Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

domingo, 4 de marzo de 2012

PREVENCION DEL VIH una conversación teológica global.

PREVENCION DEL VIH;una conversación teológica global (continuación)
Editora Guillian Paterson - Alianza Ecuménica de Acción Mundial - Ginebra.
 
Capítulo 1

Teología y prevención del VIH: el discurso de la vida.

Las epidemias son momentos de verdad en los cuales se develan tanto los conocimientos como el poder.– Neville Hicks citando a Didier Fassin (4)

La epidemia del VIH ha resultado ser, para la salud pública y otras disciplinas seglares, una especie de kairós: el momento justo, un momento oportuno que no ha de desaprovecharse, en el que nuevos discernimientos pueden conducir a nuevas formas de pensamiento, de trabajo y de relación con otras personas. Ha sido también así para la teología cristiana y las comprensiones globales acerca del papel que las comunidades de fe juegan o podrían jugar en la respuesta a importantes problemas de salud pública. El presente volumen tiene los propósitos de identificar algunas reflexiones que ha n surgido de la experiencia kairós y sugerir maneras en que los desafíos que ellas plantean pueden ser habilitadores. Porque podría ser que las verdades teológicas ‘develadas’ por el reto de la prevención del VIH cambien a nuestras iglesias para siempre.

Por consiguiente, en este capítulo consideramos la singular contribución que la teología es capaz de hacer al diálogo sobre la prevención del VIH, así como sus limitaciones (Teología y certeza). La siguiente sección (Algunas dificultades teológicas) nombra varios de los retos que se presentan cuando personas de distintas tradiciones teológicas hacen teología juntas. En la sección denominada ‘Hacer’ teología examinamos algunas de las dificultades específicas que teólogas y teólogos de la fe cristiana han enfrentado en sus esfuerzos por ‘hacer teología’ en relación al VIH y el sida.

Las discusiones que condujeron a la producción de este libro dieron lugar a varias sugerencias acerca de las clases de acción que podrían derivarse de ellas. Algunas de estas sugerencias se encuentran al inicio de la Parte III.

Creemos, sin embargo, que el público lector y grupos de lectores querrán llegar a sus propias conclusiones. Por lo tanto, este capítulo (al igual que los Capítulos 2, 3 y 4) concluye alentando a sus lectores a reflexionar en torno a las implicancias de lo que se ha dicho y encontrar maneras de pasar de la reflexión a la acción en su propio contexto particular.

1. Teología y certeza

¿Qué significa hablar de la prevención del VIH desde la perspectiva de la teología cristiana? La carta de apertura subrayó la necesidad de que nuestras discusiones se orienten por aquellas disciplinas seglares a través de las cuales la epidemia es comprendida y por la base de pruebas de la que adquieren su autoridad. También de gran importancia, como una fuente y herramienta de validación en todo debate, es la experiencia real (especialmente la experiencia de las propias personas que están viviendo con el VIH o han sido afectadas por la epidemia).

La mayoría de la gente coincidiría en que la comunidad cristiana está llamada a participar en los esfuerzos por cuidar de las comunidades y personas con VIH; ayudar a prevenir nuevas infecciones y nuevas epidemias del VIH; reducir las muertes innecesarias y frenar las epidemias existentes. En países donde la epidemia está concentrada en poblaciones particulares, todavía existen oportunidades para limitar su propagación y proteger a quienes son vulnerables a la infección. Es contra este telón de fondo que nos abocamos a la tarea de identificar las contribuciones específicas y vitales que la reflexión teológica y bíblica puede hacer a nuestra respuesta a una epidemia que tan copiosamente ha sido descrita a través de las lentes de otros discursos y disciplinas.

Una de las funciones de la teología – que este volumen en parte está diseñado para abordar – es resistir la tentación de refugiarnos en las certezas. Con tantos conocimientos que hoy día están disponibles, es demasiado fácil decir, como lo expresó una persona participante: ‘No me pidan que piense en ello; simplemente denme la respuesta’. Entonces nos convertimos en una sociedad en la cual la investigación puede ser impulsada por la necesidad de demostrar que estamos en lo cierto y no por el deseo de llegar a la verdad (una verdad que podría no ser bienvenida, una verdad posiblemente compleja). Cuando esto se extiende a nuestra lectura de la Biblia, corremos el riesgo de llegar a una comprensión sumamente simplista e insuficientemente matizada acerca de los caminos de Dios.

