Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica y Apostólica. Personería Jurídica 10103 (M.E.C. Uruguay).

domingo, 31 de enero de 2016

Quinto domingo del tiempo de Epifanía: Dios elige y llama a quien menos la comunidad tiene en cuenta




5º domingo del tiempo de Epifanía
Ciclo C – Lucas 4,21-30

Dios elige y llama a quien menos la comunidad tiene en cuenta


1.    El texto en su contexto:

Jesús estaba en la sinagoga y leyó el texto del profeta Isaías (61,1-2 cf Lc 4,16-20), atribuyéndose este pasaje (Lc 4,21); es decir, revelándose como el Mesías en medio de sus paisanos, en Nazaret de Galilea (4,16-20). Pero era difícil para sus vecinos aceptarlo en este nuevo rol, lo habían visto nacer y crecer, lo conocían muy bien, conocían a su familia (Mt 13.55; Mc 6,3; Lc 4,22; Jn 6,42); durante todos esos años no habían visto ningún indicio de que su vecino fuera el Elegido de Dios (Is 58,6; 61,1-2); ¿cómo ahora, de repente, se presenta en la sinagoga donde concurrió durante años y se manifiesta como el Ungido que Dios había prometido y que el pueblo esperaba ansiosamente?.

Para Jesús no fue un obstáculo el prejuicio de sus vecinos y conocidos, por el contrario, les ayuda a pesar esa realidad (versículo 23) enfrentándolos a la dureza de su corazón, al no poder ver que Dios estaba actuando en la vida cotidiana de ellos (versículo 24 cf Mt 13,57; Mc 6,4; Jn 4,44). Dios elige a quien quiere, de donde quiere y cuando quiere; y su elección suele desconcertar a las personas soberbias, a quienes se sienten con derecho, a quienes prejuzgan a otros y otras, escribía el Apóstol Pablo, a propósito de la elección de Dios:

Hermanos, deben darse cuenta de que Dios los ha llamado a pesar de que pocos de ustedes son sabios según los criterios humanos, y pocos de ustedes son gente con autoridad o pertenecientes a familias importante. Y es que, para avergonzar a los sabios, Dios ha escogido a los que el mundo tiene por tontos; y para avergonzar a los fuertes, ha escogido a los que el mundo tiene por débiles. Dios ha escogido a la gente despreciada y sin importancia de este mundo, es decir, a los que no son nada, para anular a los que son algo. Así nadie podrá presumir delante de Dios” (1Cor 1,2-29).

Jesús denuncia la actitud prejuiciosa y desconsiderada de sus vecinos y conocidos, citando algunos pasajes bíblicos donde la acción profética se realiza fuera del pueblo elegido, entre paganos y personas despreciadas: una de ellas era la viuda de Sarepta (versículos 25-26 cf 1Re 17,8-16; Sant 5,17), otra fue Naamán el sirio (versículo 27 cf 2Re 5,1-14). Esos planteos de Jesús enojaron mucho a sus vecinos y conocidos al punto que lo echaron del pueblo e intentaron matarle (versículos 28-30). El enojo de los aldeanos era doble, por un lado, Jesús insinuaba que la compasión y misericordia de Dios no era sólo para el pueblo de Israel sino para todos los pueblos de la tierra, aquellos que por Israel eran considerados paganos y por lo tanto, despreciados; por otro lado, Jesús les echaba en cara su incapacidad de reconocer la manifestación de Dios en medio de su vida cotidiana, de su vida comunitaria, porque allí se estaba manifestando la elección de Dios sobre uno de sus miembros y ellos no estaban pudiendo o queriendo reconocerlo.


2.    El texto en nuestro contexto:

¡Qué difícil en nuestras comunidades, reconocer que Dios puede llamar a aquellos hermanos o aquellas hermanas, que consideramos menos aptos para la misión!

El prejuicio, la envidia, la dureza de nuestro corazón, la falta de fe, la incomprensión de los designios de Dios, hacen que obstaculicemos lo que es evidente muchas veces: el llamado de Dios a un hermano o una hermana de nuestra comunidad. Entonces, comienza una larga exposición de argumentos: es joven, no tiene experiencia, es mujer, hace poco que llegó a la comunidad, no tiene formación, tiene dificultades para expresarse, no le fue bien con los estudios, es bueno pero …como si fuera nuestro proyecto y no el de Dios, como si Dios tuviera que pedirnos permiso o consultarnos a quien llamar para encomendarle su misión.

