Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica y Apostólica. Personería Jurídica 10103 (M.E.C. Uruguay).

domingo, 29 de abril de 2012

Jesús, modelo para el liderazgo cristiano


10  11Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; 12pero el que trabaja solamente por la paga, cuando ve venir al lobo deja las ovejas y huye, porque no es el pastor y porque las ovejas no son suyas. Y el lobo ataca a las ovejas y las dispersa en todas direcciones. 13Ese hombre huye porque lo único que le importa es la paga, y no las ovejas.

14–15“Yo soy el buen pastor. Así como mi Padre me conoce a mí y yo conozco a mi Padre, así también yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. Yo doy mi vida por las ovejas. 16También tengo otras ovejas que no son de este redil; y también a ellas debo traerlas. Ellas me obedecerán, y formarán un solo rebaño, con un solo pastor.

17“El Padre me ama porque yo doy mi vida para volverla a recibir. 18Nadie me quita la vida, sino que yo la doy por mi propia voluntad. Tengo el derecho de darla y de volver a recibirla. Esto es lo que me ordenó mi Padre.” (Juan 10,11-18 versión Biblia de Estudio Dios Habla Hoy).


El relato evangélico, hoy nos propone reflexionar sobre el liderazgo en la comunidad cristiana. Para ello, presenta a Jesús como el modelo a seguir.

1.    El texto en su contexto:

En el Antiguo Oriente, era frecuente identificar a quienes gobernaban con la imagen del pastor. Así, los reyes egipcios eran representados con los símbolos del pastor (cayado y espantamoscas), al igual que los reyes mesopotámicos y griegos cargando un cordero o un carnero, por ejemplo el dios Hermes.

En el Antiguo Testamento, la imagen del pastor se aplica a Dios y a los gobernantes (Sal 23,1; Is 40,11; Jer 23,1-6; Ez 34,11-31; 37,24. En el Nuevo Testamento se aplica a Cristo (Mt 9,36; 18,12-24; Mc 6,34; Lc 15,4-7; Heb 13,20; 1Pe 2,25; 5,4; Ap 7,17), posteriormente a la dirigencia cristiana (Jn 21,15 cf Hch 20,28; Ef 4,11; 1Pe 5,2).

En los años en que se redactó el Evangelio de Juan, las comunidades cristianas se encontraban perseguidas por el judaísmo (poder religioso) y el ejército imperial (poder político), estaban enfrentadas y divididas porque habían surgido errores que se propagaban dentro de las propias comunidades (gnosticismo). Eran tiempos difíciles.

El relato evangélico contrapone la figura del asalariado a la del pastor, caracterizando al asalariado como quien, ante los peligros o amenazas huye abandonando el rebaño y al pastor como quien es capaz de dar la vida (versículos 11-13); y agrega otra característica que es la relación de intimidad, de conocimiento y de identificación entre el pastor y su rebaño (versículos 14-15).

También presenta a Jesús como un líder inclusivo. No sólo es el pastor de los judeocristianos, sino de los paganos que lo aceptan (versículo 16). Más adelante, el Evangelio de Juan dirá: “y no solamente por esta nación, sino también para reunir a todos los hijos de Dios que estaban dispersos” (11,52 cf Is 11,12; Jer 23,3; Mc 2,12); y un poco más adelante vuelve a retomar este concepto “No te ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí al oir el mensaje de ellos” (17,20). Las comunidades paulinas también sostienen este concepto (Ef 2,11-22), al igual que 1Pe 2,25.

El relato evangélico finaliza reforzando la contraposición que presentó anteriormente, entre el asalariado y el pastor. Aunque Jesús no busca la muerte, ella es la consecuencia de su opción de vida. Una vida dedicada a liberar de la opresión e incluir en una comunidad de iguales a personas excluidas y a anunciar la escandalosa noticia de que Dios tomaba partido por las personas empobrecidas, marginadas, discriminadas. Tanto sus palabras como sus acciones lo enfrentaron directamente al sistema político y religioso (Jer 2,8; 23,1-4; Ez 34,2-10; Za 11,4-17) quienes decidieron matarlo (11,50).


2.    El texto en nuestro contexto:

En la actualidad, las comunidades cristianas también encontramos dificultades: rechazo por parte de una sociedad y una cultura de la postmodernidad; enfrentamientos entre corrientes cristianas fundamentalistas y liberales; líderes cristianos que en  nombre de Dios condenan, manipulando textos de las Sagradas Escrituras, a personas que abortan, homosexuales, divorciadas, adictas, cargándolas de culpa y promoviendo conductas antievangélicas de discriminación y exclusión en sus comunidades. Nada más lejos del mensaje escandaloso e inclusivo de Jesús (Mt 11,28-29):

“Vengan a mí todos ustedes que están cansados de sus trabajos y cargas, y yo los haré descansar. 29Acepten el yugo que les pongo, y aprendan de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontrarán descanso. 30Porque el yugo que les pongo y la carga que les doy a llevar son ligeros”

Jesús, es el modelo para las personas que lideran comunidades cristianas. Es un líder radicalmente y escandalosamente inclusivo, donde sólo quedan fuera de su comunidad quienes se autoexcluyen, rechazando su persona y/o su mensaje. Es un líder que está al servicio de quienes le siguen (Mt 20,25-28). Comunicando vida plena, digna y abundante (Jn 10,10).  Comprometido hasta el fin con sus seguidores y seguidoras (10,11).

Los líderes cristianos en quienes no reconocemos estas características, son como ladrones (versículo 10) o asalariados (versículo 12-13) que no se ocupan del Evangelio, que es buena noticia liberadora para todas las personas discriminadas y excluidas (Lc 4,18-19).

Buena semana para todos y todas.
+Julio
Cuarto domingo de Pascua.


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