viernes, 25 de diciembre de 2020

domingo, 6 de diciembre de 2020

domingo, 29 de noviembre de 2020

Reflexión en el Primer Domingo del Tiempo de las Promesas o Tiempo de Adviento


 A continuación, en el vínculo Mensaje Reflexión encontrarán el video con la reflexión semanal. Bendicions.

Mensaje Reflexión 

domingo, 25 de octubre de 2020

Reflexión del 21 Domingo después de Pentecostés – Mt. 22:34-40

 




22  34 Cuando los fariseos oyeron que Jesús dejó callados a los saduceos, se reunieron. 35 Uno de ellos, que era experto en la ley, quería tenderle una trampa a Jesús y le preguntó:

36 —Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley?

37 Jesús le dijo:

—“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente”.[a] 38 Este es el primer mandamiento y el más importante. 39 Hay un segundo mandamiento parecido a este: “Ama a tu semejante como te amas a ti mismo”. 40 Toda la ley y los escritos de los profetas dependen de estos dos mandamientos.

 

1.     El texto en su contexto

Como veníamos reflexionando semanas atrás, el capítulo 22 presenta el enfrentamiento entre Jesús y las autoridades civiles y religiosas de Israel. El capítulo inicia con una desafiante parábola de la Fiesta de Bodas (vv 1-14) donde, los invitados que representaban al pueblo y fundamentalmente a sus representantes se negaron a participar y la gente de los caminos que representaban a los pueblos gentiles y a la gente pecadora, tomaron su lugar en la Fiesta. Frente a esta provocadora historia de Jesús, las autoridades civiles y religiosas reaccionan buscando arrestarlo y enjuiciarlo (21:45), para ello se organizan y preparan algunas estrategias para descalificarlo; la primera es la pregunta sobre los impuestos (vv 15-22), la segunda es la pregunta sobre la resurrección (vv 23-33) y la tercera es el relato de hoy: el mandamiento más importante (vv 34-40). El capítulo finaliza nuevamente con un desafío de Jesús a las autoridades, de quién es hijo el Mesías (vv 41-45).

Los fariseos, representados por un perito en la Ley de Moisés, pregunta a Jesús, sobre el mandamiento más importante (vv 36) y es que los fariseos identificaban 613 mandamientos o preceptos en la Ley que exigían se supieran y se practicaran.

Jesús, responde utilizando dos textos de la Ley:

Por eso ama al SEÑOR tú Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con todas tu fuerzas (Dt. 6:5);

No abriguen rencores ni sean vengativos con sus compatriotas; más bien amen a sus semejantes como a sí mismos, porque yo soy el SEÑOR (Lv. 19:16).

El amor a Dios y el amor al prójimo son los mandamientos más importantes que resumen la Ley y los Profetas (7:12). Están tan ligados uno al otro que el Apóstol Juan escribirá más tarde:

Si alguno dice que ama a Dios, pero odia a su hermano, es un mentiroso. Porque si no ama a su hermano, a quien puede ver, mucho menos va a amar a Dios, a quien no puede ver (1Jn. 4:20).

Para Jesús este es el mandamiento fundamental, el más importante, el que transmite a la comunidad discipular como resumen de toda la Biblia.

 

2.     El texto en nuestro contexto:

Para las discípulas y discípulos de Jesús no existe otro mandamiento que el amor a Dios a las personas. Es el testamento de Jesús:

Les estoy dando un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ámense tal como yo los amé (Jn. 13:34).

El Apóstol Pablo escribía:

Si yo puedo hablar varios idiomas humanos e incluso idiomas de ángeles, pero no tengo amor, soy como un metal que resuena o una campanilla que repica.

Yo puedo tener el don de profetizar y conocer todos los secretos de Dios. También puedo tener todo el conocimiento y tener una fe que mueva montañas. Pero si no tengo amor, no soy nada.

Puedo entregar todo lo que tengo para ayudar a los demás, hasta ofrecer mi cuerpo para que lo quemen. Pero si no tengo amor, eso no me sirve de nada.

El amor es paciente y bondadoso. El amor no es envidioso. No es presumido ni orgulloso. El amor no es descortés ni egoísta. No se enoja fácilmente. El amor no lleva cuenta de las ofensas. No se alegra de la injusticia, sino de la verdad. El amor acepta todo con paciencia. Siempre confía. Nunca pierde la esperanza. Todo lo soporta (1 Cor. 13:1-7).

