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viernes, 20 de agosto de 2010

El Evangelio de Lucas según la Biblia Queer - Entrega 16-

EVANGELIO DE LUCAS / Robert E. Goss, en The Queer Bible Commentary. Traducción: M.C.R.P.


MUJERES IRREGULARES COMO TESTIGOS EN LA TUMBA VACÍA.

Algunas mujeres discípulas – lideradas por María Magdalena, Joana y María la madre de Santiago – van a la tumba, un lugar de muerte y polución. Llevan especias para ungir el cuerpo de Jesús, pero cuando llegan a la tumba, descubren que la roca ha sido movida y la tumba está vacía. No está el cuerpo de Jesús, y la tumba vacía representa que la muerte ha sido vencida. Dos mensajeros proclaman la buena nueva. “Él no está aquí, pero ha resucitado” (24. 5b) En la tumba, las mujeres son las primeras en recibir el mensaje de la resurrección y actúan como las primeras discípulas en comunicar la buena noticia a los discípulos varones. Algunos de ellos no les dan importancia, porque no les creen e incluso tratan de comprobar las historias de esas mujeres. Después de todo, son mujeres emocionales, y su relato es una “tontería”, pura pavada. Sin embargo, las discípulas tienen un mandato de los ángeles para regresar con los líderes varones, y tienen la valentía, la humildad y la libertad de atestiguar las buenas noticias de que Jesús se ha elevado.

Mientras las mujeres están abiertas al poder de las buenas noticias de la resurrección, no son aceptadas como testigos fiables. Pedro es el único que – movido por sus palabras – corre a la tumba para comprobar la historia y se asombra al ver la tumba vacía. Esto parece estar de acuerdo con la evaluación que hace Lucas de Pedro como el primer apóstol. ¡Cuán a menudo los relatos y los testimonios de fe de mujeres irregulares –mujeres “queer” – son trivializados e incluso ignorados por muchas iglesias que rehúsan reconocer el ministerio de las mujeres “queer” cristianas! A muchas se les ha negado la ordenación o se ha puesto en discusión, por ser “homosexuales practicantes”.

 
HACIENDO “QUEER” A EMAÚS, PARA LA IGLESIA.

El relato de los discípulos “queer” en Emaús, ha sido reconocido desde hace mucho tiempo en las comunidades de fe (Martin, 2000; Kelly 1994) En su serie de videos sobre la espiritualidad y sexualidad “queer”, Michael Kelly nos da una lectura “queer” de este relato. Los dos discípulos son extranjeros, no obligados al secreto por los líderes de Jerusalén. Se han retirado tristes y enojados por el fallo de la comunidad en estar presente con Jesús en su agonía y muerte.

Los dos discípulos están desolados, lamentándose por la pérdida de Jesús, pero se les une un extraño que camina con ellos, y los discípulos hablan de sus esperanzas y sueños, traiciones y pérdida terrible. Le expresan cómo han entregado sus corazones a Jesús, a su mensaje y prácticas y cómo esperaban que Él los liberara. De manera diferente a los apóstoles varones, los dos discípulos en el camino, informan cómo se sintieron asombrados por las palabras de las mujeres que regresaban de la tumba. No estaban descreídos de ese relato de las mujeres, sino desorientados y confundidos. Se separan de la corriente masculina de Jerusalén; son extranjeros “queer”, quizás incluso sean pareja ellos mismos. Elevan la historia de las mujeres ante el extraño, porque están procesando la muerte de Jesús con la proclamación femenina de la tumba vacía. Los dos discípulos cuentan su historia al extraño que encuentran en el camino. Corresponde a un extraño escuchar la historia de estos dos extranjeros.

Los discípulos están abiertos a escuchar lo que el extraño tiene para decir a la verdad e integridad de la experiencia de ellos. El extraño va a las Escrituras, para explicar que Jesús tenía que transformar en “queer” todas las expectativas religiosas y que a través de su ministerio, sufrimiento y muerte, el Cristo entraba en la gloria. Dios no les había fallado, pues había elevado al “queer” Cristo. La experiencia “queer” de estos discípulos encuentra esperanza en la reivindicación que Dios hizo del ministerio y la muerte de Jesús. Sus corazones otra vez se encienden cuando oyen la proclamación que hace Jesús de la buena nueva. La indiferente comunidad de los apóstoles varones no experimentó el fuego de la esperanza. El extraño habla de la dominación y exilio, pero ellos también están emocionalmente abiertos a hablar sobre el dolor de sus vidas.

Muchos translesbigays se sienten fuera de lugar en muchas iglesias, ya que esas iglesias han alejado a Jesús de ellas, lo han crucificado, y proclaman la noticia de no adorar a Dios con los cuerpos.

Los dos discípulos “queer” invitan al extraño a quedarse con ellos durante la noche; tienen un don natural de la hospitalidad “queer”. Sus cuerpos anhelan su presencia, y como extranjeros, intuitivamente lo reconocieron, involucrados en su propia experiencia. Lo invitaron a compartir sus vidas. Él agradece, parte el pan y se los da.

