Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica y Apostólica. Personería Jurídica 10103 (M.E.C. Uruguay).

domingo, 27 de octubre de 2013

Una persona “justa” que no es buena con las demás personas (Lc 18,9-14)



Esta parábola tiene dos características. Por un lado es propia de Lucas. Ninguno de los otros evangelistas la menciona. Por otro lado, la mayor parte de las  parábolas puestas en boca de Jesús, tienen como escenario aspectos de la vida cotidiana de las aldeas de Galilea (la parábola del sembrador, la de la higuera, la de la semilla de mostaza, la de la levadura, la de la oveja perdida y la del trigo y la cizaña, entre otras). Sin embargo, en este caso, la parábola tiene como escenario, el Templo, en la ciudad santa de Jerusalén, el lugar propicio para la purificación y el perdón de los pecados.


En tiempos de Jesús, los israelitas pagaban tres tipos de impuestos. Para el Templo, para el gobierno local y para el imperio romano. Pero el cobro de impuestos no lo hacían los romanos directamente, sino que los adjudicaban a los mejores postores, que solían ser gente poderosa de las ciudades y de la aristocracia. A su vez, esta gente, contrataba a gente sencilla que recibía un salario a cambio de la tarea. Estos eran los recaudadores de impuestos o publicanos.


La parábola trata de un fariseo, un hombre que se caracterizaba por cumplir estrictamente la Ley de Moisés y de un publicano, un hombre que cobraba impuestos para el imperio romano y que con frecuencia, debido a su bajo salario y a las oportunidades del contexto, extorsionaban al campesinado.



1.    El texto en su contexto:

Lucas plantea que Jesús contó esta parábola, porque algunas personas se consideraban justas y despreciaban a las demás (versículo 9).

En el Templo había dos momentos de oración pública, a la mañana y a la tarde. Al parecer, la escena se desarrolla en uno de esos momentos, donde dos hombres se encuentran en oración (versículo 10). Uno de los hombres pertenecía a uno de los grupos dentro del judaísmo del tiempo de Jesús, muy influyente en la vida religiosa y social del pueblo, siendo quienes cumplían más fielmente los deberes religiosos (cf. Mateo 9,11.14; 12,2; 15,1-9; 19,3; Lucas 18,11-12). El otro, cobraba impuestos para el imperio romano integraba el grupo de los publicanos, un grupo que era despreciado política, social y religiosamente. Muchas veces, los términos “publicano” y “pecadores” se consideraban sinónimos (cf. Mateo 5,46; 9,9-11; 11,19; 21,31-32; Lucas 18,9-14; 19,1-10).

Los cobradores de impuestos eran odiados por el resto de los judíos. Se los consideraba tan despreciables que se pensaba que ni siquiera podían obtener el arrepentimiento de sus pecados, pues para ello tendrían que restituir todos los bienes extorsionados, más una quinta parte, tarea prácticamente imposible al trabajar siempre con público diferente. Según la oración del fariseo, se puede suponer que el cobrar de impuestos era una víctima de los ataques del primero: era pobre, considerado extorsionador y estafador, sin valores ni honor, discriminado y excluido

El fariseo de pie oraba en silencio (cf Mateo 6,5). Su oración estaba centrada en sí mismo, reconociendo lo que no es: ladrón, malvado y adúltero, ni como el cobrador de impuestos (versículo 11-12). Sin embargo, parece no saber quién es en realidad. Y continúa con su oración, reconociendo lo que hace: ayuna (2 Crónicas 20,3; Joel 2,12-15; Mateo 6,16; Lucas 5,33) y paga el diezmo (Números 18,21; Deuteronomio 14,22). La parábola lo llevará a reconocer quién es realmente, no por lo que hace, sino por lo que deja de hacer: aceptar a la otra personas como un igual, incluyéndola.

El cobrador de impuestos, en cambio, avergonzado se quedó a distancia, reconociendo quien era realmente no se atrevía a mirar al cielo, arrepentido se golpeaba el pecho (versículo 13). En su oración reconoce que es pecador (Salmo 51).