Fue el distintivo de las comunidades discipulares de la iglesia primitiva (Hch. 4:32-37). Tertuliano en el siglo II afirma que los paganos decían:

“Miren como se aman; miren como están dispuestos a dar la vida unos por otros”.

Sin lugar a dudas, estos tres escritos de la Iglesia primitiva marcan un camino a seguir, en este siglo XXI, donde el cristianismo ha creado mandamientos, preceptos, normas, reglas, teologías, devociones, etc. Sin amor a Dios y sin amor a las personas concretas, aquellas que se ven, se oyen, se tocan, se huelen, se escuchan (1Jn. 4:20) de nada sirve amar a la Iglesia, a la Virgen, rezar rosarios o novenas, ir a misa, hablar en lenguas, diezmar o lo que se les ocurra.

Urge, que las iglesias retomemos las enseñanzas de los Apóstoles. Nos empapemos de las enseñanzas de los Padres Apostólicos. Vivamos radicalmente el mandamiento de Jesús.

Nos encontramos en un contexto privilegiado para dar testimonio a quienes no creen, debido a la pandemia, a las migraciones “ilegales”, a los enfrentamientos armados, al hambre, al desempleo, a la violencia familiar, al bullying, a la homofobia, a la contaminación ambiental, a la explotación de los pueblos originarios … el siglo XXI nos ofrece la oportunidad de que, quienes no creen, puedan decir de las cristianas y los cristianos: “miren como se aman”, pero hasta ahora, pasamos desapercibidos, no logramos que nos reconozcan, salvo a la entrada o salida del templo.

Lamentable!

 

Buena semana para todos y todas.

+Julio V.


domingo, 18 de octubre de 2020

Reflexión del 20° Domingo después de Pentecostés - Mateo 22,15-21:


 


22 15 Luego los fariseos fueron y se reunieron para planear cómo hacer caer a Jesús en algo que él dijera. 16 Enviaron a sus propios seguidores con algunos herodianos, quienes le dijeron:

—Maestro, sabemos que eres un hombre honesto y enseñas con sinceridad el camino de Dios. No temes decir lo que piensas porque no tratas a la gente según su nivel social, sino que eres imparcial. 17 Por eso dinos qué piensas tú: ¿Está bien que paguemos impuestos al emperador o no?

18 Jesús se dio cuenta de sus malas intenciones y les dijo:

—¡Hipócritas! ¿Por qué tratan de ponerme una trampa? 19 Muéstrenme una moneda con la que pagan impuestos.

Ellos le dieron una moneda de plata.

20 Entonces él les dijo:

—¿De quién es la imagen que está en la moneda y el nombre que está escrito en ella?

21 Ellos dijeron:

—Del emperador.

Entonces Jesús les dijo:

—Den al emperador lo que es del emperador y a Dios lo que es de Dios.

 

1.     El texto en su contexto

El evangelista Mateo presenta el creciente conflicto entre las autoridades judías y Jesús,  a través de un complot político religioso para matarlo (vv 15-16). En esta trampa que se tiende a Jesús aparecen asociados el poder político y el poder religioso que presentan tres preguntas; la primera es nuestro texto de hoy;  la pregunta sobre el pago de impuestos realizada por discípulos de fariseos e integrante del partido de los herodianos; la segunda es sobre la resurrección de los muertos, hecha por los saduceos, grupo integrado por muchos sacerdotes y levitas; la tercera sobre el mandamiento más importante realizada por los fariseos directamente.

Muy probablemente, estos enfrentamientos entre Jesús y los grupos de poder político religiosos, representen los enfrentamientos entre cristianos y judíos en tiempos de Mateo (años 40-80).

La pregunta sobre el pago de impuestos (vv 16-19) pone a Jesús en un escenario complejísimo. Si responde lo que esperaría la mayoría de los judíos, no pagar los impuestos porque es un signo de vasallaje sería acusado de sedición y si responde que se paguen los impuestos, sería acusado de colaboracionista del imperio, igual que los publicanos.

