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viernes, 22 de junio de 2012

Comentarios Queer a la Biblia - Evangelio de Mateo (primera entrega)


Comenzamos una nueva entrega de los Comentarios Queer a la Biblia. A partir de este momento, entregaremos periódicamente, traducciones del Evangelio de Mateo.-

EVANGELIO DE MATEO / Thomas Bohache
Traducción MCRP / Diversidad Cristiana
En un mundo postmoderno, secular, ¿Por qué es necesario leer o interpretar la Biblia Cristiana tradicional? Estoy de acuerdo con el intérprete bíblico postcolonial, R. S. Sugirtharajah’s y su evaluación de esta cuestión:
“La respuesta está en aquellos que están ocupados utilizando textos bíblicos para definir una visión estrecha de la fe bíblica, especialmente luego de los atentados del 11 de setiembre, en los Estados Unidos. Esto incluye a un presidente que cita las Escrituras, y que representa al único super-poder mundial que combina patriotismo con un sentido de misión divina. En Bush, tenemos un piadoso líder cristiano, cuya visión del mundo está determinada y restringida por una única y simplista lectura de la Biblia, que borra toda indeterminación y ambigüedad. Es precisamente esto, lo que hace que valga la pena volver a sus páginas, para clarificarla para todos aquellos que adhieren a una comprensión estrecha de la Biblia, un libro no único en su mensaje, sino con muchos. A veces, los textos bíblicos emiten señales conflictivas.” (Sugirtharajah 2002: 2)
La Biblia no trasmite un único mensaje, sino muchos: esto se demuestra con la diversidad de interpretaciones que se ven hoy en día, a medida que las personas exploran el texto, a través de lentes interpretativas de cada uno de sus lectores: negros, blancos, amarillos, rojos, blancos, femeninos, masculinos, laicos o clericales; poderosos o marginados; académicos o no-especialistas.
Los lectores contemporáneos han descubierto no solo que Dios los encuentra en sus propias circunstancias en las páginas de la Escritura, sino también que estas mismas circunstancias los asisten en el reclamo de voces suprimidas o silenciadas en el pasado bíblico.
Me aproximo al Evangelio de Mateo en varias formas diferentes; en primer lugar, como blanco, varón educado, del país más poderoso de la Tierra; en segundo lugar, como una persona nacida, criada y educada en la Iglesia Católica Romana; en tercer lugar, como una persona “queer”, específicamente, un varón gay que asumió su sexualidad durante los turbulentos años 1970s.
Las dos primeras condiciones me ubican como una persona privilegiada, que es correcta y tiene derechos, solo en virtud del lugar donde vive y cómo luce, o qué credo sostiene. Sin embargo, la tercera condición que me describe, me coloca al margen en muchos aspectos: es la condición que mi país e iglesia de origen, no reconocen como merecedora de un lugar social y un asiento en su mesa. Al ser un refugiado proveniente del Catolicismo, fui acogido por la Iglesia de la Comunidad Metropolitana, donde la orientación sexual es solo un tema, porque es la ubicación social, política y espiritual de la que prescindimos como pueblo de fe. No soy (aún) un refugiado desde los Estados Unidos, más bien, con otras personas “queer” (entre las cuales incluyo no solo gays, sino lesbianas, bisexuales, y trasgénero, sino también nuestros apoyos hetero, quienes en una sociedad heterosexual son también “queer”), me encuentro entre los colonizados: aquellos que viven bajo la hegemonía de los heterosexuales, la heterosexualidad y  la hetero-normatividad.
Como tales, nosotros/as, “queers” colonizados, a pesar de nuestros esfuerzos, nos sometemos sin embargo a aquellos que están en el poder, que dictan una forma de vida  totalmente de acuerdo con sus agendas privilegiadas, sin cuestionarse nunca si sus condiciones están ordenadas por la divinidad o construidas por los humanos.