La parábola concluye con la sentencia de Jesús: el cobrador de impuestos regresó a su casa perdonado porque tuvo fe (Romanos 1,17) y el fariseo no porque quedó presa de su prejuicio hacia los demás, de su creencia de ser superior a otras personas (cf. Proverbios 29,33; Mateo 23,12; Lucas 14,11).

Jesús, es presentado por Lucas, como una persona que escandaliza subvirtiendo el orden establecido por el sistema cultural y religioso: hay personas que, como el fariseo, creen estar dentro y ser parte, y resulta que Dios les pone fuera, mientras que hay personas que, como el cobrador de impuestos, que creyendo que no forma parte y está fuera, sin embargo está dentro porque Dios le incluye.

¿Por qué Dios obra de esta manera desconcertante? ¿Por qué Dios no valora la observancia y cumplimiento de la Ley del fariseo? Tal vez, porque el fariseo miró despectivamente al cobrador de impuestos, despreciando a las personas que son diferentes y excluyéndolas del favor de Dios. El pecado del fariseo fue ser “una persona justa que no es buena con las demás personas”.


2.    El texto en nuestro contexto:

Diversidad Cristiana ¿cuántas veces en el seno de la comunidad se han dado estas situaciones? ¿cuántas veces alguien se creyó mejor que otra persona? ¿cuántas veces alguien se creyó con autoridad para compararse con otra persona? ¿cuántas veces alguien se creyó con poder de juzgar a otra persona? ¿cuántas veces alguien se creyó con derecho de etiquetar y encasillar a otra persona? Todas esas veces, Dios ha tomado parte por la persona que fue considerada peor, inferior, juzgada, etiquetada, encasillada. Porque Dios justifica sin condiciones adoptando un comportamiento diametralmente opuesto al del fariseo (Romanos 1,17).

Diversidad Cristiana, esta parábola enseña que la misericordia es un valor fundamental del Reino de Dios. La actitud prejuiciosa del fariseo le cerró la posibilidad de la misericordia y el perdón de Dios. Sin embargo, la actitud del cobrador de impuestos, reconociendo lo que realmente es, desafió la pretensión del sistema religioso, representada en el fariseo y el Templo con sus ritos, y fue oído por Dios y justificado.

Diversidad Cristiana, el Evangelio de hoy te interpela a seguir el ejemplo de Jesús, que fue rechazado por los poderosos, porque era amigo de recaudadores de impuestos y de personas pecadoras (Mateo 11,19). Si entiendes esto y lo practicas, no estás lejos del Reino de Dios (Marcos 12,34).

Buena semana para todos y todas.
+ Julio, obispo de Diversidad Cristiana.
27ª semana del Tiempo de la Iglesia.



lunes, 21 de octubre de 2013

Ordenación de la Presbítera Ana Mássimo el sábado 19 de octubre en Montevideo


Iglesia Metodista de Aguada
Lima 1621 - Montevideo


De izquierda a derecha:
Obispo Julio Vallarino (Iglesia Antigua de Uruguay - Diversidad Cristiana), Diácona Sonia Arias (independiente), Arzobispo Juan Carlos Urquhart (Iglesia Episcopal Antigua de Argentina), Arzobispo Luis Acuña (Iglesia Episcopal del Uruguay), Diácona Ana Mássimo.


Miembros de Diversidad Cristiana: Mirian, Diácono Vartán, Daniel R, Claudio, Gastón, Sebastián.


Familia de la Diácona Ana Mássimo y Pastora Iris Moreira (Iglesia Metodista en Uruguay).


Comentario del Evangelio a cargo del Obispo Julio.


Presentación y solicitud de Ordenación a cargo del Diácono Vartán (Iglesia Antigua de Uruguay - Diversidad Cristiana)

video

Video del interrogatorio y promesa de obediencia al Obispo.


Invocación al Espíritu Santo 


El video de la Ordenación Presbiteral por medio de la imposición de manos, puede verse en 



Unción de manos con el Santo Crisma

video


Video de la firma de la Licencia Eclesiástica por parte del Obispo y los /as Testigos.