La respuesta de Jesús es inesperada y ciertamente desconcertante (vv 20-21). Así como la moneda es portadora de la imagen del César, por eso le corresponde, así también, las personas son portadoras de la imagen de Dios (Gn. 1:26) por lo tanto, le corresponden a Dios y el poder del emperador es inferior y queda sometido al poder divino.

 

2.     El texto en nuestro contexto

Quiero plantearles dos ideas para la reflexión y la vivencia de esta semana.

La primera se relaciona con la situación de muchas iglesias que se encuentran “asociadas” al poder político de diversas formas: a través de favores políticos, a través del pago de salarios a ministros, a través de la exoneración de impuestos, a través de cargos de capellanía militar, a través de ministerios de culto que beneficia a unas iglesias en relación a otras.

La segunda se relaciona con el pago de diezmos. Muchas iglesias a través de sus ministros comercian con la salvación de las personas exigiendo el diezmo a cambio de la entrada al Reino de Dios, poniendo a las personas pobres en una situación de desventaja y empobreciéndolas aún más, igual a lo que se hizo siglos atrás con la venta de indulgencias.

En cualquiera de los dos casos se violenta la imagen divina de la que cada persona es portadora, priorizando beneficios a favor de quienes tienen poder religioso.

El texto del Evangelio de hoy, hace un llamado a las comunidades cristianas de las diferentes denominaciones, a vivir en el mundo actual, sin hacer alianzas que vulneren a las personas en su relación con Dios. Tal vez es un buen momento para que cada iglesia – institución, comience a vivir en plenitud el Evangelio de Jesucristo sin desvirtuarlo.

Buena semana para todos y todas.

+Julio V.

domingo, 11 de octubre de 2020

Reflexión 19° Domingo después de Pentecostés – Mt. 22:1-14

 



22  1 Jesús comenzó a hablarle a la gente una vez más por medio de historias. Les dijo: 2 «El reino de Dios se puede comparar con un rey que ofreció una boda para su hijo. 3 El rey envió a sus siervos para que les dijeran a los invitados que vinieran, pero los invitados no querían ir. 4 Envió otra vez a otros siervos y les dijo: “Díganles a los invitados que todo está listo, que se mataron las reses y los animales engordados. Todo está preparado. ¡Que vengan a la boda!” 5 Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a trabajar en su tierra, otro se fue a sus negocios y 6 otros ataron a los siervos del rey, los torturaron y los mataron. 7 El rey se enfureció, envió a sus soldados y ellos mataron a los asesinos y quemaron su ciudad. 8 Entonces el rey les dijo a sus siervos: “La boda está lista, pero los que se invitaron no la merecían. 9 Vayan, pues, a las esquinas de las calles e inviten a todo el que encuentren para que venga”. 10 Los siervos salieron a los caminos. Reunieron a todos los que pudieron encontrar sin importar que fueran buenos o malos y el salón se llenó de invitados.

11 »Cuando el rey vino a verlos, vio a un hombre que no estaba vestido con ropa como para ir a una boda. 12 El rey le dijo: “Amigo, ¿cómo hiciste para entrar aquí sin estar vestido con ropa adecuada para una boda?” Pero el hombre se quedó callado. 13 Entonces el rey les dijo a sus siervos: “Átenlo de pies y manos y échenlo afuera, a la oscuridad. Ahí es donde la gente llorará y crujirá los dientes de dolor”. 14 Porque muchos son invitados pero pocos son escogidos».

 

1.    El texto en su contexto.

Como se viene planteando domingos atrás, el evangelista Mateo nos lleva a un contexto de enfrentamiento entre Jesús y las autoridades políticas y religiosas de Israel.

La parábola del Banquete de Bodas presenta en su primera parte sobre la invitación y los invitados (vv 1-10), haciendo referencia a la misión o destino del pueblo hebreo y la invitación o llamada a los pueblos de la gentilidad; pero la segunda parte, que hace referencia a la vestimenta que tienen las personas invitadas a la boda (vv 11-14), se dirige a la comunidad eclesial, a las personas que integran la Iglesia, es decir, la comunidad destinataria del Evangelio de Mateo.

La temática propuesta en esta parábola es la Boda; en los relatos bíblicos tanto de la Biblia Hebrea (Os. 2; Is. 1:21-26; 49; 54) es símbolo del matrimonio entre YHWH y la ciudad santa de Jerusalén; en los relatos de la Biblia Cristiana (Jn 1-3; 2Cor. 11:2; Ef, 5; Ap 19; 22) es símbolo del matrimonio entre el Jesucristo y la Iglesia; por lo tanto, el contenido de la parábola nos pone de cara al amor misericordioso y gratuito de Dios por la humanidad.

