domingo, 2 de diciembre de 2018

Señor justicia nuestra - Primer domingo del Tiempo de la Promesa




Tiempo de la Promesa
Primer Domingo
Jr 33,14-16


1.     El texto en su contexto:

El texto profético propuesto para hoy se enmarca dentro del contexto de “restauración”. Tiene gran similitud con 23,5-6. Es la esperanza escatológica del surgimiento de un descendiente de David, descendiente y sucesor, no un usurpador como tantos que presidieron al pueblo.

El texto establece la esperanza mesiánica. El establecimiento de un gobierno justo (2Sam 23,3-4)

El nuevo nombre propuesto “Señor, justicia nuestra” equivalente a “Yehosedeq” (Ag 1,1; Zac 6,11; Esd 3,2) podría ser una contraposición al rey que en ese momento era incapaz de establecer y ejercer justicia, Sedecías.

En esta profecía queda establecida la promesa de Dios a la humanidad: una civilización de justicia.


2.     El texto en nuestro contexto:

La promesa de Dios no se agota con la esperanza escatológica. Creer y esperar que algún día habrá otro tipo de relacionamiento entre los pueblos y entre los seres humanos, pero que ahora esta realidad no se puede cambiar, es una fe opresora, emparentada con los poderosos de este mundo, que controlan y dominan las situaciones para que no se produzcan los cambios necesarios que establezcan la paz con justicia (el Shalom de Dios).

El texto del profeta Jeremías es la llamada de Dios en pleno siglo XXI a trabajar por el establecimiento de relaciones más solidarias entre los seres humanos y entre los pueblos. Millones de seres humanos pasan hambre, otros tantos no acceden a los servicios básicos de salud y educación; millones viven en situación de extrema pobreza, otros tantos viviendo como extranjeros en sus propios países; millones viven sin tierra y sin casa, otros tantos como migrantes; mientras tanto, los países más ricos continúan la carrera armamentista, las exploraciones espaciales, el despilfarro de recursos económicos y la contaminación y explotación salvaje de los recursos naturales.

Millones de seres humanos claman a Dios por justicia y liberación (Ex 3,7) y responde a través de Jeremías: "En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar un Renuevo justo, y El hará juicio y justicia en la tierra” (Jr 33,15).

La IADC se compromete en construir la esperanza en medio de esta sociedad en crisis de fe y esperanza. Pero nuestro compromiso es con una esperanza en un cambio aquí y ahora. No en la otra vida. No en el otro siglo. Hoy denunciamos las injusticias y la inequidad. Hoy nos revelamos contra quienes oprimen y explotan. Aquí y ahora, anunciamos que otro mundo es posible. Aquí y ahora, trabajamos para la construcción de una civilización planetaria de la paz con justicia, para todas las personas, para todos los pueblos, sin excepción, sin exclusión.

Invitamos a todas las personas de buena voluntad a levantar la esperanza activa, transformadora, liberadora; la esperanza que desafíe a los opresores; la esperanza que indigne ante la explotación; la esperanza revolucionaria del Evangelio de Jesucristo.

Buena semana para todos y todas.
+Julio, Obispo de la IADC.

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