Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica y Apostólica. Personería Jurídica 10103 (M.E.C. Uruguay).

martes, 31 de mayo de 2011

El Evangelio de Juan - séptima entrega

BIBLIA QUEER - EVANGELIO DE JUAN /Robert E. Goss
Traducción MCRP

EL DISCÍPULO AMADO.-

Es en el discurso de despedida que se nos presenta al Discípulo Amado. Hay una intimidad física entre Jesús y él. Está al lado de Jesús (13.23), apoyando la mano en el pecho del maestro. En el discurso, Jesús indica que su amor por sus discípulos es de amistad. Pero la proximidad física del Discípulo Amado y sus conversaciones privadas durante la comida, los destacan. El Discípulo Amado mantiene conversaciones más íntimas. No es un amigo como los demás, porque es el amado por Jesús.

Los estudiosos han discutido largamente si este Discípulo Amado es Juan, el hijo de Zebedeo, Tomás el Mellizo, María Magdalena, Lázaro o un símbolo de la comunidad. Para algunos escritores “queer”, la evidencia apunta a Lázaro (Williams 1992; Wilson 1995: 141-5; Goss 2000: 208-9) Jennings no descarta la posibilidad de Lázaro, pero mantiene que la evidencia no es concluyente. Elizabeth Stuart entiende que el Discípulo Amado está representando la perfecta intimidad con Jesús (Stuart 1995: 171) El Discípulo Amado actúa como un testigo de Jesús, y parece comprenderlo mejor que cualquier otro en el Evangelio. La consecuencia dentro del texto: él es el autor del Evangelio, y su particular intimidad con Jesús da autoridad a este libro.

Durante casi dos milenios, los hombres atraídos por el mismo sexo han intuido una relación homoerótica entre Jesús y el Discípulo Amado (Goss 2002: 113-139; Jennings 2003: 75-91; Boisvert 2004: 200) Han leído correctamente la relación entre ellos como una rara instancia de deseo homoerótico, encontrando momentos de gracia y auto-aceptación en esta relación. Van Tilborg escribe acerca de la renuencia de estudiosos heterosexistas para aceptar este modelo de la relación entre Jesús y el Discípulo Amado:

“La razón de que la exégesis científica no conectara la relación del maestro Jesús y su discípulo amado con este ambiente educacional típico es, probablemente, que la sexualidad está presente en la mayoría de los textos relacionados, o al menos no está lejos. El amor por el “pais” en el contexto de la educación y el entrenamiento, tiene connotaciones sexuales en el pensamiento y la acción griegos y helenísticos, que no pueden ponerse en línea con el texto asexuado del Evangelio de Juan”. (Van Tilborg 1993: 79)

Hay una intimidad entre Jesús y el Discípulo Amado que se destaca en el Evangelio, y los hombres gays han comprendido el Cuarto Evangelio desde los contextos de sus vidas homoeróticas. Jennings tiene la esperanza de que las lecturas gay del discípulo que Jesús amaba permitirían que los eruditos bíblicos reconsideraran los materiales bíblicos desde una nueva perspectiva: “Quizás un día, incluso aquellos que han sido remojados en la historia cristiana, puedan leer con ojos abiertos la historia de Jesús y el hombre a quien Él amaba” (Jennings 2003: 91) Jennings afirma que el Evangelio afirma públicamente que eran amantes (2003: 64)

El Discípulo Amado tiene el papel más prominente en el Cuarto Evangelio. Actúa como intercesor entre Jesús y Pedro y se recuesta en el pecho de Jesús, durante la comida de despedida. El Discípulo Amado está completamente enamorado de Jesús, leal a él y permanece valientemente con Jesús en la vigilia de su muerte, al pie de la cruz. Jesús mira al Discípulo Amado y lo considera como su sustituto en la familia, encomendándole el cuidado de su madre. Cuando María Magdalena le dice que no está en la tumba el cuerpo de Jesús, corre a la tumba y espera a Pedro antes de entrar a la cámara. Jennings destaca la duda del Discípulo Amado, porque está traumatizado desde la muerte del Maestro y no está preparado para ser el cuerpo torturado de Jesús. (Jennings 2003: 29) El Discípulo Amado es el primero en sacar la conclusión de la resurrección de Jesús, mientras mira las ropas que quedaron en la tumba vacía. Se considera a sí mismo como recordando e interpretando las palabras de Jesús en la fe, referidos a la función del Paráclito. Ayuda a la comunidad hacia la fe, escribiendo la historia de la revelación de Dios en Jesús.

