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domingo, 28 de febrero de 2016

Tercer domingo de Cuaresma: Un llamado a la fidelidad y a renovar la Alianza




Tercer domingo de Cuaresma
Ciclo C

Is 55,1-9
1Co 10,1-13
Lc 13,1-9


1.    Los textos en sus contextos:

El profeta Isaías narra el generoso ofrecimiento del Señor.

Dios ofrece los alimentos básicos sin que el pueblo tenga que pagar (versículo 1 cf Eclo 24,19-11; Jn 7,37-38; Ap 21,6; 22,17). Este ofrecimiento es comparable al grito de los aguateros y de los vendedores de alimentos (versículo 2); este versículo tiene similitudes con aquel en que la Sabiduría invita a quienes circulan por las plazas y calles a participar de su banquete (Pr 9,1-6). Dios les ofrece una alianza eterna (versículo 3 cf Jr 31,31; Is 61,8; Jr 32,40; Ez 16,60); la antigua alianza se había roto por la infidelidad de Israel, ahora Dios anuncia una nueva y definitiva alianza, haciendo que la promesa hecha en otro tiempo a David (2 Sam 7,4-16; 1 Re 8,23-26; Sal 89,27-37; Hch 13,34) ahora sea para todo el pueblo. Los versículos siguientes, son una invitación a la conversión: “busquen al Señor”, “llámenlo”, “que el malvado deje su camino”, que el perverso deje sus ideas”, “vuélvanse al Señor”; con la convicción de que Dios perdona (versículos 6-9 cf Lam 3,40-42; Zac 1,3; Mal 3,7).

Pablo, pone como ejemplo a la Iglesia de Corinto, los israelitas que experimentaron el éxodo, quienes a pesar de haber participado de las acciones libertadoras de Dios para con ellos, no correspondieron, prevaleciendo la infidelidad.

Pablo plantea en los versículos 1 y 2, que “entrar en la nube” (Ex 13,21-22; 14,19) y “pasar por el Mar Rojo” (Ex 14,22-29) son una especie de bautismo que unía al pueblo liberado con Moisés, del mismo modo que las cristianas y los cristianos estamos en unión con Cristo por el bautismo (Rom 6,3; 1Co 12,13; Gal 3,27). En el versículo 3 compara el maná con el pan de la Eucaristía (Ex 16,4.35; Jn 6,31-32); y en el versículo 4 compara el agua que brotó de la roca (Ex 17,6; Nm 20,8-11) con el vino de la Eucaristía; la tradición judía sostenía que la roca mencionada en Ex y Nm era la misma y acompañaba al pueblo en sus travesías por el desierto. A pesar de ello, no fueron fieles a Dios (versículo 5 cf Nm 14,16.20-30). En los versículos 6-11, Pablo recuerda las infidelidades de Israel (Nm 11,4.34; Ex 32,6; Nm 16,41-49; 21,5-6; 25,1-18) e invita a la Iglesia de Corinto a no seguir su ejemplo, ya que lo sucedido es enseñanza para nosotros (Ro 15,4); seguidamente, en los versículos 12-13 les invita a confiar en Dios (Dt 7,9; 1Pe 4,19).

Lucas presenta el tema de la necesidad de conversión.

Unas personas contaron a Jesús un episodio de represión del poder público justo a la hora en que se ofrecían los sacrificios en el Templo (versículo 1). Jesús desvincula el episodio de las muertes de estas personas con las de la culpabilidad (versículos 2-5), invitando a todo el pueblo a volverse a Dios. Y les pone una parábola haciendo referencia a la actitud negativa de Israel y sus dirigentes (cf Is 5,1-7; Jr 2,21; 8,13).


2.    Los textos en nuestro contexto:

La infidelidad del pueblo y la invitación de Dios, a retornar a la Alianza, es el tema que nos propone reflexionar este domingo, la liturgia.

La Iglesia, al igual que Israel, ha sido infiel a Dios. A pesar de ser testigo de múltiples experiencias salvíficas, una y otra vez olvida su misión de servir y se arroga el derecho de juzgar y condenar, privando de la gracia a muchas personas y alejándose ella misma de la fuente de vida. De esta forma, aferrada a dogmatismos y literalismos, no se libera ella e impide que otras personas sean liberadas.

La Iglesia, desde su experiencia fundante, está llamada a formar una comunidad de iguales; personas rescatadas, liberadas, sanadas y dignificadas. Sin embargo, a lo largo de la historia pero hasta el presente, ha vulnerado derechos y dignidades en nombre de Jesucristo. Los textos bíblicos nos invitan, como Iglesia, comunidad de creyentes, pueblo de Dios a revisar nuestras acciones, a volvernos hacia Dios, a cambiar nuestra forma de pensar y de actuar.

Este cambio, difícilmente inicie en las estructuras de poder eclesial. Necesariamente, debe iniciar en las bases de la Iglesia para que se tambalee y se desplome la estructura dominante y opresora, instalada en los espacios de poder eclesial.

Dios nos invita a construir espacios eclesiales democráticos, liberadores, restauradores de la dignidad y promotores de derechos; es necesario construir otra iglesia, que se identifique con sus orígenes, que anuncie la buena noticia de la liberación que trajo Jesús (Lc 4,18-19).

Es tarea de cada bautizado y bautizada renovar su fidelidad a los compromisos bautismales, retomar el seguimiento de Jesucristo, asumir la realidad social y cultural de nuestro entorno y asegurarle que la iglesia no le es hostil, por el contrario, es capaz de dialogar, de enseñar y de aprender.

Nos queda planteado el desafío de una conversión personal y comunitaria. El establecimiento del Reinado de Dios en nuestra sociedad y nuestra cultura, no depende tanto de predicaciones eclesiales de conversión a las estructuras sociales y culturales, sino de gestos de conversión reales de la propia Iglesia que sean visibles y entendibles para la sociedad y la cultura.

Bendecida semana para todos y todas +Julio.


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