Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica y Apostólica. Personería Jurídica 10103 (M.E.C. Uruguay).

domingo, 27 de marzo de 2016

Felices Pascuas de Resurrección




Tengan mucha paz!
Felices Pascuas de Resurrección!

Hoy celebramos el origen de nuestra fe. Los primeros kerigmas cristianos se centraron en el mensaje “Dios resucitó a Jesús” (Hch 2,14-36; 3,11-26; 4,1-22; 5,21b-33). A lo largo de los años las diferentes comunidades cristianas han ido agregando artículos de fe y eso nos ha ido dividiendo. Les invito a todos los hermanos y hermanas de la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, a nuestras amistades y a todas las personas que son miembros y encuentran fuera de Uruguay a trabajar por la unidad de la Iglesia de Jesucristo.

Lo que verdaderamente nos une a todas las denominaciones es la confesión apostólica “Dios resucitó a Jesús”. Este anuncio debe continuar hoy en boca de todos nosotros y todas nosotras para esperanza de las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad. Dios continúa tomando partido por las personas discriminadas y excluidas. Este anuncio no podemos hacerlo en soledad, necesitamos de las otras denominaciones cristianas, por eso les invito a construir la unidad en la diversidad de expresiones, al igual que lo fue la iglesia de la antigüedad.

Tengamos como consigna para nuestro trabajo ecuménico, la recomendación de San Agustín “en lo que es necesario unidad; en lo que es dudoso libertad; en todo caridad”.

Felices Pascuas de Resurrección.

+Julio, obispo de la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana.

sábado, 26 de marzo de 2016

El Resucitado no está aquí en el templo, está entre personas pecadoras y de mala fama




Sábado Santo
Vigilia Pascual 2016
Lc 24,1-12


El evangelista Lucas nos introduce en el misterio de la resurrección del  Señor Jesús. La comunidad apostólica debió hacer un proceso de discernimiento y revisión de su discipulado. El fracaso y la frustración de aquellas personas que siguieron a Jesús desde Galilea hasta Jerusalén fue inmenso. No sólo no llegó el Reinado de Dios como lo esperaban sino que detuvieron, torturaron y ejecutaron públicamente a Jesús, el Maestro que lideraba ese movimiento y en quien habían puesto todas sus esperanzas.

La experiencia de fe de un pequeño grupo de mujeres fue la respuesta de Dios a aquel movimiento desarticulado. Ellas vivenciaron el triunfo de Dios sobre la maldad del poder político y religioso, la justicia que Jesús les anunció no fue aplastada por la injusticia de su muerte en cruz, “porque Dios resucitó a Jesús” (Hch 2,14-36; 3,11-26; 4,1-22; 5,21b-33).

La experiencia del triunfo de Dios resucitando a Jesús, es el centro de la experiencia de fe cristiana. Una experiencia que da la certeza absoluta que Dios toma partido por las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad, liberando, sanando y comunicando vida plena y digna (Jn 10,10). Tal vez no como queremos o esperamos, pero sabemos que lo hace.

Las discípulas y los discípulos de Jesús no podemos quedarnos junto al sepulcro vacío llorando. El Señor Jesús no está ahí. Nos invita a buscarlo entre las personas de mala fama (Lc 15,1-2), aquellas que el sistema religioso rechaza porque no hacen lo que ellos predican. Eso significa Galilea (Mt 16,7), el lugar de quienes están alejados del sistema religiosos: las personas divorciadas o separadas vueltas a casar; las mujeres que han abortado; las personas gays, lesbianas, trans, bisexuales; las que viven en situación de calle, las trabajadoras sexuales, las que viven con vih … tantas a las que el cristianismo ha crucificado.

Nosotros y nosotras, quienes formamos la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, habiendo experimentado la resurrección del Señor Jesús, sabemos que Él no está aquí en el Templo, sino entre quienes las diversas iglesias excluyen, discriminan y condenan, como me gusta llamarles “el octavo sacramento” (Mt 25,31-46).

Les invito entonces, a ponernos en camino e ir a su encuentro. Que esta Pascua sea el inicio de una renovación en nuestro compromiso radical con quienes el sistema político y religioso ha clavado en la cruz de la indiferencia, de la satanización, de la culpabilización para llevarles la Buena Noticia de Jesús: “Dios los ama entrañablemente, sufre junto a ellos y ellas la discriminación y la exclusión, porque son su imagen y semejanza (Gn 1,26), quiere liberarles, sanarles y dignificarles (Lc 15,22-24); para que tengan vida plena, vida digna, vida abundante (Jn 10,10) y participen de la Fiesta de la Vida (Mt 22,1-14)”.

Felices Pascuas de Resurrección
+Julio, Obispo de la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana.

viernes, 25 de marzo de 2016

Viernes Santo: explosión del sadismo cristiano




Viernes Santo – 2016
Jn 18,1-19,42


El relato de la pasión de Jesús sirvió para expresar y representar el sadismo cristiano en toda su expresión. Imágenes de Jesús desfigurado por la tortura se exhiben en templos, se lleva en procesiones, incluso se representa el camino de Jesús hasta la cruz expresando todo el sadismo religioso que durante el año pareciera contenerse o reprimirse. Incluso se venera la cruz como instrumento de muerte, de destrucción de la vida, de destrucción del proyecto de Dios.

Entendemos que el relato de la pasión de Jesús es para que reflexionemos en la injusticia y sus formas extremas con las que convivimos todos los días. Nos invita a mirar a la cruz y ver a tantos millones de seres humanos vulnerados en sus derechos y su dignidad, tanto por el sistema político como por el sistema religioso, incluido el cristianismo. Nos invita a bajar de la cruz a todas las personas oprimidas, discriminadas, excluidas, invisibilizadas.

Nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana afirmamos que Dios no quiso la muerte de Jesús, ella fue la causa inevitable de su vida comprometida radicalmente con las personas excluidas liberándolas, sanándolas, incluyéndolas, dignificándolas. La cruz es la máxima expresión de la rebelión del sistema político y religioso contra el proyecto del Reinado de Dios en la historia humana.

Nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana sentimos el compromiso de revisar nuestra teología y nuestra doctrina cristiana, de humanizarla, de liberarla de la crueldad de un dios sediento de venganza, necesitado de saciar su ego ofendido, torturando y asesinando cruelmente al Justo. Sentimos el compromiso de revelar al Dios, Padre Bueno y Misericordioso que nos reveló Jesucristo (Lc 15).

