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domingo, 15 de enero de 2017

Jesús es la plenitud de la manifestación de Dios



2º Domingo del Tiempo de la Manifestación de Dios a todos los pueblos.
Ciclo A – Jn 1,29-34

Jesús es la plenitud de la manifestación de Dios

1. El texto en su contexto:

Juan el Bautista da testimonio de Jesús como el que es Elegido de Dios para revelarlo a todos los pueblos (Is 49,3-6). Lo señala como el “Cordero de Dios” (versículo 29) haciendo alusión al cordero pascual (Ex 12,1-24; 1Cor 5,7; 1Pe 1,18-19), al cordero que se sacrificaba diariamente en el Templo (Ex 29,38-42), o al cordero vencedor del mal (Ap 17,14); en cualquiera de las tres alusiones hay una referencia clara al Siervo de Yavé (Is 53,4-7; Hch 8,32) descrito en los cuatro cánticos del Siervo en el profeta Isaías.

Claramente, señala el Bautista que Jesús no es simplemente otro profeta, es el Elegido (Jn 1,15.27.30), en quien reposa la plenitud del Espíritu Santo (versículo 32) para ser comunicado a la humanidad (versículo 33 cf Is 11,1-2; 42,1; 61,1; Mt 3,11.16-17; Hch 1,5; 2,1-4) y de eso da testimonio (versículo 34).

En Jesús, reconocemos el rostro humano, el rostro visible de Dios (Jn 1,1-3.14-18; 1Cor 8,6; Col 1,15-17). Dios se ha manifestado a la humanidad de diversas maneras a lo largo de la historia, pero en Jesús se manifiesta en plenitud a sí mismo (Heb 1,1-3 cf  Sab 7,25-26 y Jn 1,4-9). Ver a Jesús es ver a Dios (Jn 14,9).

2. El texto en nuestro contexto:

Toda la ternura, la compasión y la misericordia de Dios se revela plenamente en las palabras y las acciones de Jesús. La Iglesia está llamada, al igual que Juan el Bautista, a dar testimonio de Él ante todos los pueblos (Mt 28,19). Ella no es propietaria del mensaje, está al servicio de forma que no tiene autoridad para modificarlo.

Nuestra sociedad contemporánea está necesitada del mensaje liberador, sanador e inclusivo de Jesús. Transcurre por la historia dividida, persiguiendo, juzgando y discriminando; prisionera del individualismo, del consumismo, del capitalismo que destruye la vida en todas sus formas. La sociedad entera espera de la Iglesia que manifieste la ternura, la compasión y la misericordia de Dios. Sin embargo, algunos sectores se han atribuido el derecho a modificar el contenido del mensaje descontextualizándolo, reforzando el sistema opresivo que excluye a todas las personas que no se ajustan a las enseñanzas de esas denominaciones cristianas.

Llamada a ser luz para todos los pueblos (Mt 5,14-16), la Iglesia debiera liderar en materia de derechos humanos y dignidad humana y no ser un peso culpabilizador y moralista. Ella revela a la humanidad a Jesús que es la plenitud de la revelación de Dios (Col 2,9).

Nosotros y nosotras, que por el Bautismo pasamos a formar parte de la Iglesia (1Cor 12,12-13) recibimos la misión de dar testimonio de Jesús, el Elegido de Dios que lo revela a sí mismo, comunicando vida plena, digna y abundante (Jn 10,10); comprometidos con los cambios profundos que necesita la sociedad y la propia Iglesia.

Buena semana para todos y todas +Julio.


 


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