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sábado, 6 de octubre de 2012

2. La opción por los pobres y el Dios bíblico - Jorge PIXLEY









Introducción.

-Hay muchos cristianos que piensan que la OP es algo moderno, una novedad de estos diez o veinte últimos años, algo que ha surgido con la teología de la liberación y su espiritualidad. ¿Confirma la Biblia esta forma de pensar?

-La expresión «opción por los pobres» es efectivamente una expresión moderna. Pero la realidad que se señala con dicha expresión está en el corazón mismo de la Biblia, o quizá debiéramos decir que está en el fundamento mismo de la Biblia. Toda la Biblia parte de la revelación de un Dios que hizo opción por unos campesinos que eran campesinos oprimidos, unos, en Canaán, oprimidos por los reyes de las varias ciudades-estado que allí había, y otros, en Egipto, por el gran emperador Faraón. Dios mismo, el Dios de la Biblia, se revela por vez primera como el Dios que opta por estos pobres específicos, campesinos y trabajadores de la construcción. Esta es una opción en el sentido más estricto de la palabra: toma partido por ellos y contra su opresor.

-Entonces, esa visión de la Biblia como algo puramente espiritual, que solo nos habla de la gracia de Dios y es ajena a todo conflicto social y desde luego a todo lo político, ¿podríamos decir que no es una visión realista de la Biblia?

-Existe siempre, tanto en los tiempos bíblicos como en los modernos, un sector de la población de cualquier nación que trata de negar la existencia de conflictos de fondo en el área de la religión -como en el área del centro de trabajo o de cualquier otra área de la vida-. Esa religión que ignora o pretende ignorar el conflicto que es parte de la vida social que hemos conocido desde el comienzo de la historia, también está en la Biblia. Yo diría que es una expropiación y distorsión de la religión fundante de la Biblia, pues se toma a Yavé, el Dios de la liberación, para legitimar una nueva y opresiva sociedad. Por ejemplo, cuando Salomón construye el templo obliga a los campesinos a dedicar varios meses del año al trabajo en su construcción y les dice que éste es un templo para Yavé, el Dios que los liberó de la servidumbre del Faraón egipcio. Salomón se está presentando entonces como representante de un Dios, Yavé, que ya no tiene conflictos. Los tuvo en otro tiempo con un Dios extranjero, pero ahora representa a todo el pueblo, al pueblo campesino y al de la capital, Jerusalén, y los de la capital tienen que organizar y supervisar el trabajo de los campesinos que van a hacer este enorme templo para el Dios Yavé que en otro tiempo liberó a sus padres de la opresión. Así niega la realidad de opresión que están viviendo en nombre de la unidad nacional bajo el Dios que los liberó.

-¿Podemos decir que para entender la Biblia, para captar su mensaje más profundamente necesitamos estar atentos también a la infraestructura socioeconómica y sociopolítica del pueblo de Israel en el cual Dios se reveló. ¿Es así?

-Efectivamente. No podremos entender los varios niveles de significación en la Biblia -como de cualquier otro texto de la antigüedad- sin analizar el contexto social en el que surgió En el caso de la Biblia hemos estado descubriendo en este siglo, especialmente en su segunda parte, esta realidad. Se sabía desde hace dos, tres siglos, que dentro de la Biblia hay diversas corrientes teológicas y políticas, que no es de una sola pieza. Gerhard von Rad, el famoso biblista alemán, habla de «teologías» de la Biblia. Lo que se ha ido descubriendo más recientemente es que no son simplemente corrientes paralelas, sino que frecuentemente, cuando uno analiza el contexto social del cual surgieron, resultan ser teologías en conflicto. No solamente teologías diferentes, pues, sino teologías en conflicto.

