Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

martes, 8 de marzo de 2016

Dios es un Padre Bueno




Mensaje Pastoral de Cuaresma y Pascua 2016


“Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió  compasión de él. Corrió a su encuentro, y lo recibió con abrazos y besos. El hijo le dijo: ‘Padre mío, he pecado contra  Dios y contra ti; ya no merezco llamarme tu hijo.’ Pero el padre ordenó a sus criados: ‘Saquen pronto la mejor ropa y vístanlo; pónganle también un anillo  en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el becerro más gordo y mátenlo. ¡Vamos a celebrar esto con un banquete! Porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado.’ Comenzaron la fiesta” (Lc 15,20b-24).


Saludo:

Miembros de la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, amigos y amigas de la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana que nos siguen a través de blogspot o de facebook: tengan mucha paz, cada uno y una de ustedes. Esa paz que experimentan en su interior quienes practican la justicia; pues sabemos que sin justicia, no puede haber paz.


Introducción:

Las tres parábolas de la misericordia (Lc 15) son parte de la rica herencia que las antiguas comunidades cristianas nos han legado. En ellas se nos presenta un rostro de Dios, casi ajeno a la historia de la Iglesia, es el Dios revelado por Jesucristo y proclamado en los Evangelios.

Durante milenios, las culturas judeo cristianas hemos vivido la tensión entre un Dios justiciero e implacable (Gn 18,25; 20;4) y un Dios Padre (Is 63,16 cf Dt 1,31; Sal 90,1; Is 41,14). Concebir a Dios como Padre, no fue ajeno al Antiguo Testamento. La concepción paternal de Dios aparece en épocas tempranas de la historia de Israel (Ex 4,22; Dt 32,6; Is 1,2; 43,6; Jr 3,19), sin embargo, la invocación como tal es muy tardía (Eclo 23,4; 51,1; Sab 2,16; 14,3).

Dios Padre, fue la invocación preferida de Jesús (Mc 14,36) transmitiéndola a la comunidad discipular (Mc 6,9; Lc 11,2) y ésta, a las siguientes generaciones (Rom 8,15; Gal 4,6). De hecho, Abbá (Padre) y Malkutá (Reinado) fueron los ejes de la predicación de Jesús. Sin embargo, del Dios Padre experimentado por el pueblo de Israel al Dios Papá revelado por Jesucristo, hay un verdadero abismo. Abbá es un término arameo que usan los niños y las niñas, para dirigirse a su padre; muy similar a los que hoy en día es “Papito”, “Papi” o “Pa”, pronunciado por los hijos e hijas; ni en el Antiguo Testamento, ni en la literatura rabínica encontramos un término tan familiar para relacionarse con Dios. La experiencia personal, que Jesús vivió en su relación con Dios, quiso que sus discípulos y discípulas la continuáramos y por eso nos la transmitió.

Esta experiencia, de una relación íntima entre Dios y la humanidad es el rasgo característico de la proclamación de Jesús. Dios se relaciona con las personas, de la misma forma que lo hace un padre con su hijo o su hija. Sin lugar a dudas, esto ofendía a muchos líderes religiosos de su entorno que consideraban que tal familiaridad no correspondía a la experiencia sagrada.

Nosotras y nosotros, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, fiel a su vocación de retornar a las raíces del cristianismo, nos sentimos con el deber y la obligación de continuar con esta enseñanza de Jesús y de la comunidad apostólica.

Las tres parábolas, revelan una única realidad del Misterio Divino que se manifiesta “rico en misericordia” (Ef 2,4).


1.    La Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana:

“Gente de mala fama se acercaba a Jesús para oírlo”
(Lc 15,1).

La Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana es un espacio de encuentro y celebración para aquellas personas que el sistema religioso cristiano, califica de “pecadores o pecadoras”, porque no interpretan y cumplen las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, como las interpretan y las enseñan quienes integran esas denominaciones, generalmente, fundamentalistas, literalistas y dogmáticas.

Espacio de encuentro, donde las personas se liberan, se contienen y sanan; donde experimentan una nueva forma de ser iglesia, desde el protagonismo, la comunión y la solidaridad. No concebimos una iglesia del anonimato, donde desconocemos quien está sentado o sentada, junto a nosotros o nosotras, a la derecha o a la izquierda. No concebimos una iglesia del individualismo, donde nos vinculamos únicamente con Dios sin hacerlo con quienes nos congregamos en un mismo lugar. No concebimos una iglesia del culto, donde desconocemos las necesidades de quienes están a nuestro lado. Por esta razón, implementamos el Ágape; es decir, la comida en comunión que celebramos previo a la Eucaristía, siguiendo el ejemplo de la comunidad apostólica como expresión de la koinonía, la comunión que debe caracterizar la vida eclesial. Encontramos pruebas del ágape, en diversos escritos del Nuevo Testamento (1Co 11,20-22; Jud 1,12 cf Hch 2,46). Durante esta comida, conversamos de lo vivido durante la semana, de acontecimientos sociales significativos, de nuestras vidas cotidianas; de esta forma compartimos nuestras vivencias apoyándonos mutuamente (Rom 12,15).