Ted Jennings anticipa una objeción a que Jesús y el Discípulo Amado eran pareja y que esto limitaría el amor de Jesús a sus discípulos (Jennings 2003: 94-6) La intimidad física de Jesús y su amor particular hacia el Discípulo Amado no obstruye ni limita su amor por los demás discípulos, y tampoco hacia aquellos marginados por la religión fundamentalista. El clero será el primero en atestiguar cómo esta intimidad especial con una esposa/o abre su amor, y no limita su amor por los demás. La intimidad especial no limita el amor por la humanidad.

Para muchas personas “queer”, el Discípulo Amado sirve como recuerdo de cuán leales hemos sido a la tradición cristiana a pesar de sus exclusiones, su violencia y sus crucifixiones de nuestra gente. Hemos permanecido leales a una tradición cuyas instituciones nos han rechazado constantemente y nos han hecho objetivos del “asalto” cultural. El escritor y estudioso gay Donald Boisvert habla acerca de cuán significativa es la imagen de Jesús y el Discípulo Amado: “Es, sin embargo, una imagen hermosa, una profunda y destacada afirmación de nuestro lugar central como hombres gay en el corazón de Dios” (Boisvert 2004: 2000) Puede ser que no nos quieran las iglesias, pero ciertamente tenemos un lugar en el corazón de Dios.

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Próxima entrega:  EL SIDA, PASIÓN Y MUERTE DE JESÚS.

lunes, 30 de mayo de 2011

Institución de Ministerios

 
 
El próximo sábado 11 de junio, a las 17.00 hs. en la celebración de la Vigilia de Pentecostés, diversas personas de la Iglesia serán instituidas como ministros y ministras según sus dones.

Contamos con tu oración y participación.

domingo, 29 de mayo de 2011

Tiempo del Espíritu - Tiempo de la Iglesia

 Reflexión semanal - Sexto Domingo de Pascua.
 
“Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que les mande otro Defensor, el Espíritu de la verdad, para que esté siempre con ustedes. Los que son del mundo no lo pueden recibir, porque no lo ven ni lo conocen; pero ustedes lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes. 
 
“No los voy a dejar huérfanos; volveré para estar con ustedes. Dentro de poco, los que son del mundo ya no me verán; pero ustedes me verán, y vivirán porque yo vivo. En aquel día, ustedes se darán cuenta de que yo estoy en mi Padre, y ustedes están en mí, y yo en ustedes. El que recibe mis mandamientos y los obedece, demuestra que de veras me ama. Y mi Padre amará al que me ama, y yo también lo amaré y me mostraré a él.” (Jn 14,15-21: versión Biblia de Estudio Dios Habla Hoy).


Este texto del Evangelio de Juan nos introduce en el Tiempo del Espíritu o Tiempo de la Iglesia.


Este tiempo, está marcado por la despedida: Jesús, el Profeta de Nazaret no estará más entre los suyos. La cruz es el acto decisivo de la separación y de la partida: “los que son del mundo ya no me verán”. Pero también está marcado por la promesa. El amor es el acto decisivo del encuentro y la comunión: “pediré al Padre que les mande el Espíritu de la verdad para que esté siempre con ustedes”. 



Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos (v15). El AMOR es el distintivo de las discípulas y los discípulos de Jesús. No existe la posibilidad de amar a Jesús y obedecer sus mandamientos, es decir amar a todas y todos sin excepción, si no es a través del compromiso radical, con los derechos humanos y la dignidad de las personas vulneradas por los poderosos y del servicio solidario, a las personas discriminadas y excluidas, víctimas de la sociedad, la cultura y la religión (cf. 1Jn. 4,20).


Amar a Jesús significa decir y hacer lo que él dijo e hizo (cf. Jn 14,6). 



Los que son del mundo ya no me verán; pero ustedes me verán (v18). Este amor incondicional provocó la muerte de Jesús. Una muerte violenta a manos de los poderosos de la sociedad, la cultura y la religión. Para las discípulas y los discípulos de Jesús, su muerte no significa ausencia. Jesús sigue estando presente en la comunidad que se reúne (cf. Mt. 18,20), en las discípulas y discípulos que sirven a las personas que están en situación de cruz (cf. Mt. 25,34-40).


