Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

domingo, 30 de octubre de 2016

24º domingo después de Pentecostés - El tiempo de la Iglesia: Las iglesias que llaman a las personas “pecadoras”, “abominables”, “pervertidas”, “degeneradas”, “contrarias a la naturaleza” no son la Iglesia de Jesucristo.





Lc 19,1-10

1-    El Texto en su contexto:

Jesús de camino a Jerusalén llegó a Jericó (versículo 1). Jericó fue la primer ciudad que conquistó Israel liderado por Josué, al entrar en la tierra prometida, estaba ubicada al noreste de Judea. Próximo a Perea. Por estar construida sobre uno de los manantiales más grandes de la región palestina tenía una tierra fértil y concentraba mucha riqueza.

Relata el evangelista Lucas, que allí vivía un hombre llamado Zaqueo, que era muy rico y se desempeñaba como jefe de los cobradores de impuestos para el imperio romano (versículo 2). Quienes cobraban impuestos para Roma se llamaban “publicanos”. Eran judíos contratados por el imperio como recaudadores de impuestos. Eran considerados traidores por el resto de los judíos, por lo tanto, despreciados por el sistema político, social y religioso (Mt 5,46); muchas veces “publicano” era sinónimo de “pecador” (Mt 9,9-11; 11,19; 21,31-32; Lc 18,9-14; 19,1-10) y formaban parte del grupo de gente de “mala fama” que se acercaba a Jesús (Lc 15,1). A las autoridades políticas y religiosas de Israel no les importaba mucho si los cobradores de impuestos eran buenas o malas personas, les juzgaban y condenaban por su tarea.

Zaqueo era un hombre rico, relata Lucas. Sin lugar a dudas, por el lugar que ocupaba, jefe de los cobradores de impuestos, el imperio le proporcionaría una muy buena fuente de ingresos. Desconocemos la honradez de este hombre. La interpretación que realizan algunos predicadores, que Zaqueo estafaba a la gente sustentando su afirmación en el versículo 8 no es consistente. Bien puede interpretarse que abusó de su función y robó o estafó; pero también puede interpretarse que no lo hizo y es un complemento de su discurso de conversión, en efecto, está expresando en condicional “y si le he robado a alguien”; Zaqueo no afirma “le devolveré a quien le robé”.

Este hombre quería conocer a Jesús, pero el Maestro iba rodeado de sus discípulos y discípulas y seguramente mucha gente de la ciudad salió a conocerle y escucharle (versículo 3) por lo que Zaqueo, por ser un hombre de baja estatura no lograba verle, así que se adelantó al lugar por donde Jesús pasaría y se subió a un árbol grande y frondoso, fácil de subir, del género de las higueras y allí esperó su paso (versículo 4).

Al llegar Jesús, al lugar donde se encontraba Zaqueo le dice que baje pues visitará su casa (versículo 5). Relata el evangelista Lucas, que Zaqueo bajó y gustoso lo recibió en su casa (versículo 6); inmediatamente después, continúa relatando que Jesús fue criticado por alojarse en casa de un pecador (versículo 7), sin lugar a dudas, quienes criticaron fueron los fariseos, estrictos cumplidores de la Ley, llamando así a todas las personas que no interpretaban la ley como ellos o que tenían profesiones deshonrosas (Mt 9,10); alojarse en casa de personas pecadoras o sentarse a la mesa para comer con ellas era un gesto de aceptación por parte de Jesús; una actitud escandalosa para el sistema político y religioso.

Al gesto de Jesús no tardó la respuesta de agradecimiento de Zaqueo ofreciendo la mitad de sus bienes para las personas pobres (versículo 8). Es importante destacar que Zaqueo no dona la mitad de sus bienes al sistema político o religioso, que era generador de opresión y exclusión, sino a quienes estaban en la misma situación de vulneración que él, pero agravada por la pobreza. Jesús interpreta la respuesta de Zaqueo, como un gesto de solidaridad para quienes también eran  considerados “pecadores” aunque tenían la misma dignidad que el resto de los judíos, “hijos de Abraham” (versículo 9).

El relato de Lucas finaliza con una frase que define la misión mesiánica. Jesús, el buen pastor (Jn 10,11-18), tiene la misión de buscar y salvar lo que se había perdido (versículo 10) haciendo referencia al profeta Ezequiel: Buscaré a las ovejas perdidas, traeré a las extraviadas, vendaré a las que tengan alguna pata rota, ayudaré a las débiles, y destruiré a las gordas y fuertes. Yo las cuidaré como es debido (34,16 cf Isaias 40,11).