En este aspecto, ser “queer” en los heterosexualmente dominados Estados Unidos, (o sin duda, en todo el mundo occidental industrializado) en el siglo XXI, no es tan diferente a ser un campesino judío en la Palestina ocupada por Roma, en el siglo I de la Era Cristiana. Los estudios en el campo del Nuevo Testamento se han enriquecido por los trabajos socio-científicos y tras-culturales, que muestran que el pueblo judío en la época de Jesús, había sido colonizado y era oprimido en una base cotidiana, día a día, por el imperio romano. Más aún, las elites locales, a los efectos de asegurar su propia prosperidad, oprimían también a su pueblo, en una variedad de formas. Cuando abordamos el Evangelio de Mateo sobre este panorama, utilizando una “hermenéutica de sospecha”, podemos ver, desde el texto, entrelíneas que han sido obviadas por las lecturas de aquellos en el poder, y por lo tanto, desarrollar una “hermenéutica de recuerdo y reclamación”, que se convierte en “hermenéutica de proclamación”, para aquellos que hoy están excluidos por el poder. Este capítulo busca hacer esto, para una comunidad “queer”.

Una “hermenéutica de sospecha” asume que toda la historia no ha sido contada por las interpretaciones tradicionales de un texto; ella “lee el silencio”, para encontrar pistas que desarrollen una “hermenéutica de recuerdo y reclamación”, para detectar las voces de los oprimidos, que pueden haber sido previamente ignoradas, ya sea deliberadamente o sin  intención. La lectura puede, así, a través del reclamo de lo que ha sido dejado fuera, avanzar hacia una “hermenéutica de proclamación”, que revela interpretaciones frescas, que incluyan a los marginados. Estos términos están adaptados de los estudios de liberación-crítica feminista, originalmente popularizados en los abordajes del Nuevo Testamento, por Elisabeth SchüsslerFiorenza (1983 y 1992ª.), y utilizados por ElaineWainwright (1994b: 638-9)
EL CONTEXTO IMPERIAL
El territorio geográfico que había constituido una vez los reinos bíblicos de Israel y Judá, fue conquistado por una serie de imperios extranjeros, alrededor del siglo VIII a. C. El reino del Norte (Israel) fue el primero en caer, seguido eventualmente por el reino del Sur (Judá) Los libros proféticos de la Biblia Hebrea hablan del caos político y militar, que permitió primero a los asirios y luego a los babilonios, subyugar a estos reinos. En efecto, los babilonios devastaron de tal manera, la tierra y las personas, que el templo de Jerusalén fue derribado hasta el piso y la aristocracia judía fue llevada a Babilonia, luego de asesinar a todas sus familias. Después que sucumbiera el imperio babilonio bajo el imperio persa, a algunos de los judíos (como comenzaron a ser llamados durante su exilio en Babilonia), se les permitió regresar a su tierra natal y reconstruir su templo. Se restauró el alto sacerdocio y los sacrificios se retomaron. Todo bajo la supervisión y control de señores extranjeros, originalmente los persas, bajo Ciro el Grande, pero luego por los griegos, que habían obtenido el control de todo el Mediterráneo oriental, a través de la expansión conducida por Alejandro el Grande. Durante un breve período de 100 años, los judíos ganaron el auto-gobierno, a través de los esfuerzos de los Macabeos, que pudieron vencer a los sucesores de Alejandro y establecer una teocracia en Judea, bajo la familia de los Asmoneos.
Entre tanto, mientras los judíos estaban tan ocupados, otro poder extranjero había construido un gran imperio en el mundo Mediterráneo. Primero bajo su Senado y luego bajo una serie de Triunviratos, la República de Roma había extendido su poder militar y político, suplantando al Imperio Helenístico establecido por Alejandro, pero en desorden después de la muerte de este. En el año 64 a. C., a los efectos de asegurar la frontera Oriental del siempre creciente imperio, el ejército romano conquistó y anexó Siria y luego, al año siguiente, volvió su atención a Judea. Hasta este momento, los romanos no habían interferido en el estado judío; sin embargo, vieron una oportunidad de ampliar su base de poder en la región,  cuando los Asmoneos comenzaron a pelearse por quién iba a gobernar. Después de tres meses de sitio, el ejército romano sometió a la ciudad de Jerusalén, capturó el templo y declaró a uno de los Asmoneos como sumo sacerdote, por la fuerza de las armas.
Sin embargo, en un movimiento que iba a tener repercusiones de largo plazo, Roma quitó a la familia del gobierno político, e instaló como administrador a un judío extranjero, llamado Antipater. Así, Palestina (como llamaban los romanos a los reinos bíblicos de Israel y Judá) se convirtió en un estado vasallo del Imperio romano, en el año 62 a. C.
