Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

domingo, 28 de mayo de 2017

El Tiempo de la Iglesia





El Tiempo de la Iglesia

La gran comisión: “Vayan, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19); el envío a evangelizar va seguido de la gran promesa: “Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).


1.     Tiempos de una nueva evangelización.

Jesús envió a la comunidad apostólica a evangelizar, es decir, llevar la buena noticia de la liberación (Lc 4,18-19) a todas las naciones. Un mensaje liberador e inclusivo para toda la gente sin excepción (Hch 10,34).

La Iglesia en el siglo XXI también es enviada a la sociedad y la cultura contemporáneas a una nueva evangelización. El mensaje es el mismo. Sin embargo los contextos han cambiado, las realidades humanas han cambiado, los destinatarios del mensaje han cambiado. Hay un nuevo auditorio, nuevos opresores y nuevos oprimidos. En esta nueva evangelización, sentimos la necesidad de denunciar a los nuevos opresores, ya no es el imperio romano y la religión judía. En estos nuevos contextos el poder político, que podríamos identificarlo con el gobierno de los EEUU y sus aliados, al igual que el antiguo imperio romano, genera guerras, opresiones, destierros, empobrecimiento, injusticia, dominación. Pero también sentimos la necesidad de denunciar el poder religioso, que ahora podríamos identificarlo con los fundamentalismos, literalismos y dogmatismos religiosos, donde sectores cristianos son parte activa, generando nuevos excluidos, nuevos pecadores, nuevos oprimidos.

En estos nuevos contextos, la Iglesia debe anunciar con fidelidad creativa, el mensaje liberador, sanador e inclusivo de Jesucristo que es buena noticia para todas las personas, invitadas al discipulado (Mt 28,20). Siguiendo el ejemplo de su Maestro y Señor (Jn 13,13) necesita vaciarse, despojarse de todo aquello que pueda identificarla con los poderosos (Fi 2,6-7) y encarnarse en las nuevas realidades (Jn 1,14; Fi 2,7) que hoy enfrentan la sociedad y la cultura: las personas migrantes, las desempleadas, las afrodescendientes, las trans, las trabajadoras sexuales, las que tienen consumo problemático de drogas, las que viven en situación de calle, las víctimas de las guerras químicas… Únicamente, encarnada en estas realidades de opresión y de dolor podrá sanar y sanarse, liberar y liberarse, humanizar y humanizarse, tocando el dolor humano más terrible, más rechazado, más aborrecido, más abominable como el leproso sanado (Mc 1,20-45).

La nueva evangelización nos exige desinstalarnos. Dejar nuestras cátedras, nuestros templos, nuestros santuarios y dirigirnos al lugar de lo profano, del pecado, del dolor humano; para liberar a la humanidad, el Hijo de Dios se hizo humano.


2.     Presencia sacramental.

Jesús nos aseguró su presencia en medio nuestro. Tres realidades sacramentes fuertemente ligadas a la presencia real de Jesucristo en medio de la Iglesia y de la humanidad son: la comunidad reunida en oración (Mt 1,,20), las personas excluidas (Mt 25,34-40) y la Eucaristía (Mt 26,26-28).

Jesús está sacramentalmente presente en la oración comunitaria. Una oración que no aliena a las personas sino que las prepara para el encuentro con Dios en la misión (Mt 10,5-8).

Jesús está sacramentalmente presente  en las personas excluidas. Jesús eligió quedarse especialmente entre nosotros y nosotras en quienes sufren injustamente (Is 53,4). Basta echar un vistazo a nuestro alrededor para identificar a las víctimas del sistema político capitalista neoliberal y de los sistemas fundamentalistas religiosos, incluido aunque nos duela, sectores de cristianismo y del catolicismo.

