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domingo, 15 de enero de 2012

Comentarios a la Biblia Queer - Génesis (décima entrega)

Luego de varias dificultades que se han ido presentando en el último bimestre, retomamos la entregas de los Comentarios Queer a la Biblia.
 
GÉNESIS / BERESHIT
Autor: Michael Carden
Traducción: MCR

 Continuación-

 

“De acuerdo con su promesa, el Señor prestó atención a Sara y cumplió lo que le había dicho…” (Gén. 21.1)

Sin embargo, el uso de la palabra pagad aquí, separa a Sara de los otros relatos donde esta palabra es empleada. El versículo luego continúa diciendo que la divinidad entonces “hizo con Sara como había prometido” – la palabra “hizo”, una forma de asah,  tiene también el significado de efectuar. Quizás este significado debería ser preferido, como ha comprendido la exégesis Rabínica el versículo 2, en paralelo con el versículo 1. Sara concibe y tiene un hijo varón y así su concepción se lee junto a la visita de la divinidad, mientras el nacimiento de Isaac es el resultado -  para ella – de esta visita. Lo que sorprende en este relato es el mínimo papel jugado por Abraham. El texto continúa diciendo que Abraham pone el nombre y circuncida a Isaac, pero es en realidad Sara quien habla en los versículos 6-7, no Abraham, echándose a reír. En la tradición Rabínica, el nacimiento de Isaac se acompaña con muchos prodigios – mujeres estériles conciben, mujeres en todas partes amamantan espontánea y copiosamente, los heridos sanan, y los ciegos y sordos recuperan la vista y el oído. Pero los mayores prodigios están asociados con Sara e Isaac. Sara que dice que ha dado a luz sin el dolor con el que Eva fue maldecida. En este sentido, Sara representa la restauración del primario ideal andrógino. Su maternidad es a la vez milagrosa y un nuevo comienzo, efectuado por la divinidad. Ella también amamanta prodigiosamente y se le traen muchos niños para ser alimentados. Estos niños son bendecidos con la rectitud. El prodigio relacionado con Isaac se refiere a la falta de certeza en cuantoa su paternidad. Las tradiciones Rabínicas expresan considerable ansiedad en cuanto a la paternidad de Abraham. Mientras albergan posibles dudas en cuanto a la maternidad de Sara, diciendo que ella fue acusada de adoptar un niño, es la paternidad de Abraham la que está verdaderamente en duda. Después de todo, Génesis no deja duda de que la concepción y nacimiento de Isaac es un evento milagroso, realizado por la divinidad con Sara. Pero, ¿tiene Abraham algún papel aparte de la circuncisión y la confirmación del nombre de Isaac? En contraste con el nacimiento de Ismael, Génesis no dice en ninguna parte que Abraham tuviera sexo con Sara. La concepción de Isaac es completamente atribuida a la divinidad. Como para confirmar estas inquietudes, la tradición judía dice que el rostro de Isaac fue cambiado milagrosamente para ser la copia exacta del rostro anciano de Abraham. Sin embargo, este milagro parece ser más como una parodia – ningún padre está duplicado exactamente en su hijo.  ¿Es este signo la forma que tiene El Shaddai para burlarse del tema patriarcal y monogenético de Abraham?

No obstante, Sara y su hijo recién nacido quedan sujetos al sistema patriarcal. Con el nacimiento de Isaa, Abraham ahora tiene dos esposas, ambas con un hijo varón. Una opción, como se vio en la historia de Ruth y Noemí, sería que Sara y Agar hicieran causa común e hicieran a un lado al patriarca, o al menos, terminaran su poder sobre ellas. Pero esa no es la opción que toma Sara. En lugar de ello, ve a Ismael como una amenaza para su hijo, y las tradiciones subsiguientes han difamado a Ismael, alegando que este amenazaba matar a Isaac. Sara dice a Abraham que eche a Agar con Ismael, en un lenguaje que pretende degradar, rebajar a ambos. No los nombra, sino que se refiere a Agar como la esclava y a Ismael simplemente como a su hijo. Como destaca Trible (1984: 21), refiriéndose a Agar como la esclava es degradante, con respecto a su estatus anterior en capítulo 16, en que era doncella de Sara y luego esposa de Abraham. Se nos dice que este se siente desolado, con respecto a Ismael solamente y no por Agar. Finalmente, acepta, cuando la divinidad promete que Ismael también se convertirá en una nación, debido a que es hijo del patriarca.