En relación a los personajes, el rey representa a Dios Padre; el hijo a Jesús; los criados los profetas enviados al pueblo hebreo y la comunidad discipular cristiana representada por los apóstoles, evangelistas, ancianos, presbíteros, predicadores, etc.; si bien la novia está ausente, aparentemente, en esta boda, podemos intuir que son los invitados.

Los vv. 6-7 nos sitúa en un contexto de destrucción, probablemente Jerusalén se encontraba sitiada o ya habría sido destruida por el ejército romano (70-72 dC).

El vv 10 nos ubica en un contexto de gratuidad divina, todas las personas son invitadas a la Fiesta de Bodas, no hay excepciones, buenos y malos (Prov. 15:3).

Sin lugar a dudas, la conclusión de la parábola (vv. 11-14) hace una clara referencia a la comunidad eclesial. La vestimenta representa o simboliza la conducta de cada miembro de acuerdo al lugar que ocupa dentro de la Iglesia: apóstoles (obispos), presbíteros, diáconos, predicadores, evangelistas, profetas, maestros, etc … comunidad eclesial (Ap. 15:6 cf. Is. 61:10).

Finalmente, nos sitúa en una dimensión escatológica, la exclusión del Reinado de Dios de quienes no tienen la dignidad por su conducta (la vestimenta), representada en la oscuridad, oponiendo el llanto de las personas excluidas al gozo de quienes participan del banquete de Bodas.

 

2.    El texto en nuestro contexto.

Han pasado unos dos mil años del surgimiento de las comunidades eclesiales y el contenido de esta parábola se mantiene plenamente vigente a la luz de los actuales escenarios eclesiales:

-         Un cristianismo que no es diverso sino fragmentado y enfrentado.

-         Personas ocupando el ministerio eclesial que no invitan a buenos y malos a la Fiesta de Bodas, que es el gozo que se debiera vivir en el seno de la comunidad eclesial como anticipo del gozo en el Reinado de Dios, sino que juzgan, condenan y excluyen poniéndose en el lugar de Dios.

-         Personas preocupadas por ritos, fórmulas y diezmos, en lugar de promover la solidaridad y la justicia al interior de la comunidad eclesial y de ésta con la comunidad social; entre otras situaciones.

¿Cuántas personas quedan desafiliadas de la Iglesia, y cuando digo Iglesia, incluyo a todas las denominaciones cristianas, porque las juzgamos y condenamos como “malas”, “pecadoras”, “abominables”, sin darles la posibilidad de desarrollarse en el discipulado?

¿Cuántas otras, jamás reciben la invitación a participar de la Iglesia porque el prejuicio de quienes ocupamos ministerios, las discriminan descalificándolas?

¿Cuántas otras, son excluidas del seno eclesial porque, no dejando el juicio a Dios, lo tomamos nosotros, rotulando de “divorcistas”, “aborteras”, “homosexuales”, “traestis”, “prostitutas” …?

 Al parecer, hemos olvidado la enseñanza del apóstol Pedro, que “Dios no hace diferencia entre las personas” (Hch. 10:34) y hemos establecido fronteras entre buenos y malos, creyentes ortodoxos y creyentes heréticos, justos y pecadores …

Les invito a retomar nuestro rol o misión en la sociedad y el mundo, que no es otro que hacer que la bendición de Dios llegue a todas las personas, transmitirles la invitación a la Fiesta de Bodas y dejar la libertad que cada quien responda según sus posibilidades o intereses, dejando el juicio a Dios. Asegurémonos de cumplir con nuestra función, no sea que nos suceda como a aquel invitado que no se encontraba con la ropa apropiada para la fiesta.

Buena semana para todos y todas.