Sería por ejemplo el caso ya mencionado de Salomón, donde por un lado tenemos la teología de Salomón, que ha creado cierta literatura en la Biblia, y por otro lado tenemos la teología de los profetas, en este caso representados por Ajías, el profeta que sublevó a Jeroboam. En efecto, siendo éste funcionario del Estado de Salomón, Ajías le incitó en nombre de Yavé, del Yavé que había liberado al pueblo de la servidumbre, a que desplazara a Salomón, diciéndole que Yavé le había ungido para ser él rey de Israel. Entonces tenemos en este caso dos teologías que no son simplemente dos corrientes que fluyen paralelas, sino que son dos corrientes que se enfrentan entre sí. No se puede servir al Dios de Salomón y al mismo tiempo al Dios de Ajías, que incita a Jeroboam contra Salomón no solamente por favorecerlo a él contra pecados particulares de Salomón, sino en nombre de otro proyecto de vida que el proyecto que representa Salomón. En nombre de ese proyecto que representa el profeta Ajías se quiere negar cualquier Dios que pueda obligar a los campesinos a hacer trabajos forzados, aunque sea para construir un templo a Dios.

La OP en el comienzo de la revelación bíblica.

-Viendo que hay en la Biblia esas corrientes paralelas y no pocas veces contrapuestas y hasta mutuamente excluyentes, vámonos, remontémonos al principio: tratemos de buscar cuál es la corriente primera, la original, la «primera teología», o la manifestación primigenia de Dios, que suponemos tuvo que darse en los orígenes del pueblo de Israel, no precisamente con los relatos de la creación, que aparecerán mucho después... ¿Cómo fueron esos orígenes del pueblo de Israel y esa primera manifestación de Yavé Dios en la historia? ¿Esos orígenes y esa primera manifestación tienen algo que decirnos en relación a la OP?

-Lo que has dicho sobre los relatos sobre la creación es importante reconocerlo. Cualquier pueblo organizado tiene sus relatos de creación. Pero los relatos de creación se crean cuando ya hay un mundo construido y hay que explicar quién es el Dios que construyó ese mundo. La construcción del «mundo» (me estoy refiriendo ahora a la construcción de una sociedad ordenada que conforma un mundo) es anterior a la necesidad de explicar sus orígenes.


En el caso de Israel, la visión que se ha venido imponiendo en la segunda parte del siglo XX y que hoy es ampliamente aceptada en el tercer mundo (yo diría: en América Latina, en Sudáfrica, en Korea, en Filipinas...), es todavía una corriente minoritaria dentro del mundo académico del primer mundo. Esta corriente reconoce en la Biblia que el pueblo de Israel nace de un movimiento de insurrección en la sociedad cananea.

En Canaán, en los siglos XIV y XIII antes de Cristo, había una ordenación social con múltiples reyes de ciudades-estados. Cada rey tenía su Estado, a veces independiente, y a veces en sujeción a un emperador, en la mayoría de los casos en Canaán al rey de Egipto, al Faraón. Estos varios reyes vivían de la acumulación del producto de los campesinos que estaban organizados en aldeas controladas por los respectivos reyes. Llegó un momento -quizá el siglo XIV o principios del siglo XIIIen que la estabilidad de este orden se fue desmoronando por conflictos entre los reyes y por problemas en el imperio egipcio que incidían en Canaán. Sabemos poco de lo concreto de cómo se dieron las insurrecciones que se produjeron a raíz del desmoronamiento del orden social anterior. Pero sabemos que de estas aldeas sujetas a reyes surgió un movimiento bastante amplio de campesinos que dejaban sus tierras para abrir en la sierra tierras hasta entonces no cultivadas. Tierras que eran menos atractivas, porque estaban en las cuestas de las sierras y no en lo plano de las llanuras, pero que ofrecían una forma de escape de los problemas de explotación que se vivían en la llanura.