Distribución de la comunión con el Pan consagrado a cargo del Diácono Vartán.





Distribución de la comunión con el Vino consagrado a cargo de nuestra hermana Mirian



Y luego de la celebración compartimos una merienda comunitaria




jueves, 17 de octubre de 2013

17 de OCTUBRE: DÍA INTERNACIONAL PARA LA ERRADICACIÓN DE LA POBREZA



Hoy conmemoramos el DÍA INTERNACIONAL PARA LA ERRADICACIÓN DE LA POBREZA.

Nuestro país ha alcanzado en la última década una reducción histórica en los índices de pobreza. Sin embargo, si bien hay menos personas empobrecidas la brecha para la inclusión social es cada vez más grande.

Como comunidad eclesial, reconocemos el esfuerzo que realizó la sociedad uruguaya, especialmente a través de las ONGs, muchas de ellas surgidas dentro de los ámbitos eclesiales, y el gobierno implementando políticas sociales inclusivas y políticas económicas redistributivas. Sin embargo aún no es suficiente.

No podemos conformarnos con un récord histórico. No podemos sentirnos satisfechos y satisfechas con lo alcanzado. Aún hay personas que viven en la calle, que comen lo que otras tiran, que viven en condiciones de vulneración de derechos y dignidad. Estas personas no han optado vivir así. Es lo que conocen, porque ellas y anteriormente sus familias de origen fueron puestas en ese lugar, útil al sistema.

La pobreza no es digna. La pobreza es carencia. La pobreza es limitación. La pobreza es vulneración. La pobreza es desigualdad. Utilizar el concepto de “pobreza digna” no es evangélico.

Las comunidades eclesiales, que queremos seguir a Jesús y queremos imitar a la comunidad apostólica y a la iglesia de la antigüedad, no podemos dejar de comprometernos con la erradicación de la pobreza. El mensaje de Jesús es liberador. El mensaje de Jesús es inclusivo. El mensaje de Jesús es solidario. No podemos ser verdaderos discípulos y verdaderas discípulas si damos lo que nos sobra. El discipulado exige que compartamos lo que tenemos, como la viuda pobre del Evangelio, que ofreció todo lo que tenía (Lucas 21,1-4); o la viuda pobre de Sarepta, que compartió con el profeta todo su alimento (1 Reyes 17,7-16).

Las personas empobrecidas no pueden esperar a la otra vida para recuperar su dignidad. Jesús sanó, curó, liberó en esta vida. La Iglesia tiene que comprometerse con las palabras y las acciones de Jesús (Lucas 16,19-31).

El día de hoy nos convoca a transformar las estructuras injustas e insolidarias de nuestra sociedad, de nuestra cultura, de nuestra iglesia. En el Evangelio de Jesús no tiene lugar la mediocridad. Ser discípulo o discípula de Jesús es comprometerse radicalmente. No es suficiente participar de las ceremonias religiosas. No es suficiente orar por los pobres. No es suficiente dar limosna. El Evangelio nos compromete a transformar y transformarnos.

Montevideo, 17 de octubre de 2013.
+Julio, obispo de Diversidad Cristiana.


domingo, 13 de octubre de 2013

Una vez más, Jesús nos escandaliza haciendo vacilar nuestra mediocre experiencia de fe cristiana (Lucas 17,11-19)




1.    El texto en su contexto:

Jesús iba de camino a Jerusalén. El evangelista Lucas relata este trayecto de Jesús (9,51 – 19,27) como la etapa en que consolida su ministerio, próxima al fin de su vida (9,51). Para ello, era necesario que atravesara primeramente Galilea y luego Samaría (versículo 11).

