Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

miércoles, 19 de febrero de 2014

Aportes sobre la Declaración de Ultrecht - parte 1

En el marco de los 125 años de la Declaración de Ultrecht





A 125 años de la Declaración de Ultrecht, nuestros y nosotras, la Iglesia Antigua de Uruguay – Diversidad Cristiana, que adherimos a ella, nos sentimos con la obligación de explicarla a las personas miembros de nuestras comunidades, insertas en el mundo actual.


El primer postulado:

“Adherimos fielmente a la Regla de Fe expresada por San Vicente de Lérins en estos términos: "Id teneamus, quod ubique, quod semper, quod ab omnibus creditum est; hoc est etenim vere proprieque catholicum" ("Debe tenerse como propiamente católico aquello que ha sido creído en todas partes, siempre y por todos"). Por esta razón preservamos y profesamos la fe de la Iglesia primitiva, según lo formulado en los símbolos ecuménicos y lo precisamente especificado por las decisiones unánimemente aceptadas de los Concilios Ecuménicos sostenidos en la Iglesia indivisa del primer milenio”.

Los obispos, recurriendo a la tradición de la Iglesia no dividida del primer milenio, declaran su adhesión a la fe de la Iglesia primitiva, asegurada en dos tradiciones católicas.
Por un lado, los símbolos ecuménicos, esto es los tres credos de la Iglesia de la antigüedad: el apostólico, el niceno y el de Atanasio:


1.    Credo apostólico:

Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, Señor nuestro; que fue concebido del Espíritu Santo, nació de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilatos; fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo, y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso; y desde allí vendrá al fin del mundo a juzgar a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida perdurable. Amén.


2.    El credo niceno:

Creo en un solo DIOS, PADRE todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, JESUCRISTO, Hijo único de Dios,

nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz. Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo;
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre. Y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.

Creo en el ESPÍRITU SANTO, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo,
recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.


Creo la iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados.

Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.


3.    El credo de Atanasio:

Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe Católica; el que no la guarde íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre.

Ahora bien, la fe católica es que veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad; sin confundir las personas ni separar las sustancias. Porque una es la persona del Padre y el Hijo y otra (también) la del Espíritu Santo; pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad. Cual el Padre, tal el Hijo, increado (también) el Espíritu Santo; increado el Padre, increado el Hijo, increado (también) el Espíritu Santo; inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso (también) el Espíritu Santo; eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno (también) el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno, como no son tres increados ni tres inmensos, sino un solo increado y un solo inmenso. Igualmente, omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo no son tres omnipotentes, sino un solo omnipotente. Así Dios es el Padre, Dios es el Hijo, Dios es (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres dioses, sino un solo Dios; Así, Señores el Padre, Señor es el Hijo, Señor (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor; porque así como por la cristiana verdad somos compelidos a confesar como Dios y Señor a cada persona en particular; así la religión católica nos prohíbe decir tres dioses y señores. El Padre, por nadie fue hecho ni creado ni engendrado. El Hijo fue por solo el Padre, no hecho ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo, del Padre y del Hijo, no fue hecho ni creado, sino que procede.
Hay, consiguientemente, un solo Padre, no tres padres; un solo Hijo, no tres hijos; un solo Espíritu Santo, no tres espíritus santos; y en esta Trinidad, nada es antes ni después, nada mayor o menor, sino que las tres personas son entre sí coeternas y coiguales, de suerte que, como antes se ha dicho, en todo hay que venerar lo mismo la unidad de la Trinidad que la Trinidad en la unidad. El que quiera , pues, salvarse, así ha sentir de la Trinidad.
Pero es necesario para la eterna salvación creer también fielmente en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo. Es, pues, la fe recta que creemos y confesamos que nuestro Señor Jesucristo, hijo de Dios, es Dios y hombre. Es Dios engendrado de la sustancia del Padre antes de los siglos, y es hombre nacido de la madre en el siglo: perfecto Dios, perfecto hombre, subsistente de alma racional y de carne humana; igual al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad. Mas aun cuando sea Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo, y uno solo no por la conversión de la divinidad en la carne, sino por la asunción de la humanidad en Dios; uno absolutamente, no por confusión de la sustancia, sino por la unidad de la persona. Porque a la manera que el alma racional y la carne es un solo hombre; así Dios y el hombre son un solo Cristo. El cual padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, está sentado al adiestra de Dios Padre omnipotente, desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, y a su venida todos los hombres han de resucitar con sus cuerpos y dar cuenta de sus propios actos, y los que obraron bien, irán a la vida eterna; los que mal, al fuego eterno.

Esta es la fe católica y el que no la creyere fiel y firmemente no podrá salvarse.


Por otro lado, las decisiones unánimes aceptadas de los Concilios Ecuménicos sostenidos en la Iglesia indivisa del primer milenio:


1.    Primer Concilio Ecuménico:

Fue convocado por contra los arrianos, en el año 325, en Nicea,  participando 318 obispos.

Arrio negaba la divinidad del Hijo, “consubstancial” al Padre. El Concilio declaró que Cristo es Dios, siendo de la misma naturaleza que Dios el Padre. Condenó a Arrio como hereje y ratificó la primera parte de los artículos de credo:

“Creemos en un solo Dios, Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles. Y en un solo Señor Jesucristo, el Hijo unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos. Luz de luz; Dios verdadero de Dios verdadero; nacido, no hecho; consubstancial al Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió de los cielos y se encarnó del Espíritu Santo y de María Virgen, y se hizo hombre. Fue crucificado bajo Poncio Pilato, padeció y fue sepultado. Resucitó al tercer día, según las escrituras; y subió a los cielos, y está sentado a la derecha del Padre; y otra vez ha de venir con gloria a juzgar a vivos y a muertos; y su reino no tendrá fin.”


