Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

miércoles, 10 de febrero de 2016

Inicio de la Cuaresma: “Catequesis sobre las exigencias del Bautismo en las discípulas y los discípulos de Jesús”


Presentación:


Tengan mucha paz.

Quiero dirigirme a todas y todos, miembros de la Iglesia Antigua -  Diversidad Cristiana de Montevideo y Colonia en Uruguay, Córdoba y Mendoza en Argentina, aspirantes en Colombia, México y Nicaragua; comunidad virtual extendida en diversos países de los cinco continentes, quienes nos siguen a través del blog[1] con más de 245.000 visitas en poco más de 5 años; y del facebook, con más de 1500 amigos y amigas de las Américas y Europa. Les vuelvo a repetir, a todos y a todas: mucha paz!

Esta catequesis la compartí por primea vez en el año 2013. Ahora, un tiempo después, releída y reflexionada, cuenta con aportes que puedan contribuir a la experiencia de fe de quienes nos acompañan en el camino del discipulado. No es para ser leída rápidamente. Les propongo utilizar la Biblia para ir a cada una de las citas que se proponen. Ellas son las que fundamentan la catequesis.

Iniciamos un nuevo período cuaresmal.

En el año 2012 decíamos que “este tiempo de cuarenta días, que van desde el Miércoles de Cenizas hasta la Pascua, tiene su origen en una costumbre de la Iglesia de los primeros siglos, donde las personas que iban a ser bautizadas en la Pascua, se preparaban durante un tiempo previo, tiempo que fue variando con el paso de los siglos”[2] .

Cuatro años después, con el convencimiento de que el Bautismo es una experiencia radicalmente fundante, en la experiencia de fe cristiana, les propongo retomar la reflexión, desde una perspectiva, personal y comunitaria, para llegar a la Vigilia Pascual, donde renovaremos el compromiso bautismal, con un claro posicionamiento sobre lo que significa estar bautizado y bautizada, especialmente para nosotros y nosotras, en el siglo XXI, con todos los desafíos que ello conlleva.

A lo largo de estas páginas, recorreremos las Sagradas Escrituras, los escritos del cristianismo antiguo, de los Padres y la teología contemporánea, esperando proporcionar herramientas para profundizar la vivencia cuaresmal y llegar a la Vigilia Pascual, dispuestas y dispuestos a renovar el compromiso bautismal.

Bautismo, proviene del término latino "baptismus", que a su vez, proviene del vocablo griego βάπτισμαque significa sumergir, lavar, limpiar. A lo largo de la historia se han hecho diversas conjeturas en cuanto al origen cristiano del Bautismo, refiriéndolo a los lavados ceremoniales judíos (Ex. 40,12; Lev. 8,6; 13,6; 14,4-9), los ritos de purificación del Qumrán (cf. 1QS 4. 21; 1QH 3. 29ss), o el bautismo de Juan (Mt 3.1-12; 21.25; Jn 1.25-27; 3.22-23; Hch 18.25). Seguramente, éste último es la referencia más segura, en materia de antecedente a nuestro bautismo cristiano. 
 
Así como Juan fue el precursor de Jesús, el bautismo joánico podríamos considerarlo el precursor del bautismo cristiano; de hecho, parte de los primeros discípulos de Jesús, seguramente fueron bautizados por Juan en el río Jordán (Jn. 1.35–42); también parecería que Jesús al comienzo de su ministerio o algunos de sus discípulos, habrían continuado la práctica bautizadora de Juan (Jn. 3,22-26; 4,1ss).


1-  Rituales de “lavados” en contextos religiosos no cristianos:

Pareciera que algunas religiones encuentran en el agua elementos purificadores. En el hinduismo tiene atributos purificadores. En el judaísmo, la ablución[3] es un ritual de purificación que puede desarrollarse parcial, por ejemplo el lavado de manos, o total, por ejemplo sumergiendo todo el cuerpo. En el islám existen dos tipos de ablución, wudu es una ablución parcial, implica el lavado de manos, cabeza, boca y pies; y glushi que es una ablución total.

Todas estas prácticas implican la purificación, algo que también estuvo muy presente en el cristianismo primitivo, pero que progresivamente fue quedando de lado.