La Iglesia, enviada a servir a la humanidad, descubre la presencia de Jesús en las personas victimizadas por quienes sirven al poder. De esta forma, denuncia a los poderosos la injusticia que oprime y deshumaniza (cf. Mt. 15,1-9; 23,13-36; 25,45); y anuncia a las víctimas la solidaridad divina para con ellas y la promesa de vida digna, plena y abundante (cf. Jn. 10,10), necesaria aquí y ahora (cf. 1Jn. 4,21). 



Pediré al Padre que les mande otro Defensor, el Espíritu de la verdad (c16). Las discípulas y los discípulos de Jesús no quedamos en soledad tras su muerte. El Espíritu de la Verdad acompaña a la Iglesia en su misión de construir otro mundo posible, donde sean realidades: la paz, la justicia y la equidad para todas las personas sin excepción.


La humanidad y el planeta, claman por este otro mundo posible. Las discípulas y los discípulos de Jesús, tenemos la certeza de que no es una utopía, sino un desafío a construir, aquí y ahora: “En aquel día, ustedes se darán cuenta de que yo estoy en mi Padre, y ustedes están en mí, y yo en ustedes” (v20).


Buena semana para todas y todos.
Obispo Julio.

jueves, 26 de mayo de 2011

El Evangelio de Juan -sexta entrega


EVANGELIO DE JUAN /Robert E. Goss
Traducción MCRP
EL DISCURSO DE DESPEDIDA: LAS INSTRUCCIONES DE JESÚS A LOS CRISTIANOS “OUT”

Acerca de la quinta parte del Evangelio está dedicada al discurso de despedida de Jesús (13.31-17.26), en su última cena. Comienza con un fragmento litúrgico: “Ahora el Hijo del Hombre recibe honra, Dios también recibe honra a través de él, entonces le dará honra al Hijo del hombre a través de sí mismo, y lo hará muy pronto” (13.31-2) El discurso de despedida comienza con este fragmento litúrgico y termina con la oración sacerdotal de glorificación, en el capítulo 17.

Jesús anuncia el final de la existencia encarnada. La muerte traerá el fin de la encarnación, pero también inaugurará la venida del Espíritu Santo. El discurso de despedida es el corazón del Evangelio, el discurso más importante entregado para preparar a los discípulos para la partida de Jesús y su entrega del Espíritu Santo. Es una instrucción para los discípulos de la post-resurrección, sobre cómo vivir en el mundo lleno de conflicto y antagonismo. Es en esta importante sección del Evangelio que el discípulo amado es presentado por primera vez y se le da preeminencia. Yo interpreto el discurso de despedida de Jesús y la oración, como instrucciones a sus discípulos sobre cómo salir al mundo y vivir en él. La comunidad Juanina sufre similares antagonismos y hostilidades a nuestras personas “queer”.

El último discurso de Jesús es como un mensaje de despedida greco-romano o testamento, en que el hablante anuncia su partida inminente, recordando su vida, urgiendo a su audiencia para cumplir sus palabras y acciones, y consolándolos. Jesús está en el mundo, pero no es del mundo, y tiene una cualidad trascendente, sobre-mundana del Jesús resucitado, mientras habla y entrega su mensaje de despedida. Llevados por la llamada de Jesús hacia el discipulado, ellos descubren a Dios en Jesús y uno en el otro.

Comienza con un mandamiento (13.34) a sus discípulos, que se amen entre sí como él los amó. El nuevo mandamiento presupone un igualitarismo comunitario y es crítico de la jerarquía. Este mandamiento de amarse mutuamente luego se extiende en 14.15 y en 15.15, donde Jesús llama a sus discípulos, “amigos”. Habla de la unidad de Dios y Él mismo: “Yo estoy en el Padre, y el Padre en mí” (14.20) Dice a sus discípulos que no estén tristes, porque esta unidad vivirá en ellos (14.19-20) Dios enviará al Paráclito (alguien que está al lado, o defensor”), un abogado para defenderlos y consolarlos. El Paráclito vive en todos los discípulos que aman a Jesús y cumplen sus mandamientos. Sostendrá a los discípulos en un mundo hostil y les enseñará el significado de las palabras de Jesús. Los discípulos amarán a Dios y se amarán entre sí, se convertirán en agentes de la presencia del Dios encarnado, a través del Espíritu.

