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domingo, 26 de febrero de 2017

La Iglesia manifiesta al mundo el reinado de Dios.




8º domingo del Tiempo de la Manifestación de Dios a todos los pueblos
Mt 6,24-34
La Iglesia manifiesta al mundo el reinado de Dios.


1.     El texto en su contexto:

Continúa el sermón de la montaña (5-7). El relato evangélico hoy nos propone dos ejes de reflexión.

Por un lado, Jesús rechaza la preocupación excesiva por la seguridad: comida, bebida, vestido. Eso es típico de la gente pagana que no tiene puesta su confianza en Dios (versículos 25-32). Las discípulas y los discípulos sabemos por fe y por experiencia que Dios proveé (Gn 22,14; Ro 8,32; Fi 4,19), sin embargo, Jesús advierte, que no es posible servir a Dios y al dinero. El dinero, “dios Mamón” es lo opuesto a Dios rico en misericordia (Ef 2,4) y generosidad. En efecto, se afirma en las enseñanzas de los Apóstoles que la codicia es idolatría (Col 3,5).

Por otro lado, Jesús invita a trabajar por una sociedad con otros valores representados en el reinado de Dios y su justicia. La justicia, en efecto, es la concreción del proyecto de Dios en la humanidad. No la justicia como la concebimos en nuestra sociedad y cultura moderna: imparcial, sino muy por el contrario, la justicia de Dios siempre toma partido por la persona más débil (Lv 25). Va acompañada de solidaridad, de cooperación, de compartir.


2.     El texto en nuestro contexto:

Nuestra vida transcurre en una sociedad individualista y consumista. Los grandes poderes económicos son quienes rigen las relaciones humanas, las relaciones sociales, las relaciones internacionales. La lucha por el control del petróleo, del agua, de la tierra, de la tecnología es simplemente un aspecto de la codicia que domina a determinados sectores de la humanidad.

Las comunidades eclesiales debiéramos ser testigos ante los pueblos de la confianza en Dios, sin embargo, muchas veces somos parte de quienes controlan, dominan y someten. Iglesias dueñas de medios masivos de comunicación, de bancos y de empresas. Iglesias que desarrollan la teología de la prosperidad contraria a la enseñanza de Jesús de confiar en el Padre. Iglesias que se han encerrado en sus templos, en sus celebraciones litúrgicas, en sus enseñanzas y doctrinas de espaldas a la sociedad y la cultura contemporáneas.

Jesús nos invita a trabajar por un orden justo entre los seres humanos. No es posible la paz si no hay justicia. ¿Cómo puede haber iglesias trabajando en movimientos por la paz si no se comprometen con quienes pasan hambre, con quienes no tienen trabajo, con quienes están en situación de calle, con aquellas personas privadas de libertad … con las víctimas de la sociedad que rinde culto al dios dinero? Esas iglesias siembran la alienación, promueven la paz sobre la base de la injusticia social, hablan y predican la paz pero no se comprometen en transformar las estructuras injustas que oprimen y excluyen a millones de personas sobre el planeta. Esa paz no es de Dios. Esa paz no la quiere Dios. Esa paz es cómplice del dios Mamón.

Millones de personas padecen hambre, miles mueren cada día por falta de alimentos; millones se encuentran viviendo en las calles, otras tantas son explotadas por empresas poderosas mientras las iglesias encienden velas por la paz, mientras las iglesias se toman de la mano por la paz, mientras las iglesias hacen proclamas de paz ¿Es que estas iglesias no entendieron el Evangelio de Jesucristo (Mt 25,35-40)?

Les invito, al finalizar este tiempo litúrgico de la Manifestación de Dios a todos los pueblos, a trabajar activamente en la construcción de una nueva civilización, basada en la solidaridad, en la cooperación, en el respeto a la naturaleza, en el cuidado de las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad, en la equidad de las mujeres, en la inclusión de las personas gltb, en la protección de las personas ancianas, en el reparto equitativo de la riqueza, en la redistribución de los bienes que unos pocos concentran  hasta el momento, entonces, recién entonces, cuando la Iglesia manifieste al mundo el reinado de Dios, podremos hablar de paz, podremos anunciar la paz, podremos celebrar la paz.

Que Dios, Madre y Padre les bendiga a todos y todas +Julio.

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