Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica y Apostólica. Personería Jurídica 10103 (M.E.C. Uruguay).

domingo, 29 de enero de 2017

Jesús manifiesta la ética del discipulado




4º Domingo del Tiempo de la Manifestación de Dios a todos los pueblos.
Ciclo A – Mt 5,1-12
Jesús manifiesta la ética del discipulado


1.     El texto en su contexto:

El Sermón de la Montaña manifiesta al nuevo Moisés, Jesús Mesías, que realiza la nueva alianza, con el nuevo pueblo de Dios, la multitud de personas (5,1) que le sigue y le escucha (4,25). Todo el sermón es como el “estatuto” o la “constitución” del pueblo de la nueva alianza que aunque pequeño como el grano de mostaza (13,31) pero llamado a crecer en medio de la humanidad, como la levadura en la masa (13,33), para ser luz para todos los hombres y las mujeres (5,14-16) manifestando que otro mundo es posible cuya modo de relacionarse es a través del amor y la solidaridad (Hch 4,32-37).

Luego de un prolongado silencio de siglos, en que el espíritu profético no se manifestaba en Israel, Jesús presenta su itinerario mesiánico comenzando con las bienaventuranzas (5,3-11). El silencio se rompe (Is 53,7; Ez 3,27; Sal 78,2) con la proclamación de ocho bienaventuranzas que son como la síntesis del mensaje mesiánico. A diferencia de Moisés, Jesús no entra mandamientos a su pueblo sino enunciados de valor donde liga la felicidad humana a exigencias y promesas. Muchas veces se han visto en las bienaventuranzas de Mateo, una espiritualización del mensaje de Jesús: “los pobres de espíritu” por ejemplo. Nada más lejos de espiritualizar el mensaje. Los ricos, los poderosos jamás tendrán la actitud de “los pobres e Yahveh” (= anawin o “pobres de la tierra”).  Según Mateo, la felicidad humana no estaría tanto en el ejercicio de estos valores propuestos por Jesús Mesías sino en las consecuencias del ejercicio.

La manifestación del Reinado de Dios se expresa a través del consuelo (Is 40,1) de la misericordia (Ex 34,6) y la presencia divina (Sal 11,7; 17,15; 63,3) para quienes hace sus hijos e hijas (Dt 14,1; Os 2,1). ¿Quiénes?

Las personas que tienen un corazón similar a los corazones de “los pobres de la tierra” (5,3 cf 1Sam 2,8; Sal 72,4.13). Las personas que se encuentran afligidas (5,4 cf Ex 3,17; Is 48,10). Las personas que son despojadas injustamente de la tierra y sus bienes (5,5, cf Sal 37,11). Las personas  que tienen un deseo intenso por la justicia, haciendo de ese deseo una necesidad profundamente sentida al punto de identificarla con el Reino mismo de Dios (5,6 cf Sal 42,2; 63,2). Las personas que imitando a Dios son misericordiosas y practican la misericordia (5,7 cf Prov 14,21; Sal 41,2). Las personas sinceras, honestas, transparentes, éticas (5,8 cf Sal 24,4; Prov 22,11). Las personas que buscan la paz, la paz entendida como el Shalom de Dios, es decir, paz con justicia, paz con transformación de estructuras opresoras (5,9 cf  Is 2,2-5). Las personas que son víctimas inocentes como consecuencia de su compromiso y trabajo por la justicia (5,10 cf 10,23; 23,34; Sab 2). Las personas que asumiendo el discipulado, comprometiéndose con la misión de Jesucristo, trabajando por la construcción del Reinado de Dios son perseguidas (5,11-12 cf 2Cr 36,16; Sal 44,23; 74,22; 1Pe 4,14).


2.     El texto en nuestro contexto:

En nuestro mundo globalizado, neoliberal, individualista, consumista, post moderno, este texto del Evangelio de Mateo nos cuestiona profundamente. Quienes afirmamos ser discípulas y discípulos de Jesucristo debiéramos reconocer nuestras limitaciones humanas que se transforman en distintos tipos de pobrezas (1Cor 1,26-31) comprometiéndonos radicalmente (Lc 9,62) con la paz, pero no una paz con personas vencidas, oprimidas, desplazadas, desposeídas, perseguidas. La paz que vive nuestro mundo, la paz que viven nuestros países no es la paz mesiánica, no es la paz que Jesús nos invita a construir. La paz desde la perspectiva bíblica necesariamente va acompañada de justicia, de equidad, de solidaridad. Mientras tengamos pueblos originarios desplazados de sus tierras, campesino y obreros explotados, personas en situación de calle, mujeres víctimas de violencia doméstica, trabajo infantil, iglesias condenando a las personas jamás tendremos paz.