“…entonces fue a decirle a Abraham: ¡Que se vayan esa esclava y su hijo! Mi hijo Isaac no tiene por qué compartir su herencia con el hijo de esa esclava!

Esto le dolió mucho a Abraham, porque se trataba de un hijo suyo.

Pero Dios le dijo: - No te preocupes por el muchacho ni por tu esclava. Haz todo lo que Sara te pida, porque tu descendencia vendrá por medio de Isaac. En cuanto al hijo de la esclava, yo haré que también de él salga una gran nación, porque es hijo tuyo”.

Al hacer esto, la divinidad completa la humillación de Agar. En la teofanía de Génesis 16, se le dice que será la madre de una gran multitud, pero ahora es solo la posteridad de Abraham la que cuenta. De la misma manera, cuando ella e Ismael son echados al desierto y casi mueren de sed, la divinidad responde a la voz de su hijo pero no a las lágrimas de Agar. Como antes con Abraham, la divinidad dice a Agar que Ismael se convertirá en una gran nación, pero no renueva la promesa a ella. Así, la divinidad colabora totalmente con Sara, en sus luchas que refuerzan las divisiones promovidas por el orden patriarcal. Cuanto se implica Sara en el proceso, puede verse en la tradición que golpea a Ismael con el “mal de ojo”,  lo que causa su debilidad y sus dificultades en el desierto. La divinidad interviene para rescatar a Ismael y a Agar, con él. Son conducidos a un pozo, que, en la tradición islámica, es el poco de Zamzam en La Meca. De acuerdo con la tradición islámica, Abraham e Ismael más tarde construirán el primer santuario en La Meca.

A pesar a haber sido instigada por Sara, la expulsión de Agar e Ismael demuestra el poder del padre en los sistemas patriarcales. Los padres en las antiguas Grecia y Roma determinan si un recién nacido será aceptado en la casa y por lo tanto, vivirá, o será echado a una muerte probable. Abraham ha ejercitado sus derechos patriarcales sobre Ismael y Agar, que es su madre. Al recurrir a tal poder patriarcal, Sara misma debe ahora enfrentarse a la perspectiva de las prerrogativas que Abraham ejercerá sobre su propio hijo, Isaac.

[Cuando ella influye sobre Abraham para que este eche a Agar e Ismael, Sara se refiere a Isaac, no como el hijo de Abraham o el hijo de los dos, sino como su propio hijo (Génesis 21.10)]

“Entonces fue a decirle a Abraham: -¡Que se vayan esa esclava y su hijo! Mi hijo Isaac no tiene por qué compartir su herencia con el hijo de esa esclava.”

El ofrecimiento en holocausto de Isaac, la Akedah como se conoce en el judaísmo, es la culminación de este capítulo y es paralelo, sin aparente final feliz al relato que aparece en Jueces, sobre la hija de Jefté (Jueces 11.29-40):

“Y Jefté le hizo esta promesa al Señor: - Si me das la victoria sobre los amonitas, yo te ofreceré en holocausto a quien primero salga de mi casa a recibirme cuando yo regrese de la batalla…

…Cuando Jefté volvió a su casa en Mizpa, la única hija que tenía salió a recibirlo bailando y tocando panderetas. Aparte de ella, no tenía otros hijos, así que, al verla, se rasgó la ropa en señal de desesperación y le dijo: - ¡Ay, hija mía, qué gran dolor me causas! ¡Y eres tú misma la causa de mi desgracia, pues le he hecho una promesa al Señor, y ahora tengo que cumplírsela!

Y ella le respondió: - Padre mío, haz conmigo lo que le prometiste al Señor, ya que él ha cumplido su parte,…te ruego, sin embargo que me concedas dos meses para andar…llorando por tener que morir sin haberme casado.”

El destino de esta muchacha hace explícito lo que enfrenta Isaac. A la luz de la alabanza de Abraham que hacen las tradiciones del Libro, debido a este incidente, puede ser bueno leer a Abraham aquí, relacionado con Jefté. Pues la disposición que manifiesta Abraham para matar a su hijo se ha transformado en un paradigma de fe, de lo que significa ser judío, cristiano, musulmán, mientras que el asesinato que comete Jefté con su hija se ha visto, por lo menos, como locura trágica.

