Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

jueves, 24 de marzo de 2016

Jueves Santo: Un Maestro escandaloso para discípulas y discípulos marginales




Jueves Santo – 2016
Juan 13,1-20.31-35

Tengan mucha paz.

Voy a proponerles, una reflexión alternativa y alterativa sobre el relato del lavatorio de los pies, pretendiendo ubicar el texto en su contexto y desde ahí, preguntarle ¿cuál es el mensaje, para nosotros y nosotras, en la sociedad y la cultura del siglo XXI? En definitiva, una reflexión desde nuestra teología, poco cristiana y mucho más “jesusiana”, que me gustó titular “un Maestro escandaloso para discípulas y discípulos marginales”.

¿Por qué “un Maestro escandaloso…”?

El Evangelio de Juan, nos relata un gesto que interpretado fuera del contexto socio cultural ha servido para resaltar la actitud humilde de Jesús y adormecer nuestra fe. Sin embargo, si leemos este relato, situándonos en su propio contexto, el mensaje es muy diferente. El lavatorio de los pies, es un gesto profundamente escandaloso y revolucionario, si lo interpretamos correctamente. Jesús siendo el Maestro y el Señor, se ubicó en un lugar de servicio, pero no cualquier lugar sino en el último. Para cualquier judío de la época era un verdadero escándalo el gesto de Jesús, por eso es justificada la reacción de Pedro (v 8). La cultura judía era patriarcal. La Ley mandaba que el jefe de familia presidiera la cena pascual. Jesús rompe la tradición del patriarcado y siendo el Maestro y Señor (v13), asume un rol que era tan bajo, que no podían realizarlo ni los esclavos judíos y se reservaba únicamente a los esclavos no judíos, es decir a los esclavos paganos y a las mujeres (Lc 7,37-50). El evangelista Juan resalta el gesto: Jesús no es un hombre cualquiera que se humilla haciendo la tarea de una mujer, es el Maestro, un título de respeto equivalente a Rabí (1,38; 11,28; 20,16) y el Señor, probablemente Juan se lo atribuye reafirmando su divinidad (20,28), quien rompe la tradición del patriarcado. Pero también resalta el alcance del gesto: “Yo les he dado un ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo que yo les he hecho” (v 15).

Finalmente y reforzando ese gesto escandaloso y revolucionario, Jesús entrega el nuevo mandamiento. No es que se sume otro mandamiento a los ya existentes, sino que es el único mandamiento que estamos obligados a cumplir sus discípulas y discípulos. Es el mandamiento que nos hace testigos de Jesús en la sociedad y la cultura en que nos toca vivir: “Si se aman los unos a los otros, todo el mundo se dará cuenta de que son discípulos míos” (v 36).

¿Por qué “…. discípulas y discípulos marginales”?

El grupo que seguía a Jesús estaba formado por personas marginales: mujeres, campesinos empobrecidos, leprosos sanados, prostitutas, cobradores de impuestos que estafaban, revolucionarios, paganos, entre otra gente de mala reputación (Mc 2,15).

La Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana es una iglesia marginal, porque la integramos personas marginadas por la sociedad y la cultura que, habiéndo encontrado a Jesús en algún momento de nuestras vidas, somos o estamos siendo liberadas, sanadas e incluidas en una comunidad de iguales.

¿Cuál es, entonces, el mensaje para nosotros y nosotras, en la sociedad y la cultura del siglo XXI?
Sentimos el desafío de actualizar el gesto de lavado de pies. Un gesto que marca la solidaridad, la fraternidad, la horizontalidad en las relaciones, a la interna de las comunidades y también hacia fuera. Pero fundamentalmente, marca el cambio de paradigmas que estableció Jesús, revelándose contra la cultura del patriarcado establecida y preservada por el poder político y religioso.

