Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

domingo, 4 de octubre de 2015

Jesús no enseñó sobre el divorcio, sino sobre la protección de aquellas personas dentro del contrato matrimonial, que eran vulneradas por el sistema religioso




20º Domingo después de Pentecostés
Ciclo B – Marcos 10,2-12



1.    El texto en su contexto:

Jesús salió de Galilea hacia las regiones de Judea y Perea (versículo 1). Jesús hablaba con autoridad no como los otros maestros de la ley (Mateo 7,29), por lo tanto convocaba a la gente en torno a sí.

Jesús ya estaba molestando al sistema político y religioso, por lo tanto, los fariseos, preocupados siempre por el cumplimiento de la ley tratan de tenderle una trampa (versículo 2) y le preguntan si el esposo puede divorciarse de su esposa (versículo 2). En aquel tiempo, habían diferentes interpretaciones sobre la ley (Deuteronomio 24,1). La escuela del rabino Shammai era estricta y únicamente aceptaba el divorcio por causa de adulterio, sin embargo, la escuela del rabino Hillel aceptaba el divorcio por varias causas, incluso algunas por faltas bastante leves.  Ambos rabinos eran muy influyentes en la comunidad judía del siglo I y fueron contemporáneos de Jesús; el pensamiento de Shammai tuvo una mayor influencia antes de la destrucción del Templo de Jerusalén (año 70 dC), mientras que el de Hillel tuvo mayor influencia luego de ese acontecimiento. Existen varias anécdotas del fundamentalismo de Shammai.

Jesús, puesto a prueba les remite a la ley de Moisés (versículo 3) a lo que los fariseos responden citando la autorización de Moisés (Deuteronomio 24,1-4; Mateo 5,31). Pero Jesús es categórico en su enseñanza no permitiendo el divorcio (versículos 5-9 cf Gn 1,27; 2,24; 5,2).

¿Será que Jesús era más estricto en el cumplimiento de la ley que Shammai o habrá otra causa para su enseñanza? Si leemos atentamente el texto evangélico, encontramos que hasta aquí, quien puede divorciarse es el hombre, él toma la decisión, él expide el certificado de divorcio, la mujer no es tenida en cuenta. Es que en el sistema político y religioso judío, la mujer era considerada objeto del varón, una posesión más, importante en la medida que pudiera fecundar y dar vida. La mujer divorciada queda socialmente desprotegida, regresa a la casa paterna y difícilmente otro hombre la tomará por esposa. En la respuesta de Jesús a los fariseos, prima la protección de la mujer, asegurando que no pase a engrosar las filas de las personas discriminadas y excluidas por el sistema político y religioso. Jesús es duro con los varones judíos, los llama tercos (versículo 5).

Al parecer, los discípulos varones no quedaron conformes con la respuesta de Jesús y vuelven a preguntarle sobre el divorcio, ahora ya en la intimidad de la comunidad apostólica (versículo 10). La respuesta de Jesús en los versículo 11-12 podemos dividirla en dos partes. La primera, corresponde ciertamente a Jesús (versículo 11): El que se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera” poniendo además, en riesgo de adulterio también a la mujer (Mateo 5,32; 19,9; Lc 16,18); sin embargo, el versículo 12 no correspondería a Jesús, ya que las leyes judías ni siquiera se planteaban la posibilidad de que una mujer pudiera divorciarse de su esposo, esta afirmación no tienen fundamento en el Antiguo Testamento sino en las costumbres romanas; por lo tanto, es muy probable que este versículo fuera agregado para lectores romanos, donde la ley permitía que una mujer pudiera tomar la iniciativa de divorciarse. Este versículo, deja entrever el prejuicio de una comunidad judeocristiana, influenciada por la ley mosaica, frente a una comunidad romanocristiana, influenciada por otra cultura, o simplemente, el prejuicio sostenido por la cultura judía frente a la cultura romana.

El centro del mensaje evangélico de hoy, entonces, no es el divorcio sí o el divorcio no, sino la protección de la mujer que es vulnerada en sus derechos y su dignidad al perder la categoría de esposa y la pone en riesgo de adulterio, en el marco de la ley mosaica, si otro hombre llegara a casarse con ella (Mateo 5,32).



2.    El texto en nuestro contexto:

Las personas cristianas no estamos sometidas a la ley mosaica sino al Evangelio de Jesucristo que es liberador e inclusivo, por lo tanto, no podemos tomar literalmente la enseñanza de Jesús sino en el contexto que se produjo y extraer de ella algunos aprendizajes.

En primer lugar debemos proteger los derechos y la dignidad de las personas en situación de desventaja y vulnerabilidad social y religiosa, así como Jesús lo hizo con las mujeres de su época. Por lo tanto, no podemos fundar nuestra experiencia de fe y nuestra práctica cristiana en nuestros contextos del siglo XXI, sobre una práctica literal de los mitos fundantes del libro del Génesis; en esta lógica, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana:

- Acepta, apoya y celebra el matrimonio igualitario, como expresión del amor entre dos personas, sin importar su sexo.

- Acepta, apoya y promueve el divorcio en situaciones donde se vean vulnerados los derechos y la dignidad de una u otra persona que integra la pareja cuya consecuencia es la inequidad.

En segundo lugar, rechazamos toda posición eclesial fundamentalista y dogmática, como la que mantienen la Iglesia Católica Romana y algunas Iglesias Evangélicas, tanto frente al matrimonio igualitario como frente al divorcio entre personas heterosexuales; el respeto y la dignidad de las personas está por encima de cualquier creencia, costumbre, práctica o ley. Estos hermanos nuestros, pueden creer y practicar lo que ellos entiendan que Di@s les pide, pero de ninguna manera pueden imponerlo al resto de la sociedad.

En tercer lugar resaltamos la enseñanza central del texto evangélico de hoy, donde Jesús nos enseña a proteger a aquellas personas que el sistema religioso coloca en situación de indefensión, inequidad y desprotección.

Buena semana para todos y todas +Julio.


No hay comentarios:

Publicar un comentario