23º Domingo después de Pentecostés - El Tiempo de la Iglesia: Oh Dios, te doy gracias porque no soy gay, ni lesbiana, ni bisexual, ni trans. Soy un buen cristiano que cumple tus mandamientos.





Lc 18,9-14

Oh Dios, te doy gracias porque no soy gay, ni lesbiana, ni bisexual, ni trans. Soy un buen cristiano que cumple tus mandamientos.

1.     El texto en su contexto:

En la audiencia de Jesús, había gente religiosa que se sentían seguros de sí mismos, se consideraban personas justas y despreciaban a quienes no eran como ellas (versículo 9). Entonces, por medio de la historia del fariseo y el publicano, Jesús les enseña que Dios se rige por otros valores que no son los del mundo (versículos 10-14).

El primer personaje de la historia era un hombre fariseo, el grupo que más fielmente cumplía con todos los deberes religiosos. El segundo personaje era un publicano, personas que cobraban impuestos para el imperio romano, considerados por el pueblo y las autoridades religiosas un “pecador”; alguien que traicionaba a su pueblo al proporcionar sus servicios al imperio. Ambos personajes oraban a Dios (versículo 10).

El fariseo en su oración juzgaba a otras personas: “son ladronas, malvadas y adúlteras” (versículos 11-12). El publicano a distancia, apesadumbrado, reconociéndose pecador imploraba compasión (versículo 13). Jesús es categórico asegurando que Dios justifica al publicano y no al fariseo (versículos 14-15).


2.     El texto en nuestro contexto:

Algunas personas cristianas, con la misma actitud del fariseo, juzgan a otras personas porque son gays, lesbianas, trans, bisexulaes, trabajadoras y trabajadores sexuales, porque están divorciadas, porque volvieron a casarse, porque se practicaron abortos, porque consumen drogas … Juzgar y despreciar a otras personas las ubica en una posición de seguridad, considerándose justas y buenas.

Pero la enseñanza de Jesús es tajante. Todas las personas discriminadas, excluidas, humilladas, vulneradas en su derecho y su dignidad tienen prioridad para Dios (Mt 11,28). El publicano fue justificado porque creyó confiando en Dios: “El justo vivirá por la fe” afirma Pablo (Rom 1,17 cf Hab 2,4; Gal 3,11; Heb 10,38). Sus obras ni lo salvaron ni lo condenaron pero su fe sí.

Dios no juzga a las personas por lo que son sino por lo que creen. Esa es la gran lección que nos deja el Evangelio en el día de hoy. No importa la orientación sexual, no importa el trabajo que realicen, no importa quienes sean. Únicamente importa su fe. Las personas gays, lesbianas, trans, bisexuales, heterosexuales, intersexuales, trabajadoras y trabajadores sexuales tienen acceso a Dios por la fe no por las obras que realizan. Dios ama a quien cree.

Buena semana para todos y todas +Julio.

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