Seguramente, en Israel había muchas personas en las que Dios podía revelarse, sin embargo eligió hacerse uno de nosotros en Jesús de Nazaret que no era intelectual, no era maestro de la ley, no era escriba, no era sacerdote, no era rica, no era político, no era comerciante; afirma el Apóstol Pablo:

      “tomó naturaleza de siervo. Haciéndose como todos los hombres y presentándose como un hombre cualquiera” (Fi 2,6-7 cf Jn 1,14; Rom 8,3; 1Tim 3,16).

La historia de la salvación está llena de llamados de Dios a gente que no cumplía las expectativas de su comunidad: eligió a Abraham y Sara ya ancianos para fundar su pueblo, a Moisés que era tartamudo para negociar con el faraón la salida de Egipto, a Rajab que era prostituta para proteger a los líderes de Israel, a Samuel que era un niño sin experiencia para ser su profeta, a David que era un joven pastor para reinar en Israel,  a Jeremías que era un joven temeroso para anunciar la deportación a Babilonia, a Rut y Noemi que eran dos mujeres en desgracia para continuar la descendencia, a María que era una joven virgen para ser la madre de Jesús, a Pedro que era un violento, a Leví que era un cobrador de impuestos considerado traidor, a Pablo que era perseguidor de la Iglesia y así hasta nuestros días. Dios llama a quien quiere, cuando quiere y donde quiere.

El evangelio de hoy, invita a las comunidades cristianas a dejar de lado los prejuicios y estar abiertas a la novedad de que Dios llame a uno o una de sus miembros al servicio, así como lo hizo con Jesús, y tal vez sea el que menos esperamos, deseamos o queremos.


Buena semana para todos y todas + Julio.

domingo, 24 de enero de 2016

Cuarto domingo del tiempo de Epifanía: Jesús revela su misión y buenas noticias para personas vulneradas y culpabilizadas por el sistema religioso




Cuarto domingo del tiempo de Epifanía.
Ciclo C – Lucas 4,18-21


Jesús revela su misión y buenas noticias para personas vulneradas y culpabilizadas por el sistema religioso


1.    El texto en su contexto:

Jesús recién bautizado (3,21-22) se dirigió al desierto donde permaneció un tiempo (4,1-13) para prepararse a la misión; luego regresa a Galilea y comienza a participar activamente de la vida sinagogal (4,14-15).

Relata Lucas que Jesús se dirigió a su pueblo de origen, Nazaret, una pequeña aldea que no figura en la mayoría de los mapas de época, ni es nombrada en los escritos de aquel tiempo, seguramente sería un caserío. Cierto sábado, estando en la sinagoga, fue invitado por quien presidía, a leer las Escrituras y explicarlas, una costumbre común que podía desarrollar cualquier varón adulto (4,16).

Jesús lee del libro del profeta Isaías, el pasaje de 61,1-2 haciendo suyo el contenido, al iniciar su misión (4,17 cf 2,8).  Este pasaje es una fusión de los textos de Isaías 61,1-2 y 58,6 formando parte de los cánticos del Siervo de Yavé (42,7; 49). Finalizada la lectura, Jesús enrolló el libro escrito en pergamino de cuero y se sentó, pues la lectura de las Escrituras se hacía de pie mientras que la enseñanza o exhortación se hacía sentado (4,20).

El mensaje de Jesús fue claro, conciso y contundente (4,21), con Jesús inicia el tiempo de salvación mesiánico (cf 3,7-4,13) para dar cumplimiento a las Escrituras (cf 18,31; 22,37).


2.    El texto en nuestro contexto:

Cada vez que leo o escucho este relato bíblico no puedo dejar de conmoverme hasta la más profundo. Jesús, el Mesías enviado por Dios, revela su misión y desde qué lugar la desarrollará:

“El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque me ha consagrado
para llevar la buena noticia a los pobres;
me ha enviado a anunciar libertad a los presos
y dar vista a los ciegos;
a poner en libertad a los oprimidos;
a anunciar el año favorable del Señor” (4,18-19).

La era mesiánica es para las personas desposeídas, despojadas, vulneradas de sus derechos y su dignidad (= los pobres); las que están oprimidas, ocultadas, invisibilizadas (= los presos); las personas que no pueden ver su condición de hijos e hijas de Di@s porque los contextos les ocultan o niegan esa visión (= los ciegos); las personas que el sistema religioso han culpabilizado manipulando las Escrituras (= los oprimidos). Con Jesús inicia el Jubileo mesiánico, el  reinado de Dios, otro mundo posible, justo, inclusivo y solidario (Hch 10,34).