Jesús está sacramentalmente presente en la Eucaristía. Ésta ha sido la fe de la Iglesia desde sus comienzos (1Cor 11,23-25; Mc 14,12-16; Mt 26,26-28; Lc 22,14-23). Algunos hermanos consideran que la doctrina de la transubstanciación es la única posible que asegura la presencia real dentro del catolicismo, pero esto no es cierto. La doctrina de la transubstanciación se comenzó a gestar en el siglo IX y se oficializó en el Concilio de Trento en el siglo XVII y la catolicidad ha mantenido todos los siglos anteriores la creencia de la presencia real. La transubstanciación es una forma, entre otras, de explicar desde la filosofía un misterio de fe. Perfectamente podemos explicar este misterio desde la teología y desde la razón afirmando que la presencia real es un Misterio y como tal, si lo explicamos mediante la forma que sea, deja de serlo.

Estas tres presencias sacramentales dan cumplimiento a la promesa de Jesús, de permanecer en la Iglesia hasta el fin (Mt 28,20).


3.     La humanidad divinizada

La solemnidad de la Ascensión de Jesús, nos confirma que la humanidad está destinada por designio divino a participar de la vida divina (1Cor 15,28). El Hijo Eterno del Padre que asumió la naturaleza humana, siendo verdadero Dios y verdadero hombre, como nos enseña el Concilio de Calcedonia (451) ahora está en el seno de Dios (Jn 13,13).

La humanidad entera, está destinada a ser divinizada según nos enseñan los Padres de la Iglesia. Ireneo (130-202) afirma: "Porque tal es la razón por la que el Verbo se hizo hombre, y el Hijo de Dios, Hijo del hombre: para que el hombre al entrar en comunión con el Verbo y al recibir así la filiación divina, se convirtiera en hijo de Dios"; y Atanasio (296-373): "Porque el Hijo de Dios se hizo hombre para hacernos Dios". Enseñanza que retomó y profundizó Simeón el nuevo teólogo (949-1022).

La Ascensión es la certeza de esa verdad. Dios, en su infinita misericordia nos tiene preparado un destino divino, haciéndonos partícipes de la vida trinitaria. Por eso, la vida humana es tan digna, tan preciada, tan importante. No solo porque es imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26), sino porque Dios en su misterioso designio (Rom 11,33-34) quiso que la humanidad fuera partícipe de la vida divina. De ahí, la necesidad que tiene la Iglesia de comunicar esta buena noticia a todas las personas. De ahí, el compromiso que tiene la Iglesia de una nueva evangelización, trabajando por la liberación integral de las mujeres y los hombres. De ahí, el deber ético de denunciar toda injusticia e insolidaridad que menoscabe la dignidad y los derechos de las mujeres y los hombres.

Tengan todos y todas una bendecida semana, en oración expectante, preparándonos a Pentecostés +Julio.

sábado, 27 de mayo de 2017

VISPERAS DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR





Estamos finalizando en Tiempo de la Liberación. Durante estas seis semanas hemos ido planteando diversos temas orientados a pensar y pensarnos en “clave de liberación”. Temas que han desatado polémica, que han molestado a muchas personas, pero ninguno de ellos ajenos al Evangelio de Jesucristo. Con el objetivo de contribuir a procesos libertarios desde la experiencia de fe, hemos ido planteando aspectos que nos ayuden a cuestionar nuestra fe mágica. Nos hemos acostumbrado a no cuestionar la forma en que se transmiten las verdades de fe. Hemos divinizado un libro que es histórico y narra la experiencia de Dios que tuvo determinado pueblo, ese libro es la Biblia. Hemos sacralizado la tradición de la Iglesia que no es otra cosa que responder a los grandes interrogantes de la fe desde un contexto determinado. Dos mil años es mucho tiempo. Son muchas lecturas y relecturas. Muchas interpretaciones que se fueron haciendo tradiciones.