2-  El Bautismo en las Sagradas Escrituras:

El judaísmo, practicaba lavados rituales (Lv. 11,32.40; 14,8-9; 15,3-13) y utilizaba la circuncisión, como un rito de iniciación, para la incorporación de nuevos miembros varones al pueblo elegido, como señal de ser propiedad de Dios, rescatado de la esclavitud y con quien celebró Alianza (Gn. 17,9-14; Ex. 4,25; 12,42; Nm. 9,4; Jos. 5,2).

Ya los profetas anunciaron una purificación en los tiempos mesiánicos (Ez. 36,25; Za. 13,1; Is. 4,4) y Pablo planteó la perspectiva de la circuncisión no solo en el cuerpo sino como una actitud de vida (Rom. 2,28-29).  

El bautismo de Juan era de arrepentimiento (Mt. 3,11; Mc. 1,4; Hch. 13,24; 19,4), quienes se bautizaban expresaban su arrepentimiento (Mt. 3,6; Mc. 1,5) y su deseo de obtener el perdón. Era también un gesto preparatorio y simbólico del inminente juicio Divino (Mt. 3,10.12: Lc. 3,9.17 cf. Is. 4,4; 30,27ss; 43,2; Dn. 7,10).  Conocemos sobre los baños rituales que tomaban los esenios por la descripción que de ellos se hace en la obra de Flavio Josefo[4], en el Documento de Damasco[5] y en los escritos del Mar Muerto[6]. Es posible que Juan hubiese tenido contacto con la comunidad esenia y haya sido influenciado por ella, pero los esenios de Qumrán no consideraban el baño como rito de iniciación; por eso, aunque las semejanzas pueden explicarse por mediación de los mismos textos proféticos, no permiten deducir una dependencia entre el bautismo de Juan y los ritos esenios.   

También el bautismo cristiano comenzó siendo una expresión de arrepentimiento y fe (Hch. 2,38.41; 8,12ss; 16,14ss.33ss; 18,8; 19,2ss) que se administró desde el principio “en el Nombre de Jesús” (Hch. 2,38; 8,16; 10,48; 19,5) indicando probablemente que la persona que se bautizaba se veía como representante de Jesús exaltado (Hch. 3,6.16; 4,10; 9.34), o que entendía su bautismo como su acto de entrega al discipulado de Jesús (1Co. 1,12–17), pasando a ser el rito de ingreso o iniciación a la nueva secta de quienes invocaban el nombre de Jesús (Hch. 2,21.41; 22,16; cf. Rom. 10,10–14): “los nazarenos”; evolucionando años después a un bautismo trinitario (Mt. 28,19); la presencia del Espíritu Santo en la persona bautizada resultaba fácilmente discernible por sus efectos en su vida cotidiana (Hch. 1,5; 2,4; 2,38; 4,31; 8,17ss; 10,44–46; 11,15–17).


El bautismo cristiano, símbolo del Misterio Pascual de Jesús (Mc. 10,38) y del don del Espíritu Santo (Mt. 3,11; Hch. 1,5), fue ordenado por el propio Jesús Resucitado (Mt. 28,19) y realizado por la comunidad de discípulos y discípulas (Hch 2,38-41; 8,36-38; 9,18; 10,47-48; 1Co 1,14-16) en relación con el perdón de los pecados (Hch. 2,38; 22,16), en relación con el don del Espíritu Santo (Hch. 2,38; 19,5), en relación con la salvación (Hch. 16,30-33; 1Pe. 3,21), en relación con la unión en Cristo (Rom. 6,3-4; Gal. 3,27)  y con su misterio pascual (Rom. 6,4; Col. 2,12) y como incorporación a su cuerpo místico (1Cor. 12,12-13): la Iglesia.


