domingo, 11 de noviembre de 2018

Domingo de la vigésima quinta semana del Tiempo de Misión en la Diversidad: Una Iglesia corrompida necesitada de cambios profundos.




Mc. 12,38-44

1.     El texto en su contexto:

El evangelista Marcos concluye un conjunto de disputas entre Jesús y las autoridades religiosas con dos sentencias categóricas (vv 38-40). La primer disputa que se plantea es sobre la autoridad de Jesús (11,27-33) enfrentándose a sumos sacerdotes y maestros de la ley; la segunda sobre el pago de impuestos (12,13-17) enfrentándose a fariseos y herodianos; la tercera sobre la resurrección de los muertos (12,18-29) enfrentándose a saduceos.

Las sentencias de Jesús arremeten contra la autoridad corrompida del sistema religioso. La primera sentencia es contra la vanidad y la soberbia de líderes religiosos que durante la historia de Israel ha sido combatida tanto por profetas (Jr 21-23; Miq 2-3) como por sabios (Prov 8,13; Is 2,12). La segunda sentencia es contra la explotación de los grupos empobrecidos y marginados de la sociedad y del sistema religioso (Is 1,17.23) donde los líderes religiosos abusan tanto de las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad como del culto.

Sin embargo, Marcos no se limita a la crítica del liderazgo religioso, también enfrenta a las comunidades religiosas a una práctica religiosa vacía de contenido y de compromiso. Jesús destaca la solidaridad de la viuda (vv 43-44) frente a las prácticas religiosas del resto. No era necesario dar limosna abundante, tampoco era necesario conocer los 613 preceptos, únicamente bastaba la solidaridad (vv 44 cf 1Re 17).

2.     El texto en nuestro contexto:

Marcos quiso finalizar el ministerio público de Jesús con estas dos situaciones, la denuncia profética contra la soberbia religiosa del liderazgo y la llamada de atención sobre lo esencial de la vida religiosa.

Echando un vistazo a nuestro alrededor, no cabe duda que nos enfrentamos a una iglesia corrompida: líderes religiosos que ostentan títulos de “santidad”, “beatitud”, “eminencia”, “excelencia”, “monseñor” dentro de las diferentes corrientes católicas, portando ropajes ostentosos, anillos en sus dedos, ornamentos pomposos … líderes religiosos que haciendo largas oraciones y haciendo de la oración un teatro, exprimen a las personas pobres pidiéndoles ofrendas para sanaciones, prosperidad, liberaciones, haciendo del culto un comercio dentro de las diferentes corrientes evangélicas, especialmente los neopentecostales. Ninguna de estas prácticas tiene sustento en las palabras y las acciones de Jesús.

Las iglesias cristianas necesitan cambios profundos: abandonar los anacronismos del medioevo, abandonar los show mediáticos de los sistemas de comunicación modernos; la Iglesia necesita cambios profundos. Jesús nos marcó el camino a recorrer con sus palabras y sus acciones (Hch 10,38) y nos dejó un modelo eclesial substancialmente diferente al que tenemos (Mt 20,26 cf Jn 13,13-20).

La aplicación de cambios profundos en los modelos eclesiales nos acercará al proyecto de Jesús: una comunidad de iguales, una comunidad servidora, una comunidad mediadora, una comunidad profética, una comunidad solidaria, otra iglesia posible en otro mundo posible. Para ello es necesario abandonar los fundamentalismos y los dogmatismos, las tradiciones epocales. Actualmente se ha generado un movimiento de iglesias independientes, provenientes de distintas tradiciones cristianas, es ahí, en la ruptura con los modelos tradicionales, en los emergentes periféricos lejos del poder, donde está el germen profético para lograr los cambios; pero hay que tener mucho cuidado; también ahí surgen los falsos profetas, denuncian las estructuras católicas romanas pero toman lo peor de esa corriente: el latín, los ornamentos, los ropajes, los títulos, las largas colas confundiendo a la gente sencilla, en todo son peores que aquellos de quienes toman el modelo.

Desde la IADC realizamos un llamado a todas las iglesias cristianas a revisar sus prácticas, a ajustarlas a las enseñanzas del Maestro, a contextualizarlas en los tiempos actuales, a purificar las prácticas religiosas, a vivir radicalmente el mensaje evangélico.

Buena semana para todos y todas.
+Julio, obispo de la IADC.

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