Asumimos la cuestionable labor de ayudar a pensar y pensarse desde la catolicidad de la Iglesia. Pretendimos contribuir a sacudirnos de todo el lastre al que nuestra fe se fue aferrando hasta ser una pesada carga para todos y todas. En ese proceso de alivianar el peso reafirmamos aquellos aspectos esenciales y fundantes de la catolicidad que llamamos como los apóstoles y sus sucesores, los padres apostólicos: el depósito de la fe; y cuestionamos aspectos que no hacen a la fe de la Iglesia ni a la Tradición de la Iglesia, sino a tradiciones, devociones, costumbres, enseñanzas de las cuales podemos prescindir. Podemos prescindir si queremos hacerlo. Nadie está obligado u obligada a dejar de creer como lo venía haciendo. Simplemente pretendimos mostrarle que existen otros caminos y que esos caminos son parte de nuestra historia más antigua, más cercana a la comunidad apostólica y al mismo Maestro.

Nos esforzamos por poner en diálogo la fe con la razón y la ciencia. Sabemos que fe y razón no se contradicen. También sabemos que la ciencia ha contribuido muchísimo a madurar los procesos de creer y de transmitir nuestras creencias. Fuimos pasando de una fe mágica a una fe ingenua y de ésta a una fe madura. La ciencia arrojó luz sobre la experiencia de fe. Igualmente el progreso que se ha ido dando a nivel de derechos humanos ha sido otro aspecto fundamental para madurar nuestra experiencia de fe. Este diálogo entre fe con razón y ciencia muchas veces ha sido doloroso, pues fue necesario reconocer que a nivel de fe, existen pocas verdades históricas, que la mayoría son verdades teológicas y ese reconocimiento nos ayudó a reconocer mitos, leyendas, historias que no son propiedad del cristianismo sino que muchos son comunes a otras experiencias de fe. Esta realidad no socaba la fe católica sino que nos ayuda a comprender las realidades humanas en diálogo con la fe desde la perspectiva de nuestra tradición católica.

A lo largo de estas seis semanas del Tiempo de la Liberación, demostramos que la teología utiliza un lenguaje que no nos es propio, nos resulta ajeno, muchas veces distante, en algunos casos incomprensible. La mayoría de la doctrina católica fue producida y puesta por escrito en la pre modernidad pero hoy la Iglesia se encuentra transitando por la post modernidad. Esto no significa que tiremos por la borda nuestras creencias. Esto nos desafía a mantener los contenidos de la catolicidad pero cambiar sus envases, es decir, la forma en que son presentados los artículos de fe. Pretendimos cambiar el lenguaje manteniendo intacto el contenido. Ese fue el mayor desafío: liberarnos de conceptos pre modernos.

Nos encontramos en vísperas a la solemnidad de la Ascensión del Señor, otro concepto que deberíamos revisar. La razón y la ciencia nos han demostrado que no existe un arriba y un abajo, por lo tanto, ni el Señor bajó cuando se encarnó, ni el Señor subió cuando ascendió a “los cielos”. Necesitamos poder explicar esta realidad de nuestra fe a las actuales generaciones que ya no creen en un mundo celestial por encima de nuestro mundo terrenal. ¿Qué pretendieron decir los apóstoles cuando afirmaros “Jesús subió al cielo”?

El acontecimiento pascual, sin lugar a dudas, fue el desafío más grande que encontró la comunidad apostólica para creer y explicar. Seguramente hubo largas conversaciones y reflexiones sobre lo que estaba sucediendo en el grupo de los apóstoles y sus allegados. Aceptar que el Maestro y el Señor ya no estaba con ellos era duro. Se aferraban a sus palabras, a sus recuerdos … sin embargo, había que dejarlo ir para poder continuar y esta realidad, era necesaria explicarla desde la fe y así fue, Marcos y Lucas crearon los relatos de la ascensión y progresivamente se fue incorporando a la fe de la Iglesia a través del Credo Apostólico y del Credo Niceno. En el siglo IV estaba plenamente integrada a la alta cristología.

El contenido del mensaje: la humanidad de Jesús está divinizada se transmite a través de un envase, un envoltorio, una forma de explicar el misterio: Jesús subió al cielo. Y la Iglesia es testigo de esa realidad, por eso se siente enviada al mundo. Tiene el deber de transmitir esa buena noticia: en Jesús la humanidad fue divinizada, pero también tiene la obligación de hacerla entendible en cada época, por lo tanto, necesita revisar el lenguaje teológico para hacerse entender por las mujeres y los hombres del siglo XXI, en tiempos de post modernidad. Este es el desafío que asumimos como iglesia.