Invitamos a las Iglesias a poner fin al cristiano – sadismo, paseando imágenes de un Jesús destrozado para comenzar a bajar de la cruz a las hermanas y los hermanos que el mismo sistema religioso y el propio cristianismo han crucificado.

Bendiciones a todos y todas. +Julio.


jueves, 24 de marzo de 2016

Jueves Santo: Un Maestro escandaloso para discípulas y discípulos marginales




Jueves Santo – 2016
Juan 13,1-20.31-35

Tengan mucha paz.

Voy a proponerles, una reflexión alternativa y alterativa sobre el relato del lavatorio de los pies, pretendiendo ubicar el texto en su contexto y desde ahí, preguntarle ¿cuál es el mensaje, para nosotros y nosotras, en la sociedad y la cultura del siglo XXI? En definitiva, una reflexión desde nuestra teología, poco cristiana y mucho más “jesusiana”, que me gustó titular “un Maestro escandaloso para discípulas y discípulos marginales”.

¿Por qué “un Maestro escandaloso…”?

El Evangelio de Juan, nos relata un gesto que interpretado fuera del contexto socio cultural ha servido para resaltar la actitud humilde de Jesús y adormecer nuestra fe. Sin embargo, si leemos este relato, situándonos en su propio contexto, el mensaje es muy diferente. El lavatorio de los pies, es un gesto profundamente escandaloso y revolucionario, si lo interpretamos correctamente. Jesús siendo el Maestro y el Señor, se ubicó en un lugar de servicio, pero no cualquier lugar sino en el último. Para cualquier judío de la época era un verdadero escándalo el gesto de Jesús, por eso es justificada la reacción de Pedro (v 8). La cultura judía era patriarcal. La Ley mandaba que el jefe de familia presidiera la cena pascual. Jesús rompe la tradición del patriarcado y siendo el Maestro y Señor (v13), asume un rol que era tan bajo, que no podían realizarlo ni los esclavos judíos y se reservaba únicamente a los esclavos no judíos, es decir a los esclavos paganos y a las mujeres (Lc 7,37-50). El evangelista Juan resalta el gesto: Jesús no es un hombre cualquiera que se humilla haciendo la tarea de una mujer, es el Maestro, un título de respeto equivalente a Rabí (1,38; 11,28; 20,16) y el Señor, probablemente Juan se lo atribuye reafirmando su divinidad (20,28), quien rompe la tradición del patriarcado. Pero también resalta el alcance del gesto: “Yo les he dado un ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo que yo les he hecho” (v 15).

Finalmente y reforzando ese gesto escandaloso y revolucionario, Jesús entrega el nuevo mandamiento. No es que se sume otro mandamiento a los ya existentes, sino que es el único mandamiento que estamos obligados a cumplir sus discípulas y discípulos. Es el mandamiento que nos hace testigos de Jesús en la sociedad y la cultura en que nos toca vivir: “Si se aman los unos a los otros, todo el mundo se dará cuenta de que son discípulos míos” (v 36).

¿Por qué “…. discípulas y discípulos marginales”?

El grupo que seguía a Jesús estaba formado por personas marginales: mujeres, campesinos empobrecidos, leprosos sanados, prostitutas, cobradores de impuestos que estafaban, revolucionarios, paganos, entre otra gente de mala reputación (Mc 2,15).

La Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana es una iglesia marginal, porque la integramos personas marginadas por la sociedad y la cultura que, habiéndo encontrado a Jesús en algún momento de nuestras vidas, somos o estamos siendo liberadas, sanadas e incluidas en una comunidad de iguales.

¿Cuál es, entonces, el mensaje para nosotros y nosotras, en la sociedad y la cultura del siglo XXI?
Sentimos el desafío de actualizar el gesto de lavado de pies. Un gesto que marca la solidaridad, la fraternidad, la horizontalidad en las relaciones, a la interna de las comunidades y también hacia fuera. Pero fundamentalmente, marca el cambio de paradigmas que estableció Jesús, revelándose contra la cultura del patriarcado establecida y preservada por el poder político y religioso.

Sentimos el desafío de establecer relaciones basadas en el amor, al interior de las comunidades pero también hacia fuera; un amor fundado en el compromiso de unas personas con otras, un amor que se expresa en gestos más que en palabras, un amor que no tiene límites, como el amor con que Jesús nos amó. Pero fundamentalmente, un amor que nos hace testigos ante la sociedad y la cultura contemporánea y nos identifica con el Maestro y Señor.
La comunidad eclesial se caracteriza por brindar un servicio único y exclusivo a la sociedad y la cultura, pero con una preferencia especial a aquellas personas que son discriminadas y excluidas, vulneradas en sus derechos y su dignidad; y ese servicio es proclamarles la buena noticia de Jesús que tiene como mensaje central la liberación, la sanación y la inclusión en una comunidad y una sociedad de iguales, lo que Jesús llamó el Reinado de Dios, irrumpiendo en la historia de la humanidad (Mt 4,17). Un mensaje que confirma que “otro Dios es posible” el revelado por Jesús a través de sus palabras y sus acciones; que “otra Iglesia es posible” cuyo modelo de inclusividad y equidad es la comunidad de hombres y mujeres que Él formó en torno a sí, dejándoles su ejemplo; que ”otro mundo es posible” inclusivo y solidario por el que Jesús luchó hasta entregar su vida. Por eso, nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, implementamos diversas pastorales para las personas:

-          adultas mayores
-          gltb
-          que viven con vih sida
-          que están situación de calle.

Este servicio de la comunidad eclesial a la sociedad, no puede quedar limitado a declaraciones, anuncios o comunicados; nos dice Juan en el prólogo de su evangelio “la Palabra se hizo carne” (1,14); por lo tanto, la comunidad eclesial está llamada a hacer que sus palabras sean acciones. Nos enseña el apóstol que “si uno no ama a su hermano, a quien ve, tampoco puede amar a Dios, a quien no ve. Jesucristo nos ha dado este mandamiento: que el que ama a Dios, ame también a su hermano” (1Jn 4,20-21). No puede haber una verdadera evangelización, un testimonio serio, si no está acompañado de acciones concretas que liberen, sanen e incluyan: movilizando a las personas (Mateo 9,1-7); devolviéndoles vida (Mateo 9,18-19.23-26) plena, digna y abundante (Jn 10,10), permitiéndoles ver (Mateo 9,27-31), devolviéndoles voz (Mateo 9,32-34)…  Esta debiera ser la característica de una Iglesia comprometida con el Evangelio de Jesucristo; por eso, nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana desarrollamos en las diversas pastorales:

-          la visita semanal al residencial Casa Azul para mujeres ancianas;
-          el acompañamiento pastoral a las personas gltb y el trabajo en la promoción de sus derechos civiles realizando matrimonios igualitarios, testificando en juicios de identidad de género, confirmando con el nombre elegido por la persona de acuerdo a su género;
-          el acompañamiento pastoral a las personas con vih tanto en el domicilio como en el proceso de internación, apoyándolas en su reinserción familiar y en la subsistencia;
-          el acompañamiento pastoral a personas en situación de calle, suministrando alimentos, ropa pero fundamentalmente afecto a través de abrazos contenedores y sanadores.