Los capítulos 15 y 16 se extienden en los temas del capítulo anterior. Jesús utiliza la metáfora de la viña y las ramas para describir la conexión vital que él mantendrá con sus discípulos, después de su partida. Los cristianos asumidos, darán frutos agradables a Dios. Proclama su mandamiento: “Ámense unos a otros como yo los he amado (15.12) Este amor mutuo incluye una disposición para dar la vida unos por los otros. El mundo será hostil a los cristianos. Que Jesús se haya mostrado y hablado abiertamente, hace que el rechazo a los cristianos sea un pecado (15.22: “Si yo no hubiera venido y hablado con ellos, no serían culpables de ningún pecado, pero ahora no tienen excusa”. En la oración sacerdotal (capítulo 17), Jesús ora para que ellos sean uno como él y Dios son uno, y los envía al afuera, a un mundo hostil, para dar testimonio de la verdad.

El discurso de despedida de Jesús deja claro que los discípulos no pueden amar a Dios, a Jesús, o unos a otros en forma separada. El poeta Thomas Traherne escribe: “¿Amarías tú a Dios solo? Dios no puede ser amado”. Bill Countryman comenta este verso:

“Y la capacidad humana para amar – la capacidad que avala la posibilidad de unión con Dios y la posibilidad de unión con otro ser humano- esta capacidad no es múltiple. No hay amor dirigido hacia Dios y otro hacia los seres queridos. De la misma manera, el amor dirigido hacia Dios y los seres humanos no significa que nuestra capacidad de amar esté dividida. Como escribe Traherne, Dios “debe ser amado de todas las formas, con un amor ilimitado, incluso en todas Sus acciones, en todos Sus amigos, en todas Sus criaturas”. (Countryman 2005: 40)

No podemos compartimentar el amor de Dios y del amor a los seres humanos. Amar a Dios no impide el amor a los hermanos y a la humanidad. Son inseparables.

El discurso de despedida de Jesús se dirige a los cristianos “queer”, que viven en un mundo hostil. Así como el hombre ciego fue echado de la sinagoga, la comunidad Juanina fue echada de la sinagoga por su Cristología. Los cristianos “queer” han sido expulsados de sus iglesias, por su amor hacia el mismo sexo.

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Próxima entrega: El discípulo Amado.

domingo, 22 de mayo de 2011

El que crea en mí, hará las mismas obras que yo hago


Quinto Domingo de Pascua

“No se turben; crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. De no ser así, no les habría dicho que voy a prepararles un lugar. Y después de ir y prepararles un lugar, volveré para tomarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Para ir a donde yo voy, ustedes ya conocen el camino.

Entonces Tomás le dijo: *Señor, nosotros no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?.

Jesús contestó: *Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocen a mí, también conocerán al Padre. Pero ya lo conocen y lo han visto.

Felipe le dijo: *Señor, muéstranos al Padre, y eso nos basta.

Jesús le respondió: *Hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces, Felipe? El que me ve a mí ve al Padre. ¿Cómo es que dices: Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Cuando les enseño, esto no viene de mí, sino que el Padre, que permanece en mí, hace sus propias obras. Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanme en esto, o si no, créanlo por las obras mismas. En verdad les digo: El que crea en mí, hará las mismas obras que yo hago y, como ahora voy al Padre, las hará aún mayores” (Jn. 14,1-12: versión Biblia Latinoamericana).


El texto bíblico propuesto para hoy los siguientes ejes de reflexión:

1-    Jesús nos propone una fe pragmática.

La fe de las comunidades cristianas es una fe encarnada. Profundamente humana. El evangelista Juan pone en boca de Jesús: “crean en Dios y crean también en mí” (Jn. 14,1). En Jesús reside la plenitud de la Divinidad (cf. Col. 1,19) y también la plenitud de la Humanidad (cf, Jn. 1,14).

