Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

viernes, 29 de marzo de 2013

Una reflexión pastoral mirando a la cruz y a l@s crucificad@s de nuestro tiempo





Diversidad Cristiana, comunidad presencial de Montevideo, misión San Sebastián de Pasto, comunidad virtual, seguidor@s de facebook y del blog, tengan mucha paz.

Hoy es viernes santo. A diferencia de la comunidad de discípulas y discípulos de Jesús, que en este día fueron destruidas sus esperanzas por la ejecución del Maestro, porque aún no habían tenido experiencia de la resurrección; las actuales comunidades de discípulas y discípulos sabemos que a la cruz sigue el resurgimiento de la vida; nuestra experiencia de fe nos da la certeza absoluta de que Dios tuvo la última palabra en la historia “resucitando a Jesús” (Hechos 4,10).

Sin embargo, así como Jesús fue víctima del poder político y religioso, a lo largo de la historia humana, muchas personas comparten los sufrimientos que él padeció, producidos por un sistema injusto e insolidario, que se manifiesta en el poder político, el poder económico, el poder cultural, el poder religiosos, el poder social; que les mantiene crucificadas y crucificados.

El mensaje que Jesús anunció a lo largo de su ministerio, con palabras y con acciones, fue la irrupción de la presencia divina en la historia humana, a esta irrupción la llamó Reinado de Dios (Mateo 4,17) que se manifiesta en acciones de solidaridad y de liberación, de restauración y de inclusión (Lucas 4,16-21 cf Isaías 42,1; 49,9; 58,8; 61,1-2).

Las comunidades eclesiales, somos continuadoras de la obra de Jesús en el mundo. Por el bautismo se nos ha conferido la misión profética de denunciar toda forma de opresión y discriminación, explotación y exclusión; y de anunciar la acción liberadora, restauradora e inclusiva de Dios, que se solidariza con la humanidad.

Por lo tanto, tenemos que dirigir nuestras miradas hacia las cruces construidas por los poderosos, para identificar los diferentes rostros que cuelgan del madero: las mujeres víctimas de violencia doméstica; las niñas, niños y adolescentes explotados sexualmente; las víctimas de la explotación laboral infantil y trabajo callejero; las personas en situación de calle; las víctimas de discriminación por su orientación sexual o su color de piel; las personas desempleadas, las empobrecidas, las que se encuentran en situación de calle; las personas extranjeras explotadas laboralmente; las personas discriminadas y abandonas por ser portadoras de vih sida, las personas adolescentes y jóvenes marginadas por tener un uso problemático de drogas y podríamos continuar poniendo rostros a las cruces; rostros en los cuales podemos identificar a Jesús condenado por el poder político y religioso.

En este viernes santo, el Evangelio de Jesús nos urge a las comunidades eclesiales a descrucificar. No podemos llamarnos cristianas y cristianos, si con nuestras palabras y acciones generamos prejuicios, incitamos al odio, la injusticia, la insolidaridad, la discriminación y la exclusión hacia otras personas, sean como fueren. No podemos llamarnos discípulas y discípulos de Jesús, si no asumimos la tarea de bajar de la cruz a las crucificadas y los crucificados, siguiendo el ejemplo de Simón de Cirene (Juan 19,38-42). La única forma posible, de ser la Iglesia de Jesús, es comprometernos radicalmente en la defensa de los derechos y la dignidad humana, como expresión de una vida más plena, más digna y más abundante para todas las personas, en todas partes y en todos los tiempos. Esta tarea no la realizamos en soledad, somos la Iglesia de Jesús y tenemos su promesa de que está con nosotros y nosotras siempre (Mateo 28,20).

Permanecer en silencio frente a la injusticia, mirar hacia otro lado frente a la discriminación, justificar la exclusión nos hace cómplices de quienes aún hoy, continúan crucificando a Jesús, en cada uno de nuestros hermanos y nuestras hermanas. En el seguimiento de Jesús, no existe la posibilidad de permanecer indiferente (Lucas 11,23; cf Mateo 12,30; Marcos 9,40; Lucas 9,50).

Les invito en este día, a soñar y a trabajar por otro mundo posible, aquel por el que Jesús y tantas mujeres y hombres, entregaron sus vidas, dejándonos el relevo de continuar la tarea.

+Julio Vallarino, obispo de Diversidad Cristiana.
Viernes Santo, 2013.

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