Jesús abre las puertas a una vida digna, plena y abundante (Jn 10,10) a todas las personas que el sistema político y el sistema religioso han excluido. La Iglesia tiene la misión de mantener esa puerta abierta de par en par a los destinatarios de la Buena Noticia; tal vez este sea el único signo claramente visible de la Iglesia de Jesucristo; una iglesia donde las personas culpabilizadas son no es, ni forma parte, de la Iglesia de Jesucristo, porque se separó del mensaje sanador, liberador e inclusivo que Jesús reveló, como la voluntad del Padre, para todos los hombres y todas las mujeres, en todos los lugares y en todos los tiempos. Pobre de aquella iglesia que se atribuya el juicio, el castigo y la condena para sus hermanos y hermanas!

Continuemos, en este tiempo de Epifanía, revelando nosotros y nosotras, lo que el Maestro nos mandó; Él es el Camino por el que debemos transitar; Él es la Verdad que debemos proclamar; Él es la Vida que debemos comunicar especialmente a las personas oprimidas, excluidas, silenciadas, invisibilizadas. La Iglesia no tiene otra Verdad que esta y si enseña otra cosa, miente.

Jesús se sitió en el lugar del Siervo de Yavé, junto a las personas excluidas; una Iglesia no pueda despojarse del poder, del control, de la dominación, de las riquezas, de los favores, no es la Iglesia de Jesucristo; únicamente haciéndose servidora como su Maestro (Mt 20,28) de las personas excluidas (Lc 4,18-19) podrá humanizarse y liberarse a sí misma, liberando a quienes ya no soportan las cargas doctrinales, dogmáticas y rituales de cultos y prácticas deshumanizadas.

Un abrazo fraterno a todos y todas, desde la ciudad de Buenos Aires +Julio.




domingo, 17 de enero de 2016

Tercer domingo de Epifanía: Primer signo de la epifanía de Jesús para que la comunidad discipular crea




Domingo 17 de enero.
Tercer domingo del Tiempo de Epifanía
Ciclo C – Juan 2,1-11



1.    El texto en su contexto:

La boda en una aldea próxima a Nazaret es el escenario que contiene un conjunto de símbolos:

-       El matrimonio en el Antiguo Testamento es frecuentemente el símbolo que representa el amor de Dios por su pueblo (Os 2; Is 1,21-25; 5,1-7; Ez 16; Baruc 4-5). En el Nuevo Testamento, es el símbolo de la unión entre el Mesías y la Iglesia (Mt 22,1-14; 25,1-13; 2Cor 11,1-4; Ef 5,21-33; Ap 12; 19,7-9).

-       El vino representa en el Antiguo Testamento el producto del amor (Cant 1,2; 2,4; 4,10; 7,10; 8,2) y es uno de los anuncios del don mesiánico (Is 25,6; 62,9; Jr 31,12; Am 9,13-14; Os 14,7); pero además en el Nuevo Testamento es símbolo del Espíritu Santo (Hch 2,15-16).


Estos símbolos se entienden a la luz del versículo 11. Éste es el primer signo que hace Jesús, por lo tanto, es importante leerlo e interpretarlo a la luz de los otros signos que serán realizados. Este primer signo es la manifestación (= epifanía) de la gloria de Jesús (1,14) para que los discípulos crean.

El relato comienza diciendo “al tercer día” (versículo 1). Pero no se refiere al tercer día de  la semana, porque las vírgenes se casaban el cuarto día, es decir nuestro miércoles y las viudas en el quinto, o sea nuestro viernes. Tampoco se ajusta a la cuenta de los días que se venían relatando en los versículos 29, 35 y 43 del capítulo 1. Pareciera que el hagiógrafo, está utilizando un recurso literario de la época llamado “inclusio”, donde un segmento comienza y finaliza con la misma frase; el escritor sagrado podría estar utilizando la frase “al tercer día” para unir este relato de las bodas de Caná con la predicación de la muerte y resurrección de Jesús en 2,19.

Caná podría ser la aldea Kefar Kanna a unos 5 kilómetros de Nazaret o tal vez Khiber Cana a unos 13 kilómetros; cualquiera de las dos aldeas está lo suficientemente cerca de la aldea de Jesús, como para explicar la vinculación de las familias de la pareja con la familia de Jesús; incluso nos permite suponer que María era una invitada importante en la boda, casi podríamos decir con autoridad (versículo 5).