Quienes afirmamos ser discípulos y discípulas de Jesucristo debiéramos practicar la misericordia como lo hace Dios, sin pedir nada a cambio (Lc 15,11-32), sin juzgar, sin condenar, sin demonizar a las personas porque son actúan diferente a nuestra expectativa, a nuestro modelo. La misericordia va acompañada necesariamente de la aceptación, de la inclusión sin importar nada más que la dignidad humana (Lc 10,25-37).

Para que el mensaje de Jesucristo que proclamamos a las mujeres y los hombres del siglo XXI sea creíble, necesariamente debemos ser personas que asumen el discipulado éticamente, comprometidamente y radicalmente. Seguramente, esta actitud nos acarreará conflictos con el sistema político y con el sistema religioso y sabemos que eso no es nuevo, le sucedió a los profetas, a Jesús, a la comunidad apostólica, a la Iglesia de los primeros siglos y a todas las personas que a lo largo del cristianismo se han comprometido con la causa de Jesús (5,11-12).

Bienaventuradas y bienaventurados ustedes que exponiéndose a situaciones riesgosas, construyen el Reinado de Dios en la historia de la humanidad promoviendo los valores mesiánicos frente al dogmatismo y tradiciones de los sistemas religiosos.

Buena semana para todos y todas +Julio.

domingo, 15 de enero de 2017

Jesús es la plenitud de la manifestación de Dios



2º Domingo del Tiempo de la Manifestación de Dios a todos los pueblos.
Ciclo A – Jn 1,29-34

Jesús es la plenitud de la manifestación de Dios

1. El texto en su contexto:

Juan el Bautista da testimonio de Jesús como el que es Elegido de Dios para revelarlo a todos los pueblos (Is 49,3-6). Lo señala como el “Cordero de Dios” (versículo 29) haciendo alusión al cordero pascual (Ex 12,1-24; 1Cor 5,7; 1Pe 1,18-19), al cordero que se sacrificaba diariamente en el Templo (Ex 29,38-42), o al cordero vencedor del mal (Ap 17,14); en cualquiera de las tres alusiones hay una referencia clara al Siervo de Yavé (Is 53,4-7; Hch 8,32) descrito en los cuatro cánticos del Siervo en el profeta Isaías.

Claramente, señala el Bautista que Jesús no es simplemente otro profeta, es el Elegido (Jn 1,15.27.30), en quien reposa la plenitud del Espíritu Santo (versículo 32) para ser comunicado a la humanidad (versículo 33 cf Is 11,1-2; 42,1; 61,1; Mt 3,11.16-17; Hch 1,5; 2,1-4) y de eso da testimonio (versículo 34).

En Jesús, reconocemos el rostro humano, el rostro visible de Dios (Jn 1,1-3.14-18; 1Cor 8,6; Col 1,15-17). Dios se ha manifestado a la humanidad de diversas maneras a lo largo de la historia, pero en Jesús se manifiesta en plenitud a sí mismo (Heb 1,1-3 cf  Sab 7,25-26 y Jn 1,4-9). Ver a Jesús es ver a Dios (Jn 14,9).

2. El texto en nuestro contexto:

Toda la ternura, la compasión y la misericordia de Dios se revela plenamente en las palabras y las acciones de Jesús. La Iglesia está llamada, al igual que Juan el Bautista, a dar testimonio de Él ante todos los pueblos (Mt 28,19). Ella no es propietaria del mensaje, está al servicio de forma que no tiene autoridad para modificarlo.

Nuestra sociedad contemporánea está necesitada del mensaje liberador, sanador e inclusivo de Jesús. Transcurre por la historia dividida, persiguiendo, juzgando y discriminando; prisionera del individualismo, del consumismo, del capitalismo que destruye la vida en todas sus formas. La sociedad entera espera de la Iglesia que manifieste la ternura, la compasión y la misericordia de Dios. Sin embargo, algunos sectores se han atribuido el derecho a modificar el contenido del mensaje descontextualizándolo, reforzando el sistema opresivo que excluye a todas las personas que no se ajustan a las enseñanzas de esas denominaciones cristianas.

