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domingo, 12 de marzo de 2017

Abandonando al Cristo dogmático – Recuperando al Mesías Jesús: segundo domingo del tiempo de la Renovación





2º Domingo del Tiempo de la Renovación
Mt 17,1-9  (cf Mc 9,2-13; Lc 9,28-36; 2Pe 1,16-18)

Abandonando al Cristo dogmático – Recuperando al Mesías Jesús


1.     El texto en su contexto:

Seis días después que Jesús realizara el primer anuncio de su muerte (Mt 16,21-28) sucede este acontecimiento que combina una cristofanía (17,2-3) y una teofanía (17,5).

El relato de la Transfiguración es la anticipación de la Resurrección y sin lugar a dudas fue escrito a la luz de la Pascua. Mt 17,1-9 y sus paralelos debe ser leído en referencia al texto de Ex 24,1-18: la confirmación de la Alianza a la que Israel había sido invitado (Ex 19,3-6). Varias son las coincidencias entre el relato de la confirmación de la Alianza de Éxodo y la Transfiguración de los sinópticos:

Ø Moisés sube al monte (Ex 24,9) Jesús sube al monte (17,1).

Ø Moisés va acompañado por Aarón, Nadab y Abihú (Ex 24,1) Jesús lo hace acompañado por Pedro, Santiago y Juan (Mt 17,1).

Ø Moisés está seis días en el monte (Ex 24,16) Jesús seis días después del anuncio de su muerte va con los tres discípulos al monte (Mt 17,1).

Ø A Moisés lo cubre la nube (Ex 24,15) y en el episodio de la Transfiguración son cubiertos por una nube (Mt 17,5).

Ø El pueblo se compromete a obedecer lo que han oído sobre Dios de parte de Moisés (Ex 24,3), a los tres apóstoles se les ordena escuchar a Jesús (Mt 17,5).

Ø La presencia de Dios es experimentada en la renovación de la Alianza (Ex 24,1.10.15-18), la presencia de Dios es experimentada en la Transfiguración (Mt 17,5-6 cf 2Pe 1,16-18).

La luminosidad de Jesús transfigurado nos remite a los relatos vétero testamentarios donde la Gloria de Dios se manifiesta a través de luminosidad (Sal 57,6.12; Eclo 42,16); el rostro de Jesús brilla como el sol (Eclo 17,31); sus vestidos blancos como la luz (Sal 104,2); la nube luminosa (Job 37,15), pero con una diferencia significativa con el texto de Éxodo: en el relato del Nuevo Testamento, la luminosidad proviene de dentro de Jesús y en el relato del Antiguo Testamento del exterior de Moisés.

En la cristofanía, aparecen Moisés, el mediador de la Alianza (Ex 24) y Elías, el primero de los profetas (1Re 17).

La nueve acompaña las Teofanías (Ex 13,21; 16,10; 20,12; 34,5; 40,34; 1Re 8,10-11; Ez 10,3) desde donde se escucha la voz de Dios (Dt 5,22; Sal 99,7). En el relato de la Transfiguración es la voz del Padre que da testimonio del Hijo (Is 42,1; Sal 2,7; Dt 18,15), Jesús es el último de los profetas que se manifiesta bajo la figura del Siervo de Yavé.

El comentario de Pedro nos remite a una situación gozosa que podría hacer haciendo alusión a la Fiesta de las Enramadas.


2.     El texto en nuestro contexto:

Más allá del relato teológico que nos prepara, con el relato de la Transfiguración, al Acontecimiento Pascual ¿qué sucedió esa noche entre Jesús y los tres apóstoles que ellos comprendieron su misión y lograron identificarlo con el Mesías? Ya no había dudas en ellos. La certeza de estar en presencia del Mesías se había instalado en ellos.

La conversación entre Jesús y ellos, los silencios, las miradas, las emociones … todo se resume en la certeza de estar con el Mesías. A partir del compartir con Jesús, la comunidad apostólica construyó  un relato teológico para dar sentido a los que iba sucediendo, primero con Jesús, luego con ellos, finalmente con sus comunidades. Progresivamente se fue construyendo la figura del Cristo dogmático quedando disminuida y casi invisibilizada la figura humana de Jesús de Nazaret, ese hombre que logró convencer a Pedro, Santiago y Juan que él era el Mesías. Enfrentamos el desafío de realizar el camino inverso, partir del Cristo de la fe deconstruyendo su figura hasta identificar al hombre Jesús. Solamente desde este camino de revisión podremos liberar ese encuentro, Maestro – discípulos cuya consecuencia es la certeza que Jesús es el Mesías.

¿Qué sabemos del Jesús histórico? ¿cómo era esa persona fascinante que logró convencer a sus discípulos que era el Mesías? ¿cuántos años tenía? ¿cuál era su estatura? ¿y el color de su piel? ¿y de sus ojos? ¿cómo se ganaba la vida? ¿cómo adquirió esa experiencia cotidiana de la vida de los pobres, de los trabajadores? ¿qué cosas impactó en la vida de sus seguidores? ¿de qué hablaba con ellos en los momentos de intimidad, de confianza, en esas noches de encuentro y diálogo? Sin llegar a recuperar la figura histórica del judío Jesús de Nazaret no podremos hacer nuestra experiencia de fe, seremos simples repetidores de la fe de otros, de la construcción teológica que hicieron otros, creeremos en alguien a quien no conocemos.

El relato de la Transfiguración nos invita a las comunidades discipulares de hoy a reencontrarnos con Jesús para, desde nuestra experiencia de discipulado, redescubrir al Mesías para testimoniarlo a las mujeres y los hombres de nuestro tiempo; un Mesías encarnado en nuestro contexto, partícipe de las tristezas y las alegrías de la humanidad actual, entendedor de las problemáticas de las mujeres y los hombres de nuestro tiempo.

Con este desafío, iniciamos una nueva semana: abrirnos a la experiencia del encuentro con Jesús, a descubrir su humanidad, a entender su forma de creer en Dios, a imitarlo en nuestros entornos. Este recorrido en la fe, no es otra cosa que subir al monte con Jesús, dejar que se nos revele, escucharlo … y así renovar nuestra experiencia de fe.

Buena semana para todos y todas +Julio.

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