3-    El Bautismo en la Patrística:

3.1.          El bautismo en los escritos cristianos antiguos: 

a-    La Didajé

El texto más antiguo no canónico, se estima que de mitad del siglo I, incluso anterior a algunos libros canónicos del Nuevo Testamento, dedica el capítulo VII a pautar el bautismo: ayuno, enseñanza, invocación trinitaria, inmersión en agua y si no se pudiese derramar sobre la cabeza de, el catecúmeno o la catecúmena:

"Respecto al bautismo, bautizad de la manera siguiente (después de haber enseñado todo lo que precede), bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, en el agua viva. Si no hay agua viva, bautícese en otra agua y, a falta de agua fría, en el agua caliente. Si no tienes bastante ni de la una ni de la otra, derrama tres veces sobre la cabeza 'en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo"


b-    La carta de Bernabé y el Pastor de Hermas

Entienden el bautismo como un paso de la muerte a la vida, dejando la antigua vida en la inmersión y recibiendo la nueva vida al emerger:

"Al renovarnos mediante la remisión de los pecados, el Señor nos ha moldeado hasta el punto de que tenemos alma de niños pequeños, como si él nos hubiese creado de nuevo, pues es de nosotros de quien habla la Escritura cuando Dios dice a su Hijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza "(Carta de Bernabé 1,26).

"A los demás hombres que habían traído sus ramos reverdecientes y llenos de retoños, pero sin frutos, el ángel los enviaba también a la torre, después de haberlos marcado con una señal. Los que iban a la torre llevaban todos las mismas vestiduras, blancas como la nieve. En cuanto a los hombres que habían devuelto sus ramos verdes y como los habían recibido, también los hizo entrar en la torre, después de haberles dado vestiduras y una señal" (Pastor de Hermas)

3.2.         El bautismo en los Padres:

a-    Justino
Describe el bautismo en su tiempo por inmersión e invocando la fórmula Trinitaria teniendo como efectos: a) el perdón de los pecados, aspecto que señalan también Arístides (Apología, 17,4) y Teófilo (Ad Autol., II,16), b) la regeneración, recreación e iluminación:

"Aquellos que creen en la verdad de nuestra enseñanza y de nuestra doctrina, prometen primeramente vivir conforme a esta ley. Entonces les enseñamos a orar y a pedir a Dios, en ayuno, el perdón de los pecados, y nosotros mismos oramos y ayunamos juntamente con ellos. Después los llevamos a un lugar en que haya agua, y allí, de la misma manera que nosotros mismos hemos sido regenerados, a su vez, en el nombre de Dios padre y señor de todas las cosas, y de Jesucristo nuestro salvador, y del Espíritu Santo, son lavados entonces en el agua... Esta ablución se llama iluminación porque quienes reciben esta doctrina tienen el espíritu lleno de luz. Y por eso en nombre de Jesucristo, que fue crucificado bajo el poder de Poncio Pilato, y en el nombre del Espíritu Santo, que predijo por medio de los profetas toda la historia de Jesús, es lavado aquel que es iluminado". 

b-    Irineo
Describe el bautismo como el nuevo nacimiento:

"Cuando el Espíritu de Dios mezclado al alma se une a la carne, entonces, a causa de la efusión del Espíritu, el hombre llega a ser espiritual y perfecto, y entonces es la imagen y semejanza de Dios" (Adv. Haer. V,6,1).

"Ahora recibimos una parte del Espíritu para perfeccionarnos y prepararnos a la incorruptibilidad, acostumbrándonos poco a poco a recibir y a llevar en nosotros a Dios" (Adv. Haer. V,8,1).

 

c-     Clemente de Alejandría

Presenta el bautismo de Jesús como profecía del bautismo cristiano y ubica a Cristo como modelo a seguir por los discípulos y las discípulas[i]; tiene como efecto la regeneración en cuanto libera de la muerte produciendo vida eterna:


"Pues bien, lo mismo sucede con nosotros, cuyo modelo fue el Señor. Al ser bautizados se nos ilumina; al ser iluminados, se nos hace hijos; al convertirnos en hijos, se nos torna perfectos; una vez hechos perfectos, recibimos la inmortalidad. Esta operación recibe múltiples nombres: carisma, iluminación, perfección, baño. Baño por el cual somos purificados de nuestros pecados, carisma por el cual se perdonan los castigos merecidos; iluminación en la cual contemplamos la bella y santa luz de la salvación, es decir, de la cual penetramos con la mirada en lo divino; perfección porque, en efecto, nada le falta a quien ha conocido a Dios, pues sería absurdo dar el nombre de carisma de Dios a un don incompleto. Además, la liberación del mal es principio de salvación" (Pedagogo I,6,25,3).