Llamada a ser luz para todos los pueblos (Mt 5,14-16), la Iglesia debiera liderar en materia de derechos humanos y dignidad humana y no ser un peso culpabilizador y moralista. Ella revela a la humanidad a Jesús que es la plenitud de la revelación de Dios (Col 2,9).

Nosotros y nosotras, que por el Bautismo pasamos a formar parte de la Iglesia (1Cor 12,12-13) recibimos la misión de dar testimonio de Jesús, el Elegido de Dios que lo revela a sí mismo, comunicando vida plena, digna y abundante (Jn 10,10); comprometidos con los cambios profundos que necesita la sociedad y la propia Iglesia.

Buena semana para todos y todas +Julio.


 


domingo, 8 de enero de 2017

Dios se manifiesta





Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo
Domingo 8 de enero de 2017.
Mt. 2,1-12

Estimados hermanos y hermanas.
Apreciadas amigas y amigos.

Tengan mucha paz en el día en que celebramos la manifestación de Dios, en la persona de Jesucristo, a todos los pueblos, representados en esos personajes misteriosos, que unos llaman magos y otros sabios (Mt 2,1-12).

La Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, comienza hoy un nuevo tiempo litúrgico que se extiende hasta las vísperas del Miércoles de Cenizas. A este tiempo, le denominamos “Manifestación de Dios para todos los pueblos” El eje de reflexión de estas semanas, es la revelación de un Dios que no hace diferencia entre las personas (Hch 10,34), revelándose a la humanidad; sin distinción de credos, razas o naciones (Mt 2,1-12).


1.     El texto en su contexto:

Tengamos en cuenta, que los Evangelios de la infancia de Jesús, tanto los de Mateo como los de Lucas, carecen de historicidad tal como entendemos actualmente la historia: “Historia es la ciencia que estudia y sistematiza los hechos más importantes y transcendentales del pasado humano. Dichos sucesos son analizados y examinados en función de sus antecedentes, causas y consecuencias, y en la acción mutua de unos sobre otros, con el propósito de comprender correctamente el presente y de preparar el futuro” (http://conceptodefinicion.de/historia/); incluso en algunos puntos, los relatos de la infancia se contradicen, por ejemplo en Mateo el anuncio del nacimiento del Mesías es a José (1,20-25) mientras que en Lucas el anuncio del nacimiento del Mesías es a María (1,26-38). Esto no les quita seriedad, por el contrario, en cuanto historia sagrada, los Evangelios de la Infancia nos desafían a descubrir su mensaje para la o las iglesias destinatarias, para luego interpretar el mensaje para nuestro tiempo.

Mateo sitúa el nacimiento de Jesús, el Elegido de Dios, en Belén de Judea en tiempo de Herodes (versículo 1), una información bien precisa que nos permite situarnos en el Israel ocupado por el imperio romano, en el período (37 – 4 aC), en la ciudad de David (1Sam 16,1; Lc 2,4-7). Ya en este primer versículo encontramos algunos elementos significativos. El pueblo de Dios  estaba sometido por un imperio poderoso, en ese contexto, Mateo sitúa a Jesús en el lugar donde nació el rey David, alentando la esperanza en el nacimiento del Rey – Mesías.

No menos significativos son los versículo1-2. Estos personajes que llegan de Oriente representan a los pueblos no judíos, es decir el mundo pagano, que reconocen a Jesús como el Elegido de Dios (versículo 2). Ellos llegan a la ciudad santa de Jerusalén, a la cuna del judaísmo, el centro político y religioso de Israel, el lugar donde residían Sumos Sacerdotes, Maestros de la Ley, Levitas y toda clase de personas entendidas en las Escrituras Hebreas, lo que llamamos el Antiguo Testamento. ¿Cómo es posible que ninguna de las autoridades religiosas  se percatara del mayor acontecimiento de la fe judía, el Mesías esperando estaba entre ellos (Is 7,14) y no lo reconocieron (Jn 1,11); sin embargo, la idea de un “elegido” nacido en la ciudad de David incomodó al poder político (versículo 3) que vio la amenaza de un despertar de la esperanza liberadora y restauradora (Mt 2,6 cf Miq 5,2).

A pesar de la ignorancia del poder religioso y de la preocupación del poder político, estos personajes continuaron su camino  con la clara intención de buscar y adorar al Elegido de Dios (versículos 9-11).