+Julio.


sábado, 3 de octubre de 2020

Reflexión 18° Domingo después de Pentecostés – Mt. 21:33-45

 


21  33 »Escuchen esta historia: El dueño de una finca plantó un viñedo y construyó un muro alrededor. Luego, cavó un lugar para hacer el vino y construyó una torre de vigilancia. Después alquiló el viñedo a unos labradores y se fue de viaje. 34 Cuando llegó el tiempo de la cosecha, el dueño mandó a sus siervos para que hablaran con los labradores y pidieran la parte que le correspondía al dueño. 35 Pero los labradores agarraron a los siervos. Golpearon a uno, mataron a otro y agarraron a pedradas a otro más. 36 El dueño mandó otra vez a otros siervos, y los labradores les hicieron lo mismo.

37 »Más tarde, el dueño les envió a su propio hijo. Se decía a sí mismo: “A mi hijo sí lo respetarán”. 38 Pero cuando los labradores vieron que era el hijo del dueño, dijeron entre ellos: “Este es el heredero, ¡vamos a matarlo para quedarnos con la herencia!” 39 Entonces, lo agarraron, lo echaron fuera del viñedo y lo mataron.

40 »¿Ustedes qué creen que hará el dueño del viñedo con esos labradores cuando llegue?

41 Le respondieron:

—Él matará de manera terrible a esos perversos y les alquilará el viñedo a otros labradores que sí le darán su parte de la cosecha.

42 Jesús les dijo:

—Seguramente habrán leído las Escrituras que dicen:

“La piedra que los constructores rechazaron
    se ha convertido en la piedra principal.
Esto fue lo que hizo el Señor
    y es maravilloso verlo”.

43 »Por eso les digo: a ustedes se les quitará el reino de Dios y se le dará a otra nación que produzca lo que Dios quiere que su reino produzca. 44 El que caiga sobre esa piedra se hará en pedazos y si la piedra le cae encima a alguien, lo hará polvo.

45 Cuando los jefes de los sacerdotes y los fariseos escucharon estas historias, se dieron cuenta de que Jesús estaba hablando de ellos.

 

 

1.     El texto en su contexto

Como planteábamos en la reflexión del domingo pasado, es un contexto de enfrentamiento entre Jesús y el poder político y religioso de Israel.

Jesús propone una parábola para la reflexión de los líderes del pueblo. Dios es el dueño de la viña. Los labradores son los sumos sacerdotes, los maestros de la Ley, los escribas que tenían la tarea de que el pueblo fuera el portador de la bendición para todos los pueblos de la tierra, viviendo en justicia y solidaridad. Los siervos representan a los profetas enviados por Dios para ser la conciencia moral del pueblo: Isaías, Jeremías, Ezequiel, Amós, Oseas, Joel, Abdías, Miqueas, Naúm, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías. El hijo representa a Jesús, el cual es ejecutado, fuera de la ciudad Santa de Jerusalén.

Él, es la piedra que los arquitectos, es decir los sumos sacerdotes, los maestros de la Ley y los escribas, conspiraron para asesinarlo, la piedra rechazada, Jesucristo es la piedra fundamental sobre la que se construye el nuevo pueblo de Dios, la Iglesia. Él es su fundamento:

La base de todo ya está construida y nadie puede construir otra porque esa base es Jesucristo. (1Cor. 3:11);

Ustedes los creyentes son esa casa, construida sobre una base sólida formada por los apóstoles y profetas, siendo Cristo mismo la piedra más importante de la construcción. (Ef. 2:20).

La parábola concluye con la sentencia de Jesús: el Reino les será quitado a quienes no cumplen con su misión y entregado a otras personas. Y con la identificación con los labradores asesinos por parte del poder político y religioso.

 

2.     El texto en nuestro contexto.

Esta parábola interpela al nuevo pueblo de Dios, la Iglesia y fundamentalmente a su dirigencia, a los líderes eclesiales: santidades y beatitudes, arzobispos y obispos, presbíteros y pastores, diáconos en las distintas denominaciones cristianas.

¿Estamos contribuyendo al crecimiento y desarrollo del Pueblo de Dios? ¿Estamos promoviendo que la Iglesia, Pueblo de Dios, produzca lo que Dios quiere que produzca?