d-    Orígenes

Plantea que el bautismo encuentra su cumplimiento y su significado en la encarnación. Cristo es el sacramento de Dios que se prolonga en el sacramento de la Iglesia, es el agua verdadera que da la salvación.  El agua bautismal, sobre la que ha sido invocado el Nombre Divino, es principio y fuente de todas las gracias y de la vida espiritual, que es el desarrollo de la gracia bautismal. Recurre a los libros del Éxodo y Números, los cuales aportan imágenes de la partida y del tránsito, de la marcha y del viaje que llevan desde la esclavitud en Egipto hasta la tierra de la Promesa.

e-     Tertuliano

Escribe un tratado sobre el bautismo en dos partes, la primera responde a los gnósticos explicando el simbolismo del agua (3-6), el rito bautismal (7-8) y la tipología bíblica (9); en la segunda parte plantea diversas cuestiones teológicas (10-16) y disciplinarias (17-20).

 

"Si Dios ha utilizado esta materia (agua) en toda su obra, también la ha hecho fecunda cuando se trata de sus sacramentos: si el agua preside la vida en la tierra, la procura también para el cielo" (3,6).

 

"Después de la renuncia a Satanás somos sumergidos en el agua, respondiendo además lo que el Señor ha precisado en el Evangelio" (la confesión Trinitaria). (De Corona, 3).   

 

La patrística, nos proporciona también las catequesis de Cirilo de Jerusalén, Teodoro de Mopsuestia, Juan Crisóstomo, Ambrosio de Milán y Agustín de Hipona sumamente ricas en la explicación de los ritos y la tipología bautismal poniendo de relieve la formación de los nuevos discípulos y discípulas en la comunidad eclesial. Estos Padres desarrollan ampliamente el rito de la preparación (inscripción, exorcismo y catequesis diaria durante la Cuaresma, finalizando en la vigilia pascual con la renuncia al mal y la profesión de fe):

 

"La persona encargada escribe tu nombre en el Libro de la Iglesia, añadiendo el nombre del testigo o padrino. Cuando se celebra un juicio, el acusado debe estar de pie. Tu tendrás, por tanto, la mirada abajo y las manos extendidas en actitud de oración" (Teodoro de Mopsuestia, Hom. Ct. XII,1).  

"Recibe con celo los exorcismos, son para tí saludables. No olvides que tu eres un oro adulterado y falsificado; nosotros procuramos purificar ese oro. Y lo mismo que sin fuego el oro no puede ser purificado de su escoria, así el alumno no puede ser purificado sin los exorcismos” "De nuevo os ponéis de pie sobre los cilicios, descalzos, despojados de vuestra vestidura exterior y con las manos extendidas hacia Dios, en actitud de oración. Después os arrodilláis conservando erguido el resto del cuerpo, y decís: Yo renuncio a Satanás, a todos sus ángeles, a todas sus obras, a todo su culto, a toda su vanidad y a todo extravío secular, y me comprometo por voto a bautizarme en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" … "El catecúmeno, de pie, está orientado hacia occidente, porque el occidente es el lugar de las tinieblas; vosotros, al volveros simbólicamente a oriente, renunciáis a ese lugar tenebroso y oscuro" (Cirilo de Jerusalén XXXIII,1069,A).

"Cuando hayas renunciado a Satán y roto el antiguo pacto con el Hades, entonces se abrirá ante tí el Paraíso de Dios, el mismo que El plantó en oriente y de donde fue arrojado nuestro primer padre a causa de su desobediencia. Y tu, para simbolizar esto, te vuelves de occidente a oriente, que es la región de la luz" (ib).

 

y el rito bautismal (despojo de los vestidos, unción, inmersión y emersión con la invocación Trinitaria, imposición de las vestiduras blancas, la signación y la crismación):


"Apenas entrados en el bautisterio, se despojan de sus vestiduras como signo de desnudarse del hombre viejo y de sus obras"…  "Es preciso que se te quite el vestido, signo de mortalidad, y que, por el bautismo, revistas la túnica de incorruptibilidad" (Teodoro de Mopsuestia: XIX,8).   