2.     El texto en nuestro contexto:

Que lejos estamos de seguir el ejemplo de aquellos personajes llegados de Oriente para adorar al que se manifiesta como Dios con nosotros y nosotras, entre nosotros y nosotras (Is 7,14)! El día en que celebramos la Manifestación de Dios para todos los pueblos de la tierra, el sistema capitalista, el mundo de las finanzas, la cultura del consumismo lo transformaron en la “manifestación del dios dinero, del dios poder adquisitivo, del dios compras, del dios desigualdad”.

¿Acaso el sistema religioso cristiano ignora la manifestación de Dios para todos los pueblos, tal como le sucedió al judaísmo? ¿Qué líderes religiosos levantaron sus voces esta semana pasada contra el grosero consumo  producido con motivo de la escandalosa “fiesta de reyes”? Seguramente más de uno, en sus celebraciones anduvo paseando estatuas para colocarlas en los pesebres, otros, sin lugar a dudas organizaron teatralizaciones de la llegada de estos personajes de Oriente. Lamentable …

Desde la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, una vez más volvemos a ser una voz discordante, tanto con las Iglesias de tradición como con las Iglesias emergentes. En este día en que celebramos la Manifestación de Dios para todos los pueblos de la tierra, en la persona de Jesús, el Mesías y durante los días siguientes, hasta las vísperas del Miércoles de Cenizas ponemos nuestro mayor esfuerzo en anunciar que Dios se manifestó, que Dios se está manifestando, que Dios se manifestará para todos los pueblos, en todos los tiempos.

Afirmamos que este sistema injusto oculta al Dios verdadero y nos muestra ídolos fabricados por los poderosos; poderosos que al igual que Herodes se sienten inseguros por la presencia del Elegido de Dios.

Afirmamos que hay líderes religiosos que son cómplices de este sistema y buscan afianzar su poder.

Afirmamos que hay líderes religiosos que están ignorantes de las manifestaciones de Dios pues están centrados en sus tradiciones, en sus ritos y negados a la novedad que el Espíritu manifiesta a las Iglesias.

Tal vez el mayor desafío que enfrentamos, es discernir los signos de los tiempos; para aquellos hombres de Oriente fue seguir una estrella, para nosotros y nosotras hoy, será identificar aquellas pistas que nos marcan el camino como Iglesia. Buscar y encontrar a Dios manifestándose hoy es nuestra vocación. El propio Jesús, nos dejó algunos indicios (Mt 25,31-46) ¿Quiénes son hoy las personas vulneradas en sus derechos y dignidad por el sistema político y el sistema religioso? ¿a quienes condena hoy el cristianismo? ¿a quienes dejan fuera las iglesias? …

Feliz Epifanía!
Feliz manifestación de Dios para todos los pueblos!
Tengan, todos y todas, en todas partes, una bendecida semana +Julio.



domingo, 1 de enero de 2017

Dios salva





Tiempo de la Encarnación
Domingo Primero.
Ciclo A – Lc 2,16-21

Iniciamos este año impartiendo la bendición de Dios a todos y todas, tal como nos fue mandado (Num 6,22-27):

"El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz".

Que cada uno y cada una de los miembros de nuestra Iglesia, nuestros amistades, nuestros lectores y lectoras reciban esta bendición.

En el marco de la reforma litúrgica que iniciara nuestra Iglesia el año pasado, el tiempo transcurrido entre las vísperas de Navidad y las vísperas del Miércoles de Ceniza lo llamamos Tiempo de la Encarnación y su eje de reflexión es la encarnación de Dios, al cumplirse la plenitud de los tiempos (Ga 4,4-7), en la historia humana ; haciéndose en todo semejante a nosotros y nosotras (Heb 4,15); al decir del profeta Isaías: Emmanuel, que significa Dios con nosotros y nosotras, entre nosotros y nosotras (7,14 cf Mt 1,23).

Creer en la encarnación de Dios exige necesariamente aceptar que la naturaleza humana fue asumida por Dios; la totalidad de la naturaleza humana no la parte buena, la parte santa, la parte justa. Dios se encarnó (Jn 1,14) haciéndose uno de tantos (Fi 2,7), es decir, asumió la totalidad y la diversidad de la humanidad. Y esto es una buena noticia para las personas discriminadas y excluidas. Dios se hizo uno de ellos. Es más, les eligió preferentemente para ser uno de ellos y ellas, uno entre ellos y ellas (Mt 25,31-46).