En la Iglesia Antigua - Diversidad Cristiana sentimos el desafío de ir a nuestras raíces, reencontrarnos con aquellas comunidades de la iglesia antigua en los primeros siglos, aprender de ellas el seguimiento del Maestro, comprender como ellas la fe apostólica para comunicarla a la sociedad y la cultura del siglo XXI. Entendemos que este es nuestro servicio en el contexto en el que nos encontramos: generar espacios inclusivos y solidarios, donde compartamos la vida cotidiana a la luz de la experiencia de fe, sólo así tiene sentido la Eucaristía que celebramos cada semana, luego de haber experimentado la presencia real de Jesucristo, en el servicio a las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad (Mt 25,31-46), podemos experimentar la presencia real de Jesucristo en el pan partido, repartido y compartido entre los hermanos y las hermanas de la comunidad.

Bendiciones a todos y todas.

+Julio, obispo de la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana

domingo, 20 de marzo de 2016

Domingo de Ramos: La entrada de Jesús en Jerusalén, es un acontecimiento eminentemente político y no religioso.





Domingo de Ramos
Ciclo C – Lucas 19,28-40



El relato evangélico, hoy ya no presenta a un profeta carismático que alborotaba las aldeas, con un mensaje preocupante a cerca de la proximidad del Reinado de Dios, y con acciones escandalosas como tocar leprosos, sanar enfermos, comer con personas pecadoras y preferir a las empobrecidas.  La forma en que Jesús entra en Jerusalén debió preocupar, no solo a las autoridades judías sino también a las tropas romanas apostadas en la fortaleza Antonia, desde donde controlaban Jerusalén y el Templo.

La Pascua estaba próxima. Era una fiesta religiosa que evocaba la liberación de Egipto en un contexto de opresión de Roma. Generalmente en esa fiesta se producían revueltas impulsadas por judíos piadosos o por extremistas zelotes. Era una época en que llegaban muchas caravanas con judíos provenientes de todas partes para adorar en el Templo. Esta  coyuntura hacía que las tropas romanas estuvieran alertas para sofocar cualquier intento de rebelión contra el imperio.

La caravana de Jesús, llena de gente sencilla, que lo había visto y oído durante su ministerio en Galilea, que esperaba el restablecimiento de la justicia prometida por Dios, prepara una entrada festiva pero también revolucionaria. Las aclamaciones son claramente revolucionarias a los oídos de las autoridades judías, aclamando el reinado de David. En este escenario, muy probablemente, los discípulos más cercanos creyeron que era el momento del establecimiento del reinado anunciado por Jesús. Todo lo que estaba sucediendo era el perfecto caldo de cultivo para un estallido revolucionario. Eso significaba la intervención romana y las autoridades judías sabían bien que esa intervención iba acompañada de una destrucción masiva. Lo que sucedió años más tardes con el incendio de Jerusalén y la destrucción del Templo.

Jesús también podía intuir lo que se estaba gestando. Por eso, a su entrada triunfal cambia algunos elementos. No aparece como el rey montado en caballo, sino humilde, montado en un burro. No se presenta aclamado por un ejército armado, sino por el pueblo con palmas y ramos. Sin embargo, no deja de ser un acontecimiento escandaloso, revolucionario y peligroso que podía alterar la paz romana. La entrada de Jesús en Jerusalén, es un acontecimiento eminentemente político y no religioso.

Jesús pudo llegar a Jerusalén para adorar como otras tantas personas. En esos días había miles. Sin embargo, lo hizo de esta manera, llegando como el rey mesías aclamado por el pueblo.

En estos momentos, Jesús era plenamente consciente del lugar que ocupaba en el proyecto de Dios. La llegada del reino era inminente y él era el portavoz. Pero también podía intuir que estas acciones tendrían su consecuencia inmediata, tanto de parte de las autoridades judías como de las autoridades romanas.

Este domingo de ramos está marcado por la persecución a las cristianas y los cristianos en oriente. Persecuciones que tienen como consecuencia la muerte sin juicio y sin garantías.

Nuestras hermanas y hermanos en la fe, saben que manifestarse como cristianos y cristianas tiene sus consecuencias, por parte de las autoridades gubernamentales, sin embargo continúan congregándose en iglesias, continúan dando testimonio de su fe, continúan reafirmando que el anuncio de Jesús, de un reino de paz y justicia, es plenamente vigente en nuestros tiempos.

La Iglesia de Jesucristo en tiempos de persecución se purifica y se fortalece. El testimonio que dan, niños y niñas, mujeres y hombres perseguidos por su fe, cuestiona nuestra experiencia de fe occidental, interpela nuestras prácticas cristianas, desafía a asumir plenamente y radicalmente el compromiso de trabajar por el reinado de Dios.

Este domingo de ramos nos enfrenta a Jesucristo perseguido en nuestros hermanos y nuestras hermanas de oriente; mientras es discriminado, oprimido y excluido en nuestros hermanos y hermanas de occidente; en los campesinos sin tierra de América Latina, en los desempleados de las grandes ciudades de nuestros países, en las poblaciones originarias expulsadas de sus posesiones, en las víctimas tanto de la guerrilla como de los gobiernos dictatoriales, en las personas que viven en las calles de nuestras ciudades, en los enfermos de sida, en los adolescentes y jóvenes adictos, en las poblaciones gltb, en los afrodescendientes empobrecidos.

La Iglesia de Jesucristo no puede permanecer adorando en el templo de material, sin comprometerse con el Dios que adora, presente plenamente en el templo del hermano o hermana, vulnerado en sus derechos y su dignidad.