Nos resulta imposible creer en Dios si no creemos en Jesús, que es la humanización de la Divinidad. Igualmente, es imposible aceptar el mensaje de Dios si no aceptamos el mensaje de Jesús, profundamente humano, de justicia y solidaridad, de inclusión y equidad para todas y todos. Sin lugar a dudas, un mensaje profundamente divino, de Dios a la Humanidad: “cuando les enseño, esto no viene de mí, sino que el Padre, que permanece en mí, hace sus propias obras” (Jn. 14,10).

Creer en Jesús y aceptar su mensaje, implica encarnarnos en el mundo, es decir, participar activamente en la transformación de las estructuras deshumizadas de la sociedad, la cultura, la economía, la política, la religión. Jesús nos dejó su ejemplo. Por lo tanto, la fe de las comunidades cristianas que nos llamamos la Iglesia de Jesús, no es una fe dogmática sino esencialmente pragmática (Jn. 14,12 cf. Mt. 25,34-40).

2-    Jesús es el fundamento de la Iglesia.

Forma parte de nuestro imaginario religioso, la creencia de que Jesús fundó la Iglesia. Pero él nació, vivió y murió como judío. Pretendió renovar el judaísmo, retornando a las prácticas de solidaridad, poniendo a las personas por encima de las normas y las leyes, que habían sido reemplazadas por las prácticas legalistas, poniendo a la persona por debajo de las normas y leyes (cf. Mt. 15,1-9). En torno a su mensaje se formó un movimiento de renovación del judaísmo.

Cuando este movimiento, las comunidades cristianas conocidas como la secta de los nazarenos, fueron expulsadas de la sinagoga (posterior a los años 70 dC), fundan el cristianismo, lo que llamamos la Iglesia. Por lo tanto, es incorrecto afirmar que fundó la Iglesia.  

Jesús es mucho más que el fundador de la Iglesia. Es su FUNDAMENTO: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14,6). Sin Jesús no hay Iglesia. No cabe ninguna posibilidad de que una comunidad cristiana sea Iglesia, si no es en torno a la PERSONA y el MENSAJE de Jesús de Nazaret, persona y mensaje juntos,  Por eso es tan importante para nuestras comunidades, hacer una correcta interpretación y actualización de los Evangelios para nuestro contexto actual. De no ser así, podemos ser muchas cosas y tal vez muy buenas, pero no la Iglesia de Jesús el Mesías.

3-    Jesús es el rostro humano de Dios.

Jesús “es imagen de Dios invisible” afirma Pablo (Col. 1,13). “La Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros lleno de generoso amor y verdad. Vimos su esplendor, ese esplendor que pertenece al Hijo único del Padre” afirma Juan (Jn. 1,14: versión La Biblia – La Palabra de Dios para todos).

En las palabras y acciones de Jesús se reveló el amor maternal de Dios,  que se hizo solidario con las personas discriminadas y excluidas por la sociedad, la cultura y la religión (cf. Lc. 4,16-2). Su mensaje es Buena Noticia para las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad, porque es el triunfo de la justicia divina sobre la injusticia humana (cf. Mt. 4,17, Lv. 25) y contiene la esperanza de liberación y vida plena, digna y abundante para todas y todos (cf. Jn. 10,10).   

En Jesús descubrimos el rostro de Dios: “el que me ve a mí ve al Padre” (Jn. 14,9). Por eso, el permanente desafío para las comunidades cristianas es estar junto a Jesús, allí en el lugar teológico donde quiso quedarse: en la comunidad reunida en su nombre (cf. Mt. 18,20) y junto a las personas empobrecidas, las marginadas, las discriminadas, las explotadas, las excluidas, las oprimidas (cf. Mt. 25,40).

4-    Jesús confía su misión a la Iglesia.

Creer en Jesús tiene como contrapartida comprometerse con su misión (cf. Jn. 14,12). Jesús envía a sus discípulas y discípulos a la sociedad y la cultura de cada tiempo, para anunciar que otro Dios es posible, aquel que se humaniza hasta llegar a ser Dios con y entre nosotras y nosotros; en otro mundo posible, aquel donde la dignidad y los derechos de las personas y de la creación están por encima de toda norma y tradición; anuncio profético llevado a cabo por otra Iglesia posible, una comunidad de iguales, inclusiva y solidaria con todas las personas, menos dogmática y más pragmática.

Buena semana para todas y todos.
Obispo Julio.