Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

domingo, 21 de diciembre de 2014

Cuarto Domingo de Adviento - Ciclo B



Cuarto Domingo de Adviento
Lucas 1,26-38
Ciclo B

“Esto demuestra que para Dios todo es posible” (Lc 1,37)

En este cuarto domingo de Adviento aparece en escena un nuevo personaje, María.

1.    El texto en su contexto:

El evangelista nos relata que Dios envió un mensajero a una mujer joven, llamada María, que vivía en una aldea de Galilea llamada Nazaret (versículos 26-27). En estos dos versículos, encontramos una cantidad de información sobre el accionar de Dios, que ciertamente resulta escandaloso y blasfemo para aquel contexto.

En primer lugar, Dios se dirige a una mujer y no a un hombre, a María y no a José. En aquel tiempo, las mujeres eran consideradas objeto de los hombres, pues era una sociedad fuertemente patriarcal y machista. Necesitaban de un hombre que las “protegiera” y les permitiera ser, el padre primero, el esposo después, u otro familiar varón de faltar el padre o el esposo. Dios rompe una supuesta ley divina y hace partícipe de su proyecto a una mujer y no a un hombre.

En segundo lugar, Dios elige a una mujer sin hijos para comunicarle su mensaje. En aquel tiempo y en aquella cultura, las mujeres sin hijos eran consideradas depositaras de una maldición de Dios. Dios rompe con esa creencia y elige a la joven María.

En tercer lugar, Dios envía su mensajero a Galilea y no a Judea. En Galilea la población era considerada pecadora, por su proximidad e intercambio cultural con pueblos vecinos; y estaba empobrecida por los impuestos para el Templo, para el Gobernador y para el Imperio. En Judea estaba la ciudad santa de Jerusalén y el Templo; la clase sacerdotal, la clase gobernante, los maestros de la Ley, los grandes comerciantes, la clase poderosa, los ejércitos del Imperio. Dios no envía su mensaje a sus sacerdotes, a sus gobernantes, a sus maestros de la ley residentes de Jerusalén de Judea, sino a una mujer empobrecida y sin hijos en Nazaret de Galilea; una pequeña aldea, que los estudiosos aún no han logrado ubicarla con exactitud.

Pero lo escándalos y blasfemo de Dios no termina ahí. El escándalo mayor es que le propone a esta joven mujer ser madre, y en ese acto exponerla a la muerte, ya que si José la repudiaba, podría ser ejecutada.

María acepta ser parte de este plan escandaloso (versículo 38). Esta aceptación la pone en la línea de las grandes mujeres que desafiaron a la sociedad, la cultura y la religión de su tiempo, las que hemos llamado en otros momentos: “mujeres fuertes en la Biblia” (Sara, Agar, María, Débora, Ana, Rahab, Tamar, Abigail, Esther, Judit, la madre de los macabeos, María Magdalena, Febe, Junias entre otras).

2.    El texto en nuestro contexto:

No voy a detenerme, en lo que ya muchos predicadores y predicadoras harán este domingo, remarcando la virginidad, la maternidad, el embarazo sin participación de José, el nacimiento virginal, la figura del ángel y todo el envoltorio de esta buena noticia. Quiere detenerme en el contenido no en el envoltorio.

El contenido de este evangelio es que Dios cumple sus promesas. El reinado de paz y justicia está por comenzar, a partir de la vida y las enseñanzas de Jesús de Nazaret; Dios no se ata a las estructuras creadas por los hombres, cuando estas no se ajustan a su plan de justicia; prescinde de ellas, las descarta. Eso pasó con la ciudad santa de Jerusalén, con la clase sacerdotal y dirigente, con quienes aseguraban saber de las cosas de Dios y hablar de parte de Él.

La Iglesia de Jesucristo está llamada a ser signo y presencia de ese Dios que toma partido por las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad. Así como en aquel contexto Dios eligió a María, en el nuestro elige a otras y otros que a los ojos de la sociedad, la cultura y la religión nunca serían capaces, nunca serían aceptados.

Hoy, Dios sigue escandalizándonos con sus elecciones. Invitando a formar parte de su reinado, participar en su mesa, ser miembro de su familia, a personas que la sociedad, la cultura y las iglesias fundamentalistas, que se llaman cristianas, rechazan, condenan, discriminan, oprimen e invisibilizan.

Esta elección de Dios, en el siglo XXI, pone en tela de juicio la tradición de la Iglesia, portadora del veneno patriarcal y machista que excluye a las mujeres del episcopado, del presbiterado y del diaconado. Sabemos que en los primeros siglos no fue así. Tanto el Nuevo Testamento como los escritos de los Padres, nos relata historias de mujeres que fueron columnas en la Iglesia: liderando comunidades, ministrando en distintas situaciones, predicando y dirigiendo.

Están surgiendo Iglesias, tanto de tradición como emergentes, que son portadoras de un mensaje inclusivo, donde hombres y mujeres acceden al liderazgo eclesial, por elección de sus comunidades, como en la Iglesia de los primeros siglos.

3.    Conclusión.

El contenido del evangelio de hoy, nos hace pensar en el rol de la mujer en el proyecto de Dios, un proyecto que libera, incluye y sana. Un proyecto cuyo mensaje central es la justicia y la paz para toda la humanidad. Un proyecto que puede prescindir de las actuales estructuras si estas son obstaculizadoras, porque “para Dios todo es posible” (versículo 37).

Buena semana para todos y todas.
+Julio.




No hay comentarios:

Publicar un comentario