"Despojados de vuestras vestiduras, habéis sido ungidos con el óleo exorcizado desde la extremidad de los cabellos de vuestra cabeza hasta los pies, y os habéis hecho partícipes del verdadero olivo, que es Jesucristo. Separados del olivo silvestre e injertados en el olivo auténtico, os habéis hecho partícipes del óleo verdadero. Por la invocación de Dios y la oración, el óleo adquiere no sólo la virtud de purificar todo vestigio de pecado, sino también de auyentar todas las potencias invisibles del maligno" (Cirilo de Jerusalén, obra citada).

"Fuisteis después llevados a la santa piscina del divino bautismo, igual que Cristo fue bajado de la cruz y puesto en la sepultura preparada de antemano. Cada uno fue interrogado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Pronunciasteis la confesión saludable y por tres veces fuisteis sumergidos en el agua y de ella salisteis, aludiendo así la imagen a los tres días de la sepultura de Cristo. Por esta acción habéis muerto y nacido, y el agua salvífica ha sido para vosotros a la vez sepultura y seno materno" (Cirilo de Jerusalén, obra citada)

"Desde que subiste del bautismo llevas una vestidura resplandeciente, símbolo del mundo luminoso, del género de vida a que has pasado en figura. Cuando recibas realmente la resurrección y te revistas de inmortalidad e incorruptibilidad ya no tendrás necesidad de tales vestiduras" (Teodoro de Mopsuestia, obra citada).

"Como si Adán viviera todavía en cada uno de nosotros, vemos nuestra naturaleza envuelta en estas túnicas de piel y en estas hojas caducas de la vida terrena que, al despojarnos de nuestras vestiduras de luz, nos cosimos a nosotros mismos, revistiéndonos de las vanidades, los honores, las breves satisfacciones de la carne, en lugar de nuestras vestiduras divinas"; y más adelante continúa: "la envidia del demonio nos apartó del árbol de la vida y nos despojó de las vestiduras sagradas, para vestirnos de vergonzosas hojas de higuera" (Gregorio de Nisa)

"Nos ha enseñado a marcar con la señal de la cruz a los que ponen su esperanza en el nombre del Señor" (Basilio cita la señal de la cruz como una de las tradiciones que se remontan a la época apostólica).

"Por esta señal, el catecúmeno es recibido en la comunión de los que han merecido la deificación y constituyen la asamblea ante los santos" (el Pseudo Dionisio puso de relieve este aspecto en Antioquía).

"Esta marca que has recibido es la señal de que has sido ya distinguido como oveja de Cristo, como soldado del Rey del Cielo... El soldado que a causa de su estatura y dotes físicas parece digno de ser elegido para el servicio del imperio, recibe en la mano una marca que indica a qué rey sirve; así tú ahora, por haber sido elegido para el Reino del Cielo, llevas visible la marca que te distingue como soldado del Rey del Cielo" (Teodoro de Mopsuestia).

"Es un don de Cristo y del Espíritu Santo, que obra por la presencia misma de su divinidad" (Cirilo de Jerusalén, Cat 21,3).


4-    Teología del Bautismo:

Como enunciamos más arriba, el Bautismo, como acción de lavar o sumergir en agua, ha sido utilizado desde los primeros días del cristianismo (Hch. 2,41) como rito de iniciación.

El mismo Jesús, tanto por precedente (Mt. 3,13) como por mandamiento (Mt. 28,19) dio autoridad a sus discípulos y discípulas para guardarlo. Es practicado por todo el cristianismo.

Para comprender el significado del Bautismo, encontramos la clave en tres textos de las Sagradas Escrituras: el diluvio (Gn. 7,6 - 8,22; cf 1Pe. 3,19 ss), el Mar Rojo (Ex. 15,21-31; cf 1Co. 10,1 ss), y la circuncisión (Gn. 17,1-21; cf Col. 2,11 ss). Todos estos acontecimientos hacen referencia al pacto divino. Los acontecimientos del diluvio y el paso por el Mar Rojo se asocian más a la muerte y resurrección, es decir, la participación en el Misterio Pascual de Jesús el Elegido de Dios, mientras que el acontecimiento de la circuncisión se asocia más pacto divino – humano.