En distintas partes de la Biblia Hebrea, lo que mal llamamos Antiguo Testamento, Dios reprocha a la dirigencia religiosa. Para quienes gustan citar textos bíblicos juzgando y condenando a otras personas, les comparto doce citas de las Sagradas Escrituras:

Pero Samuel dijo: —¿Qué complace más al SEÑOR: sacrificios que deben quemarse completamente y otros sacrificios u obedecer los mandatos del SEÑOR? Es mejor obedecerle que ofrecerle sacrificios. Es mejor obedecerle que ofrecerle la grasa de los carneros (1Samuel 15:22)

SEÑOR, tú me has hecho entender[a]
    que en realidad no esperas sacrificios ni ofrendas.
    En realidad no pides sacrificios para borrar el pecado.
Así que dije: «Mírame, aquí estoy,
    listo para hacer lo que está escrito de mí en el libro».
Dios mío, deseo que se haga tu voluntad;
    llevo tus enseñanzas en mi corazón (Salmo 40:6-8)

Al SEÑOR le agrada más que uno se porte bien y sea justo, que los sacrificios (Prov. 21:3)

El SEÑOR dice:
    «¿Para qué me traen tantos sacrificios?
Estoy cansado de sus sacrificios que deben quemarse completamente
    y de la grasa de los animales bien cebados.
No me complace la sangre de los toros,
    ni de los corderos ni de las cabras.
¿Quién les pide estas cosas
    cuando ustedes vienen a presentarse
    ante mí pisoteando mis patios?
No me traigan más ofrendas inútiles.
    Su incienso me desagrada.
Ya no aguanto sus reuniones de Luna Nueva,
    los días de descanso y las demás fiestas religiosas mientras practican el pecado.
 Detesto sus fiestas de Luna Nueva y demás fiestas religiosas.

    Todo eso se me ha hecho insoportable,
    estoy cansado de todo eso.
Cuando ustedes alzan sus manos hacia mí para orar,
    yo me niego a prestarles atención.
Ya no escucharé su gran cantidad de oraciones
    porque ustedes tienen las manos
    manchadas de opresión y de violencia

Límpiense y purifíquense,
    quiten sus maldades de mi vista,
dejen de hacer el mal
y aprendan a hacer el bien.
Sean honestos con los demás,
    ayuden al oprimido,
hagan valer los derechos de los huérfanos
    y defiendan a las viudas» (Is. 1:11-17)

 Así dice el SEÑOR Todopoderoso, el Dios de Israel: «Hagan todas las ofrendas y sacrificios que quieran y cómanse la carne.  Cuando saqué a sus antepasados de Egipto no les dije nada acerca de los sacrificios que deben quemarse completamente ni de los otros sacrificios.  Lo que sí les ordené fue esto: “Obedezcan mi voz y así yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo. Vivan de la manera que yo les ordeno para que les vaya bien”.  Pero no me hicieron caso ni me prestaron atención, sino que fueron tercos y se dejaron guiar por sus propios deseos; me dieron la espalda (Jer. 7:21-24)

Lo que yo deseo de ti es fiel amor
    y no sacrificio.
Quiero que ustedes me conozcan,
    no que me hagan ofrendas (Oseas 6:6)

El día del SEÑOR será de oscuridad y no de luz.
            Será un día negro, sin claridad alguna.

«¡Odio sus fiestas!
    ¡Me desagradan sus reuniones religiosas!
Aunque me hagan sacrificios que deben quemarse completamente y ofrendas de cereales, eso no me complace.
Tampoco presto atención
    a sus ofrendas para festejar, de terneros gordos.
¡Alejen de mí el ruido de sus canciones!
    ¡No escucharé la música de sus arpas!
Mejor hagan que la justicia fluya como el agua,
    y que sean solidarios de continuo como una fuente inagotable.

»Pueblo de Israel, ¿me llevaron ustedes ofrendas y sacrificios
    en los 40 años que estuvieron en el desierto?
En cambio, cargarán las estatuas
    de su rey Sicut y de su estrella Quiyún
    imágenes que ustedes mismos han creado
cuando yo los haga desterrar más allá de Damasco».
    Así dijo el SEÑOR, cuyo nombre es Dios Todopoderoso (Amós 5:20-27)

Alguien dirá: «¿Qué debo llevar cuando me acerque al SEÑOR?
    ¿Qué debo hacer cuando me incline ante el Dios Altísimo?
¿Me presentaré con sacrificios
    y terneros de un año?
¿Se sentirá complacido el SEÑOR con miles de carneros
    y 10 000 ríos de aceite?
¿Tengo que entregarle mi primer hijo
    como pago por mi culpa?
¿Tengo que entregarle el fruto de mis entrañas
    como pago por mi pecado?»