Encontramos esas diferencias con frecuencia en el curso de las discusiones que llevaron a la producción de este libro. La discusión teológica entre personas cristianas que leen la Biblia como una verdad literal e incuestionable y aquéllas que (por el contrario) adoptan una mirada más contextualizada e histórica puede resultar dolorosa para ambos grupos. Tradiciones diferentes tienen distintos puntos de vista acerca de cómo las Escrituras han de aplicarse a cuestiones contemporáneas, posturas que podrían ser defendidas con una convicción tan absoluta que el diálogo se convierte en una experiencia amenazante. En esta publicación hemos tratado de indicar las diferencias en el enfoque teológico y propiciar que sean escuchadas. Al mismo tiempo, hemos insistido (como lo hicieron las personas participantes en la consulta) en que el diálogo no sólo es posible sino también esencial, que las opiniones divergentes se defienden de buena fe y deben ser escuchadas, y que al final del trayecto hay un terreno teológico común sobre el cual todos y todas podemos hallar suelo firme.

Sin embargo, no es fácil. Por un lado, nos puede dar una sensación de paz y seguridad creer que existe una serie de verdades incuestionables y que sabemos las respuestas; por otra parte, los asuntos teológicos que la prevención del VIH suscita son complejos, no están abiertos a soluciones fáciles y resultan difíciles de abordar desde una postura de certeza religiosa y bíblica. De igual manera, a personas cristianas que adoptan una mirada más matizada y contextual podría acusárseles de perder el poder y la singularidad del mensaje evangélico cuando se adaptan y acomodan demasiado al mundo.

Cuando las iglesias emiten declaraciones o defienden posturas teológicas y éticas particulares, no pueden esperar – por mucho que crean poseer la verdad revelada – que serán inmunes a cuestionamientos; tampoco pueden esperar que sus verdades (por muy evidentes que parezcan) sean aceptadas obedientemente por otros. Es por ello que en estas páginas nos hemos esforzado por elaborar un enfoque teológico a la prevención del VIH tan suficientemente flexible y abarcador que sea capaz de hacer una contribución accesible a la respuesta general a la epidemia en los planos global, local y personal.

2. Algunas dificultades teológicas

Esto no ha sido fácil. Para algunas personas, la prevención del VIH era una simple cuestión de moralidad. Otras la consideraban un problema de salud pública, un problema de género, un problema de justicia social. Al compartir estos puntos de vista surgieron preguntas profundas acerca de la naturaleza de Dios. Por ejemplo: ‘¿Es nuestra imagen de Dios una de venganza y castigo, o es una imagen de amor y vida?’ La respuesta, por supuesto, es que algunos grupos o tradiciones de fe enfatizan el carácter punitivo que le atribuyen a Dios, mientras que otros subrayan características divinas que dan vida y liberan. Con mayor frecuencia, sin embargo, el asunto se torna contextual a medida que se hace evidente que contextos sociales y económicos particulares dan lugar a preguntas particulares. El problema es que las soluciones aparentemente simples y obvias suelen ignorar las dinámicas de la cultura y los roles sociales o de género que ésta impone, lo que conduce a respuestas que asumen que todas las personas son capaces de controlar lo que les sucede. Abordaremos estas discusiones, con más detalle, en otros capítulos.

Personas cristianas de distintas tradiciones también podrían comprender de maneras diferentes la acción salvadora de Dios en el mundo y, por lo tanto, el rol misionero de la Iglesia. ¿Está el mundo irredimiblemente perdido hasta que la Iglesia lo salva para Cristo? ¿O es ya el mundo el sitio de la acción divina, que la Iglesia está llamada a discernir y celebrar? Estas preguntas van al corazón de lo que hoy día entendemos por misión.

