Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica y Apostólica. Personería Jurídica 10103 (M.E.C. Uruguay).

sábado, 30 de marzo de 2013

Mensaje Pascual 2013






El anuncio pascual está compuesto por tres ejes que transversalizan la vida de la Iglesia.

“No tengan miedo” (Mateo 28,5).

Nos encontramos en una coyuntura de cambios profundos. Los valores que se habían mantenido incuestionables durante siglos están en entredicho. La sociedad y la cultura se encuentran en una profunda crisis. Las distintas iglesias no están pudiendo adaptarse a esta realidad cambiante, están envejeciendo y se están despoblando. Ante esta realidad, pareciera que la Iglesia está inmovilizada, paralizada, detenida en el tiempo y en la historia, aferrada a sí misma, atemorizada. En este contexto, el mensaje de Dios a la comunidad eclesial, sigue siendo el mismo, “no tengan miedo”.

La experiencia pascual nos da la certeza de que Dios tiene la última palabra en la historia humana y nos proporciona el coraje para comprometernos:
- en la transformación de las estructuras del mundo, porque otro mundo es posible, con justicia y solidaridad, con derechos y dignidad para todas las personas;
- y la transformación de las estructuras de la Iglesia, porque otra Iglesia es posible, ecuménica e inclusiva, abierta al diálogo con la sociedad y la cultura, comprometida con las personas de su tiempo, especialmente con las empobrecidas, las discriminadas, las excluidas.

En la Iglesia de Jesús, no hay lugar al miedo. En las discípulas y los discípulos de Jesús no hay lugar al miedo. La experiencia pascual es la certeza de que la vida venció a la muerte, la alegría venció al miedo, la liberación venció a la opresión, la inclusión venció a la discriminación… hace dos mil años que el mensaje de Jesús sigue resonando, sin que sea silenciado por nada ni por nadie:  “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a anunciar el año favorable del Señor.” (Lucas 4, 18-19).

Esta sigue siendo la misión de la Iglesia en el mundo de hoy. Este sigue siendo el envío, a esta pequeña comunidad que llamamos Diversidad Cristiana, que quiere seguir por el camino de la iglesia antigua del primer siglo, en el discipulado de Jesús, nuestro único Maestro, nuestro único Camino, nuestra única Verdad, y nuestra única VIDA.

Están buscando a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, sino que ha resucitado” (Mateo 28,5-6)

Las distintas iglesias, corremos el riesgo de quedarnos junto al sepulcro, inmersas en los recuerdos del Maestro. El duelo que generan los cambios, nos impiden entender que el Crucificado ha resucitado. Seguimos velando al Maestro muerto, sin comprender lo que Él nos prometió (Mateo 16,21; 17,23; 20,19 cf Lucas 24,6-7).

Se hace necesario que las comunidades eclesiales estemos atentas a quienes nos recuerdan que el sepulcro está vacío, porque en el Resucitado, la luz venció a la oscuridad, el día a la noche, el bien al mal, la verdad a la mentira, la vida a la muerte.

No podemos quedarnos en el sepulcro vacío porque perderemos la posibilidad del encuentro con el Maestro (Mateo 28.8-9). Y encontrándolo no podemos quedarnos en la admiración y la adoración, porque todavía hay quienes tienen que recibir la buena noticia de la Resurrección, Jesús dice a las mujeres: “Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea, y que allá me verán” (Mateo 28,10).

María Magdalena y probablemente María, la madre de los hijos de Zebedeo (Mateo 27,56) se transforman en las primeras testigos de la resurrección de Jesús, y las apóstolas que confirman en la fe a sus hermanos, los discípulos varones.

Esta sigue siendo la enseñanza para la Iglesia en el mundo actual. Esta sigue siendo la enseñanza para las discípulas y los discípulos de Jesús. El testimonio de la resurrección inicia con el ministerio evangelizador de las mujeres. Esta sigue siendo la enseñanza para esta pequeña comunidad que llamamos Diversidad Cristiana que quiere seguir el camino de la iglesia antigua del primer siglo, que fue liderada por mujeres según varios testimonios en las cartas paulinas, en el seguimiento del Maestro que también llamó a mujeres para acompañarle en el ministerio por Palestina.

“Vayan pronto y digan a los discípulos: ‘Ha resucitado, y va a Galilea para reunirlos de nuevo; allí lo verán” (Mateo 28,7).

La comunidad apostólica no puede quedarse en Jerusalén la ciudad santa. Jesús la envía al lugar donde surgió: Galilea, tierra de pescadores y agricultores empobrecidos, de revolucionarios zelotes y de judíos impuros, todas esas personas, consideradas pecadoras por el sistema religioso, y empobrecidas y sometidas por el poder político.

La Iglesia en tiempos actuales, está desafiada a volver a sus raíces. El cristianismo no fue la religión del poder sino de las personas esclavizadas, empobrecidas, de mala reputación. El cristianismo no fue la religión de los templos lujosos sino de la congregación en las catacumbas y los lugares hostiles.

La Iglesia en tiempos actuales, está desafiada a desinstalarse, trasladarse del lugar del poder, representado en Jerusalén, al lugar de la vulneración y la indefensión, representado en Galilea.

Diversidad Cristiana, que quiere seguir el camino de la iglesia antigua del primer siglo, necesariamente tenemos que ser una iglesia desinstalada, en medio de personas de dudosa reputación, pobre y al servicio de las personas vulneradas en sus derechos y dignidad, para ser fieles al envío del Resucitado. Tenemos la misión de ser levadura en la masa (Mateo 13,33). La única forma de transformar la realidad en la que nos encontramos, es insertarnos en ella; por lo tanto, la única forma de construir otro mundo posible, al que Jesús llamó Reino, es comenzar a vivirlo, en primer lugar, en el seno de nuestra comunidad; y la única forma de construir otra iglesia posible, a la que Jesús convocó a hombres y mujeres por igual, respetuosa de la diversidad humana, inclusiva y servidora, es comenzar a vivirla, en primer lugar, en el seno de nuestra comunidad.

Estos cambios, tal vez nos producen miedos. Entonces, miramos a quienes nos precedieron en el seguimiento:
-       si Abraham hubiera continuado con las costumbres de su época, habría sacrificado a Isaac y se hubiera quedado sin descendencia; pero Abraham se reveló contra su cultura;
-       si Moisés hubiera continuado instalado en Egipto, gozando de los beneficios de haber sido criado por la familia del faraón, y no se hubiera comprometido con quienes estaban oprimidos, el pueblo hebreo no hubiera podido experimentar la liberación y el cumplimiento de las promesas; pero Moisés se reveló contra su cultura;
-       si Jesús hubiera continuado con las tradiciones de los fariseos y maestros de la ley, hubiera conservado su vida; pero Jesús se reveló contra su cultura.

En el capítulo 11 de Hebreos encontramos muchos más testimonios de quienes dejando los miedos de lado, creyeron y por su fe, lograron transformaciones que condujeron a la realización del proyecto de Dios en la historia humana.

En este tiempo, la Iglesia tiene el protagonismo de creer para transformarse y transformar. Únicamente esa experiencia pascual logrará que sea realmente la Iglesia del Resucitado, que dice al mundo la buena noticia de parte de Dios.

Felices Pascuas de Resurrección.
+Julio Vallarino, obispo de Diversidad Cristiana.

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