Este movimiento, relativamente desordenado, recibió su expresión religiosa e ideológica cuando llegó a Canaán un grupo de esclavos procedentes de Egipto que habían tenido una experiencia de Yavé. Yavé Dios había sido conocido por el grupo en su levantamiento contra las condiciones de opresión bajo las que el rey de Egipto estaba haciendo sus construcciones. Esto fue en tiempos del Rey Ramsés II. Ellos eran también campesinos, y habían sido obligados a realizar trabajos forzados. Se rebelaron contra esa explotación, pero no fue la suya una rebelión meramente política -si es que alguna vez ha existido tal cosa-. No sabemos si la rebelión de las aldeas campesinas de Canaán fue meramente política, pero sabemos que el grupo que se rebeló contra el Faraón en Egipto lo hizo como una cruzada religiosa, como un movimiento encabezado por el profeta de Yavé, Moisés, que interpretaba que la voluntad de Yavé era la de liberar a su pueblo.

Los grupos que se rebelaron en Egipto todavía no eran pueblo. Llegaron a ser pueblo en la experiencia de rebelión en contra de las condiciones de opresión que sufrieron en Egipto. El grupo salió de Egipto y no podía asentarse junto a los límites de Egipto por miedo y porque había desierto en el Sinaí que no ofrecía buenas condiciones para campesinos. Entonces se trasladaron a las tierras fértiles más próximas, que resultaron ser las mismas zonas en las que los campesinos cananeos habían estado abriendo nuevas tierras de labor en las sierras.

Allí en Canaán se encontraron estas dos corrientes. Y formaron un pueblo que se llamó Israel.

Ahora bien, «Israel» es un nombre que surge de las aldeas de Canaán, mientras que el Dios de Israel era «Yavé», que es el nombre del Dios de la liberación de Egipto. Esta dualidad entre un pueblo que se llama «Israel» pero que se considera el pueblo de «Yavé», refleja la realidad de esta experiencia: que eran dos movimientos de liberación de grupos campesinos, que se encontraron entre sí y descubrieron que su lucha era parecida, y encontraron en Yavé, el Dios que Moisés había interpretado, y en las leyes que Moisés les había dado en nombre de Yavé, lo que ellos creían en común, aun los que no
habían conocido antes a Yavé. Su experiencia de vida había sido muy similar y se sentía interpretada por la experiencia de vida de los que salieron de Egipto. De modo que, los que salieron de Egipto, que quizá antes se llamaron «levitas», cuando llegaron a Canaán tomaron el nombre de «Israel» de los que
estaban en Canaán, mientras que los de Israel, que quizás antes llamaban a Dios «El» -nombre que está contenido como parte de «Israel»-, ahora reconocen que El no es exactamente su Dios, sino Yavé, el Dios que había interpretado el profeta Moisés.

-Luego podríamos decir que Yavé no se reveló por primera vez revelando contenidos teológicos o dogmáticos, ni revelando alguna doctrina o moral, sino que la acción reveladora primera del Dios bíblico, la acción reveladora primera del Dios en el que creemos los que consideramos la Biblia como Palabra de Dios es una incitación a la libertad hecha a los pobres y oprimidos...

-Exacto, así es. Y las doctrinas -que eran más bien leyes para ordenar la vida social, y que hoy las encontramos en el Pentateuco, en el Decálogo por ejemplo-, brotan también de una experiencia sociopolítica de liberación, una experiencia que es verdaderamente sociopolítica, a la vez que religiosa.

-Se habla de los «apirús». ¿Quiénes eran? ¿«Apirus» y «hebreos» representan el mismo grupo? -La palabra «apiru» existe en varias formas en los diferentes idiomas semíticos de la antigüedad.

«Apiru» y «hebreo» son variantes de la misma palabra en idiomas emparentados. Ha habido mucha discusión, pero parece que hoy se ha llegado al consenso de que esta palabra se usaba para personas que se colocaban o eran colocadas fuera del orden social establecido. En algunos casos eran bandoleros seguramente; simplemente eso, bandidos. Pero en otros casos eran como los que se rebelaron en Egipto contra el Faraón bajo el liderazgo de Moisés: un grupo ordenado con un plan de acción, sólo que desde el punto de vista de los egipcios eran apirus, hebreos... A partir de cierto momento ellos mismos asumieron la palabra «apiru». La palabra se utilizaba tanto en Egipto como en Canaán y en Mesopotamia. Hoy ha quedado reducida al nombre del idioma. No era originalmente un término lingüístico, no se refería a un idioma sino a un movimiento o a varios movimientos de rebelión.

