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viernes, 6 de abril de 2012

Reflexión del Viernes Santo - Semana Santa 2012


Reflexión del Viernes Santo 2012

Lectura bíblica: Juan 18 – 19.

Comentario:

En este viernes santo, recordamos la ejecución de Jesús de Nazaret a manos del sistema religioso y político. Y en esta muerte injusta, la de todas las víctimas, que a lo largo de la historia humana han sido detenidas, torturadas, condenadas y ejecutadas en nombre dios. Un dios creado a imagen y semejanza del poder religioso y político, muy lejano al Dios “Abba” (“Papito” ó “Papi”) que nos revelara Jesús.

A partir del extenso texto que relata el arresto, interrogatorio, tortura, juicio, condena y ejecución de Jesús de Nazaret en el Evangelio de Juan, les propongo tres reflexiones con el propósito de contribuir a renovar nuestro compromiso en el discipulado.


1.     Las discípulas y los discípulos liberados por amor.

“Jesús contestó:       —Ya les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que estos otros se vayan” (Jn 18,8)

En el momento que los guardias del Templo de Jerusalén y los soldados romanos irrumpieron en el huerto, Jesús estaba reunido con sus discípulos y discípulas. Jesús era buscado por subversión (18,33) acusado por los líderes religiosos (18,35) por lo tanto, sus seguidoras y seguidores eran cómplices de subversión y merecían la misma suerte que él.

Este gesto de Jesús está estrechamente relacionado a 13,31-35, cuando entrega a los suyos el nuevo mandamiento. El término “hijitos míos” denota un amor particular y preocupación por quienes integraban la comunidad discipular. El nuevo mandamiento hace referencia a una preocupación continua, permanente, sistemática seguida de una actitud de ocupación por los intereses de las demás personas.

Porque los amaba inmensamente, les liberó de acompañarlo en la suerte que correría. Asumió solo la responsabilidad de la acusación. Un gesto más de ese amor sin condiciones con que Jesús amó a sus discípulas y discípulos (13,1).

Las comunidades cristianas estamos obligadas por el nuevo mandamiento, a amarnos mutuamente, con la misma medida de amor con que El nos amó. Y este amor mutuo se expresa a través de la solidaridad incondicional.


2.    Dos sistemas religiosos enfrentados.

“Le contestó Pilato: —¿Acaso yo soy judío? Los de tu nación y los jefes de los sacerdotes son los que te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?” (Jn 18,35).

El conflicto que se fue generando entre los judíos piadosos, los sacerdotes del templo y los maestros que interpretaban las Escrituras, es decir, el sistema religioso que se atribuía el derecho de hablar y hacer en nombre de Dios y Jesús, un líder carismático que anunciaba con autoridad el mensaje de Dios, fue en aumento hasta culminar pidiendo, el sistema religioso al sistema político, su ejecución.

Una vez más están en tensión dos modelos de religiosidad. Por un lado, el sistema jerárquico, dogmático y fundamentalista que oprime y excluye, representado en el sistema religioso vigente en tiempos de Jesús. Por otro lado, el sistema horizontal, carismático y flexible que libera e incluye, representado por Jesús y el movimiento que generó en Galilea, Judea y Samaría.

Jesús reveló un Dios misericordioso, sanador, maternal, generoso e inclusivo, próximo a todas las personas, especialmente a quienes sus derechos y su dignidad fueron vulnerados; contrario al dios juez y vengador del sistema religioso.

Las comunidades cristianas nos encontramos en el difícil lugar de optar por el Dios de Jesús o por el ídolo cruel creado por el sistema. Esta opción no es fácil porque somos parte del sistema. Optar por el Dios de Jesús implica enfrentamiento con los actuales líderes religiosos y las diversas comunidades de fe, que todavía continúan discriminando, culpabilizando y excluyendo en nombre de su dios.


3.    Bajar de la cruz a las crucificadas y los crucificados.

“Después de esto, José, el de Arimatea, pidió permiso a Pilato para llevarse el cuerpo de Jesús. José era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a las autoridades judías Vino también Nicodemo, el mismo que antes había visitado a Jesús de noche, trayendo una mezcla de mirra y áloe … (Jn  19,38-39).

José y Nicodemo bajaron de la cruz el cuerpo de Jesús. Una acción con la comunidad discipular no realizó. El fracaso les había inmovilizado. Ella también había tenido responsabilidad en lo sucedido. Judas lo entregó. Pedro lo negó. Los once lo abandonaron. Sólo algunas mujeres le acompañaron en su agonía y muerte.

Dos realidades a las que, las comunidades cristianas no logramos escapar. Inmovilizadas por el fracaso y la responsabilidad nos recluimos en nuestros templos, o como José y Nicodemo ayudamos a bajar de la cruz a quienes el sistema religioso y político aún mantienen colgando injustamente.


Conclusión:

En la tarde de hoy, sentimos la urgencia de asumir el doble compromiso, de expresar nuestro amor en acciones concretas hacia nuestras hermanas y hermanos en la fe, con la misma medida e intensidad con que nos amó Jesús; e impulsar un movimiento religioso liberador e inclusivo, que se identifique con las palabras y los gestos de Jesús, haciéndose solidario con las personas crucificadas de nuestra sociedad y nuestra cultura.

Tenemos en mente especialmente a personas gays, lesbianas, bisexuales, trans, divorciadas, separadas y vueltas a casar, portadoras de vih, en situación de explotación sexual, mujeres que pasaron o están pasando por situaciones de aborto, en situación de violencia doméstica, adolescentes en situación de pobreza a quienes se asocia con “menores infractores”, personas desesperadas que recurren a las drogas o a los intentos de autoeliminación, privadas de libertad que el sistema carcelario termina destruyendo o internadas en clínicas psiquiátricas.

Tampoco podemos dejar de pensar también en las personas desempleadas crónicas, en quienes se encuentran en situación de calle, o envejecen en la soledad más profunda; en quienes pasan hambre o se alimentan de los residuos que otras personas desechan.

Tenemos la certeza absoluta de que la injusticia humana es vencida por la justicia divina (Hch 2,23-24; 3,13-15; 4,10-12; 5,30-31) por eso esperamos y nos comprometemos en la construcción de otro mundo posible, pacífico y justo, inclusivo y solidario, donde sean respetados los derechos y la dignidad de todas las personas, en todos los lugares y por todo el tiempo; e invitamos a nuestras hermanas y hermanos, a seguir construyendo otra iglesia posible, comunidades de fe que se relacionen con horizontalidad, comprometidas con la liberación integral de las personas, sanadoras e inclusivas.

Si como dice el dicho antiguo “sangre de mártires es semilla de cristianos”, cuanto más, la sangre de Jesús de Nazaret, derramada injustamente, será semilla de comunidades diversas e inclusivas que enriquezcan su movimiento.

+ Julio.
Viernes Santo 2012.

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