El sistema político y religioso, representado en las ovejas gordas y fuertes no cumplió con la misión de cuidar de las personas débiles, por el contrario, las juzgó, las condenó, las excluyó, vulnerando sus derechos y su dignidad por eso, la misión de Jesús es rescatarlas de la opresión y salvarlas de un sistema que las culpabiliza.


2. El texto en nuestro contexto:

Muchos predicadores, hoy pondrán sus baterías en la conversión de Zaqueo como si fuera lo más importante de este relato. En realidad están equivocados, no hacen más que posicionarse en el lugar de los fariseos, creando pecadores para convertir. La actitud de Zaqueo es únicamente la respuesta de una persona agradecida y contribuye a reforzar la idea central del texto.

El relato de hoy manifiesta nuevamente, un mensaje liberador, sanador e inclusivo de Dios para la humanidad, revelado en las palabras y acciones de Jesucristo (Lc 4,18-21), que es una buena noticia para las personas que el sistema político y religioso de cada época, no importa si es cristiano o no, coloca en el lugar de “personas de mala fama” y en la categoría de “personas pecadoras”.

Una correcta interpretación del texto nos pone a las iglesias en un lugar comprometido frente a Dios y frente a la humanidad. Las iglesias, continuadoras de la misión de Jesucristo en el mundo, necesariamente tienen que ser liberadoras, sanadoras e inclusivas de lo contrario no son la Iglesia de Jesucristo. Las iglesias que juzgan, condenan, excluyen, culpabilizan a las personas no son, parte de la Iglesia de Jesucristo. Las iglesias que llaman a las personas “pecadoras”, “abominables”, “pervertidas”, “degeneradas”, “contrarias a la naturaleza” no son la Iglesia de Jesucristo.

El relato evangélico de Jesús y Zaqueo,  nos enfrenta al desafío de construir una iglesia de puertas abiertas, inclusiva de la diversidad humana pero con especial prefencia por aquellas personas vulneradas en sus derechos y su dignidad por el sistema político y religioso.

Las iglesias, especialmente sus ministros, no somos los perros guardianes de la tradición y los mandamientos; Jesús nos dejó el ejemplo; nuestra misión es dar testimonio de la gracia liberadora de Dios, que tanto amó al mundo que se hizo uno de sus habitantes (cf Jn 3,16; Fi 2,6-11; Jn 1,14); en las Escrituras no está escrito que se hizo como los buenos, ni que se hizo como los fariseos que se consideraban estrictos cumplidores de los mandamientos, ni que se hizo como los sacerdote que rendía culto a Dios, ni que se hizo como los que se consideraban justos y piadosos a los ojos de Dios y del sistema religioso; las Escrituras son clarísimas, está escrito que se hizo “uno de tantos”; uno de la multitud; uno entro nosotros y nosotras; uno con nosotros y nosotras; rodeado de gente pecadora y de mala fama que el sistema religioso rechaza. Ese, es el Dios de los cristianos y de las cristianas; el Dios que la Iglesia sirve en las personas silenciadas e invisibilizadas.

Buena semana para todos y todas +Julio.

domingo, 23 de octubre de 2016

23º Domingo después de Pentecostés - El Tiempo de la Iglesia: Oh Dios, te doy gracias porque no soy gay, ni lesbiana, ni bisexual, ni trans. Soy un buen cristiano que cumple tus mandamientos.





Lc 18,9-14

Oh Dios, te doy gracias porque no soy gay, ni lesbiana, ni bisexual, ni trans. Soy un buen cristiano que cumple tus mandamientos.

1.     El texto en su contexto:

En la audiencia de Jesús, había gente religiosa que se sentían seguros de sí mismos, se consideraban personas justas y despreciaban a quienes no eran como ellas (versículo 9). Entonces, por medio de la historia del fariseo y el publicano, Jesús les enseña que Dios se rige por otros valores que no son los del mundo (versículos 10-14).

El primer personaje de la historia era un hombre fariseo, el grupo que más fielmente cumplía con todos los deberes religiosos. El segundo personaje era un publicano, personas que cobraban impuestos para el imperio romano, considerados por el pueblo y las autoridades religiosas un “pecador”; alguien que traicionaba a su pueblo al proporcionar sus servicios al imperio. Ambos personajes oraban a Dios (versículo 10).

El fariseo en su oración juzgaba a otras personas: “son ladronas, malvadas y adúlteras” (versículos 11-12). El publicano a distancia, apesadumbrado, reconociéndose pecador imploraba compasión (versículo 13). Jesús es categórico asegurando que Dios justifica al publicano y no al fariseo (versículos 14-15).