Las bodas en Israel duraban siete días y las familias anfitrionas solían invitar a la mayor cantidad de personas posibles; que se acabara el vino (versículo 3) era un error trágico (Is 16,9-10; 24,9; Joel 1,10), por lo tanto debían  proveer el vino para los siete días de fiesta. Juan aquí nos está remitiendo a las bodas mesiánicas donde María es la madre del novio (Sal 45,10; 1Re 1,16.28; Jr 22,26; Cant 3,11).

El versículo 5 presenta a María como una mujer de fe. Al igual que muchos personajes del Antiguo Testamento que buscaban a Dios, el “no” no era un impedimento para seguir insistiendo (Gn 32,26-30; Ex 33,12 – 34,9; 1Re 18,36; 2Re 2,2.4.6.9; 4,14-28). María insiste confiada en que Jesús haría algo; pero una vez que Jesús comience a hacer signos, comenzará su camino a la cruz (2,19) pues se revelará el Mesías y los poderosos se sublevarán contra él (Salmo 2).


2.    El texto en nuestro contexto:

Las cristianas y los cristianos del siglo XXI nos hemos adormecido. Leemos los textos bíblicos sin entender su contenido. Tenemos una fe en mitos y no en acontecimientos salvíficos. Jesús se revela como el gran Profeta que Israel esperaba; la primera señal de Moisés fue convertir el agua en sangre (Ex 7,20), la primera señal de Jesús fue convertir el agua en vino (Jn 2,1-11) manifestando así su gloria para que nosotros y nosotras creamos y demos testimonio (1,14-15).

Como comunidad discipular, la Iglesia debiera invitar a todas y todos a participar de la fiesta de bodas, sin poner condiciones o exigencias (Mt 22,1-14) ya que en dicha fiesta se comunica el Espíritu a todas y todos, porque “Dios no hace diferencia entre las personas” (Hch 10,34).

Como comunidad discipular, la Iglesia debiera anunciar el acontecimiento salvífico de la Pascua: “Dios resucitó a Jesús” (Hch 2,14-36; 3,1-26; 4,1-22; 5,21b-33) y ya ahora estamos siendo partícipes de la fiesta de bodas del Mesías y la Iglesia (Ap 19,1-7).

Como comunidad discipular, la Iglesia debiera anunciar que el Reinado de Dios, no es algo por venir, sino que ya comenzó y está siendo aquí y ahora, en nuestro tiempo, en nuestra cultura, en nuestra vida cotidiana (Ap 19,6).

Jesús continúa manifestándose en nuestra historia, la epifanía se mantiene en el tiempo, para que nosotros y nosotras, las discípulas y los discípulos del siglo XXI creamos y creer significa aceptar el Evangelio en toda su dimensión sanadora, liberadora e inclusiva.

Buena semana para todos y todas. Y sean bienvenidos y bienvenidas a la fiesta de la vida, plena, digna y abundante que nos comunica Jesús (Jn 10,10) +Julio.


domingo, 10 de enero de 2016

Segundo Domingo del Tiempo de Epifanía – Bautismo de Jesús




Domingo 10 de enero
Segundo Domingo del Tiempo de Epifanía – Bautismo de Jesús
Ciclo C – Lucas 3,21–22


1.    El texto en su contexto:

El relato evangélico de hoy es el nexo entre la actividad bautizadora de Juan en el desierto y la actividad misionera de Jesús en Palestina, que se va preparando desde 3,21 a 4,13. Es un relato extremadamente corto pero cargado de un profundo contenido: bautismo, oración, elección; tres ejes fundamentales en el discipulado. El relato de Lc 3,21-11 está presente en los otros tres evangelios con matices diferentes (Mc 1,9-11; Mt 3,13-17; Jn 1,31-34).

Juan se encontraba a orillas del río Jordán predicando y bautizando (Lc 3,3), preparando el pueblo para el encuentro con Dios, no lejos de donde siglos atrás, Josué había cruzado el río Jordán y entrado en la tierra de la Promesa con todo el pueblo (Jos 3-4). Jesús era parte del gentío que escuchaba a Juan y le seguía hasta el río para bautizarse; el evangelista Lucas nos relata que Jesús luego del bautismo oró (versículo 21). Lucas hace especial hincapié en momentos importantes de la vida de Jesús (5,16; 6,12; 9,18.28-29; 11,1; 22,41-46; 23,34.46).

