Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

domingo, 3 de noviembre de 2013

Como pastor no debo engañarles, quisiera decirles que Dios prefiere a todas las personas por igual, pero no es así - Lucas 19,1-10




1.    El texto en su contexto:


Este relato es propio de Lucas, no está presente en los otros tres Evangelios. Es una reafirmación de la teología lucana donde está manifiesta la misericordia de Dios hacia las personas discriminadas y la exigencia de renunciar a los bienes para entrar a la comunidad mesiánica.

Lucas ubica a Jesús en Jericó, el camino a la ciudad santa de Jerusalén (versículo 1). Zaqueo vivía en esa ciudad y se desempeñaba como jefe de los cobradores de impuestos para Roma (versículo 2). Los publicanos o cobradores de impuestos, eran generalmente judíos, contratados por las autoridades imperiales para el cobro de impuestos. El resto del pueblo los rechazaba y los consideraba colaboradores con el imperio; eran considerados pecadores.

Según el relato, Jesús iba rodeado de mucha gente y aunque Zaqueo quería verlo no lo lograba porque era de baja estatura (versículo 3), por lo que se subió a un árbol, literalmente, el texto del evangelio dice un sicómoro, que es un árbol del mismo género de las higueras, grande y frondoso, fácil de trepar (versículo 4).

Jesús sorprende y escandaliza. Pasando cerca del árbol miró e invitó a Zaqueo a recibirle en su casa (versículos 5). Jesús es el rostro misericordioso de Dios que lo mira, le habla, le manifiesta su deseo de hospedarse en su casa. Jesús manifiesta querer compartir la realidad en la que vive Zaqueo. Una realidad marcada por el abuso de funciones y el robo, que lo situaba en una situación de discriminación y exclusión por parte de los judíos piadosos. Zaqueo no se hace esperar, dice el evangelista que “bajó a prisa y con gusto lo recibió” (versículo 6). Decía Agustín de Hipona “lo que no se asume no se redime”. Jesús, asume la realidad de vulneración de derechos y dignidad de Zaqueo, la comparte, se instala en su casa. Esta actitud es la que genera la conversión de Zaqueo.

Los judíos piadosos, incapaces de acoger y perdonar, no sólo habían subestimado y discriminado a Zaqueo (Lucas 5,30; 15,2; Mateo 9,10) porque no interpretaba las enseñanzas religiosas como ellos y ejercía una profesión deshonrosa, sino que murmuraron contra Jesús (versículo 7), porque ir a comer a su casa significaba un gesto de amistad y aceptación a este hombre de mala fama (cf Lucas 15,1-2).

La presencia de Jesús en casa de Zaqueo produce su salvación. El evangelista no dice que Zaqueo cambió de profesión, seguramente no lo hizo, pero sí dice una algo muy importante: aceptó la invitación de Jesús para su vida, renunció a aquellas cosas que los tenían sujeto a su antigua vida, e ingresó a la comunidad mesiánica (versículos 8 – 9).

El Dios misericordioso se encarna en Jesús de Nazaret, manifestando su rostro inclusivo a quienes, las personas que se creen buenas y justas, pusieron en lugar de vulnerabilidad, con sus comentarios, sus acciones, sus sentimientos (vesículo 10 cf Ezequiel 34,16).


2.    El texto en nuestro contexto:


Como pastor no debo engañarles. Yo quisiera decirles que Dios prefiere a todas las personas por igual, pero no es así. Tenemos fundadas pruebas en las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento, de que nuestro Dios es parcial y toma partido por quienes están en situación de desventaja, no importa si son personas buenas o malas, no importa si son personas letradas o simples, no importa si son personas creyentes o no. Dios siempre elige a las personas discriminadas y excluidas, vulneradas en sus derechos y en su dignidad (Lucas 19,10 cf.Isaías 40,11; Sirácida 18,13).

“Yo el Señor lo afirmo. Buscaré a las ovejas perdidas, traeré a las extraviadas, vendaré a las que tengan alguna pata rota, ayudaré a las débiles, y destruiré a las gordas y fuertes” (Ezequiel 34,16). Muchas traducciones cambian “destruiré” por “cuidaré”. Sin embargo, las versiones más antiguas del texto hebreo son irrefutables, el término es “destruiré”. Pero, ¿por qué Dios destruiría a las gordas y fuertes? Si transitamos por la lógica divina, por su incapacidad de incluir, de compartir, de solidarizarse, de cuidar de las que son débiles y son colocadas en un lugar de vulneración por el sistema. Y ¿por qué los intérpretes cambiarían “destruiré” por “cuidaré”? Si transitamos por la lógica humana, por su afán de atenuar la radicalidad del mensaje bíblico.

Diversidad Cristiana, si queremos ser parte de la comunidad mesiánica, no podemos manejarnos con la lógica humana sino con la lógica divina; entonces, en esta comunidad debieran tener un lugar de predilección las personas que son vulneradas por el sistema social, cultural y religioso: las personas divorciadas, las personas gltb, las personas con capacidades diferentes, las personas con vih sida, las personas iletradas, las personas empobrecidas.

“… deben darse cuenta de que Dios los ha llamado a pesar de que pocos de ustedes son sabios según los criterios humanos, y pocos de ustedes son gente con autoridad o pertenecientes a familias importantes. Y es que, para avergonzar a los sabios, Dios ha escogido a los que el mundo tiene por tontos; y para avergonzar a los fuertes, ha escogido a los que el mundo tiene por débiles. Dios ha escogido a la gente despreciada y sin importancia de este mundo, es decir, a los que no son nada, para anular a los que son algo. Así nadie podrá presumir delante de Dios” (1 Corintios 1,26-29).


Buena semana para todos y todas.
+Julio, obispo de Diversidad Cristiana
31 er Domingo del Tiempo de la Iglesia.


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