El relato evangélico, hoy nos desafía a seguir los pasos escandalosos y revolucionarios de Jesús, que si bien nos invita a aclamar a Dios y su reinado, también nos invita a trabajar para que ese reinado sea posible hoy, aquí y ahora; transformando las estructuras injustas de la sociedad, la economía, la política, la cultura y la religión. Las cristianas y los cristianos no deberíamos pasar por este mundo, sin trabajar para hacer de él, una casa justa, inclusiva y solidaria para todas las personas y para todas las especies, porque sin la vida vegetal y sin la vida animal sanamente equilibradas, la vida humana también es vulnerada.

Sentimos la urgencia de comprometernos en la defensa de los derechos civiles de todos los grupos vulnerados, de los derechos ecológicos de una naturaleza que está siendo devastada y contaminada, de los derechos culturales de los pueblos originarios que están siendo invisibilizados y desplazados, de los derechos migratorios de las personas en busca de mejorar su calidad de vida. Sin este compromiso no tendría sentido estar recordando hoy y celebrando la entrada de Jesús en Jerusalén, como un hecho que denuncia al poder político y religioso su infidelidad a Dios, expresada en la discriminación, la exclusión y la injusticia.


Buena semana santa para todos y todas. +Julio.


domingo, 13 de marzo de 2016

Quinto domingo de Cuaresma: Dios sale a ofrecerles su amistad y restaurar sus vidas, justificándoles e invitándoles a formar parte del pueblo elegido, sin pedirle permiso a los líderes religiosos




Quinto domingo de Cuaresma
Ciclo C
Is 43,16-21
Fi 3,8-11
Jn 8,1-11


1.    Los textos en sus contextos:


En el capítulo 43, Isaías afirma que el Señor es el único Salvador. Los versículos 16-17 dan cuenta de la travesía por el Mar Rojo, cuando el pueblo pasó en medio de las aguas, perseguido por el ejército egipcio y cómo Dios les liberó (Ex 14,13-31). Los versículos 18 al 21 presentan el contraste entre el pasado, es decir, la liberación de Egipto y el futuro, es decir, la liberación de Babilonia. Dios promete un nuevo éxodo, más grandioso que el anterior (Is 52,11-12), donde el pueblo elegido atravesará el desierto asistido por el poder divino (cf Ex 17,1.7; Is 35,6-8; 41,18; 44,3-4); un pueblo renovado y recreado para proclamar las alabanzas de Dios (cf Jr 16,14-15; 23,7-8).

El capítulo 3 de Filipenses presenta el tema de la circuncisión y la ley. En el versículo 8, Pablo plantea la riqueza de haber conocido a Jesucristo y haberse transformado en el supremo bien, por lo cual se puede perderlo todo, porque Él es la única riqueza. En el versículo 9 plantea la riqueza del estar unido, en comunión con Jesucristo, contraponiendo la justicia propia a la justicia de Jesucristo (Rom 1,17 cf 3,20-24; Gal 2,21; 3,21), de esta forma, Pablo manifiesta la acción divina por la cual hace justa a personas pecadoras, librándolas del mal y ubicándolas en una relación de amistad y de renovación de la vida, ya aquí y ahora (Rom 3,21-27; 5,1-2; 8,1-4). En los versículos 10-11, Pablo plantea su deseo de experimentar a Jesucristo resucitado como de participar en sus sufrimientos (Fil 1,29 cf Rom 6,3-14; 2Cor 4,1014; Col 1,24; 1Pe 4,13).

El relato de la mujer adúltera (Jn 8,1-11) interrumpe la narración de 7,52 que continúa en 8,12, lo que permite suponer, que este relato se conservó en forma independiente y luego, por alguna razón fue ubicado en esta sección. Prueba de ello es que en muchos manuscritos falta y en otros está ubicado en otra parte. La historia, presenta a Jesús enseñando a la gente en el Templo de Jerusalén (versículos 1-2), entonces, aquellos que tenían el poder religioso, maestros de la ley y fariseos, trajeron una mujer que habían sorprendido en adulterio (versículo 3) y preguntan a Jesús su opinión respecto a la ejecución tal como manda le ley mosaica (versículos 4-5); pero nótese que ellos dicen: “en la ley, Moisés nos ordenó que se matara a pedradas a esta clase de mujeres”, sin embargo la ley dice: “Si alguien comete adulterio con la mujer de su prójimo, se condenará a muerte tanto al adúltero como a la adúltera” (Lv 20,10 cf 20,14; Lv 18,20; Dt 5,18; 22,22-24); es decir que según la ley, ambos debían ser ejecutados.

La situación en que estos hombres representantes del sistema religioso, ponen a Jesús, no es fácil. Si defendía a la mujer estaría violando la ley mosaica. Si la condenaba entraría en conflicto con el poder político, ya que las autoridades romanas se reservaban el derecho a la pena de muerte (Jn 18,31). Cualquiera de las dos respuestas daría elementos para acusar a Jesús (versículo 6 cf Mt 22,15-22). Frente a la insistencia de la dirigencia religiosa, Jesús les responde con la misma ley (versículo 7 cf Dt 17,7), los testigos, según Deuteronomio eran quienes debían lanzar las primeras piedras y luego el resto del pueblo. La actitud de Jesús, desenmascara la maldad del corazón humano (versículos 8-9 cf Sal 90,8).

En el plano simbólico, varios textos de los profetas presentaban a Dios, que como esposo traicionado, perdonaba y se reconciliaba con la esposa infiel (Os 2; Is 1,21-26; 49; 54; Ez 16). Jesús no vino para juzgar sino para salvar (Jn 12,47) y la salvación de aquella mujer condenada estaba en el perdón (versículos 10-11). Jesucristo, deja en evidencia un adulterio mucho más grave, la infidelidad de los líderes del sistema religioso a su Dios (cf Ez 16; Os 2).


2.    Los textos en nuestro contexto:


Líderes cristianos de la actualidad, empecinados al igual que la dirigencia religiosa de Israel, aferrándose al pasado (Is 43,18) y desconociendo a Jesucristo como supremo bien (Fi 3,8), no logran ver la acción salvadora de Dios en la historia humana (Is 43,16-21), donde sale al encuentro de las personas que el sistema religioso descalifica, rechaza, condena, excluye, ofreciéndoles su amistad y restaurando sus vidas (Fi 3,8-11).