El «Proyecto de Dios».

-Esta «incitación a la libertad» de su pueblo con la que Yavé comienza su revelación en la Biblia no miraba simplemente al pasado (huir de la opresión) sino también al futuro: para crear un proyecto de sociedad alternativo a las sociedades opresivas de Egipto y de Canaán, una sociedad fraterna e igualitaria conforme a la voluntad de Dios, en donde no hubiera ya siquiera posibilidad de injusticia y opresión... ¿Cómo era ese «proyecto de Dios» para los pobres, para su pueblo?

-Bueno, lo que sucedió cuando estos dos grupos se encontraron y formaron el pueblo que llamaron Israel fue que se organizaron en tribus, en alianza de tribus. En el fondo, más que la tribu estaba el clan, que era una familia grande, de primos, nietos y aún más que una familia de tres generaciones. Cada clan o familia podía ser dueña de una región, de un valle, de un cerro, y podía tener su aldea donde se congregaban y donde el patriarca o los patriarcas dirigían la vida del clan.

Lo interesante del «proyecto» es que los clanes buscan establecer igualdad entre sí. En particular, un primer requisito para pertenecer a Israel es jurar lealtad exclusiva a Yavé, a ningún otro Dios, y a ningún otro rey, porque Yavé es rey. A diferencia de los dioses del Faraón y de los dioses de Canaán, que también creían que Dios era rey, Israel creía que siendo Yavé rey era rebelión pretender tener un rey humano: ya tenían su rey en Yavé. La primera piedra de la constitución política de la ley revelada del Sinaí era el mandamiento «no tendrás dioses ajenos delante de mí», que va dirigido contra aquellos que pudieran pretender regresar a dioses que admitían tener sus lugartenientes humanos en los reyes de las ciudades cananeas o del imperio egipcio.

Uno de los puntos, el primero, el fundamental, del nuevo orden, es éste. Ya he dicho algo acerca de la igualdad entre los clanes: no habiendo rey, los ancianos de cada clan, cuando fuera necesario por algún motivo de interés para varios clanes, se reunían en asamblea y colectivamente determinaban por consenso la acción que se debería tomar. Para su defensa no crearon un ejército sino que se organizaban en milicias de campesinos. Para ordenar la vida social contra los antisociales –personas que mataban o robaban o adulteraban- se servían de un sistema jurídico popular de justicia popular donde los ancianos o padres de familia oían los casos y determinaban las penas. No habiendo cárceles las penas eran penas que podían ser administradas por la misma comunidad. Así pues se organizó una vida igualitaria. (Entendiendo en este caso por «igualitaria» la igualdad entre familias, porque no se trataba tanto de individuos que creían en Dios cuanto de familias que vivían dentro del sistema de tribus y de clanes que era Israel. O sea, que a diferencia de la ideología política de la revolución francesa que conocemos en tiempos modernos, donde la igualdad quiere decir igualdad de ciudadanos, en este caso la igualdad que se dio en Israel era de familias o de clanes).

-¿Se consiguió realizar socialmente en algún momento este «proyecto de Dios»? ¿Durante cuánto tiempo?

-El «proyecto», efectivamente, se logró realizar. Y, más o menos, como proyecto excluyente de otros proyectos alternativos, duró unos doscientos años: desde el momento de la fundación de Israel, que es aproximadamente el año 1200 antes de Cristo, hasta el surgimiento de Saúl y David como reyes dentro de Israel. Generalmente se piensa que David surgió como rey en el año 1000, más o menos. Durante esos doscientos años el proyecto tuvo vigencia exclusiva. Continuó existiendo luego mucho tiempo más como rebeldía, como exigencia de renovación. Pero por doscientos años fue el proyecto realizado de Israel.

-¿Podríamos pensar que la instauración de la monarquía fue el comienzo del abandono del proyecto de Dios...?