Bendiciones a todos y todas +Julio.

domingo, 19 de marzo de 2017

Dios nos invita a renovar la Alianza: 3 er Domingo del Tiempo de la Renovación



3 er Domingo del Tiempo de la Renovación
Ciclo A – Jn 4,5-42

Dios nos invita a renovar la Alianza


1.     El texto en su contexto:

El relato de Jesús y la mujer samaritana (4,4-42) es una verdadera joya de la teología joánica. Presenta diversos aspectos de la figura de Jesús: vinculado a la tradición de los patriarcas (versículo 6), profeta (versículo 18), Mesías esperado (26) y Salvador del mundo (versículo 42).

El relato presenta algunos temas significativos.
Ø En primer tema es el agua (versículos 6-15). Jesús se sentó junto al pozo de Jacob (versículo 6 cf Gn 26; 33,19; 48,22; Jos 24,32). El evangelista nos sitúa en el escenario simbólico del amor entre un hombre y una mujer. Junto a los pozos de aguas han sucedido los encuentros entre mujeres y hombres que finalizan en una boda, tal es el caso de Rebeca, Raquel y Séfora (Gn 24; 29; Ex 2,15-22 cf Prov 5,15-18).
Ø En segundo tema es el vínculo entre un hombre y una mujer, matrimonio o concubinato (versículos 16-18). El evangelista nos remite a la historia de Israel que abandona a su esposo, Dios, tornándose infiel, los cinco maridos  de la mujer samaritana (versículo 18) nos remiten a las cinco ermitas donde se dio culto a siete dioses (2Re 17,33; Os 2,7.9.12.14.15.19).  
Ø En tercer tema es el lugar de culto (versículos 20-25). Se retoma la controversia sobre el lugar de adoración: el monte Sión en Judá que corresponde a la reforma de Josías o el monte Garizín en Samaría que nos remite a la historia de los patriarcas (cf Dt 11,29; 12,5-14; Sal 122; Os 10,8; Jr 19,5; 1Mac 4,46).
Ø El cuarto tema es la realidad agraria (versículos 34-38): siembra, siega, cosecha (Is 9,1; Sal 4,8). El evangelista nos presenta el cumplimiento de las viejas profecías: Samaría está madura para Dios (Os 2,25).

Estos temas se articulan entre sí, si somos capaces de leer Jn 4 a la luz de Os 2. En un entorno amoroso junto al pozo de agua, Jesús y la mujer samaritana representan a Dios que conoce a Samaría y se enamora de ella, haciéndola su esposa. La mujer samaritana que ha tenido cinco maridos representa a Samaría infiel que se apartó de su marido, Dios, para ir tras sus amantes, pervirtiendo el culto. El relato de la cosecha representa a Samaría reconciliada con su primer amor retoma su fecundidad.

Efectivamente, el relato joánico finaliza con el testimonio de la mujer samaritana a quienes habitaban su aldea (versículos 28-29) quienes aceptan al Mesías (versículos 39-42).


2.     El texto en nuestro contexto:

Muchos predicadores (obispos, presbíteros, pastores, diáconos) hoy desarrollarán sus homilías en torno a este encuentro entre Jesús y la mujer samaritana, quedándose con el envase y no con el contenido, compartiendo con sus comunidades el envase y privándolas del contenido. Esta creación teológica de Juan nos revela el amor incondicional de Dios cuya fidelidad es para siempre (Ex 34,6; Dt 7,8-9; Dt 32,4; Jos 23,14;  Is 44; Rom 4,21; 1Tes 5,24; 2Tim 2,13; 2Pe 3,9; Heb 6,13-18); amor y fidelidad que ha ido manifestando a la humanidad, en todos los tiempos y en todos los lugares, desde el acto creacional hasta nuestros días. Pero también, el texto de Juan nos enfrenta a nuestra propia historia de infidelidad.

