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jueves, 17 de junio de 2010

NO HETEROSEXUALIDAD COMPULSIVA.-

Continúa publicación anterior: BIBLIA QUEER – Gálatas. Patrick S. Cheng

No heterosexualidad compulsiva.-


Luego, Pablo se vuelve al problema central que estaba enfrentando la iglesia en Galacia – falsos maestros que estaban insistiendo en que los conversos deberían ser circuncidados, para convertirse en seguidores de Jesús. En otras palabras, los falsos maestros insistían en que no era posible seguir a Jesús, sin seguir también la ley judía, que mandaba la circuncisión de los conversos.

Por contraste, Pablo insistía en que la circuncisión no era necesaria para seguir a Jesús. Recuerda su comisión específica, de proclamar el evangelio a los gentiles, que no estaban circuncidados (2.9) Critica a aquellos como Pedro, que afirmaba lo contrario. Pablo recuerda la hipocresía de Pedro, al rehusarse a partir el pan públicamente con los gentiles, por miedo al grupo de los circuncidados (2.12), aunque el mismo Pedro “había vivido como un gentil y no como un judío” (2.14) Pablo utiliza un lenguaje muy fuerte, contra los falsos maestros. Pablo considera a estos falsos maestros como proclamando un “evangelio diferente”, que “pervierte” al evangelio de Cristo (1.6-7) También acusa a los gálatas por ser “tontos” al dejarse “hechizar” (3.2) por los falsos maestros.

Este problema de la circuncisión es análogo al debate contemporáneo en cuanto a si uno puede ser sexualmente “queer” y ser cristiano. Los fundamentalistas de derecha que insisten en que la gente “queer” no podemos ser cristianos/as, a menos que renunciemos a nuestras sexualidades, son similares a los falsos maestros de Galacia, que insistían en la circuncisión bajo la ley judía, como requerimiento para seguir a Jesús. Como afirma Tom Bohache en su lectura queer de Gálatas, nosotros, cristianos LGTB no tenemos que renunciar a nuestra sexualidad para ser aceptables a Dios. En sus palabras “no tenemos que circuncidar la piel de nuestra orientación sexual a los efectos de ser aceptables para el Dios Todopoderoso” (Bohache 2000: 235)

La buena noticia para los cristianos LGTB es que “nuestra condición de hijos de Dios no depende de fuerzas exteriores o reglas o listas de pecados, creadas por los seres humanos” (Bohache 2000: 235) Más bien, somos amados por Dios, por obra de la increíble profundidad de su gracia. El evangelio es más que un mero código de conducta – trasciende la idea de “bondad” y se relaciona con las nociones de “dependencia conforme a la aprobación del grupo” (Alison 2003: 133)

Como resultado, aquellos de nosotros, cristianos queer reconocemos que ninguna “circuncisión” compulsiva ni heterosexualidad compulsiva se requiere, a los efectos de ser seguidor de Jesús. En efecto, como ha escrito Tom Hanks, los individuos homofóbicos que imponen “normas heterosexuales sobre las minorías sexuales” y ex – gay “torturas” está de hecho proclamando “otro evangelio” (Hanks 2000: 121-2), exactamente como los maestros falsos de Galacia. Como Pablo confrontó a Pedro en cuanto a su hipocresía en la reunión alrededor de la mesa, estamos llamados a confrontar la hipocresía de los falsamente llamados cristianos, que excluyen a las personas LGTB de la membrecía plena en la Iglesia (Glaser 1994: 9/23) Es importante para nosotros hablar abiertamente sobre esto, pues la hipocresía religiosa inhibe la honestidad y el crecimiento espiritual de los demás (Truluck 2000: 286)

No más hombre y mujer

En uno de los más conocidos versículos de Gálatas, Pablo proclama que: “no hay más judío o griego, no más esclavo u hombre libre, no más hombre y mujer; porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús (3.28) En esta sección de la Epístola, Pablo advierte a los gálatas no dividirse por el papel de la ley en sus vidas, ya que todos están unidos en el bautismo en Jesús.