-Yo creo que había condiciones casi naturales que llevaron a romper la igualdad que se quiso con las leyes originales y con la religión de Yavé. Seguramente algunos clanes, por casualidades de la vida, se adueñaron de valles más fértiles o cerros mejores donde la lluvia caía más abundantemente, o fueron más trabajadores, hicieron mejores terrazas o no hubo tanta erosión que destruyera sus tierras... Por una u otra razón, ciertos clanes fueron haciéndose más ricos, más poderosos que otros, y las leyes que defendían la igualdad no pudieron con su simple fuerza legal e ideológica preservar a Israel de estas diferenciaciones normales. De forma que llegó un momento en que un clan importante como el de Efratá y una familia como la de David , que surgía de ese clan, lograron imponerse no solamente sobre la tribu de Judá, que era su región, sino sobre todas las tribus. Lo cual no se dio precisamente sin conflictos.

El proyecto de Jesús.

-Desde entonces hasta Jesús el salto es muy grande, pero podríamos empalmar recordando que Jesús retoma el «proyecto de Dios», que es lo que él llama «Reino de Dios»...

-Efectivamente, como dices, el salto es muy grande. Son mil años. Y en mil años cambian muchas cosas, incluso en una sociedad tradicional, en la que no cambian tan rápidamente como en el mundo moderno... En los tiempos de Jesús existe un imperio, el imperio romano, y existe un sistema social totalmente desconocido en la época de los clanes y las tribus de Israel. Es el sistema de la polis o la ciudad grecorromana, helenística. Había en Palestina, para el tiempo que vivió nuestro Señor, un grupo considerable de ciudades helenísticas. Eran ciudades organizadas de terratenientes. Los ciudadanos de una ciudad helenística eran, cada uno, un jefe de familia, y cada uno poseía tierras aunque no viviera en ellas. Pero era el que las explotaba. Tenía un mayordomo quizás que se encargaba de administrarlas, como vemos en las parábolas de Jesús. En éstas se refleja la vida que no es una vida tradicional de clanes, aunque Jesús vivía en Galilea, que era precisamente una de las áreas más tradicionales de Palestina. Pero aún a pesar de eso Jesús conoce una actividad rural que ya no está organizada a partir de familias autónomas, sino a base de terratenientes que contratan jornaleros y que tienen mayordomos que vigilan el trabajo de los jornaleros.Entonces la situación que vive el pueblo de Israel en la época de Jesús en ciertas aspectos difiere profundamente de la situación social del tiempo de Moisés. Sin embargo el papel de Jesús tiene semejanzas con el de Moisés. Lo que hizo Jesús fue organizar un pequeño movimiento con la intención de influenciar la vida de las aldeas que subsistían en Galilea. No hizo práctica en las ciudades. El era de Nazaret, y los lugares por donde se movió eran pueblos de pescadores como Betsaida o Cafarnaún, o aldeas de la sierra, como Nazaret y Caná. Su campo de acción fueron estos pueblos, que estaban muy cerca de ciudades grecorromanas, en las que, hasta donde hoy sabemos, él no entró, (sólo se menciona Cesarea de Filipo como un lugar por donde pasó, pero es el único lugar, la única ciudad helenística de la que se nos dice que en ella Jesús tuvo una actuación). Esto significa una estrategia por la que Jesús está tratando de influenciar la vida de estas aldeas, en las que viven jornaleros que trabajan en las haciendas de los ciudadanos de las ciudades grecorromanas...

El público que escucha a Jesús abarca también a esos jornaleros de las parábolas que trabajan en las haciendas de los ciudadanos de las ciudades helenísticas, aunque Jesús no haya entrado en dichas ciudades en el curso normal de su actividad. El busca crear un movimiento en el que todos sean hermanos. No se nota en la práctica de Jesús un intento de restaurar la familia. En este sentido su movimiento está un poco más cerca de la modernidad que del tiempo de Moisés. El tiene algunas expresiones que suenan incluso como antifamiliares: «cualquiera que ame a su padre o a su madre, o a su hijo o hija más que a mí no es digno de mí...» (Mt 10, 37), y otras expresiones que todos recordamos. Lo cual indica que él no veía la base social como la familia, sino el grupo de los que se adherían a lo que el llama el «Reino de Dios».