En ese trayecto, llega a una aldea donde le salen al encuentro diez leprosos (versículo 12). Además de la lepra propiamente dicha, en la cultura de Jesús, se ponía bajo esta categoría a otras enfermedades de la piel. La persona enferma era considerada ritualmente impura, por lo tanto, la sanación significaba limpiarla y dejarla apta para la participación cúltica (Levítico 13 – 14; 2 Reyes 5; Mateo 8,2-3; 10,8; 11,5; 26,6; Lucas 4,27; 17,11-19). Estas personas enfermas, ritualmente impuras y por tanto imposibilitadas de participar de la vida comunitaria y de la celebración cúltica como experiencia de fe, se quedan a distancia pidiendo a Jesús la sanación (versículo 13). Por ser ritualmente impuros debían alejarse del contacto con otras personas, tal vez por eso Lucas narra que se quedan a distancia.

Al verlos, Jesús les envía a presentarse a los sacerdotes (versículo 14, cf Levítico 14,1-32). De camino quedan sanos, pero únicamente uno regresa ante Jesús (versículos 15 – 16). Este hombre no era de Galilea ni de Jerusalén, era de Samaría. Nuevamente, con fina ironía vuelve a escandalizar a su audiencia, poniendo a un samaritano, a quien el sistema religioso consideraba extranjero y prácticamente pagano, como ejemplo (versículo 17 - 18; cf Lucas 10, 25-37).

Jesús reafirma, que Dios es inclusivo y que cualquier persona por la fe, puede experimentar la sanación, la liberación, la dignificación, la inclusión (versículo 19). Un mensaje verdaderamente escandaloso para el sistema religioso que separaba a las personas en puras y no puras, justas y pecadoras, salvas y condenadas. Un mensaje verdaderamente escandaloso para un sistema religioso que priorizaba los rituales sobre la experiencia de fe de las personas.


2.    El texto en nuestro contexto.

La Iglesia de Jesús es el lugar del encuentro gozoso entre Dios y las personas discriminadas y excluidas por los sistemas religiosos sin importar cual sea;

La Iglesia de Jesús es el lugar donde todas las personas somos iguales en dignidad y derechos. La única diferencia válida son los dones que Dios pone en cada persona para el servicio comunitario.

En la Iglesia de Jesús, no hay lugar para el prejuicio, la discriminación, la exclusión, la subestimación.

Muchas personas que se llaman cristianas, en nuestras Iglesias se consideran superiores, mejores, capaces, justas, inteligentes, aptas, sanas, limpias. Pero la realidad eclesial es otra “Dios ha elegido a la gente despreciada y sin importancia de este mundo, es decir, a los que no son nada, para avergonzar a los que son algo” (1 Corintios 1,28).

Únicamente cuando nos reconozcamos, personas necesitadas de la gracia sanadora de Dios y nos pongamos en camino junto a otras personas, con iguales o diferentes limitaciones a las nuestras, mediados por la experiencia comunitaria, Dios actuará en nuestras vidas sanando y liberando.

El mensaje de Jesús, nuevamente cuestiona nuestra mediocridad cristiana. Ser parte del Reino de Dios, no es personas que oran, personas que participan en las celebraciones cúlticas, personas que ayudan a otras. Esto también lo hace mucha gente que no es cristiana. Ser parte del Reino de Dios, es aceptar a quien es diferente, incluir a quien está en situación de exclusión, dignificar a quien tiene sus derechos vulnerados, amar a quienes el sistema religioso y social subestiman; porque “Dios no hace diferencia entre las personas” (Hechos 10,34).


Buena semana para todos y todas.
+Julio, obispo de Diversidad Cristiana.
28º Domingo del Tiempo de la Iglesia.



miércoles, 2 de octubre de 2013

Carta pastoral con motivo de la ordenación presbiteral de Ana Mássimo




Comunidad presencial Diversidad Cristiana.
Comunidad virtual Diversidad Cristiana.
Tengan mucha paz.

“Alégrense siempre en el Señor. Repito: ¡Alégrense!” (Filipensens 4,4) porque el Señor está dando pruebas de su paso por esta pequeña comunidad. Hace apenas unos pocos años, andábamos celebrando la Eucaristía y reuniéndonos en diferentes casas por Montevideo, errantes pero construyendo utopía.

