu hermano hace algo malo,  ve y habla a solas con él. Explícale cuál fue el mal que hizo. Si te hace caso, has recuperado a tu hermano. Pero si no te hace caso, ve otra vez a hablar con él, acompañado de una o dos personas más, para que ellos sean testigos de todo lo que se diga.  Si él no les hace caso, díselo a la iglesia. Y si no hace caso a la iglesia, entonces debes tratarlo como a uno que no cree en Dios o como a un cobrador de impuestos.

»Les digo la verdad: si ustedes juzgan a alguien aquí en la tierra, Dios ya lo habrá juzgado en el cielo. A quien perdonen aquí en la tierra, Dios también lo habrá perdonado en el cielo.

»En otras palabras, si dos de ustedes en la tierra se ponen de acuerdo en pedir algo, pueden orar por eso. Mi Padre que está en el cielo se lo dará, porque donde se reúnen dos o tres en mi nombre, yo estoy allí en medio de ellos.

 

1.     El texto en su contexto:

El capítulo 18 del evangelio de Mateo plantea una serie de instrucciones para la vida comunitaria: sobre la jerarquía de los miembros de la iglesia (vv 1-4), sobre la sencillez y la simplicidad de quienes integran la comunidad (vv 5), sobre los escándalos (vv 6-7), sobre la radicalidad y el compromiso (vv 8), sobre quienes se extravían en la comunidad (vv 10-14) y nuestro texto en cuestión, la reconciliación y la oración en común (vv 15-20); el tema del perdón y la reconciliación en la comunidad continúa hasta el final del capítulo (vv 35).

Mateo plantea que al interior de la iglesia debiera reinar las buenas relaciones entre sus miembros, pero si no fuera así, debe buscarse la reconciliación por todos los medios, generando diversas instancias. La primera se desarrolla en el ámbito privado, es decir, entre las partes involucradas, buscando recapacitar y reconciliar; no obstante, de lo lograrse, nos propone una segunda instancia, también privada pero con testigos, como lo marca la Ley judía (Dt. 19:15) con la finalidad de que puedan mediar entre las partes, pupes el objetivo es limar las asperezas y restablecer la paz entre los miembros de la iglesia. Pero de no lograrse aún así, nos propone una tercera instancia, esta vez pública, donde participe la comunidad y si tampoco en esa situación se logra la reconciliación, la persona que se niega a restablecer la paz y la comunión en la comunidad debe ser separada, llegando incluso a excluir o excomulgar si fuera necesario (1Cor. 5:5-6).

Un tema muy importante que plantea este texto se encuentra en el versículo 18:

Les digo la verdad: si ustedes juzgan a alguien aquí en la tierra, Dios ya lo habrá juzgado en el cielo. A quien perdonen aquí en la tierra, Dios también lo habrá perdonado en el cielo.

Similares palabras fueron puestas en boca de Jesús, confirmando a Pedro en su liderazgo eclesial (Mt. 16:19), argumento que utiliza alguna denominación cristiana, no solo para arrogarse el ser “la verdadera iglesia” sino que además lo utilizan para sostener el poder de quien la lidera. Pues aquí, en el mismo Evangelio, dos capítulos más adelante, Mateo pone en boca de Jesús este versículo, dando la misma autoridad a todo miembro de la comunidad. Hermanos de la iglesia romana, a estudiar las Sagradas Escrituras!

El relato evangélico de hoy nos plantea un segundo tema, además de la reconciliación, el ponerse de acuerdo para orar (Eclo 34:24). La oración en la comunidad es muy frecuente, tanto en la tradición judía como cristiana, en la sinagoga o en la iglesia, no obstante, aquí adquiere un carácter diferente y fundamental: La presencia de Jesucristo! (vv 20). Es importante comprender el alcance de este versículo. Jesús no está hablando de una presencia simbólica o mental, está afirmando su PRESENCIA REAL! El misterio de la presencia real de Jesucristo no sólo se da en la Eucaristía, sino también, en la comunidad reunida que ora al Padre.

Y en este punto, otro aspecto novedoso que introduce el Maestro. Los rabinos planteaban un mínimo de diez personas para la realización del culto a Dios, Jesús modifica esa enseñanza y reduce el número a dos o tres!

 

2.     El texto en nuestro contexto:

Nuestras comunidades necesitan revisar, a la luz de este relato evangélico, dos aspectos de la vida eclesial: la capacidad de reconciliación y la capacidad de oración.

Ciertamente, las relaciones humanas son complejas. Muchos factores siembran la desunión y las rivalidades al interior de nuestras comunidades, pero Mateo nos transmite una enseñanza de Jesús para reparar ese mal: la reconciliación. Poder reflexionar sobre el bien y el mal, sobre nuestras opciones y las consecuencias que ellas tienen, sobre la importancia de que prevalezca la paz y la comunión al interior de la iglesia. Sin lugar a dudas, la reconciliación exige no juzgar ni condenar, apertura al diálogo y a aceptar una mirada diferente, disponibilidad al perdón y a la acogida del prójimo, renunciar a la soberbia y a pretender tener la razón, asumir una actitud humilde. Y para orar en comunidad, la comunidad tiene que estar reconciliada, de lo contrario, de poco servirá esa oración.

En tiempos de pandemia, con templos cerrados, con medidas de aislamiento social o en otros casos cuarentena, es necesario ponerse de acuerdo para orar: de forma presencial cumpliendo con las medidas de seguridad establecidas por los responsables de la salud pública; de forma virtual a través de grupos de Whatsapp o salas de Messenger o Zoom; no importa la forma, importa que seamos una iglesia orante; no importa cuantas personas se congreguen presencial o virtualmente, importa la reunión de las hermanas y los hermanos porque esa unión, hacen presente, realmente, a Jesucristo en medio de la Iglesia.

Recordemos, Jesús confió a toda la Iglesia, no a una u otra persona, a todas las personas, el poder perdonar, atando y desatando aquí en la tierra como en el Reino; y el poder de hacerle presente realmente por medio de la oración comunitaria. Sigamos su enseñanza.

Buena semana para todos y todas.

+Julio V.