Sus ojos se abrieron; sus vidas cambiaron. Completaron el ritual del pan, reconociendo a Jesús en medio de ellos, en sus propias experiencias vitales. Los discípulos reconocen sus vidas en el pan. Jesús toma el pan, bendice sus experiencias de ruptura, dolor, exilio y alienación, y transforma el pan de sus vidas en su cuerpo. La partición del pan los crea iglesia, llamándolos a convertirse en el cuerpo escatológico de Cristo. El Jesús resucitado no es posesión de la comunidad, sino que está presente en la palabra de la Escritura, en el pan partido y en las vidas de las personas “queer”.

La presencia del Jesús resucitado se repite en las vidas “queer” de fe y lucha, incluso en los tiempos actuales:

“En Michigan, un hombre llamado David quería que su unión de 20 años con Jon, fuera bendecida por un representante de Dios, antes de que ellos murieran. David estaba enfermo en cama, mientras Jim, un presbítero gay Presbiteriano que también tenía SIDA, movió sus manos a los sonidos silenciosos de la paz. Habló palabras nutrientes de bendición sobre dos vidas unidas por la gracia de Dios: “Estos, que Dios ha unido, no los separemos…” Y entonces, cuando el ministro comenzó a celebrar la Comunión para los que estaban presentes, dijo las palabras familiares: “Este es mi cuerpo, roto por ustedes…” y en ese momento, murió David. “Hagan esto en mi memoria” (Brantley 1996: 217-18)

El relato de Jesús no ha terminado; se recuerda y repite en las vidas “queer” de incontables seres humanos. El Cristo elevado se encuentra en el extranjero, en dos amantes gay con VIH, cuyo matrimonio es bendecido y celebrado por un ministro gay enfermo de SIDA. Cada vez que un celebrante Cristiano parte el pan en fe, el cuerpo elevado del Cristo “queer” se quiebra en partes del pan bendecido y comido por los cristianos “queer”. El Cristo “queer” se convierte en reconocible en una multitud de cuerpos y vidas “queer”.

Michael Kelly afirma cómo las personas “queer” tienen que mirar al Cristo resucitado fuera de la comunidad. Cuando lo descubren fuera de la comunidad, tienen la responsabilidad de llevar de regreso a ella. Su sanación, apertura y reflexión los lleva a seguir la trayectoria de las mujeres “irregulares” en la tumba. Con coraje y vidas renovadas, dejan su exilio para narrar la historia de cómo Jesús fue hallado en sus vidas e historias “queer”, y cómo la partición del pan los transformó en una comunidad, empoderada por el Cristo elevado. Él, partiendo el pan hace entrar a dos discípulos “queer” en la iglesia. Cada vez que los seguidores “queer” se reúnen en la fe y recuerdan la comida que Jesús celebró, crean una Iglesia “queer”.

Aquí está la importante visión de la lectura “queer” que hace Kelly de esta historia. La Iglesia “queer” regresa a la corriente de la Iglesia, llevando el mensaje del poder de la resurrección de Cristo descubierto en sus experiencias eróticas. Ellos personifican al Cristo elevado, y el reconocimiento de esto, los motiva a regresar a la comunidad mayor, para ser testigos del Cristo “queer” en sus propias vidas. Ahora, tienen el poder de transformar a la comunidad indiferente y no involucrada, de cambiar los corazones de sus miembros para que puedan reconocer al Cristo elevado en sus discípulos “queer”. Es solo este regreso incorporado que prepara a la comunidad para dar la bienvenida y escuchar al Cristo incorporado y elevado en medio de ella.

Lucas abarca las historias de las mujeres “irregulares” y los dos discípulos extranjeros como el catalizador para que la comunidad apostólica reconozca la presencia del Cristo resucitado en medio de ella. Las mujeres y hombres extranjeros encuentran la presencia de Cristo en la tumba vacía, en el exilio, en su vulnerabilidad, en las Escrituras y en la partición del pan, así como en la verdad de sus vidas eróticas. Las Iglesias Cristianas pueden solamente ser despertadas a la incorporación de una espiritualidad erótica, si escuchan las historias de las personas “queer”. Las iglesias pueden ser resucitadas a un Cristo incorporado, que se encarna en las vidas eróticas de las mujeres y personas “queer”. El relato de Jesús, el Cristo “Queer”, continuará en las vidas “queer”; traducirán la historia a los diversos idiomas de las muchas sub-comunidades “queer” en Hechos y en el futuro.

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Agradecemos el aporte de nuestra hermana MCRP por su aporte, poniendo al servicio de la comunidad y de la Iglesia sus dones personales en este Ministerio de la Palabra.
 
De esta manera culminamos nuestra entrega sobre el Evangelio de Lucas - Biblia Queer.-
 
A partir de la próxima semana estaremos realizando una serie de entregas sobre la Carta de Pablo a los Colosenses. Buen fin de semana.-

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