En el Evangelio, Juan contrapone el pecado de la mujer al de la clase dirigente del sistema religioso; si bien aquella mujer fue sorprendida en el acto mismo de adulterio (Jn 8,3), su pecado no era tan grande como el de los líderes religiosos que habían abandonado por completo a Dios (Jn 8,7 cf Os 2; Ez 16). Este Evangelio, hoy es buena noticia para todas las personas que las denominaciones cristianas demonizan, juzgándolas y condenándolas. Este Evangelio, hoy es buena noticia para las personas divorciadas y vueltas a casar, para las divorciadas que han formado parejas de hecho, para quienes se unen por medio del matrimonio igualitario; para las personas gays, lesbianas, bisexuales y trans; para las que viven con vih sida, para las trabajadoras sexuales, para quienes abortaron; porque Dios sale a ofrecerles su amistad y restaurar sus vidas (Fi 3,9) justificándoles (Rom 1,17) e invitándoles a formar parte del pueblo elegido (Is 43,21) sin pedirle permiso a los líderes religiosos.

Nuestras iglesias están llenas de obispos, presbíteros, diáconos, pastores mojigatos, hipócritas, resentidos. Este Evangelio es la gracia de Dios que se derrama clamando justicia por todas las víctimas generadas por el cristianismo y anunciando que Dios ya tomó partido y nada ni nadie va a detenerlo. Dios está restaurando su Iglesia sin la participación de la dirigencia religiosa. Dios, Padre Bueno, está restituyendo derechos y restableciendo la dignidad de quienes fueron vulnerados por la manipulación de textos sagrados y culpabilizados por quienes se sintieron con el derecho de juzgar y condenar en su nombre.

Como profetas, fieles a nuestro compromiso bautismal, denunciamos que algunas denominaciones cristianas no están siendo fieles a su misión de proclamar el evangelio liberador de Jesucristo, por el contrario, pusieron y continúan poniendo cargas insoportables  sobre sus hermanos y hermanas (Mt 23,4), se oponen a su dignificación mediante la inclusión y la equidad social que ofrecen los derechos civiles, aferrándose a leyes religiosas anticuadas y descontextualizadas, en un país que es laico desde hace décadas. Sistemáticamente se oponen al matrimonio igualitario, a la adopción por parte de parejas del mismo sexo, al uso del preservativo, a la salud sexual y reproductiva, a la regulación del cannabis, a la equidad de género. Y como no han logrado imponer sus puntos de vista desde los púlpitos, ahora forman alianzas políticas y desde el Parlamento intentan imponerse.

La Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, proclama que Dios Padre Bueno sale al encuentro de la humanidad, aceptando a todas las personas por igual (Hch 10,34), ofreciendo su amistad e invitándolas a formar parte de un pueblo renovado, cuyo fundamento es Jesucristo. Esa es su voluntad manifestada en la buena noticia de liberación proclamada por Jesucristo (Lc 4,18-21).

Buena semana para todos y todas +Julio.



martes, 8 de marzo de 2016

Dios es un Padre Bueno




Mensaje Pastoral de Cuaresma y Pascua 2016


“Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió  compasión de él. Corrió a su encuentro, y lo recibió con abrazos y besos. El hijo le dijo: ‘Padre mío, he pecado contra  Dios y contra ti; ya no merezco llamarme tu hijo.’ Pero el padre ordenó a sus criados: ‘Saquen pronto la mejor ropa y vístanlo; pónganle también un anillo  en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el becerro más gordo y mátenlo. ¡Vamos a celebrar esto con un banquete! Porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado.’ Comenzaron la fiesta” (Lc 15,20b-24).


Saludo:

Miembros de la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, amigos y amigas de la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana que nos siguen a través de blogspot o de facebook: tengan mucha paz, cada uno y una de ustedes. Esa paz que experimentan en su interior quienes practican la justicia; pues sabemos que sin justicia, no puede haber paz.


Introducción:

Las tres parábolas de la misericordia (Lc 15) son parte de la rica herencia que las antiguas comunidades cristianas nos han legado. En ellas se nos presenta un rostro de Dios, casi ajeno a la historia de la Iglesia, es el Dios revelado por Jesucristo y proclamado en los Evangelios.

Durante milenios, las culturas judeo cristianas hemos vivido la tensión entre un Dios justiciero e implacable (Gn 18,25; 20;4) y un Dios Padre (Is 63,16 cf Dt 1,31; Sal 90,1; Is 41,14). Concebir a Dios como Padre, no fue ajeno al Antiguo Testamento. La concepción paternal de Dios aparece en épocas tempranas de la historia de Israel (Ex 4,22; Dt 32,6; Is 1,2; 43,6; Jr 3,19), sin embargo, la invocación como tal es muy tardía (Eclo 23,4; 51,1; Sab 2,16; 14,3).

Dios Padre, fue la invocación preferida de Jesús (Mc 14,36) transmitiéndola a la comunidad discipular (Mc 6,9; Lc 11,2) y ésta, a las siguientes generaciones (Rom 8,15; Gal 4,6). De hecho, Abbá (Padre) y Malkutá (Reinado) fueron los ejes de la predicación de Jesús. Sin embargo, del Dios Padre experimentado por el pueblo de Israel al Dios Papá revelado por Jesucristo, hay un verdadero abismo. Abbá es un término arameo que usan los niños y las niñas, para dirigirse a su padre; muy similar a los que hoy en día es “Papito”, “Papi” o “Pa”, pronunciado por los hijos e hijas; ni en el Antiguo Testamento, ni en la literatura rabínica encontramos un término tan familiar para relacionarse con Dios. La experiencia personal, que Jesús vivió en su relación con Dios, quiso que sus discípulos y discípulas la continuáramos y por eso nos la transmitió.

Esta experiencia, de una relación íntima entre Dios y la humanidad es el rasgo característico de la proclamación de Jesús. Dios se relaciona con las personas, de la misma forma que lo hace un padre con su hijo o su hija. Sin lugar a dudas, esto ofendía a muchos líderes religiosos de su entorno que consideraban que tal familiaridad no correspondía a la experiencia sagrada.

Nosotras y nosotros, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, fiel a su vocación de retornar a las raíces del cristianismo, nos sentimos con el deber y la obligación de continuar con esta enseñanza de Jesús y de la comunidad apostólica.

Las tres parábolas, revelan una única realidad del Misterio Divino que se manifiesta “rico en misericordia” (Ef 2,4).


1.    La Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana:

“Gente de mala fama se acercaba a Jesús para oírlo”
(Lc 15,1).

La Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana es un espacio de encuentro y celebración para aquellas personas que el sistema religioso cristiano, califica de “pecadores o pecadoras”, porque no interpretan y cumplen las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, como las interpretan y las enseñan quienes integran esas denominaciones, generalmente, fundamentalistas, literalistas y dogmáticas.