En contraste, la Akedah tiene un papel central en la liturgia judía, particularmente en los Días del Temor, período de diez días desde RoshHashanah hasta YomKippur. Se cree que vada ocasión en que el relato de la Akedah se lee en la liturgia judía, garantiza, al recordarla a la memoria divina, el perdón por los pecados de Israel. Más aún, los primeros cristianos continuaban yendo a este relato claramente para interpretar la ejecución y resurrección de Jesús. En el Islam, la Akedah se conmemora cada año con la fiesta de Eid Al Adha, que termina el anual Haj. Al contrario del relato bíblico, la tradición islámica cree que fue Ismael, no Isaac, a quien Abraham fue ordenado ofrecer en sacrificio, siguiendo la terminación del santuario en La Meca. Sin embargo, el relato en el Qur’an (Sura 37.100-13) es ambiguo en cuanto a cuál de los hijos debe sacrificar Abraham. Es interesante destacar que la tradición judía enseña que ambos, Ismael y Eliezer acompañaron a Abraham e Isaac en su viaje al monte del sacrificio. La presencia de Ismael proporciona una cualidad fuertemente irónica al relato bíblico, en el cual la divinidad se refiere a Isaac como el único, amado hijo de Abraham. Isaac es, naturalmente, el amado único hijo de Sara.

Al comparar esta historia del Génesis con el relato de Jueces, lo que también queda claro es que Isaac es engañado por Abraham en cuanto a su propósito. Isaac claramente tiene sus dudas, siente que algo está mal (Génesis 22.7), pero se lo mantiene a oscuras en cuanto a qué va a suceder.

“Poco después, Isaac le dijo a Abraham: - ¡Padre!
-          ¿Qué quieres, hijo? – le contestó Abraham.
-          Mira – dijo Isaac -, tenemos la leña y el fuego, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?”

Al contrario, Jefté dice a su hija lo que ha prometido hacer y negocia con ella para posponerlo por dos meses, de modo que ella pueda “vagar por las montañas y llorar mi virginidad…” (Jueces 13.37) Así, ella consiente e incluso participa activamente en lo que su padre le hará. Quizás para que Isaac no se vea menos que una joven mujer, la tradición Rabínica ha retratado a un Isaac que coopera activamente en todo lo que Abraham hace. Se dice incluso que Isaac pide a su padre que lo ate fuerte, de modo que no se resista cuando Abraham lo ataque con el cuchillo, o incluso salte, de modo que pueda quedar herido y así inadecuado para el sacrificio. Esta tradición de complicidad está canonizada en el relato del Quran:

“Él dijo: - ¡Oh, hijo! Veo en una visión que te ofrezco en sacrificio: ahora veo qué es esta visión!” (El hijo) dijo: - ¡Oh, padre! Haz como te ha sido ordenado: me encontrarás, si Dios así lo quiere, practicando la Paciencia y la Constancia!” De modo que, cuando ambos hubieron sometido sus voluntades (a Dios), y él lo había postrado sobre la frente (para el sacrificio), lo llamamos a él (Sura 37.102-3)”

Mientras tanto en Génesis como en Quran, la divinidad interviene antes del ataque, otras voces se preservan en la tradición Rabínica, en la cual Abraham aparece casi indistinguible de Jefté. Cuando se dice a Abraham que no mate al muchacho, está afligido, pensando que Isaac ha sido considerado inadecuado para el sacrificio. En otro relato, cuando el cuchillo del sacrificio se disuelve milagrosamente bajo las lágrimas de los ángeles, Abraham intenta cortar a Isaac utilizando la uña de su pulgar. Ya sea con la hoja de un cuchillo o con una uña, hay una tradición que dice que Abraham corta efectivamente a Isaac, y el muchacho pierde una considerable cantidad de sangre. Otras tradiciones hablan del alma de Isaac, dejando su cuerpo temporariamente, y otra dice que Isaac fue efectivamente asesinado y quemado en el altar, pero – milagrosamente – se reconstituyó y volvió a la vida.

Ya sea Isaac, la hija de Jefté, o Ismael, estas historias de niños sacrificados traen a mi mente la experiencia de muchas personas LGTB luchando con la homofobia parental / familiar y el heterosexualismo.

