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domingo, 5 de mayo de 2013

El liderazgo eclesial de las mujeres como designio de Dios y la promesa del Espíritu Santo - Sexto domingo de Pascua



Hechos 16:9-15 – El llamado macedónico

Macedonia es una región situada al norte de Grecia y en la época correspondiente a estos pasajes era una provincia romana.

El relato se enmarca en el segundo viaje misionero de Pablo y es la primera vez que el apóstol predica el evangelio en Europa.

Troas era un puerto de Asia Menor; Samotracia es una isla del Mar Egeo; Neápolis es el puerto de la ciudad de Filipos.


 

 

Reflexión en base a una lectura literal y simbólica

Leyendo los versículos previos (Hch. 16:6-8), el apóstol Pablo y quienes lo acompañaban estaban siendo guiados por el Espíritu Santo respecto a los lugares donde llevar la Palabra de Dios. Se podría interpretar que ellos en su deseo y raciocinio pensaban que era mejor ir a determinados sitios, pero el Espíritu se los impedía porque tenía otros planes (Isaías 55:8).

Esto es algo que a nosotros también nos sucede: en nuestros pensamientos y racionalidad consideramos que es adecuado hacer determinadas cosas, sin embargo, Dios muchas veces tiene otros planes.

Jesús, en su infinita misericordia hacia nosotros, nos guía y nos confirma que estamos en el camino correcto. Esto es lo que podemos corroborar a través de la lectura del versículo 10, donde los enviados de Dios sintieron la total certidumbre del llamado divino a predicar el mensaje de Jesucristo, así como del lugar al que debían dirigirse, por lo que se apresuraron a partir hacia allí. Muchas veces podremos dudar, pero Dios nos confirmará Su voluntad para nuestras vidas.

Tanto el versículo 9 como el 10 tienen relación con la misión que Jesús nos encomendó “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15)

Respecto a los versículos del 13 al 15, en los mismos podemos encontrar diversos simbolismos:

-       Día de reposo: es un día de liberación y gozo pues recuerda la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto (Deuteronomios 5:15); y relacionada con ella, el máximo regalo que recibimos siendo liberados de la esclavitud mediante la resurrección de Jesucristo (Juan 8:34-36; 1 Pedro 1:3).

-       Río, agua: es un símbolo de limpieza espiritual. Jesús es agua de vida (Juan 4:10; Juan 4:13-14; Juan 7:37-38; Apocalipsis 7:17). También en las Escrituras, al agua se le atribuye un significado de dicha y seguridad. Existen numerosas menciones de milagros de Jesús relacionados con el agua, el mar, los ríos (Mateo 8:23-27; Juan 21:1-14). Esto también se relaciona al Bautismo: con el mandamiento (Mateo 28:19) y con los dos tipos –en agua y en Espíritu (Juan 3:5).

También los versículos del 13 al 15, vistos desde una perspectiva de género, tienen una importancia particular.

En contraposición con las posturas históricamente tradicionales respecto a la posición que la mujer debe ocupar en la Iglesia (y a la posición que se le ha otorgado en la sociedad, en la familia, etc.), Dios inspiró a dejar testimonio escrito de la reunión de los discípulos con las mujeres y de la conversión de Lidia.

Por más que no se pueda corroborar si efectivamente ésta fue la primera evangelización y conversión en Europa (porque nada se menciona de lo sucedido entre que llegaron a Filipos y el día de reposo), Dios quiso resaltar este hecho, mostrando la importancia que tienen las mujeres para Él.

Por eso podemos decir que fue a las mujeres a quienes se dirigió en primer término la evangelización de Pablo en Europa, fue de una mujer la primera conversión en Europa, fue a través de una mujer que Dios llevó la salvación a su casa.

Jesús nos ha llamado para ser testimonios vivos del amor de Cristo, del amor de Dios, llevándole el mensaje del Evangelio a l@s excluid@s, l@s marginad@s, a las minorías oprimidas, a aquell@s que no se espera que reciban el mensaje de Jesús. Y esto requiere de sacrificios de nuestra parte, de salir de nuestras zonas de confort, de dejar de lado nuestros deseos y pensamientos, dejándonos guiar por el Espíritu.