Según Pablo, nos identificamos con Jesús, en su muerte, sepultura y resurrección, por medio de la fe y el arrepentimiento. Únicamente quien escucha la Palabra por medio de la catequesis, cree verdaderamente en lo que allí se anuncia, confiesa que Jesús es el Señor y solicita el bautismo, es capaz de comprender las exigencias bautismales; y por lo tanto arrepentirse dejando atrás la vida vieja para asumir una nueva vida en el discipulado (Rom. 6).

Todos los escritos del Nuevo Testamento se refieren a bautismo de creyentes; personas a las cuales se les anunció la Buena Noticia, creyeron en lo que se les anunciaba, se arrepintieron de su vida pasada y ajustaron sus vidas a la novedad del Evangelio. Este no es un proceso mágico sino desencadenado por el anuncio de la Palabra. El rito bautismal  es la aceptación, por parte de la persona creyente, de este proceso catecumenal, por el cual pasa a integrar la comunidad de las personas renovadas, que es la Iglesia.

El requerimiento esencial, para recorrer este camino del catecumenado e ingresar a la comunidad cristiana es la fe personal (Hch. 8,37).

El Bautismo, proporciona la membresía eclesial. La persona creyente que recibe el Bautismo se incorpora a la Iglesia, donde todos los miembros poseen el mismo status, aunque los dones sean diferentes, participando de los diversos ministerios eclesiales (1Co. 12,1-31; Rom. 12,3-8). Las bautizadas y los bautizados participamos de la misión de la Iglesia en el mundo, hacer presente las palabras y las obras de Jesús en medio de la sociedad y la cultura.


5-    Aspectos pastorales sobre el Bautismo:

El Bautismo, normalmente es administrado por el ministerio público de la Iglesia, es decir por personas ordenadas, diáconos (as), presbíteros (as) u obispos (as). Sin embargo, ya en la antigüedad personas laicas lo administraron cuando no habían, por diversas circunstancias, ministros o ministras. La práctica fue defendida ya en tiempos de Tertuliano (aproximadamente 160 a 220 dC) sobre la base de lo que se recibía podía ser comunicado, que el sacramento era más importante que quien ministraba, y que la regla de amor lo permitía. Lutero (1483 – 1546) aprobó la práctica, entendiendo que en ella se ejercía el sacerdocio universal. La Iglesia medieval también aprobó la práctica, aunque estableció un orden de precedencia.

El Bautismo, normalmente es administrado a personas creyentes, es decir que han transitado un proceso de catecumenado, al que hicimos referencia más arriba.

Pastoralmente, no recomendamos el bautismo de niños y niñas. En otros tiempos, la Iglesia bautizó a los niños y las niñas de personas cristianas profesas; sin embargo, en la actualidad, el rito bautismal se ha transformado en evento social, que nada tiene que ver con su significado, donde personas adultas que no practican la fe cristiana, aunque sean bautizadas, solicitan el bautismo para sus niños y niñas y se comprometen a educarles en la fe, una fe que no practican.

Pastoralmente, recomendamos el bautismo para aquellas personas que lo soliciten, sabiendo que son responsables de sus actos, y que el sistema de justicia civil así lo determina. Esto asegura, que quien reciba el bautismo es capaz de expresar una fe y una confesión personal y asumir las exigencias que el sacramento de Bautismo propone.

Pastoralmente, sugerimos en lugar del bautismo, un rito de presentación del niño o niña a la comunidad eclesial, de oración sobre el niño o niña y de bendición. Posteriormente, en la medida que vaya creciendo, en edad y en experiencia de fe, y llegado el momento en que solicite el Bautismo, habiendo cumplido con los requisitos neotestamentarios (Hch. 8,36 – 37), sea administrado el sacramento, e incorporado al seno de la comunidad eclesial la persona creyente.

A lo largo de la historia y dependiendo de las diferentes culturas, la liturgia bautismal ha ido cambiando, como vimos en el capítulo referido a la patrística.

Reconocemos que desde tiempos muy antiguos, los principales ritos fueron:

a)     la signación con el óleo de los catecúmenos,
b)    el agua que es la materia, administrada por aspersión o por inmersión,
c)     acompañada de las palabras “Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” que es la forma;
d)    la señal de la cruz con el santo crisma y
e)     la imposición de manos.

Sin embargo, sabemos que lo esencial es el agua bautismal con la invocación Trinitaria, y que el sacramento es válido y legítimo, aunque se realice con el rito esencial y simple.