La Iglesia, necesariamente debe seguir el ejemplo de Aquel que es su fundamento (1Co 3,11), su Maestro y su Señor (Jn 13,13) encarnándose en la vida de la sociedad contemporánea. Únicamente, cuando la Iglesia sea parte de la vida de aquellas personas que son discriminadas y excluidas, vulneradas en sus derechos y su dignidad, será capaz de liberar y de liberarse, de sanar y de sanarse.

Estamos llamados y llamadas a formar parte de una Iglesia capacitada para el diálogo y el encuentro con la sociedad contemporánea, enviada al servicio de las personas y los colectivos vulnerados en sus derechos y su dignidad. Este desafío solo es posible, si seguimos al Señor que la envía.

Es necesario poner fin, de una vez por todas, a la iglesia moralista, inquisidora, poseedora de la verdad, administradora de la salvación humana. La Iglesia está integrada por personas que no somos perfectas. La Iglesia es Madre pero como tal se equivoca. ¿Quién puede afirmar: “mi madre jamás se equivocó”, es más, quien puede afirmar: “yo como madre no me equivoco”?


Hoy, primero de enero, recordamos en la liturgia, la circuncisión de Jesús y su santo nombre.

Relatan los Evangelios que María y José, cumpliendo lo establecido por la Ley de Moisés circuncidaron al niño al octavo día y le pusieron por nombre Jesús (Lc 2,21). El rito de la circuncisión era el signo de pertenecer al pueblo elegido, la visualización en la carne humana de la alianza entre Dios y los patriarcas. José y María, en cuanto judíos y practicantes de la religión de su pueblo cumplieron con lo establecido y por medio de la circuncisión, Jesús pasó a formar parte del pueblo depositario de las promesas de Dios. La asignación del nombre Jesús, es muy significativa. En un tiempo, en el que pueblo judío estaba sometido al poder del imperio romano, en que el sumo sacerdocio era más un cargo político que religioso y que necesitaba la venia política para el nombramiento, donde la ciudad santa de Jerusalén y el Templo eran custodiados desde la fortaleza Antonia, un territorio donde las personas excluidas aumentaban a pasos agigantados bajo la opresión de los poderosos, llamar a un recién nacido Jesús, que significa “Salvación” o “Dios salva” no es poca cosa.

Es clara la esperanza de José y María al ponerle nombre a su hijo en ese contexto de opresión y sometimiento. Este gesto es hacer presente el espíritu profético que se había silenciado, al parecer apagado por aquellos tiempos. Dios salva, es la chispa capaz de reavivar la esperanza de los oprimidos, de los vencidos, de los explotados. Por su experiencia sabían, que ni el imperio, ni el ejército, ni el templo, ni los políticos, ni los poderosos les sacarían de la situación de injusticia y vulneración en que se encontraban. Toda esperanza en acciones humana había desaparecido, solo Dios, al igual que siglos atrás, podría escuchar el clamor de su pueblo y enviar un Liberador (Ex 3,7-9).

En nuestros contextos, miles de personas sometidas a situaciones inhumanas, vulneradas en sus derechos fundamentales y en su dignidad claman justicia y solidaridad y Dios las escucha. Nosotras y nosotros, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana damos testimonio de que Dios escuchó su clamor y les respondió. Lo hizo, primeramente en la persona de Jesucristo que vino a salvar (Lc 19,10) trayendo la buena noticia de la liberación a todos y todas (Lc 4,18-21). Lo continúa haciendo, en las iglesias que fieles a las enseñanzas del Maestro trabajan en la construcción de otro mundo posible.

Jesús es la razón de nuestra esperanza (1Pe 3,15) por eso, en su nombre liberamos y dignificamos (Hch 3,6); queremos ser el instrumento por el cual Dios salva a las personas que el sistema político y religioso contemporáneo oprime, discrimina, excluye, silencia, invisibiliza, deshumaniza y culpabiliza, vulnerando sus derechos y su dignidad.

Reafirmamos una vez más, que a la encarnación de Dios en la humanidad corresponde la encarnación de la Iglesia en la sociedad. El santo nombre de Jesús, es el mensaje para quienes a nadie interesan: Dios salva, Dios continúa salvando, Dios seguirá salvando en la persona y en el mensaje de Jesús a través de una iglesia comprometida y solidarida.

Bendecido año 2017.
Buena semana para todos y todas.
+ Julio.