Sentimos el desafío de establecer relaciones basadas en el amor, al interior de las comunidades pero también hacia fuera; un amor fundado en el compromiso de unas personas con otras, un amor que se expresa en gestos más que en palabras, un amor que no tiene límites, como el amor con que Jesús nos amó. Pero fundamentalmente, un amor que nos hace testigos ante la sociedad y la cultura contemporánea y nos identifica con el Maestro y Señor.
La comunidad eclesial se caracteriza por brindar un servicio único y exclusivo a la sociedad y la cultura, pero con una preferencia especial a aquellas personas que son discriminadas y excluidas, vulneradas en sus derechos y su dignidad; y ese servicio es proclamarles la buena noticia de Jesús que tiene como mensaje central la liberación, la sanación y la inclusión en una comunidad y una sociedad de iguales, lo que Jesús llamó el Reinado de Dios, irrumpiendo en la historia de la humanidad (Mt 4,17). Un mensaje que confirma que “otro Dios es posible” el revelado por Jesús a través de sus palabras y sus acciones; que “otra Iglesia es posible” cuyo modelo de inclusividad y equidad es la comunidad de hombres y mujeres que Él formó en torno a sí, dejándoles su ejemplo; que ”otro mundo es posible” inclusivo y solidario por el que Jesús luchó hasta entregar su vida. Por eso, nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, implementamos diversas pastorales para las personas:

-          adultas mayores
-          gltb
-          que viven con vih sida
-          que están situación de calle.

Este servicio de la comunidad eclesial a la sociedad, no puede quedar limitado a declaraciones, anuncios o comunicados; nos dice Juan en el prólogo de su evangelio “la Palabra se hizo carne” (1,14); por lo tanto, la comunidad eclesial está llamada a hacer que sus palabras sean acciones. Nos enseña el apóstol que “si uno no ama a su hermano, a quien ve, tampoco puede amar a Dios, a quien no ve. Jesucristo nos ha dado este mandamiento: que el que ama a Dios, ame también a su hermano” (1Jn 4,20-21). No puede haber una verdadera evangelización, un testimonio serio, si no está acompañado de acciones concretas que liberen, sanen e incluyan: movilizando a las personas (Mateo 9,1-7); devolviéndoles vida (Mateo 9,18-19.23-26) plena, digna y abundante (Jn 10,10), permitiéndoles ver (Mateo 9,27-31), devolviéndoles voz (Mateo 9,32-34)…  Esta debiera ser la característica de una Iglesia comprometida con el Evangelio de Jesucristo; por eso, nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana desarrollamos en las diversas pastorales:

-          la visita semanal al residencial Casa Azul para mujeres ancianas;
-          el acompañamiento pastoral a las personas gltb y el trabajo en la promoción de sus derechos civiles realizando matrimonios igualitarios, testificando en juicios de identidad de género, confirmando con el nombre elegido por la persona de acuerdo a su género;
-          el acompañamiento pastoral a las personas con vih tanto en el domicilio como en el proceso de internación, apoyándolas en su reinserción familiar y en la subsistencia;
-          el acompañamiento pastoral a personas en situación de calle, suministrando alimentos, ropa pero fundamentalmente afecto a través de abrazos contenedores y sanadores.

En la Iglesia Antigua - Diversidad Cristiana sentimos el desafío de ir a nuestras raíces, reencontrarnos con aquellas comunidades de la iglesia antigua en los primeros siglos, aprender de ellas el seguimiento del Maestro, comprender como ellas la fe apostólica para comunicarla a la sociedad y la cultura del siglo XXI. Entendemos que este es nuestro servicio en el contexto en el que nos encontramos: generar espacios inclusivos y solidarios, donde compartamos la vida cotidiana a la luz de la experiencia de fe, sólo así tiene sentido la Eucaristía que celebramos cada semana, luego de haber experimentado la presencia real de Jesucristo, en el servicio a las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad (Mt 25,31-46), podemos experimentar la presencia real de Jesucristo en el pan partido, repartido y compartido entre los hermanos y las hermanas de la comunidad.

Bendiciones a todos y todas.

+Julio, obispo de la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana

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