La actual coyuntura mundial es producto de esa infidelidad: selvas arrasadas, océanos contaminados, continentes empobrecidos, países subdesarrollados y dependientes, poblaciones enteras malnutridas y desnutridas, grandes masas de gentes desempleadas o subempleadas, pueblos originarios desplazadas y sometidos, migraciones forzadas por guerras o pobreza, colectivos de gentes discriminadas y excluidas por género y orientación sexual, personas esclavizadas por las drogas y el comercio sexual; un planeta donde el poder, el dinero, el consumismo y el individualismo se han transformado en “los dioses que gobiernan nuestro mundo”.

Dios nos invita a construir otro mundo posible. Frente a esta realidad conmovedora en que se encuentra la humanidad, el mensaje que nos propone el Evangelio de Juan está plenamente vigente: Dios es fiel, Dios ama entrañablemente, Dios espera todo el tiempo que tenga que esperar a que retornemos, Dios nos invita a renovar la alianza. Jesús es la prueba de ese amor incondicional. Es el rostro misericordioso de Dios (Lc 15). Sus enseñanzas y sus obras nos transmiten la riqueza de la misericordia de un Dios (Ef 2,4) que es Amor (1Jn 4,8).

La Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, fiel a su misión de manifestar el rostro materno de Dios a las personas excluidas y discriminadas (Jn 4,29) renueva una vez más su compromiso con las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad por el sistema religioso anunciándoles y demostrándoles que Dios nos invita a construir otra iglesia posible.

Tengan todos y todas una bendecida semana +Julio.
 


domingo, 12 de marzo de 2017

Abandonando al Cristo dogmático – Recuperando al Mesías Jesús: segundo domingo del tiempo de la Renovación





2º Domingo del Tiempo de la Renovación
Mt 17,1-9  (cf Mc 9,2-13; Lc 9,28-36; 2Pe 1,16-18)

Abandonando al Cristo dogmático – Recuperando al Mesías Jesús


1.     El texto en su contexto:

Seis días después que Jesús realizara el primer anuncio de su muerte (Mt 16,21-28) sucede este acontecimiento que combina una cristofanía (17,2-3) y una teofanía (17,5).

El relato de la Transfiguración es la anticipación de la Resurrección y sin lugar a dudas fue escrito a la luz de la Pascua. Mt 17,1-9 y sus paralelos debe ser leído en referencia al texto de Ex 24,1-18: la confirmación de la Alianza a la que Israel había sido invitado (Ex 19,3-6). Varias son las coincidencias entre el relato de la confirmación de la Alianza de Éxodo y la Transfiguración de los sinópticos:

Ø Moisés sube al monte (Ex 24,9) Jesús sube al monte (17,1).

Ø Moisés va acompañado por Aarón, Nadab y Abihú (Ex 24,1) Jesús lo hace acompañado por Pedro, Santiago y Juan (Mt 17,1).

Ø Moisés está seis días en el monte (Ex 24,16) Jesús seis días después del anuncio de su muerte va con los tres discípulos al monte (Mt 17,1).

Ø A Moisés lo cubre la nube (Ex 24,15) y en el episodio de la Transfiguración son cubiertos por una nube (Mt 17,5).

Ø El pueblo se compromete a obedecer lo que han oído sobre Dios de parte de Moisés (Ex 24,3), a los tres apóstoles se les ordena escuchar a Jesús (Mt 17,5).

Ø La presencia de Dios es experimentada en la renovación de la Alianza (Ex 24,1.10.15-18), la presencia de Dios es experimentada en la Transfiguración (Mt 17,5-6 cf 2Pe 1,16-18).

