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viernes, 22 de octubre de 2010

Carta de Santiago - Primera entrega.

A partir de este momento comenzamos a publicar la Epístola de Santiago según la Biblia Queer, trabajo traducido por nuestra hermana MCRP.

SANTIAGO / L. William Countryman

La Carta de Santiago es destacable, por su estilo colegial y conciliador y su voluntad para enfrentar la más importante falta de los cristianos. La carta se dirige a sanar una enfermedad de la sociedad cristiana que se extiende a muchas áreas de la vida comunitaria, pero es particularmente evidente en la deferencia excesiva en la lealtad a los ricos, y un reclamo de parte de estos, en el sentido de que están sobre la “ley real” de amar al prójimo como a uno mismo. Santiago establece cuidadosamente su argumento para anular las defensas, tanto internas como públicas, de aquello a quienes él acusa de falta, incluso antes de hacer la acusación misma.

El siguiente abordaje de la Carta de Santiago, combina tres perspectivas primarias. El autor es un erudito bíblico, cuyo estudio se centra en la distancia cultural entre el mundo Mediterráneo antiguo y el suyo. También es un cristiano que encuentra a las Escrituras como un punto principal de encuentro con Dios y con las Buenas Nuevas de Jesús. Y es un hombre gay, cuyo viaje espiritual lo ha conducido a celebrar este hecho como un regalo de Dios. Considera la exégesis como la tarea de traer la complejidad de los textos antiguos y sus mundos en un diálogo con las complejidades de nuestro propio mundo.

La Carta de Santiago demoró en formar parte del canon del Nuevo Testamento, saliendo claramente a la luz solo a fines del siglo II o comienzos del III. En el siglo IV, Eusebio aún lo categoriza como uno de los libros en disputa. Incluso después de adquirir un aparente lugar seguro en el canon, Lutero lo objetó, como negando el principio de la justificación por la fe solamente y estando demasiado involucrado con la figura de Cristo. Otros reformadores, sin embargo, no están de acuerdo con esto.

El griego en que está escrito el texto es, de acuerdo con las normas del Nuevo Testamento, refinado; y esto produjo dudas en el siglo IV, en cuanto a si podía realmente haber sido escrito, como se asumía tradicionalmente, por Santiago, “el hermano del Señor”. Si Santiago es el autor verdadero o si la obra fue meramente adjudicada a él, aparece como surgida de círculos judíos cristianos, lo que podría explicar el porqué de haber sido lento su camino hasta el canon del Nuevo Testamento, determinado predominantemente por las tradiciones y preocupaciones de la cristiandad gentil.

La Carta es importante, entonces, en parte porque representa la voz de un hoy oscuro elemento del primer Cristianismo – aquellos seguidores de Jesús que permanecieron en el judaísmo y formaron una de las varias sectas que ofrecieron interpretaciones sobre qué trataba el verdadero judaísmo. Los destinatarios parecen haber vivido en circunstancias asentadas, en pequeñas ciudades y aldeas. Nada sugiere que sus comunidades incluyeron a gentiles. La Carta tiene poco que decir acerca de la Cristología, pero alude a las enseñanzas de Jesús en una forma cercana a la encontrada en el Evangelio de Mateo.

Los estudios modernos asignaron una relativamente tardía fecha a esta Carta, debido a las dudas sobre su autoría y al hecho que nunca es específicamente citada antes del siglo II. Por otra parte, no hay en ella preocupaciones explícitas, características específicamente del siglo II. Algunos elementos incluyen una fecha anterior, además de que los destinatarios, mientras experimentan alguna desventaja conectada con su profesión de fe, no parecen estar viviendo en un mundo azotado por guerra o persecución. Sería mucho más fácil encontrar tales circunstancias en el Mediterráneo Oriental antes de la Primera Guerra Judía (66-70 DC)

Como el judaísmo Farisaico-Rabínico, con su concentración en halakhah, Santiago se centra en la conducta, más que en la doctrina: “La religión que es pura e incorrupta ante Dios, el Padre, es esta: preocuparse de los huérfanos y las viudas en su dolor, y mantenerse sin mancha del mundo” (1.27) La Carta está llena de sabios consejos y admoniciones, algunas más bien amargas, sobre la conducta. Su parecido con partes del Libro de Proverbios en las Escrituras de Israel, conduce a algunos a leerla como un tipo de literatura sapiencial dentro del Nuevo Testamento.

La contraparte griega, de esta sabiduría práctica hebrea, se llama “parainesis”. Elementos de ella a menudo se muestran en partes del material final de las Cartas del Nuevo Testamento (por ej., Filipenses 4.4-9; Tesalonicenses 5.12-20), pero en ninguna otra parte predomina una escritura completa como lo hace Santiago. Este material parece algo informe o incluso repetitivo para el lector moderno; y los estudiosos de Santiago siempre han encontrado a esta Carta difícil de resumir o esquematizar de una manera clara o atractiva. Una forma de comprender, entonces, podría ser asumir que no tiene una “ocasión” específica de escritura y tampoco un tópico especial que desea abordar, sino que está más interesado el autor en alcanzar al lector la sabiduría acumulada de la comunidad o de él mismo.

Por otra parte, el clásico uso de la sabiduría proverbial es citarla para propósitos particulares; la persona verdaderamente sabia es la que pueden identificar el proverbio acertado para la ocasión. Si “Nada arriesgado, nada ganado” es adecuada para una ocasión, “Pájaro en mano es mejor que dos volando”, es mejor para otra ocasión. Si percibimos, entonces, que la sabiduría en la Carta de Santiago es de hecho centrado en un relativamente pequeño número de tópicos que él colocado en forma repetida a través de la Carta, podemos sospechar que hay un conjunto de temas en vista, que el autor está tratando no para componer paso a paso un argumento lógico, sino para dar vueltas alrededor de ellos en formas que los destinatarios pueden seguir mejor que el más remoto lector de tiempos posteriores.

Traducción MCRP. Montevideo, 2010.

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