«Reino de Dios» es su idea de la sociedad que se adhiere al proyecto de Yavé. Ya no se usaba el nombre de Yavé en el tiempo de Jesús. Hubiera sido demasiado escandaloso, porque se consideraba irreverente (y no sólo irreverente, sino blasfemo) mencionar el nombre de Yavé. Pero el Dios de Jesús, cuando él habla de «Reino de Dios» es un Dios tomado de la experiencia bíblica, de los orígenes de Israel. Así que debiéramos pensar que si él hubiera tenido la libertad de usar ese nombre hubiera hablado de reino de Yavé. No era el intento de reproducir exactamente lo que había existido 1200 años antes, sino en las condiciones nuevas de desorganización de las familias y de las aldeas, cuando sierras enteras se habían convertido en haciendas propiedad de terratenientes. En estas nuevas condiciones Jesús está tratando de renovar, de hacer vigente el «proyecto del Reino de Yavé», que fue el proyecto que Moisés, Josué y Gedeón habían liderado unos 1200 años antes de Jesús.

-Así pues, la «Buena Noticia para los pobres», el «Reino de Dios» que predica Jesús es en realidad aquel mismo «proyecto de Dios», aquél «Reinado de Yavé» -reinado directo, sin reyes intermediarios explotadores- que constituía la utopía de sociedad alternativa, fraterna, igualitaria para cuya consecución Yavé se reveló a aquellos marginados-oprimidos («apirus») en Egipto y los incitó a rebelarse y liberarse...

-Y eso tiene un sentido de conflicto con el Dios del templo y con los dioses del imperio. Conflicto que se desata en Galilea con los fariseos, que representan al Dios del templo, en Jerusalén, con las autoridades mismas del templo (los sacerdotes, escribas, el Sanedrín de Jerusalén) y con Poncio Pilato, que era el procurador de toda la provincia, que tenía su sede en Cesarea. Jesús nunca fue a Cesarea pero Poncio Pilato llegó a Jerusalén coincidiendo con la llegada de Jesús, por ser tiempo de la fiesta de Pascua.

OP y conflicto.

-Has hablado de conflicto con los dioses del imperio. Eso recuerda el tema de los «otros dioses». En la Biblia está el Dios Yavé, pero también están los otros dioses. El tema de la idolatría...

-Por un lado, en el origen mismo de la religión bíblica, ya en la primera manifestación de Yavé, los otros dioses por excelencia son, en Egipto, Faraón, que se considera Dios, y en Canaán los reyezuelos y el Dios Baal, que servía de legitimación de estos reyes. En el tiempo de Jesús él habla del dios Mammón, que es una expresión peculiar de Jesús, que parece que quiere referirse no sólo a dioses religiosos, sino también a dioses que se presentan como «seculares» diríamos hoy: el dinero. Es un fenómeno que no es moderno, aunque se ha agudizado en tiempos modernos, que la vida y la muerte de los trabajadores se sujeta al mercado. Jesús, que no tenía posibilidad aún de hacer un análisis sociológico, reconoció sin embargo la presencia del dios dinero en su medio. Así, a aquel rico al que amó, que le había preguntado qué debía hacer para heredar el Reino de Dios, le obliga a que vaya y venda sus bienes, los dé a los pobres y vuelva y le siga, si es que quiere heredar el Reino de Dios (Mc 10, 17-22). No era posible seguir rindiendo su vida a los bienes y querer servir a la vez al Reino de Dios. Lo uno o lo otro. No podía tener dos señores.

-Has hablado de dos corrientes en la Biblia, la corriente profética del Dios Yavé, y la corriente más institucional, más sacerdotal, que legitima la monarquía... Esta duplicidad de corrientes teológicas encontradas está presente a lo largo de toda la Biblia?