La luminosidad de Jesús transfigurado nos remite a los relatos vétero testamentarios donde la Gloria de Dios se manifiesta a través de luminosidad (Sal 57,6.12; Eclo 42,16); el rostro de Jesús brilla como el sol (Eclo 17,31); sus vestidos blancos como la luz (Sal 104,2); la nube luminosa (Job 37,15), pero con una diferencia significativa con el texto de Éxodo: en el relato del Nuevo Testamento, la luminosidad proviene de dentro de Jesús y en el relato del Antiguo Testamento del exterior de Moisés.

En la cristofanía, aparecen Moisés, el mediador de la Alianza (Ex 24) y Elías, el primero de los profetas (1Re 17).

La nueve acompaña las Teofanías (Ex 13,21; 16,10; 20,12; 34,5; 40,34; 1Re 8,10-11; Ez 10,3) desde donde se escucha la voz de Dios (Dt 5,22; Sal 99,7). En el relato de la Transfiguración es la voz del Padre que da testimonio del Hijo (Is 42,1; Sal 2,7; Dt 18,15), Jesús es el último de los profetas que se manifiesta bajo la figura del Siervo de Yavé.

El comentario de Pedro nos remite a una situación gozosa que podría hacer haciendo alusión a la Fiesta de las Enramadas.


2.     El texto en nuestro contexto:

Más allá del relato teológico que nos prepara, con el relato de la Transfiguración, al Acontecimiento Pascual ¿qué sucedió esa noche entre Jesús y los tres apóstoles que ellos comprendieron su misión y lograron identificarlo con el Mesías? Ya no había dudas en ellos. La certeza de estar en presencia del Mesías se había instalado en ellos.

La conversación entre Jesús y ellos, los silencios, las miradas, las emociones … todo se resume en la certeza de estar con el Mesías. A partir del compartir con Jesús, la comunidad apostólica construyó  un relato teológico para dar sentido a los que iba sucediendo, primero con Jesús, luego con ellos, finalmente con sus comunidades. Progresivamente se fue construyendo la figura del Cristo dogmático quedando disminuida y casi invisibilizada la figura humana de Jesús de Nazaret, ese hombre que logró convencer a Pedro, Santiago y Juan que él era el Mesías. Enfrentamos el desafío de realizar el camino inverso, partir del Cristo de la fe deconstruyendo su figura hasta identificar al hombre Jesús. Solamente desde este camino de revisión podremos liberar ese encuentro, Maestro – discípulos cuya consecuencia es la certeza que Jesús es el Mesías.

¿Qué sabemos del Jesús histórico? ¿cómo era esa persona fascinante que logró convencer a sus discípulos que era el Mesías? ¿cuántos años tenía? ¿cuál era su estatura? ¿y el color de su piel? ¿y de sus ojos? ¿cómo se ganaba la vida? ¿cómo adquirió esa experiencia cotidiana de la vida de los pobres, de los trabajadores? ¿qué cosas impactó en la vida de sus seguidores? ¿de qué hablaba con ellos en los momentos de intimidad, de confianza, en esas noches de encuentro y diálogo? Sin llegar a recuperar la figura histórica del judío Jesús de Nazaret no podremos hacer nuestra experiencia de fe, seremos simples repetidores de la fe de otros, de la construcción teológica que hicieron otros, creeremos en alguien a quien no conocemos.

El relato de la Transfiguración nos invita a las comunidades discipulares de hoy a reencontrarnos con Jesús para, desde nuestra experiencia de discipulado, redescubrir al Mesías para testimoniarlo a las mujeres y los hombres de nuestro tiempo; un Mesías encarnado en nuestro contexto, partícipe de las tristezas y las alegrías de la humanidad actual, entendedor de las problemáticas de las mujeres y los hombres de nuestro tiempo.

Con este desafío, iniciamos una nueva semana: abrirnos a la experiencia del encuentro con Jesús, a descubrir su humanidad, a entender su forma de creer en Dios, a imitarlo en nuestros entornos. Este recorrido en la fe, no es otra cosa que subir al monte con Jesús, dejar que se nos revele, escucharlo … y así renovar nuestra experiencia de fe.

Buena semana para todos y todas +Julio.