No obstante esto, el estilo romano de  olvido, era diferente de los previos conquistadores de los judíos. Después de la matanza militar inicial, los romanos pusieron a un gobernador, con el cual podían administrar la jurisdicción como su “mascota” (por ejemplo, Antipater, los dos Herodes, y Arquelao, en el Evangelio de Mateo) Cuando esto falló, los romanos designaron a un militar de los suyos, como gobernador o prefecto (como fue Poncio Pilato) De esta manera, Roma intentó aparecer como benévola frente a sus pueblos subordinados, permitiendo una apariencia de auto-gobierno y una fachada de paz, mientras mantenía un estricto control a través de la ocupación militar, la imposición de tributos y fuertes represiones en caso de insurrección: todo esto habría sido común en el mundo de Jesús de Nazaret.
El Imperio romano alcanzó su zenit bajo César Octavio, el hijo adoptivo de Julio César, quien luchó por el control del liderazgo romano, después del asesinato de su padre y, después de la derrota de Marco Antonio y Cleopatra, asumió toda la autoridad sobre el Imperio, adoptando los títulos de augusto (el digno de reverencia) y príncipe (el primer hombre), en lugar de imperator (emperador) De esta manera, Augusto (como fue conocido desde entonces) comenzó a hacer crecer la ficción de que él era simplemente (“el primero entre muchos”), en lugar de un tirano. Además, a través de los poetas de la corte, como Virgilio y Horacio, se publicó que su gobierno era un período de prosperidad para todo el Imperio, después de décadas de guerra civil, un tiempo llamado Paz Romana. Jesús nació durante el reinado de Augusto (27 a. C. – 14 d. C.); su ministerio y ejecución ocurrieron durante el reinado de Tiberio, el hijo político de Augusto y sucesor (14-37 d. C.) El Evangelio de Mateo fue escrito muy probablemente alrededor de 50 años más tarde, durante el reinado de Domiciano (81-96), cuyo padre, Vespasiano y su hermano Tito, habían sido responsables por la destrucción del templo de Jerusalén en el año 70, después de una década de rebelión judía.
No creo que el Evangelio de Mateo (ninguno del Nuevo Testamento, por esa razón) pueda ser leído adecuadamente sin una comprensión de lo que estaba ocurriendo en el contexto político, social, económico y religioso. En efecto, sostengo que el Evangelio de Mateo, como el de Juan, está compuesto en dos niveles: el primero está en lo que quiere contar (los eventos en la vida de Jesús), mientras el segundo está en lo que ocurría en la época de su escritura (la vida en la comunidad de Mateo) Así, los lectores y oyentes del Evangelio podrían estar alerta no solo del contexto de Jesús, sino también del propio; además, recordarían el contexto completo de la historia judía. Cada uno de estos contextos trata del imperialismo, el colonialismo, la subyugación y dominación; y a través de esta óptica interpreto el Evangelio de Mateo, como un hombre blanco del siglo XXI, norteamericano y “queer”.  La audiencia de Mateo pudo haber recibido las palabras de su Evangelio, con la memoria de la esclavitud, la ocupación, el exilio, los impuestos opresivos y el asesinato aprobado por el gobierno. Así también el lector “queer” de hoy en día lee este Evangelio, recordando la historia de la iglesia con las personas “queer”: quemas patrocinadas por el gobierno, prisiones bajo acusaciones falsas, ejecuciones, exclusión y acoso a gays y lesbianas, prejuicios en todos los niveles sociales. Recordamos también el tratamiento diferente de acuerdo con la ley, a pesar de los impuestos iguales, y la cotidiana ocupación colonial de las mentes, a manos de una sociedad heterosexual.
EL AUTOR Y LA AUDIENCIA
Es imposible discernir si el autor del Evangelio de acuerdo con Mateo, fue mujer u hombre. Es una certeza virtual que el autor no fue  el ex – recaudador de impuestos y discípulo de Jesús,  a menos que fuera muy anciano en el momento de la composición, alrededor de los años 80 d. C. Se han propuesto varias regiones para la localización de su redacción, pero la mayoría de los estudiosos aceptan Siria,  posiblemente la ciudad de Antioquia, como su lugar de origen. Debido al énfasis que hace el Evangelio en la enseñanza, algunos han sugerido que su contexto inmediato fue una escuela (Witherington 1994: Deutsch 1996) Como el autor parece familiarizado con el idioma de Jesús, su historia y su cultura, es probable que él / ella escribía para una comunidad compuesta predominantemente por judíos (Harrington 1991; Meier 1979) Los eruditos no están de acuerdo en cuanto a si los miembros de la comunidad de Mateo fueron judíos cristianos, que ya se habían separado del Judaísmo , o cristianos judíos que todavía se ubicaban dentro de la fe ancestral, pero veían las enseñanzas de Jesús como una interpretación del Judaísmo, entre varias visiones rivales de la autoridad, inmediatamente después de la destrucción del templo de Jerusalén. Creo que el último argumento es el más convincente, y también explica los grandes conflictos en el Evangelio, como una lucha de interfe. (Saldarini: 1994) Más todavía, cuando los vemos de acuerdo con una teoría postcolonial, esta lucha toma el carácter de lo que los sociólogos llaman “violencia horizontal”, cuando, bajo el control de un poder opresivo, grupos marginados se vuelven unos contra otros (Freire: 1970). Se ve esto en la comunidad “queer”, cuando aquellos “en la línea dominante”, acusan a las subculturas más exóticas o “grupos marginados” dentro de la comunidad, por nuestro fracaso en obtener igualdad de derechos.