Espacio de celebración, cuya máxima expresión es la Eucaristía, como expresión del centro de nuestra experiencia de fe, personal y comunitaria. Unas veces utilizando los salmos, como la comunidad apostólica; otras veces recurriendo a las formas de celebrar que nos relatan los Padres de la Iglesia; vamos desarrollando el espacio de encuentro personal y comunitario de adoración; donde nos reconciliamos con Dios, con nuestros hermanos y hermanas y con la naturaleza; donde damos gracias por los dones recibidos y la experiencia divina en la vida cotidiana; donde pedimos por nuestras necesidades, las de nuestros familiares y amistades, las del mundo entero; donde leemos las Sagradas Escrituras y las interpretamos desde nuestros contextos vitales; donde celebramos la fracción del pan (Hch 2,42) cumpliendo con el mandato del Jesucristo que hemos recibido por la transmisión de quienes nos precedieron en la fe (1Co 11,24).

En ambas instancias de una misma jornada, Ágape y Eucaristía, la comunidad reunida en el nombre de Jesucristo, experimenta la paternidad bondadosa de Dios que sale al encuentro, restaurando y dignificando la vida de sus hijos y sus hijas, porque en realidad, cada persona que llega a nuestra comunidad, lo hace culpabilizada, vulnerada y juzgada por cristianas y cristianos, líderes religiosos que ha optado por el camino de la ley en lugar del camino del Espíritu. Estas personas son divorciadas y vueltas a casar civilmente o han formado una pareja de hecho; otras son gays, lesbianas, bisexuales y trasn que llevan una vida sexual activa o que se han unido en matrimonio; otras en alguna instancia de sus vidas han abortado; otras viven con vih; otras están en situación de calle; otras son trabajadoras sexuales. Somos un escándalo para algunas iglesias cristianas (1Co 1,28); sin embargo, sabemos que Jesucristo es nuestra justicia (1Co 1,30 cf Jer 23,5-6; 33,14-16; 2Co 5,21) y nuestra liberación (1Co 1,30 cf Rom 3,24; Ef 1,7; Col 1,14; 1Pe1,18); Él es la imagen de Dios invisible (Col 1,15), Dios mismo entre nosotros y nosotras (Col 2,9 cf Jn 1,14; Fi 2,6-7).

La Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, renovamos nuestro compromiso de seguir radicalmente a Jesucristo, recibiendo y sirviendo a las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad, porque sabemos por las Escrituras, de que en ellas reside Jesucristo (Mt 25,31-46).


2.    La mediocridad de algunas denominaciones cristianas:

“Los fariseos y los maestros de la ley lo criticaban por esto”
(Lc 15,2).

Por el bautismo, participamos de la vocación profética que Jesucristo confió a la Iglesia y en ella, a cada bautizado y bautizada. Como profetas sentimos la necesidad de ser la conciencia moral de la Iglesia de Jesucristo, por tal motivo, denunciamos la mediocridad de algunas denominaciones cristianas que juzgan a sus hermanos y hermanas, les excluyen y condenan olvidando las enseñanzas del apóstol: Si alguno dice: “Yo amo a Dios”, y al mismo tiempo odia a su hermano, es un mentiroso. Pues si uno no ama a su hermano, a quien ve, tampoco puede amar a Dios, a quien no ve. Jesucristo nos ha dado este mandamiento: que el que ama a Dios, ame también a su hermano” (1Jn 4,20-21 cf 2,9-11; Mt 22,37; Mc 12,29-31). Amar implica necesariamente, aceptar a la otra persona tal cual es; no una creación defectuosa de Dios, sino su imagen y semejanza (Gn 1,27).

Estas denominaciones cristianas utilizan textos de las Sagradas Escrituras, fuera de sus contextos bíblicos, para justificar sus prejuicios y así se atribuyen el derecho de juzgar, olvidando las enseñanzas del Señor: No juzguen a otros, para que Dios no los juzgue a ustedes. Pues Dios los juzgará a ustedes de la misma manera que ustedes juzguen a otros; y con la misma medida con que ustedes den a otros, Dios les dará a ustedes. ¿Por qué te pones a mirar la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no te fijas en el tronco que tú tienes en el tuyo? Y si tú tienes un tronco en tu propio ojo, ¿cómo puedes decirle a tu hermano: ‘Déjame sacarte la astilla que tienes en el ojo’? ¡Hipócrita!, saca primero el tronco de tu propio ojo, y así podrás ver bien para sacar la astilla que tiene tu hermano en el suyo” (Mt 7,1-5).

Nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristian les exhortamos a que dejen ya de culpabilizar y demonizar a las personas. Hemos recibido del Señor, el mandato de liberar, sanar y restaurar (Lc 10,8-9); dejen ya de excluir y oprimir a las personas porque piensan y actúan diferente a lo que ustedes desean “porque Dios, no hace diferencia entre las personas” (Hch 10,34).

Como el hijo mayor de la parábola se están auto excluyendo de la Fiesta (Lc 15,25-32) pues no han aprendido el sentido de las Escrituras: “Lo que quiero es que sean compasivos, y no que ofrezcan sacrificios.’ Pues yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mt 9,13 cf Os 6,6; Mt 5,23-24; 12,7).
  

3.    Proclamamos al Dios de Jesucristo

“Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió  compasión de él. Corrió a su encuentro, y lo recibió con abrazos y besos. El hijo le dijo: ‘Padre mío, he pecado contra  Dios y contra ti; ya no merezco llamarme tu hijo.’ Pero el padre ordenó a sus criados: ‘Saquen pronto la mejor ropa y vístanlo; pónganle también un anillo  en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el becerro más gordo y mátenlo. ¡Vamos a celebrar esto con un banquete! Porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado.’ Comenzaron la fiesta” 
(Lc 15,20b-24).

La misma vocación profética, recibida en el bautismo, que nos exige denunciar las situaciones de injusticia, insolidaridad, vulneración de derechos y dignidad de las personas, también nos exige proclamarles, a las víctimas de la sociedad, la cultura y la religión, la buena noticia que Jesucristo comunicó a la humanidad (Lc 4,18-21 cf Is 42,7; 49,9; 58,6; 61,1-2; Heb 3,7-4,13).

No encontramos mejor texto bíblico que la historia del Padre Bueno (Lc 15,11-32), para dar testimonio de que Dios se acerca a la humanidad, especialmente a aquellas personas, que como el hijo menor de la parábola son juzgadas por el sistema religioso (Lc 15,30).

Dios, infinitamente bueno (Mc 10,18), compasivo, paciente y amoroso (Ex 34,6), quien no hace diferencia entre las personas (Rom 2,11), sale al encuentro de quien le busca (Lc 15,20 cf Mt 7,7-8), restituyendo su dignidad y sus derechos (Lc 15,22), ese es el significado del anillo en el dedo y de las sandalias en los pies, que describe la parábola. Dios se goza en cada uno y cada una de sus hijos e hijas, por eso la fiesta (Lc 15,23-24).

La restauración de la dignidad humana y la conquista de los derechos humanos son motivo de celebración, para Dios el Padre Bueno. Por tal motivo, proclamamos con toda firmeza, que aquellas personas, vulneradas en sus derechos civiles, por las diferentes denominaciones cristianas, son especialmente amadas por Dios el Padre Bueno (Lc 15,20) ese es el significado de recibir, abrazar y besar, que describe la parábola. Dios se goza en cada uno y cada una de estas personas “de mala fama” (Lc 15,1).


A manera de conclusión:

El tiempo de Cuaresma no solo es la preparación al Acontecimiento Pascual. En sí mismo, es un período para revisar y reafirmar nuestro bautismo, asumiendo radicalmente el discipulado de Jesucristo (Lc 9,60-62); para discernir y posicionarnos en nuestro testimonio (1Co 9,16).

La Pascua es la nueva creación (Rom 5,12-19; 1Co 15,45-50; Ef 4,26-32; Col 3,9-11 cf 2Co 5,17); por lo tanto, tenemos la certeza absoluta de que es posible otra sociedad, otra cultura y otra iglesia, donde todas las personas sin excepción tengan los mismos derechos y las mismas oportunidades, donde abandonemos la imagen de un dios vengativo y cruel por el Padre Bueno revelado por Jesucristo.

Nosotras y nosotros, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana sentimos la urgencia de denunciar el pecado de exclusión religiosa y de manipulación de textos sagrados para fundamentar prejuicios, que es grave, porque tiende a obstaculizar el vínculo entre Dios y la persona excluida; sin embargo sabemos por el Evangelio, que Dios en su designio misterioso, sale en busca de la persona excluida generando encuentros alternativos y alterativos, donde la gracia divina se derrama colmando sus vidas (Rom 5,20), aliviando el peso de la culpabilización y liberando de la exclusión religiosa (Mt 11,28-30).

Jesucristo, nuestro Maestro y Señor (Jn 13,13) nos reveló que Dios es un Padre Bueno (Lc 15); como sus discípulas y discípulos, queremos mantenernos fiel al mensaje evangélico, por lo tanto, invocamos la asistencia del Espíritu Santo para que nos acompañe y anime en nuestras pastorales de inclusión, para que muchos y muchas puedan recibir esta buena noticia.


+Julio, Obispo de la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana.
Montevideo, 6 de marzo del año del Señor 2016.
Cuarto domingo de Cuaresma.



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