Hombre, si el SEÑOR ya te ha dicho lo que está bien.
    Él ya te ha dicho lo que quiere de ti:
que seas justo, que te guste mostrar fiel amor
    y que vivas humildemente con tu Dios (Miqueas 6:6-8)

 

Este reproche es asumido en la Biblia Cristiana, lo que mal llamamos Nuevo Testamento, por Jesús y la comunidad apostólica:

Ustedes no habrían condenado a gente inocente si supieran el significado de lo que dice en las Escrituras: “Yo no quiero sacrificios, sino que ustedes tengan compasión (Mt. 12:7)

Uno debe amar a Dios con todo su corazón, con todo su entendimiento y con todas sus fuerzas, y al semejante como a sí mismo. Estos mandamientos son más importantes que todos los sacrificios que se queman completamente y otros sacrificios que ofrecemos a Dios (Mc. 12:33)

Por eso hermanos, puesto que Dios nos ha mostrado tanta misericordia, les ruego que entreguen todo su ser como sacrificio vivo a Dios. Esa ofrenda que es su vida debe estar dedicada solamente a Dios para poder agradarle. Esta clase de adoración es la que realmente tiene sentido (Rom. 12:1)

La ley era sólo una imagen borrosa de las bendiciones que llegarían en el futuro. La ley no es la verdadera bendición porque exige a la gente que ofrezca los mismos sacrificios todos los años. Los que se acercan a ofrecer culto a Dios siguen ofreciendo esos sacrificios, pero la ley jamás puede hacerlos perfectos. Si la ley lo pudiera hacer, entonces ya estarían limpios, no se sentirían culpables de sus pecados y esos sacrificios ya hubieran dejado de ofrecerse. Cada año los sacrificios sirven para recordarles sus pecados, porque es imposible quitar los pecados con la sangre de toros y chivos.

Por eso, cuando Cristo vino al mundo dijo:

«Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,

sino que has preparado un cuerpo para mí.

A ti no te gustan los sacrificios de animales muertos y quemados,

ni los sacrificios que se ofrecen por los pecados.

Entonces dije: “Aquí estoy, Dios.

En el libro de la ley está escrito acerca de mí:

Vine a hacer lo que tú quieres que haga”».

Cristo comienza diciendo: «No te agradan los sacrificios ni las ofrendas. Tampoco te gustan los sacrificios de animales muertos y quemados, ni los sacrificios que se ofrecen por los pecados», aunque todos estos sacrificios los ordena la ley. Luego añade: «Aquí estoy, Dios. En el libro de la ley está escrito acerca de mí: Vine a hacer lo que tú quieres que haga». Dios reemplaza el primer sistema de sacrificios por el sacrificio de Cristo. Por eso el sacrificio del cuerpo de Cristo nos hace santos. Él cumplió con lo que quería Dios cuando se entregó por nosotros una sola vez y para siempre.

Todos los días los sacerdotes celebran sus servicios religiosos. Una y otra vez ofrecen los mismos sacrificios que nunca podrán quitar los pecados. Pero Cristo ofreció un solo sacrificio por los pecados, que es suficiente para todos los tiempos. Luego, se sentó a la derecha de Dios. Ahora Cristo está esperando que Dios ponga a sus enemigos bajo su poder. Con una sola ofrenda, Cristo ha hecho perfectos a los que él purifica.

El Espíritu Santo también nos testifica de ello. Primero dice:

«Este es el pacto que haré

con mi pueblo en el futuro, dice el Señor.

Pondré mis leyes en su corazón

y las escribiré en su mente» (Heb. 10:1-18)

Frente a esta contundente evidencia ¿cómo explicamos las distintas celebraciones litúrgicas, las novenas, los rosarios, los diezmos, los ayunos, las guerras espirituales, los avivamientos, las horas santas … si no practicamos la justicia, la solidaridad? ¿De qué nos sirven todas esas prácticas religiosas si juzgamos y condenamos a otras personas, si no compartimos con quien necesita, si no empatizamos con las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad?

Urge revisar nuestra práctica religiosa para que no nos suceda como a los líderes religiosos del tiempo de Jesús, que se les quitó el Reino de Dios para entregárselo a otras personas.

Buena semana para todos y todas.

+Julio V.