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martes, 6 de julio de 2010

El Evangelio de Lucas según la Biblia Queer - Entrega 4-

EVANGELIO DE LUCAS / Robert E. Goss, en The Queer Bible Commentary. Traducción: M.C.R.P.

HOSPITALIDAD.-

A las personas “queer” les encanta compartir meriendas y fiestas. Nuestras comidas “queer” – ya sean “lluvia” espontáneas o elegantes banquetes – son un medio de conversación, comenzar y continuar relaciones sociales. El alimento y las conductas mientras se come, son parte de un complejo cultural; cumplen funciones sociales y culturales, además de satisfacer necesidades nutricionales. Construyen y expresan relaciones sociales y valores culturales; su forma puede imitar valores familiares y expresar visiones alternativas de relaciones y familias. Las comidas “queer” a menudo están abiertas a parejas, niños, amigos, amigos de amigos y antiguas parejas. John McNeill observa que la hospitalidad es una virtud “queer”, citando a Henri Nouwen y su definición: “esa virtud que nos permite romper la estrechez de nuestros miedos y abrir nuestra casa al extraño, con el entendido de que la salvación llega a nosotros en la forma de un viajero cansado” (McNeill 1988: 97) Para McNeill, la hospitalidad “queer” se expresa en la parábola del Buen Samaritano, donde el samaritano es un “drag queen” que levanta a un hombre herido en la Calle 42 de Nueva York y ve pasar a un sacerdote católico y a un trabajador social (McNeill 1988: 96) Pero vayamos más allá de lo que hace McNeill. Imaginemos que ese hombre herido es un cardenal católico o evangelista de televisión como Pat Robertson.

La sorpresa llega en el amor demostrado hacia alguien que ha perseguido activamente a la comunidad “queer” y ha instalado un clima de violencia social. Comunica el choque intencional de la parábola del samaritano y el mandato de Jesús, en cuanto al amor a nuestros enemigos. El reino de Dios es radicalmente inclusivo, y Jesús recomienda a su audiencia que imiten al samaritano compasivo, un excluido odiado y despreciado de esa época. La hospitalidad “queer”, de la misma manera, encuentra a Dios presente en el extranjero, el enemigo, o el líder religioso homofóbico.

Las comidas son las metáforas de Jesús para hablar del reino de Dios; expresan la inclusividad de Dios, las reglas de Jesús sobre la hospitalidad son profundamente “queer”; hace un giro a las costumbres y valores judíos sobre la comida para mostrar el reino de Dios. Jesús amaba festejar; se opone al ministerio de Juan el Bautista: “Porque Juan el Bautista no ha venido para comer pan y beber vino, y ustedes dicen que tiene un demonio; el Hijo de la Humanidad ha venido a comer y beber y ustedes dicen: Miren a un glotón y borracho, amigo de los cobradores de impuestos y pecadores” (7.34) Jesús se asocia con cobradores de impuestos y pecadores (7.50; 11.4; 15.7,10; 18.9-14; 19.1-10) Sus comidas son fiestas fuera de lugar para los judíos, con sus agendas estrictas de santidad/pureza, porque transgreden esa etiqueta de santidad/pureza y sugieren algo nuevo, con relaciones fuera de los límites. El perdón que Dios entrega a los pecadores, subvierte el sistema del templo, que ofrece sacrificios de reconciliación con Dios.

¿Cuáles son las reglas de hospitalidad en las comidas de Jesús? Él hace “queer” las reglas de etiqueta, detallando a quiénes no invitar: amigos, parientes, vecinos ricos, y cualquiera que pueda devolver el favor de la invitación (14.12) Los huéspedes invitados son reemplazados por los que nadie quiere: los pobres, los lisiados, el rengo y el ciego (14.13-14) La lista de invitados se repite en la parábola de la Gran Cena, en que el anfitrión pide al servidor que vaya a las calles e invite a las personas marginadas, al banquete (14.21) Aquí, Jesús incluso impacta a algunos anfitriones “queer”, invitando no a los super estrellas, sino a aquellos con cuerpos menos que perfectos y los “nadies queer” No existe la capacidad de reciprocidad ni la posibilidad de mejorar el estatus del anfitrión dentro de esos grupos. El orden social es revertido en el reino de Dios, ya que las comidas festivas de Jesús divide a las familias, pone a sus miembros en diferentes lugares, e invita a todo tipo de personas sospechosas, con lugares sociales excluidos y empleos “queer”. Los extraños se convierten así en “de dentro”, y viceversa. Estas comidas expresan metafóricamente la invitación promiscua de Dios, a la gracia y compasión para todos, y la inversión de la jerarquía. Para Dominic Crossan, las comidas de Jesús crean una visión igualitaria del reino de Dios:

“El reino de Jesús, de “nadies” e indeseables, en el aquí y ahora de este mundo, es seguramente igualitaria y, como tal, hace que las distinciones sexuales y sociales, políticas y religiosas se conviertan en completamente irrelevantes y anacrónicas…Pero la falta radical de diferenciación social permanece como un desafío a todas las especificaciones, interpretaciones y actualizaciones del Reino proclamado por Jesús” (Crossan 1991: 298)

Esta visión igualitaria crea un problema para las fracciones judías que competían con su propia política y santidad, y sus intentos de construir muros y barreras alrededor de la gracia de Dios. La gracia incondicional de Dios todavía permanece “fuera de lugar”, o destructiva para la mayoría de iglesias, donde la doctrina, la conducta aceptada y los “corazones puros” (“sin deseos eróticos”) son necesarios para recibir la comunión. Las Iglesias de la Comunidad Metropolitana continúan con las prácticas “queer” de la mesa, con una comunión abierta a todos. En sus servicios, los celebrantes proclaman una invitación abierta: “Esta mesa no pertenece a la ICM, ya sea usted un cristiano practicante o no, es bienvenido/a para recibir la comunión.”

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