6º Domingo de Pascua: Una Iglesia que ha olvidado las enseñanzas de Jesús
6º Domingo de Pascua
Ciclo C – Juan 14,23-31
Una
Iglesia que ha olvidado las enseñanzas de Jesús
1. El texto en su contexto
Jesús se está despidiendo de
sus discípulos y discípulas. Jesús comunica el mensaje de Dios que es Padre
(versículos 23-24 cf 7,16; 14,10).
Él intuye el desenlace de la
obra misionera (versículo 25 y 30), pero la comunidad discipular no quedará
sola cuando Jesús ya no esté, el Espíritu Santo que Jesús pidió al Padre
(versículos 16-17) y que a su vez representará a Jesús será el que recuerde las
enseñanzas de Jesús (versículo 26).
Jesús se despide comunicando
su paz (versículo 14,27). Shalom incluye los diversos dones que Jesús entrega a
la comunidad discipular (cf Nm 6,26; Sal 29,11; Is 9,6-7[5-6]; 57,19; Lc 2,14;
Jn 16,33; 20,19.21.26; Rom 5,1; Ef 2,14).
2. El texto en nuestro contexto:
La Iglesia, continuadora de
la obra de Jesucristo, tiene la misión de comunicar a la humanidad el mensaje
de Dios, que es Padre bueno (Lc 15,11-32). Sin embargo, durante siglos se
encargó de distorsionar esta verdad, revelando un Dios vengativo, verdugo,
justiciero, castigador. Un Padre al que difícilmente, las discípulas y los
discípulos de Jesús podemos llamar Abba
(Mc 14,36). Pa, Papito, Papi no son atributos del Dios implacable, omnipotente,
omnisciente y todopoderoso proclamado por la Iglesia.
Jesucristo comunicó el
Espíritu Santo a la Iglesia (Jn 20,22) para que Él recordara las enseñanzas de Jesús
durante su ministerio público (Jn 14,26). La Iglesia, sin embargo, durante
siglos quiso permanecer amnésica, no recordando las palabras y los hechos de
Jesús. En cambio reveló a la humanidad un Rey de Reyes, un Señor de Señores, un
Juez de toda la tierra. Tanto lo repitió que Ella misma se lo creyó, olvidando
al Maestro de Galilea que compartió su vida con pobres, leprosos, prostitutas,
cobradores de impuestos, gente de mala fama (Mc 2,16), devolviéndoles dignidad
e incluyéndoles en una comunidad de iguales.
La paz que comunicó Jesús a
la Iglesia no ha sido la paz que la Iglesia comunica a la humanidad. Jesús se
entregó por amor. A lo largo de los siglos, la Iglesia pidió a la humanidad que
entregara diezmos, posesiones, poder, fortunas, cargos, títulos de nobleza,
sumisión.
El Evangelio de hoy nos urge
a detenernos; abrirnos al Espíritu Santo que nos recuerda las enseñanzas de
Jesús “que pasó sanando y haciendo el bien” (Hch 10,38); pedir perdón a la
humanidad por nuestras intolerancias “cristianas”; aceptar las críticas que
provienen de la sociedad y la cultura por nuestra falta de testimonio;
redescubrir los dones que Jesús comunica a la Iglesia para que los comparta con
la humanidad; asumir una actitud de diálogo y de servicio con la sociedad y la
cultura contemporáneas.
El Evangelio de Jesucristo
es liberador, sanador e inclusivo para todas las personas, en todos los lugares
y de todos los tiempos. La iglesia que no proclama este mensaje no es la
Iglesia de Jesucristo, no es portadora del mensaje que el Padre bueno comunica
a la humanidad, no posé el Espíritu Santo que Jesús pidió y envió.
La Iglesia de Jesucristo es
aquella que comunica la compasión y misericordia del Padre, que dignifica a sus
hermanas y sus hermanos, que ama hasta dar la vida por sus amigos y sus amigas,
que sirve desinteresadamente a quien no puede devolverle nada.
La próxima semana estaremos
celebrando el último domingo de Pascua y la preparación de Pentecostés,
trabajemos arduamente para que estos días seamos comprometidos y radicales
testigos de Jesucristo, el Maestro y el Señor.
Buena semana para todos y todas +Julio.
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