Dios nos está desafiando, nos pide día a día que cuestionemos nuestras estructuras, nuestros prejuicios y los estereotipos que hemos incorporado, así como los mensajes que la sociedad nos envía por distintos medios.



Juan 14:23-29 – La promesa del Espíritu Santo y la promesa de paz

Jesús está preparando a los discípulos para el Pentecostés, transmitiéndoles la promesa del Espíritu Santo y la promesa de paz.

Después de su ascensión a los cielos, Cristo no nos dejó solos, nos dejó el Espíritu Santo. Pero estos versículos no sólo hablan del Espíritu Santo, sino de la Trinidad (v. 23 y 26)

Nuevamente se puede establecer una relación con la misión que Dios tiene para nosotros aquí en la Tierra (Mateo 28:19) y con el bautismo del Espíritu Santo (Juan 3:5)

En estos pasajes se está resaltando la divinidad de Cristo, su calidad de hijo de Dios.

¿Y cómo lo amamos? ¿Y cómo le recordamos? Siendo testimonios vivos de su Palabra, de su ejemplo, de su Amor, cumpliendo la gran comisión de ir por todas las naciones predicando el Evangelio a toda criatura, sin excepciones, sin distinción, sin discriminación.

Para ello, nos dejó al Espíritu Santo, que:

-       Permanece para siempre (Juan 14:16)
-       Recuerda las palabras de Cristo (Juan 14:26)
-       Testifica acerca de Cristo (Juan 15:26)
-       Convence al mundo del pecado (Juan 16:7-8)
-       Guía a toda verdad (Juan 16:13)

Y como vimos en relación a la primera lectura, guía a hacer la voluntad de Dios (Hechos 16:6-10)

En relación a la promesa de paz, si reflejamos en nuestro día a día el mensaje que Jesús nos dejó en su pasaje por este mundo, somos ejemplos de la paz que tanto falta en nuestras sociedades (Filipenses 4:7). No debemos temer hacer la voluntad de Dios; el miedo es un sentimiento humano, pero Jesús en sus palabras nos exhorta a no temer porque Dios está con nosotros (Romanos 8:31) y nos fortalece (Filipenses 4:13).

Desde determinadas tradiciones, nos han inculcado un Cristo de sufrimiento, de tristeza, de dolor, de tribulación y angustia.

¿Es este el mensaje que Jesús quería que recibiéramos de su parte? ¿Es este el mensaje que Jesús quiere que llevemos al mundo?

Dios en su Palabra nos impulsa, a través del testimonio de Cristo, de su vida y de su mensaje, a la paz, al gozo, a la alegría, a llevar las buenas nuevas de salvación, a llevar las buenas nuevas de Jesús.

Ya bastante dolor y sufrimiento hay en el mundo; Jesús nos dejó un mensaje distinto al que el mundo da. Si nosotros queremos ser ejemplos vivientes de Él, debemos transmitir una forma de vida distinta.

Para ello, nos debemos aferrar a las promesas que Dios nos deja en su Palabra:


 

 

En Cristo, en su vida, en su mensaje, tenemos representado en forma directa y/o simbólica, todo lo que puede ser considerado “inmundo” para este mundo, todo aquello que la sociedad excluye, teme, deja de lado: locura, pobreza, homosexualidad, tribus urbanas, lo diferente, delincuencia, las minorías (mujeres, enfermos, niños, ancianos, etc.), entre otros.
 
Tomemos el ejemplo de Jesús, y seamos revolucionarios en nuestro tiempo, llevando un mensaje distinto al que mundo da.

En síntesis, el hilo conductor de las lecturas sugeridas para hoy son: la misión de predicar el evangelio, el bautismo (en agua y en Espíritu), la Trinidad (que en Hechos 9-15 lo podemos encontrar en la guía del Espíritu, que Dios da convencimiento y en predicar las buenas nuevas de Jesucristo), el regocijo (tener gozo y alegría) y las promesas (de bendición, de la presencia de Jesús en nuestras vidas, de su respaldo, de su amor).

Buena semana a todos y todas.
Ana Mássimo

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