Recientemente, Warren Carter, en dos estudios importantes, ha demostrado cómo el imperialismo romano puede ser empleado como una clave hermenéutica para leer el Evangelio de Mateo y su retrato de Jesús, así como los orígenes cristianos.

Yo leo este Evangelio como una contra-narración. Es una obra de resistencia, escrita para un grupo religioso ampliamente judío. Se “erige y/o habla sobre/contra” el estatus quo dominado por poder imperial romano y el control de la sinagoga. Resiste a estas estructuras culturales (Carter 2000: 1; se omiten las citas)
Si se asume que fue Antioquia el lugar donde se originó el Evangelio de Mateo, la teoría de Carter es muy llamativa. Antioquia era la capital de la provincia romana de Siria y la residencia de su gobernador, el representante del emperador romano. El gobernador tenía un amplio personal y una residencia palaciega en la ciudad, con cuatro legiones militares a su disposición, que podían ser enviadas a mantener el orden a cualquier lugar donde fuera necesario. Fue desde Antioquia como un lugar estratégico, que las legiones y mercenarios romanos fueron enviados a Galilea y a Judea, para aplastar las rebeliones, durante la Guerra Judía de fines de los 60. El historiador judío Josefo anota que, en la culminación de la guerra, en el año 70, Antioquia era la escena del triunfo militar del general Tito, después de su conquista de Jerusalén; este triunfo implicó enormes botines y esclavos, tomados durante el sitio. Las fuentes primarias también revelan que cinco emperadores romanos visitaron Antioquia, entre la época de Jesús y la composición de este Evangelio. Además de esta presencia imperial, los edificios municipales, los templos, los impuestos y la moneda, así como los rituales cotidianos, habrían imprimido sobre la comunidad judía de la ciudad, la certeza de que eran una minoría sojuzgada bajo el control de Roma.
En efecto, las monedas acuñadas después de la conquista de Judea – que los judíos en el Imperio debían usar cotidianamente – llevan impresas las palabras Iudea Capta (Judea Capturada) o IudeaDevicta (Judea Conquistada), con la efigie del emperador Vespasiano de un lado y Livia Augusta (la esposa de Augusto, que era adorada como diosa después de su muerte) con el aspecto de la diosa Pax (Paz) del otro lado (Carter 2001: 35-46) Además,  el arte del período a menudo pintaba a la Judea conquistada como una mujer suplicante, desnuda, una frecuente imagen imperial / colonial (Lopez 2004; Donaldson 2002)
Más aún, la población residente en Antioquia habría tenido recuerdos económicos diarios del mecanismo imperial romano. La mayor parte de los habitantes de la ciudad pertenecían a la pobre clase artesana, que tenía apenas lo suficiente para sobrevivir; la ciudad estaba superpoblada, como resultado de un flujo de refugiados campesinos que habían huido de su región. Esto había sido consecuencia de la pérdida de granjas heredadas, por los impuestos terribles, o debido a la tremenda expoliación de la tierra, a efectos de satisfacer las necesidades de producción de la elite rica imperial. Aunque vivían en Antioquia a fines del siglo I, los oyentes de Mateo habrían visto sus propias penalidades económicas y políticas reflejadas en las historias contenidas en el Evangelio, acerca de la vida en Galilea 50 años antes.