Para contrarrestar los argumentos divisionistas de los falsos maestros acerca de la necesidad de aplicar la ley Mosaica, Pablo cita el ejemplo de Abraham y cómo él y su “descendencia” fueron bendecidos por Dios, porque creía en Él (3.6), mucho antes de que la ley fuera revelada en el Monte Sinaí (3.17) De acuerdo con Pablo, la ley Mosaica fue meramente escrita para servir como disciplinaria, hasta que Jesús, quien es la “descendencia” de Abraham (3.16), llegara para justificarnos por la fe (3.24) Así, todos los que están bautizados en Cristo Jesús – sean judíos o griegos, esclavos o libres, hombres o mujeres – son herederos de la promesa original, hecha a Abraham y su descendencia (3.29) Esto es particularmente significativo para los cristianos “queer”; que fueron liberados de las prohibiciones mosaicas contra la relación anal hombre – hombre en Levítico 18.22 y 20.13.

No es sorprendente que la promesa de igualdad radical en Gálatas 3.28 resuene con fuerza en los cristianos “queer” y nuestros aliados. En otras palabras, no solo ya no hay judío o griego, esclavo o libre, hombre o mujer, sino que ya no hay “straight” o “queer” (véase, por ejemplo, Jennings, 2003: 9; McNeill 1993: 147; Rogers 1999: 37-66; Truluck 2000: 209-10; Tutu 1996: IX) De acuerdo con Chris Glaser, por ejemplo, la promesa de igualdad en Gálatas 3.28 trasciende los prejuicios en las principales iglesias sobre las personas LGTB (Glaser 1994: 4/19) En efecto, si ya no hay hombre y mujer en Cristo Jesús, “no importa a Dios a qué género amamos, de qué género somos, o a cuál género creemos que pertenecemos. (Glaser 1994: 10/3) De la misma manera, Kathy Rudy anota que Gálatas 3.28 nos llama a crear un mundo en el cual “la fe cristiana - y no el género o la orientación sexual – sea “la primaria y única medida” (Rudy 1997: 100-1)

Recientemente, las personas bisexuales y trasgénero han leído Gálatas 3.28 como una afirmación específica de sus diversas identidades de género. Por ejemplo, Susan Craig, una pastora bisexual, cita a Gálatas 3.28 al escribir acerca de cómo los bisexuales son “ni gays ni straights” y sin embargo, “ambos, gay and straight” (Craig 2000: 198) Justin Tanis, un ministro trasgénero, afirma que Gálatas 3.28 nos permite vernos como “hijos de Dios primera y principalmente”. Para Tanis, Gálatas 3.28 “pinta para nosotros una visión de un mundo más allá del género, en el cual hay lugar para infinita variación e infinita gracia” (Tanis 2003: 83) Finalmente, Virginia Mollenkott ve Gálatas 3.28 como la “despolarización” de las categorías macho – hembra (hombre – mujer) y afirma un “tercer sexo” o personas intersexuales, transexuales y trasgénero (Mollenkott 2001: 113-14)

Libertad del Legalismo Sexual

Pablo se vuelve luego al tema central de Gálatas, o sea que Jesús nos ha liberado del yugo de la esclavitud de la ley (5.1) Pablo dibuja una analogía estructural con los dos hijos de Abraham: Ismael, que era el hijo de la esclava Hagar (4-25) e Isaac, que era el hijo de la mujer libre, Sara (4.28) En el pasado, éramos como Ismael e Isaac. Estábamos esclavizados y permanecían bajo la autoridad de los guardianes y comisarios (4.2-3) Sin embargo, con la venida de Jesús, hemos sido adoptados por Dios y, como Isaac, somos plenos herederos de Dios (4.5)

La referencia paulina al “yugo de la esclavitud”, habla al pueblo “queer” y nuestros amigos, en múltiples niveles. En uno, el yugo de la esclavitud es el “legalismo sexual” of los fundamentalistas de derecha, que mantienen a las personas LGTB en sus lugares (Glaser 1994: 7/8; ver también Truluck 2000: 28). En el segundo nivel, el yugo de la esclavitud es el miedo de la asociación – que mantienen muchos de nuestros amigos no- queer – y que supone que la solidaridad con nosotros hará que las identidades heterosexuales sean cuestionadas. Todavía en otro nivel, el yugo de la esclavitud es el “legalismo ideológico”, dentro de la comunidad LGTB, que define lo que significa ser “gay, lesbiana, y políticamente o espiritualmente correcto”. (Glaser 1994: 7/8) y que nos impide respetar la verdadera diversidad de cuerpos y perspectivas dentro de nuestra comunidad. Es Jesús quien nos libera de todos estos yugos de esclavitud.