6-    El Bautismo en la experiencia de fe, personal y comunitaria:

6.1.         El Bautismo como sacramento de iniciación cristiana en la antropología de los ritos de iniciación.

La vida humana está pautada por ritos de iniciación en los diversos momentos de la misma. Estos ritos van construyendo la cultura y a la vez la van transmitiendo. El nacimiento de un niño o una niña va acompañado de la elección del nombre, la preparación de un espacio físico determinado dentro de la vivienda, de ropas de determinado color, de visitas y regalos, de inscripción en el Registro Civil y de la primer Cédula de Identidad. La primera infancia va acompañada del ingreso a la educación primaria, de la incorporación de la túnica, el acompañamiento del niño o la niña por parte del núcleo familiar el primer día de clase.

El tránsito de la infancia a la juventud también está acompañado de ritos de iniciación en la adolescencia, la experiencia del primer cigarrillo o de la primera cerveza en el grupo de pares, la autorización para ir al primer baile acompañada de un interminable ritual de baño, peinado, perfume y ropas adecuadas, la entrega de las llaves y en el caso de los varones muchas familias la entrega del primer preservativo.

El ingreso a la vida adulta también está pautado por ritos de iniciación. Las jóvenes y los jóvenes obtienen la Credencial Cívica pudiendo ejercer la ciudadanía de pleno derecho, pueden ingresar al mercado laboral (capacitación para hacer el currículum, preparación para el desempeño en la entrevista laboral, pasantía laboral que le posibilite adquirir experiencia hasta que llegado el día y la hora con ropas adecuadas a la situación, currículum en mano, con posturas y gestos determinados tiene su primer entrevista laboral) y al mundo de los negocios (adquisición de la primer moto, el primer auto, etc.).

Ciertamente, cada uno de estos ritos de iniciación en cuanto a su contenido y sus formas, responden a la cultura dominante en el momento; contenidos y formas que irán cambiando y adaptándose a las pautas socialmente aceptadas; lo que no cambiará será la iniciación en las distintas etapas de la vida humana.


6.2.         La iniciación cristiana.

Igualmente sucede en la fe. Tenemos un momento de iniciación. En cada cultura puede expresarse de formas diferentes. Aún, dentro del cristianismo, mediado por la cultura y la época, la iniciación cristiana sigue siendo una etapa fundamental, que condiciona posteriormente, la experiencia de fe, personal y comunitaria, de cada bautizada y bautizado.

La iniciación cristiana es un único proceso compuesto de tres sacramentos en una unidad indivisible: el bautismo, la confirmación y la eucaristía. En este caso, nos detendremos en el primero de ellos, dejando para otros momentos del año litúrgico los otros dos.

Como ya vimos, las comunidades cristianas originarias ponen en boca del Señor Resucitado el mandato de bautizar (Mt. 28,19).  Es a partir de la experiencia del Señor Resucitado que las ellas practican el bautismo, no ya como rito de perdón y purificación (Mt. 3,1-12) sino invocando el Nombre de Jesús sobre el discípulo y la discípula (Hch. 2,38.41; 8,36-38; 9,18; 10,47-48; 19,2-6; 1Co 1,14-16).

Los efectos  primarios del Bautismo son:

 a)   participación en el misterio pascual de Jesús, el Señor Resucitado (Rom.. 6,1-14; Ef. 2,1.4-6; Fil. 3,10-11; Col. 2,12);

b)   configuración e incorporación a Él participando de la divinidad (Rom. 8,1.29-30; 1Jn. 3,2);

c)   recepción del Espíritu Santo (Hch. 2,1-41; 10,44-48);

d)   inhabitación del Misterio Divino (Gá. 4,6);

e)   participación en la vida comunitaria (Hch. 2,42-47; 4,32-37).

 

El efecto secundario es el perdón.

Iniciada ya, la persona bautizada en el discipulado, comienza a recorrer una experiencia de fe personal, en el seguimiento y el encuentro con Jesús  (Jn. 1,38-39), renovada por el Espíritu (Jn 3,5), invitada al gozo de la comunión (1Jn. 1,4) y enviada a trabajar por la justicia y la solidaridad (Mt. 10,7-9) en el mundo.