De esta manera, Carter ve el Evangelio de Mateo como una respuesta a las condiciones políticas, religiosas, económicas y sociales en la Antioquía imperial: “El Evangelio desafía la percepción de que Roma debería gobernar el mundo…[y] relativiza los reclamos de Roma, los desmitifica, revela sus defectos, y audazmente se atreve a anunciar la cierta desaparición de Roma en el establecimiento del aún futuro reino de Dios…” (Carter 2001: 53)
Finalmente, la metodología de Carter es útil para nuestra lectura “queer” de Mateo, en el supuesto de que él articula a la comunidad a la que se dirige, como un grupo “en los márgenes” de la sociedad. En primer lugar, como judíos en una ciudad ampliamente gentil, y en segundo lugar,  como aquellos que consideran a Jesús como el Mesías, en medio de otros grupos judíos que no lo reconocen, la comunidad de Mateo está constituida por personas marginadas. Carter, siguiente la hermenéutica de la liberación, se enfrenta a personas marginadas que leen textos y situaciones diferentes porque, en primer término, los marginados viven “en ambos mundos”, la cultura dominante y la del propio grupo; más aún, estos mundos existen “en tensión”, con diferentes valores y responsabilidades. “Ser marginal es existir fuera del centro, en el borde, en la periferia [y] en alguna oposición a la realidad dominante o central; en esta periferia, ellos promueven y mantienen sus propios “responsabilidades, prácticas y visiones del mundo”, como alternativas a los del mundo central dominante, mientras existen en ese mundo” (Carter 2000: 45; citando a Lee 1995: 42-7)
Es esta “en-ambos, sobre-contra, existencia alternativa”, la que crea una interpretación “queer”, exégesis del mundo imperial, y la teoría postcolonial, en coherencia, en mi lectura de Mateo. Como demostraré más adelante, en mi interpretación “queer” de fragmentos de Mateo, los lectores “queer” marcan un acto de balanca entre el mundo hetero, que coloniza nuestras vidas cotidianas. Nuestra propia imaginación “queer”, en la cual somos libres para soñar con el mundo como debería ser, que es precisamente lo que hacía la comunidad de Mateo, cuando se reunía para leer o escuchar los relatos del “imperio alternativo” de Jesús.
Janice Capel Anderson se refiere a esto como la respuesta al “lector real” de Mateo, que ella contrasta con el “lector implícito”, a quien el autor tenía en mente, pero cuyas reacciones podrían no ser las mismas que las del primer lector. Por ejemplo, ella anota que las mujeres lectoras reales reaccionarían en forma diferente al nivel androcéntrico del texto, a una lectura implícita o intencional de un hombre. De la misma manera, los lectores reales “queer” ven matices en el texto que un lector implícito heterosexual ni siquiera consideraría (Anderson 2001: 45-7)
UNA NOTA SOBRE “QUEERING”
El resto de este ensayo será un comentario de fragmentos específicos en el Evangelio de Mateo, desde una perspectiva “queer”, proceso que yo – con otros eruditos “queer” – llamo “queering”. Como se ha anotado más arriba, utilizo el término “queer” en un sentido inclusivo, para referirme a todos aquellos que están desempoderados (que no tienen poder) en un mundo hetero-normativo, sea que se identifiquen como gay, lesbiana, bisexual, trasgénero, heterosexual, cuestionador, o nada de estos. De acuerdo con tal manera de pensar, el término “queer” implica diversidad, debido a su significación imprecisa y difícil – de – definir. Más aún, “queer” tiene ambos sentidos: adjetivo (descriptivo) y verbal (activo) Cuando algo es “queer”, es fuera de lo común, de lo ordinario, inusual e inconformista, para la cultura dominante. Una persona “queer” puede ser vista como transgresora, heterodoxa, radical, contra, porque una sociedad imperialista y hetero-normativa, esta persona navega en oposición intencional a una corriente aparentemente fija. De la misma forma, el verbo “queer” nos recuerda el antiguo sentido inglés del verbo “tostir up” (agitar); es decir, no adaptarse a las respuestas fáciles del estatus quo. Así, “queer” una parte de la Escritura, es interpretarla de una manera no usual y no-normativa, para sacudirla y ver cómo podría ser reconfigurada, o incluso, como el teólogo “queer” y activista Robert Goss ha afirmado, rebuscar lo que ya ha sido buscado (Goss 1993) Como he escrito en otra parte, “una hermenéutica “queer”…no solo es “queer”, sino que lo será: Debe ser un cuestionamiento y una volverse a montones de tradiciones heteropatriarcales, para revelar lo que hay debajo de ellas” (Bohache 2003: 25)

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