-Yo creo que sí, que en todas las partes del antiguo testamento encontramos aquellos que quieren tomar la fe popular y ponerla al servicio de proyectos antipopulares, y esto siempre va encubierto de un lenguaje religioso que pretende poner de su parte al Dios del pueblo. Pero si se examina la estructura religiosa que se ha construido, se da uno cuenta de que no es una estructura al servicio de los intereses del pueblo. Encontramos esto, por ejemplo, en el caso de Salomón, que mencionamos antes, enfrentado con Jeroboam y con Ajías. Lo encontramos en el caso Jeremías, que ataca al templo diciendo que «vosotros habéis hecho de la casa que lleva mi nombre una cueva de ladrones» (Jer 7, 11). Y lo encontramos en Jesús cuando cita estas mismas palabras de Jeremías al cuestionar la legitimidad del Templo, porque ve al Templo como un proyecto que no está al servicio del Reino de Dios, que él entiende que es el «proyecto» del Dios verdadero. Fueron las autoridades del Templo, en combinación con las autoridades imperiales las que crucificaron a Jesús.

-El conflicto de estas dos corrientes que atraviesan toda la Biblia es, en realidad, el mismo conflicto que vivió también Jesús: el Templo, los fariseos, los sacerdotes y las autoridades romanas contra el anuncio del Reino de Dios, contra el «proyecto de Yavé», opuestos a la construcción de una sociedad alternativa, justa, fraterna, igualitaria, participativa...

-Exacto. Los enemigos de Jesús estaban contra el «proyecto de Yavé» que Jesús estaba retomando, que era un proyecto popular igualitario, de servicio del uno al otro, donde «a nadie llaméis Padre, porque tenéis sólo un Padre» (Mt 23, 9). Igual podría haber dicho -aunque no era un problema en aquel momento- «a nadie llaméis rey, porque sólo tenéis un rey...»; vosotros os llamaréis hermanos y hermanas. Es un proyecto igualitario el que Jesús promueve, y el nombre que él le da al proyecto es «Reinado de Dios», donde como hemos dicho se entiende que Dios es el Yavé que promovió la salida de los esclavos de Egipto.

-Concluyamos. Un conflicto hubo entre Yavé y el Dios Baal, entre los apirús y los reyezuelos de Canaán, entre la monarquía y el el profeta de Yavé Natán... Esas corrientes permanecen en conflicto en el Antiguo Testamento y Jesús es víctima del mismo conflicto. ¿Podríamos decir que el conflicto que hoy vivimos es una prolongación...?

-Quizá la palabra «prolongación» no sería la más acertada. Podríamos decir mejor que es otra «manifestación» del mismo fenómeno, a saber, del fenómeno de que, por un lado, tenemos la fe de un pueblo que lucha porque se resiste a vivir para siempre oprimido y que cree que Dios tampoco quiere que viva para siempre oprimido, y, por otro lado, tenemos el proyecto de algunos que ven la vida como algo donde los conflictos son provocados por agentes provocadores y no reflejan intereses en conflicto. En este segundo caso Dios resulta ser un Dios que bendice las estructuras sociales, que se entiende no son en sí productoras de conflicto, ya que los conflictos nacen cuando vienen agentes extraños a provocarlos.

Estas dos corrientes, la de un Dios que oculta los conflictos de intereses, siempre en beneficio de aquellos que viven del trabajo de otros, y la de un Dios que anima las luchas del pueblo por librarse de las opresiones a las que viven sometidos, siguen hoy estando presentes y su conflicto adquiere diferentes manifestaciones.

Dentro de la Iglesia el conflicto se produce entre los que veneran al Dios de la alienación y la tranquilidad y los que veneran al Dios del compromiso y de la liberación, pero es el mismo conflicto que vemos fuera de la Iglesia, en las luchas de los obreros contra los patronos, en las luchas de los guerrilleros revolucionarios contra fuerzas represivas... Dentro de la Iglesia toma características propias eso que es la misma lucha que se refleja en las esferas seculares, y que es también la misma lucha que se reflejó en la religión y en la sociedad del tiempo de Salomón. Pero no deja de ser el mismo conflicto.

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