Espacio de encuentro, donde las personas se liberan, se contienen y sanan; donde experimentan una nueva forma de ser iglesia, desde el protagonismo, la comunión y la solidaridad. No concebimos una iglesia del anonimato, donde desconocemos quien está sentado o sentada, junto a nosotros o nosotras, a la derecha o a la izquierda. No concebimos una iglesia del individualismo, donde nos vinculamos únicamente con Dios sin hacerlo con quienes nos congregamos en un mismo lugar. No concebimos una iglesia del culto, donde desconocemos las necesidades de quienes están a nuestro lado. Por esta razón, implementamos el Ágape; es decir, la comida en comunión que celebramos previo a la Eucaristía, siguiendo el ejemplo de la comunidad apostólica como expresión de la koinonía, la comunión que debe caracterizar la vida eclesial. Encontramos pruebas del ágape, en diversos escritos del Nuevo Testamento (1Co 11,20-22; Jud 1,12 cf Hch 2,46). Durante esta comida, conversamos de lo vivido durante la semana, de acontecimientos sociales significativos, de nuestras vidas cotidianas; de esta forma compartimos nuestras vivencias apoyándonos mutuamente (Rom 12,15).

Espacio de celebración, cuya máxima expresión es la Eucaristía, como expresión del centro de nuestra experiencia de fe, personal y comunitaria. Unas veces utilizando los salmos, como la comunidad apostólica; otras veces recurriendo a las formas de celebrar que nos relatan los Padres de la Iglesia; vamos desarrollando el espacio de encuentro personal y comunitario de adoración; donde nos reconciliamos con Dios, con nuestros hermanos y hermanas y con la naturaleza; donde damos gracias por los dones recibidos y la experiencia divina en la vida cotidiana; donde pedimos por nuestras necesidades, las de nuestros familiares y amistades, las del mundo entero; donde leemos las Sagradas Escrituras y las interpretamos desde nuestros contextos vitales; donde celebramos la fracción del pan (Hch 2,42) cumpliendo con el mandato del Jesucristo que hemos recibido por la transmisión de quienes nos precedieron en la fe (1Co 11,24).

En ambas instancias de una misma jornada, Ágape y Eucaristía, la comunidad reunida en el nombre de Jesucristo, experimenta la paternidad bondadosa de Dios que sale al encuentro, restaurando y dignificando la vida de sus hijos y sus hijas, porque en realidad, cada persona que llega a nuestra comunidad, lo hace culpabilizada, vulnerada y juzgada por cristianas y cristianos, líderes religiosos que ha optado por el camino de la ley en lugar del camino del Espíritu. Estas personas son divorciadas y vueltas a casar civilmente o han formado una pareja de hecho; otras son gays, lesbianas, bisexuales y trasn que llevan una vida sexual activa o que se han unido en matrimonio; otras en alguna instancia de sus vidas han abortado; otras viven con vih; otras están en situación de calle; otras son trabajadoras sexuales. Somos un escándalo para algunas iglesias cristianas (1Co 1,28); sin embargo, sabemos que Jesucristo es nuestra justicia (1Co 1,30 cf Jer 23,5-6; 33,14-16; 2Co 5,21) y nuestra liberación (1Co 1,30 cf Rom 3,24; Ef 1,7; Col 1,14; 1Pe1,18); Él es la imagen de Dios invisible (Col 1,15), Dios mismo entre nosotros y nosotras (Col 2,9 cf Jn 1,14; Fi 2,6-7).

La Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, renovamos nuestro compromiso de seguir radicalmente a Jesucristo, recibiendo y sirviendo a las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad, porque sabemos por las Escrituras, de que en ellas reside Jesucristo (Mt 25,31-46).


2.    La mediocridad de algunas denominaciones cristianas:

“Los fariseos y los maestros de la ley lo criticaban por esto”
(Lc 15,2).

Por el bautismo, participamos de la vocación profética que Jesucristo confió a la Iglesia y en ella, a cada bautizado y bautizada. Como profetas sentimos la necesidad de ser la conciencia moral de la Iglesia de Jesucristo, por tal motivo, denunciamos la mediocridad de algunas denominaciones cristianas que juzgan a sus hermanos y hermanas, les excluyen y condenan olvidando las enseñanzas del apóstol: Si alguno dice: “Yo amo a Dios”, y al mismo tiempo odia a su hermano, es un mentiroso. Pues si uno no ama a su hermano, a quien ve, tampoco puede amar a Dios, a quien no ve. Jesucristo nos ha dado este mandamiento: que el que ama a Dios, ame también a su hermano” (1Jn 4,20-21 cf 2,9-11; Mt 22,37; Mc 12,29-31). Amar implica necesariamente, aceptar a la otra persona tal cual es; no una creación defectuosa de Dios, sino su imagen y semejanza (Gn 1,27).

Estas denominaciones cristianas utilizan textos de las Sagradas Escrituras, fuera de sus contextos bíblicos, para justificar sus prejuicios y así se atribuyen el derecho de juzgar, olvidando las enseñanzas del Señor: No juzguen a otros, para que Dios no los juzgue a ustedes. Pues Dios los juzgará a ustedes de la misma manera que ustedes juzguen a otros; y con la misma medida con que ustedes den a otros, Dios les dará a ustedes. ¿Por qué te pones a mirar la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no te fijas en el tronco que tú tienes en el tuyo? Y si tú tienes un tronco en tu propio ojo, ¿cómo puedes decirle a tu hermano: ‘Déjame sacarte la astilla que tienes en el ojo’? ¡Hipócrita!, saca primero el tronco de tu propio ojo, y así podrás ver bien para sacar la astilla que tiene tu hermano en el suyo” (Mt 7,1-5).

Nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristian les exhortamos a que dejen ya de culpabilizar y demonizar a las personas. Hemos recibido del Señor, el mandato de liberar, sanar y restaurar (Lc 10,8-9); dejen ya de excluir y oprimir a las personas porque piensan y actúan diferente a lo que ustedes desean “porque Dios, no hace diferencia entre las personas” (Hch 10,34).

Como el hijo mayor de la parábola se están auto excluyendo de la Fiesta (Lc 15,25-32) pues no han aprendido el sentido de las Escrituras: “Lo que quiero es que sean compasivos, y no que ofrezcan sacrificios.’ Pues yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mt 9,13 cf Os 6,6; Mt 5,23-24; 12,7).
  