He oído de muchas personas que prefirirían ver a sus hijos muertos, por ser gays. Lo que me llevó mucho tiempo creer: estas personas están diciendo algo que es no más que una verdad. Incluso hablan por otros, demasiado delicados para utilizar palabras tan crueles…De manera similar, esta sociedad desea que sus hijos no sepan nada, desea que sus hijos “queer” se conformen o (y esto no es una figura de lenguaje) mueran; y desea no saber que está logrando lo que desea. (Segwick 1993: 2-3)

Ya sea a través de colocar la camisa de fuerza al armario, o siguiendo ficticios “exgay” programas terapéuticos, o a través del suicidio, los padres ofrecen a sus hijos “queer” en los altares de la homofobia. La sociedad heterosexualista querría creer que sus hijos “queer” son cómplices totales de estos procesos, que voluntariamente ponen sus cabezas en el altar e imploran a sus padres que aten las cuerdas más fuerte, de modo que el ofrecimiento no se frustre. La imagen de Isaac reducido a cenizas y luego restaurado, representa la última fantasía del hijo completamente transformado, rehecho, en una forma que conforma a sus padres y a la agenda de la sociedad. Pero el Isaac de ambos Génesis y la subsiguiente tradición es una figura hechizada por su propia muerte. Vive en la tienda de su madre, incapaz de abandonar la Tierra. Su vida en la narración del Génesis es breve y en su parte más amplia, él está pasivamente sujeto a las agendas de los demás. Ante el pedido de Abraham, Eliezer arregla los hechos que llevarán al matrimonio de Isaac, incluso cortejando a la futura novia. Ella, Rebeca, será responsable por determinar cuál de sus hijos heredará a Isaac, que para entonces está débil y ciego. La tradición dice que Isaac tenía el rostro de Abraham y, en apoyo de esto, la única descripción que el Génesis brinda de Isaac es una pálida copia de Abraham en (Egipto y) Gerar. El texto no siquiera cambia el lugar o el nombre del rey. Como nos recuerda Zornberg, la única realidad de la vida de Isaac es el hecho terrible de “sus cenizas…apiladas sobre el altar” (Zornberg 1996:128)

Al ser ofrecido en el altar, Isaac al final se convierte en el hijo de Abraham. Reducido a cenizas y reconstituido, ahora vive la vida  que Abraham ha proyectado para él.  El ofrecimiento de Isaac, entonces, puede leerse como representando la forma en que la homofobia y el heterosexualismo lleva a los padres a sacrificar a sus hijos y cómo esto conduce a su muerte, espiritual o física. Más todavía, las tradiciones en la homofobia internalizada trabajan para convertir a las personas “queer” cómplices en el régimen del “armario”. Sin embargo, hay muchas otras formas en que las sociedades y padres pueden ofrecer a sus hijos, y que también puede ilustrarse por el ofrecimiento de Isaac. Con el aumento del clamor de guerra y militarismo, me siento obligado a terminar esta “parasha” citando al poeta de la Primera Guerra Mundial, Wilfred Owen, y su devastante lectura de este relato en el poema The Parable of the Old man and the Young” (Parábola del Anciano y el Joven) Quizás fue la propia homosexualidad de Owen que lo puso en sintonía con la dinámica del poder y el ofrecimiento de Isaac a la muerte. Antes de Owen, prácticamente todas las lecturas a través de las tradiciones, incluyendo la de Kierkegaard, leídas desde la perspectiva del padre, solamente consideran al hijo como totalmente cooperativo. El relato de Owen brevemente resume los hechos, hasta que Isaac pregunta a Abraham “¿dónde está el cordero, para el sacrificio?” Isaac no recibe respuesta pero, en su lugar, es atado “con cinturones y cuerdas” mientras todo a su alrededor se construye con “parapetos y  trincheras”. Cuando un ángel del cielo interviene, urgiendo a Abraham a “acuchillar en su lugar al Cordero del Orgullo”, concluye Owen, “Pero el anciano no hizo eso, sino que mató a su hijo, y a la mitad de la semilla de Europa, una por una” (Owen 1999) Debe también recordarse que la hija de Jefté muere, para completar la agenda militar de su padre. (Jueces 11.39)

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