Mientras Jesús oraba, descendió sobre él el Espíritu Santo y fue confirmado como el elegido (versículo 22 cf Gn 22,2; Sal 2,7; Is 42,1). Especialmente el salmo 2 que identifica al rey de Israel como hijo de Dios, fue interpretado por la iglesia primitiva como una profecía del Mesías Jesús, en su calidad de rey. El pasaje del profeta Isaías nos refiere a la figura del Siervo de Yavé (cf 52,13-53,12) también fue entendido por la iglesia como una referencia a la pascua de Jesús (cf Mt 12,18; 17,5; Mc 9,7; Lc 9,35; 2Pe 1,17). La elección de Jesús está directamente relacionada a su misión (Lc 4,18-19): anunciar la buena noticia del inicio del Reinado de Dios en la historia de la humanidad.


2.    El texto en nuestro contexto:

Jesús es el modelo a seguir por los discípulos y las discípulas.

En algún momento de nuestras vidas hemos recibido el bautismo por el cual fuimos hechos hijos e hijas de Dios; una filiación adoptiva que nos hace partícipes de la vida divina, ya desde ahora.

Nuestro bautismo nos impulsa a continuar el ministerio de Jesús en el mundo, anunciando la buena noticia de que otro mundo es posible, construido sobre la justicia y la paz, y trabajando activamente para que sea realidad. De no hacerlo, el sacramento bautismal es como una semilla que sembrada en tierra se pudre y no resurge a la vida; y como la sal insípida no sirve para nada (Mt 5,13).

En esta tarea de continuar el proyecto de Dios, un mundo para todos y todas, con los mismos derechos y las mismas oportunidades, es necesario que cada uno y una inicie un proceso de discernimiento, mediante la oración, poniendo al servicio del Reino sus dones.

Pasar por esta vida sin, por lo menos intentar transformar las estructuras injustas, para que otras personas, vulneradas en sus derechos y su dignidad, tengan la posibilidad de una vida plena, digna y abundante es el mayor acto de egoísmo que podemos hacer. Jesús nos enseñó la generosidad del compartir, al punto que quiso quedarse en la mesa servida, en el pan repartido y en la copa compartida.

El bautismo de Jesús, nos remite a nuestro bautismo y a los compromisos asumidos por el sacramento que recibimos. Oremos pidiendo a Dios que nos clarifique nuestra misión e iniciemos con confianza la tarea.

Buena semana para todos y todas +Julio.







domingo, 3 de enero de 2016

Domingo de Epifanía



Domingo 3 de enero
Comienza el Tiempo de la Epifanía que se extenderá hasta el inicio de la Cuaresma.
Ciclo C – Mt 2,1-12


1.    El texto en su contexto

El relato de la llegada de los sabios, magos o reyes a Belén, es propio de Mateo, no lo encontramos en el resto de los evangelio. Belén (versículo 1) era la ciudad donde había nacido el rey David, estaba ubicada a poca distancia de Jerusalén, la ciudad santa (1Sam 16,1 cf Lc 2,4-7).

El relato nos ubica en la temática de la realeza; dos reyes bien diferentes. Herodes era rey de Judea, sin embargo era extranjero por lo que el pueblo lo consideraba ilegítimo (Dt 17,15); Jesús en cuanto descendiente de David era un sucesor legítimo al trono (Am 9,11; Ez 37,24; Jr 30,9; 33,15). La existencia de Jesús ponía en riesgo la permanencia de Herodes como rey. Herodes, llamado también el Grande fue rey de los territorios de Israel que estaban bajo el dominio del imperio romano; gobernó desde el año 37 al 4 aC. Fue padre de Arquelao (Mt 2,22), de Herodes Antipas (Mt 14,1) y de Filipo (Lc 3,1). Esta referencia a Herodes el Grande, ubica el nacimiento de Jesús entre los años 6-5 aC.

Unos magos orientales, que la tradición luego dirá que eran reyes, pero literalmente significa astrólogos, que según Mateo conocían las profecías judías (cf Num 24,17) llegan a Belén para rendir culto al heredero de David llevando el tributo de los paganos (Is 60,6; Zac 8,20-22; Sal 72,10-15; 102,13), significando el reconocimiento de Jesús como Mesías por parte de los pueblos paganos. Estos astrólogos habían visto su estrella (vesículo 2 cf Num 24,17) y se habían puesto en camino.