2.     El texto en nuestro contexto:

Algunas personas cristianas, con la misma actitud del fariseo, juzgan a otras personas porque son gays, lesbianas, trans, bisexulaes, trabajadoras y trabajadores sexuales, porque están divorciadas, porque volvieron a casarse, porque se practicaron abortos, porque consumen drogas … Juzgar y despreciar a otras personas las ubica en una posición de seguridad, considerándose justas y buenas.

Pero la enseñanza de Jesús es tajante. Todas las personas discriminadas, excluidas, humilladas, vulneradas en su derecho y su dignidad tienen prioridad para Dios (Mt 11,28). El publicano fue justificado porque creyó confiando en Dios: “El justo vivirá por la fe” afirma Pablo (Rom 1,17 cf Hab 2,4; Gal 3,11; Heb 10,38). Sus obras ni lo salvaron ni lo condenaron pero su fe sí.

Dios no juzga a las personas por lo que son sino por lo que creen. Esa es la gran lección que nos deja el Evangelio en el día de hoy. No importa la orientación sexual, no importa el trabajo que realicen, no importa quienes sean. Únicamente importa su fe. Las personas gays, lesbianas, trans, bisexuales, heterosexuales, intersexuales, trabajadoras y trabajadores sexuales tienen acceso a Dios por la fe no por las obras que realizan. Dios ama a quien cree.

Buena semana para todos y todas +Julio.

miércoles, 12 de octubre de 2016

524 años de la llegada del dios rubio a las tierras Abya Yala





Estamos ante un nuevo aniversario de la ocupación y saqueo del continente americano. Durante estos seis siglos los pueblos originarios han sido esclavizados, despojados de sus tierras, avasallada su cultura, marginados, exterminados, sus riquezas saqueadas por el poder político y el poder religioso: el rey de España y el Papa.

La evangelización y la colonización fueron contundentes. Se instalaron para no retirarse jamás. Los movimientos de resistencia sistemáticamente han sido embestidos por el poder civil y militar hasta nuestros días.

Este 524 aniversario no puede ni debe silenciar las voces que se levantan desde los lugares más remotos de Abya Yala demandando justicia. Las Iglesias debiéramos pedir perdón a los pueblos originarios por las barbaridades cometidas en nombre de Jesucristo durante la conquista. El Evangelio nos urge a asumir esas voces denunciando la injusticia y construyendo un nuevo mundo para todos y todas, sin distinción de razas y lugares de procedencia, con iguales derechos y oportunidades, donde los vínculos sean la solidaridad y el respeto por la dignidad y los derechos.

Ser indiferentes, mantenerse en silencio es complicidad con los poderosos del sistema político y religioso que devastaron un mosaico de culturas originarias imponiéndose por la fuerza y la barbarie.

Montevideo, 12 de octubre de 2016.
+Julio, obispo de la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana
Comunión Anglicana Libre.

domingo, 9 de octubre de 2016

21 er domingo después de Pentecostés - El Tiempo de la Iglesia: Leprosas y leprosos sanados en el siglo XXI




Lc 17,11-19

Leprosas y leprosos sanados en el siglo XXI

1.     El texto en su contexto:

El relato de la sanación de los leprosos, el evangelista Lucas lo sitúa en el último viaje de Jesús a Jerusalén (versículo 11 cf 9,51-19,27). Este viaje tiene como meta la ciudad santa de Jerusalén, el lugar del cumplimiento definitivo de la misión de Jesús (13,22; 17,11; 18,31-33) iniciada tiempo atrás (4,18-21).

Pasando por una aldea entre Galilea y Samaría salieron a su encuentro diez hombres con lepra (versículo 12). Recordemos que la lepra,  no sólo lo que clínicamente llamamos en día lepra, sino todas las enfermedades de la piel, la Ley prescribía una cuarentena lejos de la sociedad (Lv 13,45-46) quedando la persona en la categoría de impureza ritual, por lo tanto, también queda excluida de la sinagoga y del Templo. Se ponía énfasis en proteger del contagio más que en ayudar a la persona enferma. Muchos rabinos iban más allá y culpaban a la persona con lepra como pecadora. Por lo tanto, las personas con lepra eran discriminadas, marginadas y excluidas; eran ese tipo de personas que el resto de la gente sana prefería pasar por alto, ignorarlas, invisibilizarlas.

De lejos, guardando la cuarentena para no contaminar, gritan a Jesús pidiendo ayuda (versículo 13). La respuesta de Jesús a su pedido se adelanta a lo que sucederá (versículo 14); les envía a los sacerdotes, en cumplimiento de la Ley cuando se producía la curación (Lv 14,1-32). En efecto, eran los sacerdotes quienes examinaban y dictaminaban la curación dándole permiso para reincorporarse a la vida comunitaria; de ellos dependía la inclusión social (Lv 13,45-46; 14,2). De camino al encuentro con los sacerdotes, descubren que fueron sanados.

