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domingo, 11 de diciembre de 2016

Tercer domingo del Tiempo de la Promesa: Los tiempos mesiánicos son tiempos de dignidad y derechos.




Tercer domingo del Tiempo de la Promesa
Mt 11,2-11

Los tiempos mesiánicos son tiempos de dignidad y derechos.


1.     El texto en su contexto:

El versículo 2 nos pone en el contexto del texto. Juan el Bautista se encontraba en la cárcel (Mt 4,12) por orden del gobernador de Galilea y Perea, Herodes Antipas (Mc 6,17-18; Mt 14,3). Allí se enteró de la actividad profética de Jesús, entonces envía a algunos de sus discípulos a comprobar si efectivamente era el Mesías o sólo un profeta (versículo). Estos discípulos de Juan son mencionados varias veces en los escritos del Nuevo Testamento (Mc 9,14; Lc 11,1; Jn 1,35; 3,25; incluso en Hch 19,1-6) lo que demuestra que constituyeron un movimiento religioso que perduró  varios años.

La respuesta de Jesús es categórica; los signos del Reinado de Dios se estaban manifestando (versículos 4-6 cf Is 29,18-19; 26,19; 35,5-6; 61,1), la era mesiánica había iniciado y ya no quedaban dudas; Jesús, se presenta a sí mismo como el Mesías, el Elegido de Dios, es decir, el Ungido, Cristo (Lc 4,18-21) concluyendo con una  bienaventuranza a quienes no se sienten defraudados por él como Mesías. Este mensaje del evangelista Mateo, es en primer lugar para los judíos y en segundo lugar, para los paganos convertidos. Tengamos en cuenta que el Evangelio se escribe hacia el año 80 dC; Jesús había sido rechazado por las autoridades religiosas y ejecutado de una forma vergonzosa por las autoridades romanas; esto todavía resonaba en las primeras comunidades cristianas.

Una vez que los discípulos de Juan se retiran con la información que constataba la presencia de los tiempos mesiánicos instalados ya en la vida cotidiana del pueblo, continúa el evangelista Mateo su relato, poniendo en boca de Jesús el testimonio sobre Juan, reconociéndolo no solo como profeta (versículo 9) con las características de Elías, el primero de los profetas (1Re 17-18), diferenciándolo de los elegantes y poderosos líderes, aún más, como el precursor, aquel mensajero (versículo 10) que abrirá camino al Señor que viene a gobernar en medio de su pueblo (Mal 3,1 cf Eclo 48,10-11; Ex 23,20).


2.     El texto en nuestro contexto:

El tercer domingo del Tiempo de la Promesa continúa proponiendo como personaje sobre el que reflexionar, a Juan el Bautista, un profeta que encarnó la esencia del profetismo siendo la conciencia moral del pueblo: por un lado la denuncia de la injusticia (Mt 3,7-10) que no se queda en la culpabilización sino que se abre la esperanza en la Promesa (Mt 3,11): los tiempos mesiánicos están próximos!

Tiempos que inaugura Jesús (Gal 4,4), con sus palabras y sus acciones, acercando a Dios a la humanidad (Mc 1,15 cf Mt 4,12-17), manifestando la plenitud (Col 2,9) del amor inmenso (Ef 3,19) de un Dios, que es rico en misericordia (Ef 2,4), que sale al encuentro de la humanidad para liberar, sanar e incluir (Lc 4,18-21 cf Heb 3,7-4,13) restaurando derechos y dignidad (Lc 15,22).

Finalizando ya el año 2016, nos sentimos con el deber de preguntarnos ¿qué hicimos en nuestra sociedad y nuestra cultura, en nuestros contextos sociales, familiares, laborales, educativos para hacer posible los tiempos mesiánicos, para presentar a Dios perdonando, curando y restaurando con ternura a la humanidad (Sal 102[103]3-4), haciendo justicia a las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad (Sal 102[103]6) manifestándose compasivo y misericordioso, no como un dios sanguinario y cruel, rencoroso y acusador, sino como un Dios tierno y conocedor de la humanidad (102[103]8-14)?

El relato evangélico nos interpela a cerca de nuestro rol en la sociedad y la cultura, los discípulos y las discípulas de Jesús ¿actuamos como las personas poderosas en medio de comodidades y lujos, en busca de honor y respeto, o somos la conciencia moral en nuestro entorno, tomando partido por las personas excluidas, discriminadas, invisibilizadas por el sistema religioso y político? ¿qué cosas denunciamos este año? … Ciertamente las injusticias abundaron, la exclusión de millones de personas continúa, el planeta está más contaminado, la vida en todas sus formas en riesgo inminente de ser destruida … ¿Dónde estuvimos las Iglesias? ¿qué hicimos las cristianas y los cristianos? ¿los obispos y las obispas, los presbíteros y las presbíteras, los diáconos y las diáconas encarnamos el espíritu profético denunciando la injusticia y la insolidaridad como Juan el Bautista o nos quedamos cómodamente en nuestros templos, nuestras liturgias, nuestros ornamentos y nuestros espacios sagrados, olvidando que lo único y verdaderamente sagrado es el ser humano, imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26) especialmente aquellas personas que son vulneradas en sus derechos y su dignidad, con quien Jesús quiso identificarse de forma especial (Mt 25,31-46), como describe el evangelista Mateo respecto de las personas con ropas elegantes en los palacios? Y ¿estamos siendo constructoras y constructores de esperanza, una esperanza activa y transformadora (Lc 12,49), capaz de despertar las conciencias devolviendo visión (Jn 9,1-41), superando las parálisis del miedo y el individualismo (´Mt 9,1-19), devolviendo voz a las personas silenciadas (Mc 7,31-33), restituyendo la vida digna (Jn 11,38-44)?

Este Tiempo litúrgico de promesa y esperanza nos pone de cara al gran desafío de testimoniar que es posible otro mundo, otra sociedad y otra iglesia, donde los valores del Evangelio de Jesucristo sean el cimiento de realidades justas y solidaridad; no perdamos la posibilidad de ser activos protagonistas en la instalación del tiempo mesiánico en nuestro tiempo.

Buena semana para todos y todas +Julio.


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