La presencia y el mensaje de estos hombres preocupó al rey Herodes, ya que la presencia de un descendiente de David con derecho sucesorio al trono ponía en riesgo su reinado y también ponía en riesgo los favores que la clase alcahueta, que nunca falta cuando hay poder, recibía de los invasores romanos (versículo 3).

El versículo 4 demuestra la ignorancia, tanto de Herodes como de sus cortesanos respecto de las expectativas mesiánicas de Israel. Son los expertos en la Ley, jefes de los sacerdotes y maestros de la ley quienes interpretan las profecías (versículo 5 cf Miq 5,1; 2Sam 5,2). Herodes no pretendía reconocerle su dignidad superior sino que buscaba tener toda la información necesaria para eliminar cualquier posible oposición (versículo 8 y 12).

Los magos retoman el camino hacia Belén (versículo 10). En esta tradición bíblica de los relatos de la infancia, tiene un rol preponderante la madre del rey (versículo 11 cf Sal 45,10; Miq 5,2).



2.    El texto en nuestro contexto:

Es necesario, que como discípulas y discípulos del Maestro, interpretemos las Escrituras para nuestro tiempo (Mt 13,52) sacando las enseñanzas que necesitamos para consolidarnos en la fe en medio de los actuales desafíos.

Una primera línea de reflexión son los personajes: el rey Herodes y sus seguidores, los jefes de los sacerdotes y maestros de la ley, los magos.

El rey Herodes es figura de las personas ambiciosas e inescrupulosas. Están en un lugar que no les corresponde. Ejercen una función que no les es propia. Sin embargo, hacen todo lo posible y pretenden hasta lo imposible para mantenerse en ese lugar e intentar seguir escalando aunque eso implique aniquilar a quienes se les opongan. Basta echar una mirada a los partidos políticos, para encontrar personajes como el rey Herodes el Grande.

Los jefes de los sacerdotes y maestros de la ley son figura de la clase religiosa que sirve a  estas personas ambiciosas e inescrupulosas. Dentro del sistema religioso existen corrientes sanadoras, liberadoras e inclusivas pero también conservadoras y fundamentalistas que no quieren perder privilegios y están dispuestas a lo que sea necesario, utilizando las Escrituras, para mantener su statu quo; siempre dispuestas a vulnerar derechos humanos y dignidad humana con tal de conservar lo que tienen. Basta echar un vistazo al mundo religioso de nuestro entorno para identificarles en los medios de comunicación masivos, en las bancas del Parlamento, en los encuentros políticos, en cargos municipales, justamente de aquellos partidos políticos que responden a los intereses de las clases dominantes y no a los del pueblo, aunque toman elementos que luego se transforman en discursos populistas.

Los magos son figura de aquellas personas que el sistema político y el sistema religioso han dejado fuera. En el evangelio de Mateo representaban a los no judíos, a los paganos, los malditos por Dios, los que un día doblarían sus rodillas ante el poder y el templo (Is 60,6; Zac 8,20-22; Sal 72,10-15; 102,13). Basta echar un vistazo para identificar a estas personas excluidas del espacio sagrado; juzgadas, condenadas, demonizadas e invisibilizadas por el sistema religioso. Sin embargo, Dios se les manifiesta fuera del tempo, fuera del sistema religioso, sin mediadores o intermediarios; Dios se les manifiesta en la cotidianidad de la vida, en el encuentro de la madre con un niño.

Una segunda línea de reflexión es el mensaje en sí mismo. El sistema político representado en Herodes y el sistema religioso representado en los jefes de los sacerdotes y maestros de la ley que se privaron de la manifestación de Dios, por quedarse instalados esperando que Dios actuara como ellos esperaban. Sin embargo, las personas excluidas del sistema político y religioso experimentaron la manifestación de Dios porque se desinstalaron, se pusieron en camino, se abrieron a la posibilidad de la búsqueda de la esperanza.

La Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana reconoce las trabas que el sistema religioso pone a las personas para que estas vivan felices y tengan una vida plena (Jn 10,10) por eso nos comprometemos en la denuncia de todas aquellas acciones que culpabilizan, que discriminan y excluyen; asumiendo el compromiso de anunciar a los hombres y mujeres del siglo XXI que “Dios no hace diferencia entre las personas” (Hch 10,34). Se manifiesta a quien le busca sin importar el lugar. Se manifiesta sanando, incluyendo y dignificando.

Buena semana para todos y todas +Julio.