3.    Proclamamos al Dios de Jesucristo

“Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió  compasión de él. Corrió a su encuentro, y lo recibió con abrazos y besos. El hijo le dijo: ‘Padre mío, he pecado contra  Dios y contra ti; ya no merezco llamarme tu hijo.’ Pero el padre ordenó a sus criados: ‘Saquen pronto la mejor ropa y vístanlo; pónganle también un anillo  en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el becerro más gordo y mátenlo. ¡Vamos a celebrar esto con un banquete! Porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado.’ Comenzaron la fiesta” 
(Lc 15,20b-24).

La misma vocación profética, recibida en el bautismo, que nos exige denunciar las situaciones de injusticia, insolidaridad, vulneración de derechos y dignidad de las personas, también nos exige proclamarles, a las víctimas de la sociedad, la cultura y la religión, la buena noticia que Jesucristo comunicó a la humanidad (Lc 4,18-21 cf Is 42,7; 49,9; 58,6; 61,1-2; Heb 3,7-4,13).

No encontramos mejor texto bíblico que la historia del Padre Bueno (Lc 15,11-32), para dar testimonio de que Dios se acerca a la humanidad, especialmente a aquellas personas, que como el hijo menor de la parábola son juzgadas por el sistema religioso (Lc 15,30).

Dios, infinitamente bueno (Mc 10,18), compasivo, paciente y amoroso (Ex 34,6), quien no hace diferencia entre las personas (Rom 2,11), sale al encuentro de quien le busca (Lc 15,20 cf Mt 7,7-8), restituyendo su dignidad y sus derechos (Lc 15,22), ese es el significado del anillo en el dedo y de las sandalias en los pies, que describe la parábola. Dios se goza en cada uno y cada una de sus hijos e hijas, por eso la fiesta (Lc 15,23-24).

La restauración de la dignidad humana y la conquista de los derechos humanos son motivo de celebración, para Dios el Padre Bueno. Por tal motivo, proclamamos con toda firmeza, que aquellas personas, vulneradas en sus derechos civiles, por las diferentes denominaciones cristianas, son especialmente amadas por Dios el Padre Bueno (Lc 15,20) ese es el significado de recibir, abrazar y besar, que describe la parábola. Dios se goza en cada uno y cada una de estas personas “de mala fama” (Lc 15,1).


A manera de conclusión:

El tiempo de Cuaresma no solo es la preparación al Acontecimiento Pascual. En sí mismo, es un período para revisar y reafirmar nuestro bautismo, asumiendo radicalmente el discipulado de Jesucristo (Lc 9,60-62); para discernir y posicionarnos en nuestro testimonio (1Co 9,16).

La Pascua es la nueva creación (Rom 5,12-19; 1Co 15,45-50; Ef 4,26-32; Col 3,9-11 cf 2Co 5,17); por lo tanto, tenemos la certeza absoluta de que es posible otra sociedad, otra cultura y otra iglesia, donde todas las personas sin excepción tengan los mismos derechos y las mismas oportunidades, donde abandonemos la imagen de un dios vengativo y cruel por el Padre Bueno revelado por Jesucristo.

Nosotras y nosotros, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana sentimos la urgencia de denunciar el pecado de exclusión religiosa y de manipulación de textos sagrados para fundamentar prejuicios, que es grave, porque tiende a obstaculizar el vínculo entre Dios y la persona excluida; sin embargo sabemos por el Evangelio, que Dios en su designio misterioso, sale en busca de la persona excluida generando encuentros alternativos y alterativos, donde la gracia divina se derrama colmando sus vidas (Rom 5,20), aliviando el peso de la culpabilización y liberando de la exclusión religiosa (Mt 11,28-30).

Jesucristo, nuestro Maestro y Señor (Jn 13,13) nos reveló que Dios es un Padre Bueno (Lc 15); como sus discípulas y discípulos, queremos mantenernos fiel al mensaje evangélico, por lo tanto, invocamos la asistencia del Espíritu Santo para que nos acompañe y anime en nuestras pastorales de inclusión, para que muchos y muchas puedan recibir esta buena noticia.


+Julio, Obispo de la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana.
Montevideo, 6 de marzo del año del Señor 2016.
Cuarto domingo de Cuaresma.



domingo, 6 de marzo de 2016

Cuarto domingo de Cuaresma: La historia del Padre Bueno





Cuarto domingo de Cuaresma

Ciclo C
Josué 5,9-12
2 Corintios 5,17-21
Lucas 15,1-3.11-32


1.    Los textos en sus contextos


El libro de Josué nos sitúa en la celebración de la primera Pascua, habiendo tomado, el pueblo hebreo, posesión de la tierra prometida (versículo 10); era el mes de Nisán, para nosotros marzo – abril (Dt 16,1 cf Ex 12,2; Jos 4,19) y la celebraron en la tarde (Ex 12,6; Dt 16,6), en los llanos de Jericó y no en el santuario de Guilgal, porque se trataba de una celebración familiar (Ex 12,3-4).

Al día siguiente, el pueblo comenzó a alimentarse de los frutos que se producían en la tierra prometida, por lo tanto no necesitó más de la asistencia de Dios a través del maná para que sobrevivieran (versículos 11-12 cf Ex 16). Aquí finalizó el período del éxodo, la travesía por el desierto; el pueblo estaba siendo testigo del cumplimiento de la promesa que Dios había hecho a sus padres antiguamente.

La segunda Carta de Pablo a la Iglesia de Corinto nos presenta el alentador mensaje de la reconciliación con Dios. Las discípulas y los discípulos de Jesús, por el sacramento del Bautismo nos hemos unido a Él transformándonos en una nueva creación (versículo 17 cf Gal 6,15; Tit 3,5; 1Pe 1,3.23).

En el mundo griego se creía que cuando Dios se enemistaba con la humanidad, era ésta quien debía reconquistar la amistad de Dios; sin embargo, Pablo, desarrolla conceptos que están presentes en el Antiguo Testamento, la humanidad, por sí sola, no puede reconciliarse con Dios, necesita de un Mediador, afirmando que el mismo Dios, es quien realiza la reconciliación por medio de Jesucristo (versículo 18 cf Rom 5,10; Ef 2,12-16; Col 1,20-21) y nos confía la misión de anunciar al mundo esta nueva relación entre la Divinidad y la Humanidad.

La acción reconciliadora se realiza por medio de Jesucristo y alcanza a toda la humanidad, sin importar su pecado, sin excepción de personas y la Iglesia es testigo de ello (versículo 19).