2.    Segundo Concilio Ecuménico:

Fue convocado contra los macedonios, en el año 381, en Constantinopla, participaron 150 obispos.

Macedonio negaba la divinidad del Espíritu Santo, planteando que no era una persona sino un poder de Dios, por lo tanto, inferior al Padre y al Hijo. El Concilio declaró que había un Dios en tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Condenó a Macedonio como hereje y ratificó nuevamente el credo agregando los siguientes artículos:

Y en el Espíritu Santo, Señor vivificador; que procede del Padre; que con el Padre y el Hijo es adorado y juntamente glorificado; que habló por los Profetas. En una sola Iglesia, Santa, Católica y Apostólica. Reconocemos un solo bautismo para la remisión de los pecados. Esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo venidero. Amen.


3.    Tercer Concilio Ecuménico:

Fue convocado a solicitud de Nestorio, en el año 431, en Éfeso, participaron 200 obispos.

Nestorio admitía dos personas en Cristo. Enseñaba que María dio a luz al hombre Jesús, no a Dios (“Logos”, “La Palabra”, “el Verbo”, “Hijo de Dios”). El Logos moraba en Jesucristo como en un templo. Por lo tanto, María debería ser llamada “Christotokos”, Madre de Cristo y no “Theotokos”, Madre de Dios.

El concilio declaró que la Divinidad y la Humanidad de Cristo han sido unidas en la persona única de Cristo. La encarnación es la unión de Dios y el hombre dentro de la persona de Cristo encarnada. María es declarada la “Theotokos” porque ella dio a luz no a un hombre sino a Dios convertido en hombre. La unión de las dos naturalezas de Cristo tuvo lugar de tal forma que una no perturbó a la otra. Y decretó que el texto del credo, elaborado en el primer y segundo concilio ecuménico era completo y prohibió cualquier cambio, añadidura o enmienda.


4.    Cuarto Concilio Ecuménico:

Se realizó contra los monofisitas y el eutiquianismo, en Calcedonia, en el año 451, participaron más de 500 obispos.

Se caracterizó por ser el gran concilio cristológico. Los monofisitas defendían una única naturaleza en Cristo (monos = solo; physis = naturaleza). El eutiquianismo no reconocía en Cristo, dos naturalezas perfectas. El concilio declaró que en Cristo hay dos naturalezas, una Divina y otra Humana, ratificando las enseñanzas de los concilios anteriores, confirmando el credo niceno constantinopolitano del primer concilio (325) y del segundo concilio (281) y condenó a los monofisitas y al eutiquianismo.

Otro aspecto importante de este concilio es que rechazó el credo propuesto por Dionisio “el Exiguo” por haber añadido el término “filioque”. En la teología esta controversia, hace referencia a la postura de los dos grandes patriarcados. La Iglesia de Oriente difiere de la Occidental en lo que expone el Credo Niceno acerca del Espíritu Santo. En la forma Oriental se dice: el Espíritu Santo “procede del Padre”. En la forma Occidental se añaden las palabras: “y del Hijo” (escrito en latín: filioque). La Iglesia Occidental confiesa una doble procesión del Espíritu Santo: “del Padre y del Hijo”. La Iglesia Oriental considera que esto es una herejía.

Finalmente, el concilio el origen divino del primado romano reduciéndolo a un hecho circunstancial por ser la capital imperial:

“Así como los Padres reconocieron a la vieja Roma sus privilegios porque era la ciudad Imperial, movidos por el mismo motivo, los obispos reunidos decidieron concederle iguales privilegios a la sede de la Nueva Roma, juzgando rectamente que la ciudad que se honra con la residencia del Emperador y del Senado, debe gozar de los mismos privilegios que la antigua ciudad Imperial en el campo eclesiástico y ser la segunda después de aquella”.


5.    Quinto Concilio Ecuménico:

Este concilio fue convocado en Constantinopla, hacia el año 451, donde participaron 164 obispos.

El concilio condenó a Teodoro de Mopsuestia, los escritos de Teodoro de Cyrus contra Cirilo y la carta de ibas de Edesa a Moris, acusados de nestorianismo.


6.    Sexto Concilio Ecuménico:

Este concilio fue convocado nuevamente en Constantinopla, hacia el año 680 con la participación de 160 obispos.

El concilio condenó el monotelismo (mono = única y telisis = voluntad) que afectó a Honorio, obispo de Roma. Sergio, Patriarca de Constantinopla consideró que al declarar que hay una sola voluntad en Cristo, los monotelistas Sirios y Egipcios, volverían a la comunión plena, dando fin al cisma. Sofronio, Patriarca de Jerusalén se opuso a esta enseñanza afirmando que era el monofisismo disfrazado.


7.    Séptimo Concilio Ecuménico:

Este concilio fue convocado en Nicea, hacia el año 787 con la participación de 368 obispos.

Este concilio determinó que los íconos y las imágenes sagradas no fueran objeto de adoración sino de veneración puesto que son útiles para elevar la mente de la congregación a los objetos que representan.



Los obispos reunidos en Ultrecht se posicionan en la tradición de la Iglesia de la antigüedad, no dividida, del primer milenio. 

Nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua de Uruguay - Diversidad Cristiana adherimos a estos obispos, en el entendido que son fieles a la tradición y la doctrina de la Iglesia primitiva.


CONTINUARÁ ….

+Julio, obispo de la Iglesia Antigua de Uruguay - Diversidad Cristiana

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