Las varias referencias paulinas a la adopción y la herencia en esta sección de Gálatas, también habla a la comunidad LGTB. Por ejemplo, hay un recuerdo viviente a los cristianos, en cuanto al llamado vocacional para ser hospitalarios con los extraños. Eugene Rogers afirma que nuestra misma existencia – como personas que se vuelven a significaciones alternativas de creación de familias – son un recuerdo a todos los cristianos de que somos todos productos de adopción, como hijos de Dios (Rogers 1999: 260) Paradójicamente, nuestro estatus como hijos de Dios nos impide ser o considerarnos como extraños, en un lugar donde no hay adentro ni afuera. En las palabras de James Alison, nuestro estatus como hijos de Dios nos trae desde los márgenes y la periferia, a “estar en el centro de las cosas, sin ser el centro” (Alison 2003: 72). En suma, a través de las adopciones de dios, somos amados por quienes somos, punto.

Frutos del Espíritu

Sin embargo, aunque hemos sido liberados de la ley, Pablo nos advierte en el sentido de que la libertad no debería ser una oportunidad para la auto-indulgencia (5.13) Más bien, debemos vivir de acuerdo con el Espíritu (5.16) Específicamente, debemos convertirnos en “esclavos” del prójimo, a través del amor (5.13) y seguir el único mandamiento de amar al prójimo como a nosotros mismos (5.14)

Por lo tanto, no es sorprendente que los frutos del Espíritu sean actos que están focalizados en el vecino o el “otro”: amor, paz, paciencia, amabilidad, generosidad, lealtad, gentileza y auto-control (5.22) Las “obras de la carne”, por el contrario, constituyen el opuesto a esto: actos que se centran en el individuo mismo, como las enemistades, la lucha, los celos, la ira, etc. (5.19-21) y que sirven como barrera a la herencia del Reino de Dios (5.21)

Para las personas LGTB, esto significa que estamos llamados a evitar ambos extremos de “legalismo y licencia” de modo que podamos “amarnos unos a otros” (Glaser 1994: 7/9) Chris Glaser cita un número de ejemplos en cuanto a cómo podemos actuar en forma responsable y ser “responsables para nuestra comunidad”, como respetar cómo las personas quieren ser nombradas (por ejemplo, frases como “africano – americano”) y cultivando nuestro compromiso con nuestras hermana y hermanos de la comunidad LGTB (por ejemplo, llamando a alguien o visitándolo cuando decimos que lo haremos) Como cristianos “queer”, estamos llamados a vivir - ¡de acuerdo con lo que proclamamos! – como frutos del Espíritu.

Debe notarse que las “obras de la carne” a que se refiere Pablo en los Gálatas 5.19-21 – incluyendo referencias a fornicación, impureza y promiscuidad – no deberían ser leídas como una condena a la orientación sexual o sexualidades “queer” per se. En su lugar, se refiere Pablo a actos como “hostilidad, ira y odio” y las dos maneras en que nosotros “usamos a las personas como objetos”, en lugar de respetarlas (Truluck 2000: 178) De hecho, Rembert Truluck argumenta que las “obras de la carne” incluyen precisamente el tipo de “religión legalista, juzgadora” que condena ciegamente a las personas LGTB y no nos respeta como hijos de Dios (Truluck 2000: 178-9; véase también Glaser 1994: 8/30)

Ni “queers” ni “no-queers”

Pablo concluye la Espístola recordando a los gálatas que en última instancia lo que importa no es la circuncisión o no circuncisión, sino una nueva creación en Jesús (6.15) O sea, estamos llamados a vivir como si el mundo hubiera sido crucificado (6.14) Estos valores contra-culturales incluyen valores comunitarios, como “soportarse mutuamente” (6.2) y trabajar para el bien de todos/as (6.10)

Hoy en día, para la comunidad LGTB, vivir como si el mundo hubiera sido crucificado significa afirmar nuestra propia existencia como personas LGTB y responder a las necesidades humanas, pues somos una “nueva creación” y no por las demandas de la ley (Truluck 2000: 63) Si creamos todo tipo de nuevas comunidades y familias, (incluyendo poli – amorosas y relaciones abiertas), desafiamos a los valores hetero-normativos del mundo y nos comprometemos a una nueva creación en Jesucristo. Y, paradójicamente, lo que importa en última instancia no es “queer” o “no-queer”, sino un nuevo descubrimiento de la riqueza que tiene el Reino de Dios, siendo “tal como somos” (Alison 2003: xii)

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