Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

domingo, 14 de agosto de 2011

La solidaridad venció la tradición

Reflexión semanal.
Domingo 20º del Tiempo de la Iglesia.

La solidaridad venció la tradición.

”Jesús se dirigió de allí a la región de Tiro y Sidón. Y una mujer cananea, de aquella región, se le acercó, gritando: —¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! ¡Mi hija tiene un demonio que la hace sufrir mucho!

Jesús no le contestó nada. Entonces sus discípulos se acercaron a él y le rogaron: —Dile a esa mujer que se vaya, porque viene gritando detrás de nosotros.

Jesús dijo: —Dios me ha enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.

Pero la mujer fue a arrodillarse delante de él, diciendo: —¡Señor, ayúdame! Jesús le contestó: —No está bien quitarles el pan a los hijos y dárselo a los perros. Ella le dijo: —Sí, Señor; pero hasta los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.

Entonces le dijo Jesús: —¡Mujer, qué grande es tu fe! Hágase como quieres. Y desde ese mismo momento su hija quedó sana. (Mt. 15,21-28 versión Biblia de Estudio Dios Habla Hoy)



“Una mujer cananea …”

Este texto, es común a Marcos y Mateo. El evangelista Marcos utiliza el término “sirofenicia” (Mc. 7,16) pero Mateo utiliza el nombre que en el Antiguo Testamento se daba a las personas que habitaban la Palestina pagana, la tierra de Canaán.

El contexto geográfico, nos sitúa en tierra de paganos. Personas que no practicaba la religión del Templo de Jerusalén. Una población de diversidad cultural, étnica y religiosa.


“Dios me ha enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel…”

Jesús entendía que Dios le había enviado únicamente al pueblo hebreo (Mt. 15,24) y cuando envía a sus discípulos se mantiene en la misma postura (Mt. 10,5-6): la misión está dirigida únicamente al pueblo de Israel.

A través de su ministerio, tuvo que aprender que todas las personas son llamadas a participar del plan divino (Is. 56,7) más allá de su cultura, su religión, sus tradiciones.


“No está bien quitarles el pan a los hijos y dárselo a los perros…”

Los judíos llamaban “perros” a la población no judía. Era considerado un animal impuro, generalmente era salvaje y carroñero que andaba en jauría (Sal. 22,16-21; Sal. 59,6) aunque algunas veces fuera considerado como animal doméstico. Designar a una persona como “perro” era menospreciala (1Sam 17,43) y despreciarla (1Sam 24,14). También podía hacer referencia a un varón dedicado a la prostitución (Dt. 23,18) o a una persona malvada ((Is. 56,10-11).

Jesús fue parte de un pueblo con su tradición. El aprendió la lengua de su pueblo, las prácticas religiosas de su tierra, las formas de trabajo de sus paisanos, y también de sus tradiciones. Jesús se hizo eco de la práctica de llamar perros a la población no judía.


Señor; pero hasta los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos …”

La mujer, con su fe y sus argumentos, hizo que Jesús cambiara de actitud. Ella hizo posible, la acción misericordiosa e inclusiva de Dios donde, para la religión ortodoxa del Tempo, era imposible.

A través de aquellas personas, de las que se podría pensar  que no tienen nada para aportar, que están en el error, que sus prácticas o sus formas de vida son despreciables o condenables, Dios actúa maravillosamente.


“Hágase como quieres…”

La solidaridad de Jesús, con la mujer pagana, venció a la tradición de la religión ortodoxa del templo de Jerusalén.


El mensaje en y para nuestro contexto …

La Iglesia, continuadora de la misión de Jesús en la humanidad, necesita dejarse interpelar por la sociedad y la cultura, para escuchar la voz de Dios, aquí y ahora.

Las tradiciones, siempre que no discriminen, que no opriman, que no excluyan, que no vulneren derechos y dignidades, son buenas. Pero si esto no ocurre, como Jesús, la Iglesia tiene que mantenerse fiel a la solidaridad y no a la tradición.

Las personas que lideramos comunidades eclesiales y también las comunidades eclesiales, tenemos que pedir perdón por nuestros fundamentalismos, nuestra interpretación literalista de los textos sagrados, nuestras tradiciones eclesiales que tanto dolor, tanta opresión y tanta exclusión generaron y generan a otras personas, por considerarlas que no se ajustan a la ortodoxia religiosa y condenarlas.

Tenemos que cambiar el contenido de nuestro mensaje. Un mensaje que tiene que hacer visible, la solidaridad divina con la humanidad, que tiene que ser portador de liberación e inclusión, para todas las personas, de todos los tiempos y en todos los lugares (cf. Hch. 10,34), siguiendo el ejemplo de Jesús.


Buena semana para todas y todos.
Obispo Julio.

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