Por otra parte, La experiencia de fe necesita de la experiencia comunitaria. La persona bautizada como miembro de la Iglesia, participa en la vida y misión de la Iglesia (Hch. 2,42);

a)     con su presencia (Hch. 2,46; 5,12):

la participación en la vida eclesial pasa por diversas actividades, estando presente en la dinámica interna, integrando los diversos órganos y ministerios eclesiales, concurriendo a las instancias culticas, estando presente en las reuniones y actividades de la Iglesia.

b)    sus dones (Rom. 12,6-8; 1Co. 12,4-13; 1Pe. 4,10-12):

cada miembro de la comunidad tiene dones que son para enriquecer al conjunto de los miembros de la Iglesia, y para servir a la sociedad y la cultura. Por eso, es importante, un discernimiento personal y comunitario, que permite identificar los dones que Dios ha depositado en los miembros de cada comunidad eclesial.

Todas las personas tienen dones, por lo tanto, el lugar que cada bautizado o bautizada ocupa en la comunidad eclesial es único e irrepetible. No puede haber envidia o rivalidades, pues todas las personas tienen sus dones para el servicio de las demás y de esa forma enriquecer a la Iglesia.

Nada hicimos para recibir los dones, fueron dados por gracia, pero podemos hacer cosas para mejorarlos y complementarlos. No son para nuestra satisfacción personal sino para servir a las personas que integran la iglesia, la sociedad y la cultura.

c)     con sus bienes (Hch. 2,44-45; 4,34-37):

La experiencia demuestra, que nuestra comunidad eclesial se sostiene con el aporte de sus miembros y aún sobran bienes para el ministerio.

Si distribuimos los bienes personales y comunitarios con solidaridad y justicia, a nadie faltará nada, todas las personas podrán satisfacer sus necesidades.


A manera de conclusión.

Compañeros y compañeras en el camino del discipulado:

Iniciamos un nuevo tiempo de cuaresma. El objetivo de esta carta, es que no pase desapercibida, esta oportunidad para afianzar nuestra experiencia de fe, personal y comunitaria, y podamos llegar a la celebración de la Vigilia Pascual, con una renovada profesión de fe, en el Dios revelado por Jesús.

Para ello, les propuse reflexionar sobre nuestra condición de bautizadas y bautizados, recurriendo a la fundamentación bíblica, patrística y teológica, sobre los efectos del bautismo en nuestra vida. Aprovechando la oportunidad, para proponerles algunos lineamientos pastorales, que puedan contribuir a la fidelidad de nuestras prácticas eclesiales, al Evangelio de Jesús y a las prácticas de la Iglesia apostólica, que es el modelo que tenemos a imitar, en el seguimiento de Jesús.

Deseándoles que este tiempo, su fe en el seguimiento de Jesús se radicalice y lleguen a la Pascua, comprometidas y comprometidos, como hijos e hijas de Dios, a trabajar por la justicia y la paz (Mt. 5,6.9), les envío un abrazo fraterno.


+ Julio, obispo de la Iglesia Antigua - Diversidad Cristiana.
Miércoles de Ceniza.
Uruguay, 10 de febrero de 2016.







[2] Mensaje Pastoral: Cuaresma 2012, 1- Breve historia de la Cuaresma.
[3] Vocablo de origen latino “ablutio” que significa “lavado”.
[4] Su nombre completo es Tito Flavio Josefo y su nombre judíos José ben Matityahu, se lo puede ubicar entre el 37/38 y 101 dC. Fue un importante historiador, estadista y diplomático, descendiente de familia sacerdotal. Sus obras más conocidas son “La guerra de los judíos” y “Antigüedades judías”.
[5] El documento de Damasco o documento Sadoquita puede fecharse entre el 196 y 176 aC escrito por el judaísmo disidente, consta de tres partes: una introducción histórica, una exhortación profética y normas estatutarias.
[6] Llamados también “rollos del Qumrán” por haberse encontrado en diferentes cuevas de Qumrán, datan del período 250 aC al 66 dC; descubiertos en el año 1947 han realizado importantes aportes para la exégesis bíblica y la comprensión del contexto donde vivió y murió Jesús.



 

No hay comentarios:

Publicar un comentario