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domingo, 23 de diciembre de 2012

Cuarto domingo de Adviento: entre el envoltorio y el contenido del regalo






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Tengan mucha paz en estecuarto domingo de Adviento.

Dice el profeta Isaías: El pueblo que andaba en la oscuridad vio una gran luz; una luz ha brillado para los que vivían en tinieblas. Señor, has traído una gran alegría; muy grande es el gozo. Todos se alegran delante de ti como en tiempo de cosecha, como se alegran los que se reparten grandes riquezas. Porque tú has deshecho la esclavitud que oprimía al pueblo, la opresión que lo afligía, la tiranía a que estaba sometido. Fue como cuando destruiste a Madián. Las botas que hacían resonar los soldados y los vestidos manchados de sangre serán quemados, destruidos por el fuego. Porque nos ha nacido un niño, Dios nos ha dado un hijo, al cual se le ha concedido el poder de gobernar. Y le darán estos nombres: Admirable en sus planes, Dios invencible, Padre eterno, Príncipe de la paz. Se sentará en el trono de David; extenderá su poder real a todas partes y la paz no se acabará; su reinado quedará bien establecido, y sus bases serán la justicia y el derecho desde ahora y para siempre. Esto lo hará el ardiente amor del Señor todopoderoso” (9,1-6 versión Biblia de Estudio Dios Habla Hoy).


Nos encontramos en el umbral del cumplimiento de las promesas divinas. Este cuarto domingo de adviento nos propone como tema de reflexión la alegría que produce la cercanía del Reinado divino.

Las iglesias, durante siglos hemos fomentado el culto a la Navidad, pero descentrando el mensaje. Nos hemos quedado con el envoltorio del regalo, el pesebre, los pastores y las oveja, el niño con María y José. Los relatos de la infancia, tanto de Mateo como de Lucas, son escritos teológicos no históricos. La intensión de los autores es brindar una catequesis a sus comunidades. Marcos, que es el evangelio más a Jesús, por el tiempo de su redacción, nada dice de su nacimiento ni de su infancia. En realidad, poco o nada sabemos de la infancia de Jesús.

Pero si los relatos de la infancia y el mensaje navideño que hemos sostenido durante siglos es el envoltorio, entonces ¿cuál es el contenido del regalo?.

De Jesús no sabemos nada de su infancia, pero sí sabemos algunas otras cosas: sanó a personas enfermas, liberó a personas oprimidas, consoló a personas tristes y afligidas, incluyó a personas excluidas, tomó partido por las personas discriminadas, apoyó a las mujeres y los niños, enseñó y practicó la solidaridad, compartió con todas las personas sin hacer excepciones, alentó la esperanza del Reinado de Dios en la historia humana anunciando y practicando justicia. En su vida y su enseñanza, reconocemos que se cumple la profecía de Isaías.

Jesús es luz en la oscuridad de nuestra sociedad, nuestra cultura y nuestra Iglesia.

Jesús es alegría para las personas discriminadas y excluidas de nuestro tiempo, para las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad por las instituciones de la sociedad y la cultura, incluida la Iglesia.

Jesús es liberación de yugos, todo lo que nos impide SER, plenamente y dignamente. El nos libera del individualismo, del consumismo, de los fundamentalismos, de la xenofobia y la lgttbfobia, de las pobrezas y la ignorancia. El nos libera de todo lo que nos impide ser imagen y semejanza divina.

En Navidad celebramos la fragilidad divina, que en la humanidad de Jesús de Nazaret nos hace fuertes. En las palabras y los gestos de Jesús de Nazaret, Dios restaura a la humanidad opresora y oprimida, discriminadora y discriminada, victimaria y víctima, brindándole equidad y justicia.

Este es el contenido del regalo.

Las comunidades cristianas, discípulas de Jesús de Nazaret, nos sentimos invitadas por el profeta Isaías a anunciar la alegría, la paz y la liberación con justicia; pero no sólo con palabras, sino siguiendo el ejemplo del Maestro, con gestos que dignifiquen a las personas, santifiquen a la Iglesia y contribuyan a la realización del Reinado anunciado por Jesús.

Hoy más que nunca, las comunidades cristianas tenemos que levantarnos en medio de la sociedad y la cultura del siglo XXI para anunciar que tanto amó Dios a la humanidad y a su creación, que en Jesús revela su amor incondicional, inclusivo y restaurador de la dignidad y los derechos humanos, a todas las personas, en todos los lugares y de todos los tiempos, porque Dios no hace diferencia entre las personas.

Buena semana a todos y todas.
+ Julio.

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