La Iglesia tiene la misión, recibida de Dios, de anunciar a todo el mundo, es decir, a todas las personas, en todos los lugares del planeta, cualquiera sea su situación, que Dios le ofrece su amistad incondicionalmente (versículo 20).

Si bien Jesucristo no desobedeció a Dios haciéndose pecador (Heb 4,15; 1Pe 2,22; 1Jn 3,5), asumió las faltas, las imperfecciones, las culpas de toda la humanidad (cf Is 53,6-9; Rom 8,3; Gal 3,13), para justificarnos a nosotros y nosotras (Rom 1,17; 3,2; 5,15-21; Fil 3,9). Es Dios quien nos hace justos, reestableciendo los vínculos de amistad e invitándonos a vivir en plenitud la nueva creación (versículo 21 cf Rom 3,21-27; 5,1-2; 8,1-4).

El evangelio de Lucas nos presenta para la reflexión, una de las tres parábolas de la misericordia, la parábola del Padre Bueno (15,11-32). El contexto en el que Jesús pronuncia las tres parábolas de la misericordia es muy significativo, afirma el evangelista, que “pecadores y gente de mala fama se acercaba a Jesús” (versículo 1) y “los fariseos y maestros de la ley lo criticaban por ello” (versículo 2). Estos hombres religiosos, consideraban “pecadores” a quienes no interpretaban las Escrituras como ellos o realizaban trabajos que según las Escrituras eran poco honrosos (Mt 9,10).

La parábola presenta tres personajes. El hijo menor que recibe un tercio de la herencia del padre y la derrocha en malas acciones y una vez que lo ha perdido todo decide regresar a la casa paterna y pedir perdón (versículos 12-21). El hijo mayor que se queda en la casa paterna y al enterarse del retorno de su hermano menor y de la fiesta organizada por su padre no quiere entrar (versículos 25,30). Y el Padre bueno, un hombre que ama entrañablemente a sus dos hijos; cuando a lo lejos ve retornar a su hijo menor, no espera que éste llega sino que corre a su encuentro, restituyéndole los símbolos de su categoría de hijo, el anillo signo de autoridad y las sandalias signo de hombre libre y hace una fiesta para celebrar (versículos 20-24); cuando el hijo mayor no quiere entrar a la casa porque había acogido al hijo menor, el Padre bueno sale para explicar sus acciones al hijo mayor y rogarle que entrara y celebrara (versículo 29).

Con esta historia, Jesús pone de manifiesto la actitud prejuiciosa de los fariseos y maestros de la ley, dirigentes religiosos que se jactaban de cumplir las Escrituras (versículo 31), resaltando la bondad y misericordia de un Dios que se goza por cada hijo e hija que tiene, aunque no cumpla estrictamente las Escrituras (versículo 32 cf 3-7).


2.    Los textos en nuestro contexto:


Jesucristo, único Mediador entre Dios y la Humanidad (1 Tim 2,5), el rostro visible de Dios invisible (Col 1,15), en quien reside toda la plenitud de la Divinidad (Col 1,19) lo reconcilió todo, a todos y todas (2 Corintios 5,17-21), restableciendo la paz (Col 1,20) entre Dios y el universo creado.

Jesucristo nos enseña que Dios es un Padre Bueno que acompaña la historia de la humanidad, asistiéndola cada vez que ésta lo necesita y cumpliendo sus promesas, a su debido tiempo (Jos 5,9-12).

Jesucristo nos enseña que Dios sale al encuentro de todos sus hijos y todas sus hijas; de quienes consideran que realizan su voluntad y se permiten juzgar a sus hermanos y hermanas, atribuyéndose el hablar en nombre de Dios y de quienes llevan “una mala vida” (Lc 15,1) y son juzgados y condenados por sus hermanas y hermanos. A nadie le pide cuentas de sus actos, simplemente les invita a la fiesta del reencuentro (Lc 15,32). En su libertad, los unos y los otros, las unas y las otras, aceptan la invitación o la rechazan.

La Iglesia, continuadora de la obra de Jesucristo, es enviada al mundo, no para juzgar y condenar en nombre de Dios, sino para anunciar que Dios es un Padre Bueno que desea que todos sus hijos e hijas participen de la fiesta de la vida, que no condena a nadie a quedar fuera de esa fiesta; el estar fuera o dentro, es una decisión de cada uno y cada una.
Pobres cristianos y cristianas que juzgan en nombre de Dios. Pobres cristianos y cristianas que se creen en la verdad. Pobres cristianos y cristianas que se atribuyen el juicio, culpabilizando a sus hermanos y hermanas.

La Iglesia que esto practica, ha decidido, como el hijo mayor, quedarse fuera de la fiesta y de la casa paterna.

La Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana cree y enseña lo que ha recibido de Jesucristo a través de los Evangelios, que Dios sale al encuentro de sus hijos e hijas, les abraza y les besa, les restituye sus derechos y su dignidad, basta que acepten entrar a la fiesta, en la casa paterna, sabiendo que nadie está ahí por mérito propio, sino que es una acción de la gratuidad divina.

Es por ello, que abrimos nuestras puertas y tendemos nuestra mesa, para que puedan experimentar el amor de Dios, todas las personas que el sistema religioso condiciona, cuestiona, rechaza, condena; son bienvenidas las personas divorciadas, las que abortaron, las que conviven sin estar casadas, las heterosexuales, las bisexuales, las trans, los gays, las lesbianas, las trabajadoras y trabajadores sexuales, quienes están en situación de calle, quienes tienen uso problemático de drogas, quienes tienen enfermedades mentales, quienes viven con vih … todas las personas que no han recibido de las Iglesias el mensaje de que Dios es un Padre Bueno y han sido cuestionadas por éstas, vengan porque Dios las ama entrañablemente y las recibe en su casa, sana sus heridas, perdona sus culpas, restablece su dignidad, rompe sus ataduras dándoles libertad, alivia sus vidas. Este, es el Dios revelado por Jesucristo.

Este cuarto domingo de Cuaresma, nos pone de cara, nuevamente, a nuestro compromiso bautismal; no podemos vivir en la mediocridad, el Evangelio de Jesucristo nos interpela frente a los nuevos desafíos de la sociedad y la cultura; cuando miles de personas son dejadas fuera del sistema religioso, porque viven de una forma diferente, a como sus líderes interpretan las Escrituras, nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana decimos: vengan a disfrutar de la fiesta que Dios les tiene preparada!

Buena semana para todos y todas +Julio.