Uno de los hombres sanados regresa hasta Jesús alabando a Dios delante de quienes acompañaban al Maestro (versículo 15); una actitud común que nos relata el libro de los Salmos, frente a curaciones o liberaciones la persona acude a Dios en presencia de la asamblea. Este hombre era de la región de Samaría (versículo 16). Este gesto del hombre samaritano deja en evidencia la ingratitud de los otros nuevo que eran judíos. Jesús, nuevamente, como lo hizo en Lc 10,33, vuelve con fina ironía a poner a un hombre samaritano, a quienes los judíos consideraban como extranjeros y paganos, como ejemplo de alguien que recibe la gracia de Dios y cumple la Ley (versículo 17-18).

Jesús concluye con una frase lapidaria: “Levántate y anda, tu fe te ha salvado” (versículo 19). Los otros que eran judíos, fueron sanados, éste que era samaritano fue sanado y fue salvado porque creyó.

Un aspecto importante que casi pasa desapercibido es que un samaritano convivía con nueve judíos en una zona descampada entre Samaría y Galilea (versículo 11), dos grupos que eran rivales, los judíos se consideraban superiores, cumplidores de la Ley, discriminaban a la población de Samaría, la despreciaban y consideraban extranjeros y paganos. La lepra es la tremenda condición que degrada a tal punto a la persona que borra toda otra diferencia; más bajo no se podía llegar: expulsado de la vida pública, de la vida cúltica, de la vida familiar, forzado a vivir en la soledad y el aislamiento, considerado peligroso por el contagio, juzgado como pecador, confinado al silencio y la invisibilización.

2.     El texto en nuestro contexto:

 Al igual que el sistema religioso en que Jesús vivió, nuestro sistema religioso continúa expulsando, discriminando, excluyendo, aislando, silenciando, invisibilizando. Antes eran las personas con lepra. Hoy son las personas gays, lesbianas, bisexuales, trans, las divorciadas, las que utilizan métodos anticonceptivos, las que se practicaron abortos, las trabajadoras sexuales. Antes se protegía a las personas “sanas” del contagio de la lepra excluyendo. Ahora se protege las estructuras patriarcales, rígidas e incuestionables consideradas “normales” y “naturales” de quienes el sistema religioso silencia e invisibiliza.

El relato evangélico de hoy demuestra que algunas iglesias están equivocadas, repitiendo el modelo religioso que el Maestro enfrentó y denunció, como inhumano y contrario a la voluntad de Dios.

Dios, que no hace diferencia entre las personas (Hch 10,34) sanó e incluyó, por medio de Jesús (Lc 4,18-21), a los diez hombres excluidos del sistema religioso (Lc 17,11-19), restituyéndoles dignidad y derechos. Sin embargo, aquel que regresó agradecido porque creyó, no sólo restituyó su salud devolviéndolo a la comunidad y la familia, sino que lo recibió en la comunidad de creyentes haciéndolo partícipe de la mesa (Mt 22,1-14) en la fiesta de la vida (Jn  10,10).

La Iglesia, continuadora de la obra del Maestro, está mandatada para incluir no para excluir, para liberar no para condenar, para restituir derechos y dignidad no para violarlos o limitarlos. Muchas personas en la actualidad salen a nuestro encuentro gritando, como los leprosos del Evangelio, pidiendo ayuda. La condición de exclusión y la culpabilización son tan tremendas que ya no pueden caer más abajo; el sistema religioso las colocó en el terrible infierno de la invisibilización y el silencio. A esas personas, nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana les decimos: Dios las sana, las libera y las incluye. Dios les devuelve todo aquello que el sistema religioso les quitó. Dios les restituye sus derechos y su dignidad vulnerada por el sistema religioso. Jesucristo, el Maestro y el Señor, continúa hoy denunciando las injusticias del sistema religioso, continúa hoy comunicando vida plena, digna y abundante (Jn 10,10) a todas las personas, continúa hoy salvando de la exclusión y la discriminación religiosa.

El relato evangélico de hoy es una buena noticia para las personas gays, lesbianas, bisexuales, trans, las divorciadas, las que utilizan métodos anticonceptivos, las que se practicaron abortos, las trabajadoras sexuales. Ustedes tienen un una mesa servida para celebrar en la casa del Señor. Hay Iglesias que hoy denuncian al sistema religioso fundamentalista. Las Iglesias inclusivas les recibimos con los brazos abiertos sin pedirles explicaciones, siguiendo el ejemplo del Maestro.

Buena semana para todos y todas +Julio.