3. ‘Hacer’ teología

Al ‘hacer’ teología en lo concerniente a la prevención del VIH , uno de los mayores problemas es la tendencia a ocultar cuestiones importantes bajo un manto de silencio y negación. Una respuesta eficaz a la epidemia del VIH exige que nos centremos en aquellos asuntos frente a los cuales la tradición cristiana se ha sentido incómoda desde hace mucho tiempo. Éstos incluyen, en particular, la desigualdad de género, la violencia, las drogas, las relaciones sexuales y la sexualidad: todos ellos temas de los cuales a muchas personas religiosas les resulta (en la práctica) imposible hablar. El matrimonio, la preparación para éste y lo que dentro de él ocurre también han sido un terreno que a la teología cristiana se le ha dificultado encarar. Más aun, adquirir la infección por VIH, vivir con el VIH, recibir tratamiento para el VIH y también prevenir esta infección son experiencias sumamente físicas. Y, sin embargo, aunque las iglesias celebran el hecho de estar llamadas a ser el Cuerpo de Cristo en la Tierra, a menudo han guardado silencio o sido muy ambivalentes respecto a los cuerpos humanos reales y sus funciones.

Otra serie de asuntos rodea a la relación entre las iglesias institucionales y las poblaciones marginadas, tales como usuarios y usuarias de drogas inyectables, trabajadoras y trabajadores del sexo, personas en prisión y hombres que tienen relaciones sexuales con hombres. Todas estas personas han sido regularmente excluidas o juzgadas, o ambas, por la religión convencional.

Dos principales imágenes teológicas surgieron una y otra vez en el curso de estas discusiones. La primera es la idea de las ‘relaciones verdaderas’, que será abordada a profundidad en otros capítulos. La segunda es el concepto de la vida y la muerte, así como la convicción absoluta de que una orientación cristiana hacia el VIH y el sida debe involucrar no sólo una teología de la vida, sino además una entusiasta y sincera celebración de la vida. Tal como lo dijo una de las personas que participó en las conversaciones en Johannesburgo: ‘Al final, la religión tiene que ver con el amor y la vida. Es necesario mantenernos alertas para asegurar que nuestras propias creencias y valores reflejen esto’.

¿Relaciones verdaderas, amor y vida? Estas nociones positivas, libres de juicios, celebradoras y profundamente bíblicas nos brindan el espacio que necesitamos para ver desde una perspectiva más clara los asuntos incómodos y aparentemente inflexibles. Las relaciones sexuales y la sexualidad se ubican en el discurso de la vida; ideas acerca del género y las relaciones verdaderas colocan la discusión dentro del discurso de la justicia. Más aun, estas nociones tienen la capacidad de energizar las contribuciones cristianas a la respuesta general a la epidemia del VIH tanto en la esfera global como en la comunitaria y la personal. En palabras de una persona participante: ‘El discurso de la muerte (tal como se da en el ámbito de la salud pública al discutir la reducción de riesgos o las cifras sobre mortalidad) y el discurso de la sexualidad (que se escucha aun cuando no se hable de ella en muchas iglesias) son, al final, menos eficaces que el discurso de la vida’.

4. Preguntas para discusión

a.     En el contexto de la prevención del VIH, ¿qué significa pensar teológicamente?

b.     ¿Has tenido discusiones en las cuales ha habido un desacuerdo fundamental respecto a cualquiera de los controversiales asuntos abordados en este capítulo?

c.     ¿Qué valor agrega la teología cristiana a los diversos diálogos sobre la prevención del VIH? ¿Qué se perdería si abandonáramos nuestra búsqueda de una contribución distintivamente cristiana a estos diálogos?

d.     ¿En qué medida debería la eficacia ser un criterio para evaluar un enfoque teológico particular a la prevención del VIH? ¿Cuáles otros criterios podría haber?

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(4) Fassin, Didier, When Bodies Remember: experiences and politics of AIDS in South Africa [Cuando los cuerpos recuerdan: experiencias y política en materia de sida en Sudáfrica] Berkeley: University of California Press, 2007, p. 129.

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