domingo, 28 de octubre de 2018

Domingo de la vigésima tercera semana del Tiempo de Misión en la Diversidad - Que la Iglesia vea!




28 de octubre
Mc 10,46-52


1.     El texto en su contexto:

Jesús iba con las discípulas y los discípulos camino a Jerusalén (vv 32) y para ello era necesario atravesar el río Jordán y pasar por Jericó (vv 46a). Este episodio nos remite a la entrada del pueblo hebreo a la tierra prometida (Jos 3-6).

El relato evangélico es inmensamente rico en contenido presentando a Bartimeo como un hombre ciego y mendigo (vv 46b) capaz de percibir lo que otras personas con vista no logran percibir aunque lo están viendo con sus propios ojos. ¿Qué cosa veía esa gente que no entendía? Nada más ni nada menos que a Dios reinando en medio del pueblo (Lc 17,21 cf. 7,22; 4,14-21); los signos realizados por Jesús: sanaciones, liberaciones, resucitaciones no son otra cosa que los indicadores del establecimiento del “Shalom de Dios” es decir, el reinado de paz con justicia, la inclusión de los excluidos en el pueblo de Dios, la formación de un nuevo pueblo donde nadie quede fuera, el establecimiento de lo que llamaríamos en el siglo XXI, un nueva civilización, la civilización de la paz con justicia, de la equidad con solidaridad. El ciego Bartimeo visualiza que está siendo testigo de la instauración del Reino de Dios en medio del pueblo, mientras que quienes seguían a Jesús todavía mantenía expectativas políticas y vinculadas al poder, justamente el párrafo evangélico anterior, hace referencia a tres de los más importantes dentro de la comunidad apostólica, buscando el honor y el poder por medio de Jesús (10,35-45).

El relato comienza con una confesión de fe “Jesús, hijo de David” (vv 47). Bartimeo reconoce en Jesús al Mesías anunciado y esperado (Jr 23,5; 33,15; Zac 3,8). Esta confesión de fe es proclamada a gritos teniendo la inmediata censura de la gente (vv 48). ¿Lo reprimían porque gritaba o lo reprimían por lo que gritaba?. Ciertamente, el contenido de la confesión de fe de Bartimeo es escandaloso y peligroso. Escandaloso, porque reconoce en Jesús al Mesías esperado; Jesús, un judío pobre, que no pertenecía a los círculos del poder, ni de la religión, ni de las familias notables; que provenía de Nazaret, una aldea tan pequeña que no figuraba en los documentos de época. Peligroso, porque reconoce que el sistema político y religioso se equivocaron, el Mesías no surge de las filas políticas ni tampoco de las sacerdotales, surge del pueblo pobre y oprimido, de entre la gente discriminada y excluida (Mt 4,15; Jn 1,46). Jesús, sin embargo, reconoce en el ciego Bartimeo a una persona creyente, acepta su confesión de fe, es más, la ratifica “tu fe te ha salvado” (vv 52).

La confesión de fe de Bartimeo (vv 47) y su insistencia (vv 48) provoca la atención de Jesús que lo llama (vv 49) y coherente con su fe, Bartimeo lo sigue (vv 52). El evangelista nuevamente nos enfrenta al tema del discipulado: llamado del maestro y seguimiento del discípulo (1,17-20; 2,14), llamado del maestro y testimonio del discípulo (1,40-45; 5,18-20). La comunidad discipular, el movimiento de Jesús, lo que hoy llamamos la Iglesia, se formó con personas discriminadas y excluidas por el sistema político y religioso de acuerdo a los relatos en el Evangelio de Marcos (1,17-20; 40-45; 2,14; 5,18-20), en cambio, los ricos y creyentes no aceptaron el seguimiento (10,17-31).


2.     El texto en nuestro contexto:

El relato evangélico nos pone de cara a dos temas fundamentales “opresión – liberación” y “llamado – seguimiento”.

Al situarnos en Jericó nos viene a la mente al pueblo hebreo pasando de la esclavitud a la liberación, pero también, transitando de una vida nómada (habitantes del desierto) a una vida urbana (habitantes en la tierra prometida); nos plantea la adaptación del pueblo de Dios a las transformaciones sociales y culturales, la ruptura con las tradiciones del desierto para generar una cultura urbana, la inclusión de los pueblos paganos en el pueblo de Dios, el diálogo intercultural e interreligioso entre el pueblo de Dios y los pueblos asentados en la tierra prometida.

Por otra parte, el relato del mendigo ciego nos propone revisar nuestro experiencia de fe ¿por qué somos cristianos o cristianas? Y dentro de la religión cristiana ¿por qué somos católicas y católicos? Y dentro de la denominación católica ¿por qué somos independientes?

Desde la IADC:

Ø Sentimos la llamada del Maestro a entrar en diálogo con la sociedad y la cultura contemporáneas, como lo hizo el pueblo de Dios al ingresar a la tierra de la promesa.

Ø Como el mendigo ciego, confesamos a Jesús como el Mesías anunciado y prometido por Dios que nos liberó del yugo de las leyes y las tradiciones que oprimen y excluyen para que otras personas pudieran creer. Reconocemos que nuestra confesión de fe puede ser considerada escandalosa y peligrosa, porque cuestiona a quienes han transformado la fe recibida de los apóstoles en un anestésico para las conciencias, en una experiencia puramente espiritual desencarnada de las diversas realidades humanas; porque propone transformar las estructuras injustas en los Estados y en las Iglesias poniendo en riesgo seguridades, honores y poderes de algunas personas.

Ø Sentimos el llamado a un seguimiento radical y comprometido con Jesucristo, siguiéndolo por el camino, trascendiendo fronteras políticas y religiosas dentro del cristianismo y hasta fuera de él si fuera necesario, puesto que, el Dios revelado por Jesucristo, no hace diferencia entre las personas (Hch 10,34).

Ø Denunciamos toda estructura política o religiosa, cristiana o de otra religión, católica o de otra denominación, independiente o de otra corriente dentro del catolicismo, que vulnere los derechos y la dignidad de las personas, que discrimine y excluya, que impida la liberación integral de cada ser humano sin importar raza, etnia, género, orientación sexual, o cualquier otra condición.

Invitamos a todos los cristianos y todas las cristianas a confesar a Jesús como el Mesías, el único Mediador entre Dios y la humanidad (1 Tim 2,5) y a pedirle que sane todas nuestras cegueras como lo hizo con el mendigo ciego, para que le sigamos por el mundo como discípulos y testigos, construyendo comunidades de iguales, comunidades solidarias, comunidades testigos.

Jesús: que la Iglesia vea!
Buena semana para todos y todas
+Julio, Obispo de la IADC

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