Éramos apenas cuatro, como los primeros invitados al seguimiento (Mateo 4,18-22). La experiencia pascual vivida en comunidad, luego que ICM nos cerrara las puertas, consolidó nuestra fe. Si bien el dolor de la partida conmovió hasta la última célula de nuestro ser, la alegría de sentirnos caminando junto al Señor (Lucas 24,13-35) hizo surgir la esperanza de su presencia. Teníamos la certeza de su promesa “cuando dos o tres se reúnen en mi Nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18,20).

Los cuidados del Señor no se hicieron esperar. A los pocos meses, la Iglesia Metodista de Aguada nos recibió en sus instalaciones, y desde ese momento hemos tenido un lugar donde reunirnos de forma ininterrumpida. Unos meses más tarde, la Iglesia Antigua y la Iglesia Episcopal nos dieron los ministerios. La Iglesia Anglicana nos proporcionó la formación teológica pastoral. Luego vinieron años de consolidación y la comunidad comenzó a crecer.

El Señor comenzó a enviar personas en los últimos dos años que se fueron integrando a la comunidad (Hechos de los Apóstoles 2,47), pero también oportunidades donde dar testimonio: acompañamiento pastoral a personas con vih y acompañamiento pastoral a personas gltb, a quienes servimos como al Señor (Mateo 25,34-40), “porque Dios no hace diferencia entre las personas” (Hechos de los Apóstoles 10,34).

Este año, se caracterizó por verdaderos acontecimientos.

1-    El matrimonio celebrado en setiembre, fue más que un hecho revolucionario en materia pastoral, fue la presencia del Espíritu que sacudió Tarariras, en el departamento de Colonia, pero también desafió a nuestra comunidad, cuando se nos solicita nuestra presencia eclesial, y comenzamos a pensar y trabajar en la misión que iniciará este mes.

2-    Una de las personas trans que integra la comunidad, solicitó rectificar su Bautismo, porque cuando lo recibió era pequeña y le adjudicaron nombre de varón, actividad que realizaremos en breve cuando se produzca su reasignación de sexo (Hechos de los Apóstoles 10,1-48).

3-    En pocos días, Ana será incorporada al Orden de las Presbíteras y los Presbíteros, para ayuda en la tarea pastoral y asumirá la Misión en Tarariras (Hechos de los Apóstoles 6,1-7)
No sé que más nos tenga preparado el Señor. Pero lo que hemos hecho hasta ahora, ciertamente no fuimos nosotros y nosotras, sino la fuerza del Espíritu que envía y conduce a la Iglesia (Hechos de los Apóstoles 8,20).

Ciertamente, como humanas y humanos que somos, en este camino recorrido hemos cometido errores. Unas personas se han acercado y otras se han retirado. No han faltado los conflictos y las crisis. Pero en todo esto tenemos la certeza de que Dios está con nosotros y nosotras ayudándonos a superar los obstáculos que se presentan (Romanos 8,31).

La ordenación de Ana, es un motivo de inmensa alegría. Es la señal de que Dios renueva el liderazgo en la Iglesia. Es la señal de que Dios continúa actuando en esta comunidad. Es la señal de que Dios mantiene su Alianza con Diversidad Cristiana. Por eso “alégrense en el Señor” (Filipenses 3,1), porque ha puesto sus ojos en Diversidad Cristiana, su humilde esclava haciendo cosas maravillosas (cf Lucas 1,48-49).

La ordenación de Ana, es motivo de renovación de nuestra fe, en el Dios que nos salva (Lucas 1,68) y nos elige (Jeremías 1,5) a pesar de nuestra fragilidad (Jeremías 1,6) para confiarnos una misión que supera nuestra capacidad (Jeremías 1,7-8), con la promesa del Señor “Mi amor es todo lo que necesitas, pues mi poder se muestra plenamente en la debilidad” (2 Corintios 12,9).

Ruego a toda la comunidad presencial y a toda la comunidad virtual que nos unamos en la acción de gracias por esta ministra que nos regala, para confirmar en la fe a quienes más lo necesiten “viendo el rostro de Jesús en todos y en todas” (este es el lema que escogió para su ministerio pastoral).

Montevideo, 2 de octubre de 2013.
+ Julio, obispo de Diversidad Cristiana.