Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

sábado, 25 de enero de 2014

Tercer Domingo del Tiempo de la Iglesia - Mateo 4, 12-23



En estos pasajes, podemos encontrar al menos tres ejes de análisis: por un lado, el inicio del ministerio de Jesús; por otro el llamado a los primeros discípulos; en última instancia el desarrollo inicial del ministerio.

El inicio del ministerio de Jesús

Según lo indican los versículos, Jesús inicia su ministerio una vez que Juan había sido arrestado y encarcelado (Mt. 14:1-12; Mr. 6:14-29; Lc. 9:7-9); y para ello se traslada a Galilea. Esto último ha sido interpretado por algunos como un acto de heroísmo mientras que para otros fue una huida a un lugar más seguro.
Sea por el motivo que sea, cabe destacar que siendo el Mesías, el Ungido, el Elegido, Jesús podría haber preferido un lugar de mayor prestigio o influencia; dado que era el “Rey de los Judíos”, iniciar su ministerio en un entorno con mayor población judía hubiese sido lo lógico; o hacerlo en Jerusalén, capital religiosa por aquel entonces, hubiese sido razonable.
Sin embargo, Jesús no eligió a los religiosos, sabios, políticos, influyentes como destinatarios de su mensaje, sino que se dirigió a la “Galilea de los gentiles” (Is. 9:1; Mt. 4:15). En relación a ello, la palabra “Galilea” significa círculo o región, es decir que dicha expresión hace referencia a una zona rodeada por gentiles. Se estima que la mitad de la población no era judía, conviviendo varias religiones, culturas, costumbres, idiomas y etnias. Era una zona de tránsito, recibiendo influencias diversas y las personas que allí vivían tenían ciertos rasgos propios, como ser un dialecto particular (Mc. 14:70).
Era un lugar considerado periférico, poco importante, utilizándose la expresión “galileos” en forma despectiva (Jn. 7:52) para señalar a personas que estaban por fuera de la vida religiosa, cultural y política del judaísmo puro.
Son, este lugar despreciado, tenido en menos, y esta población excluida, menospreciada, los que Jesús elige para plantar la semilla del mensaje de salvación para la Humanidad.

Llamado a los primeros discípulos

Nuevamente, Jesús hace una apuesta por las personas que son consideradas “inferiores” en la sociedad. No va en busca de líderes religiosos, sabios, personas importantes, famosos o poderosos. No, llama a personas sencillas a seguirle.
Es el Señor quien nos llama pero, en nuestro libre albedrío debemos optar. Y hay momentos en los cuales la decisión debe ser rápida y radical, no puede esperar.
Es en ese momento donde la acción, la disposición y el movimiento es de parte nuestra; es el momento en el cual dejamos lo que estamos haciendo y le seguimos.
Es una apuesta radical por una responsabilidad especial: llevar esperanza, amor y justicia a quienes “sobran” para esta sociedad; hacer vivencial el reino de Dios en la tierra, porque el reino es aquí y ahora, ya que Dios está en y con nosotros.
Estas personas no pueden esperar; estas personas precisan (y es nuestro deber colaborar en ello) que el reino se haga palpable en el aquí y ahora. No pueden esperar por una justicia e inclusión futura, precisan eso hoy.

Desarrollo inicial del ministerio

En los vv. 23 y 24 tenemos un resumen del ministerio de Jesús y un ejemplo a seguir.
Él no se dirige al centro de poder religioso, sino que recorre el lugar y va a las sinagogas que había en Galilea; él actúa, no espera que vengan a él, sino que toma la iniciativa. Va, enseña, predica y sana allí donde está la necesidad.
Este es su ejemplo para nosotros puesto que como discípulos y comunidad que estamos al servicio de las personas y de Dios, no debemos quedarnos cómodamente sentados esperando que las personas con necesidad vengan, sino que nosotros tenemos que tomar la iniciativa, movernos e ir allí donde la necesidad está. No debemos esperar que la oportunidad se dé, tenemos que salir a generar las oportunidades de acción.

¿Para quién está dirigido el mensaje del reino?
No está dirigida a la élite religiosa, cultural y política; está dirigida a los “galileos”, a los gentiles, a los “paganos” o “semi-paganos”, a los excluidos y tenidos en menos.
¿Y qué tenemos que hacer?
Enseñar y predicar pero no sólo la Palabra; la mejor forma de enseñar y predicar es con nuestro ejemplo, con nuestra vida, con nuestro compromiso, con obras y no sólo palabras (1 Jn. 3:18). Las palabras pueden ser muy bonitas, pero las personas precisan cosas tangibles en el aquí y ahora. Dios nos llama a actuar.

En estos pasajes, el evangelista destaca tres lugares: Nazaret, Capernaum y el Mar de Galilea:
-      Nazaret, ciudad en la que Jesús se crió (Mt. 2:22-23; Lc. 2:39, 51), es su lugar, su ciudad, es el sitio que él deja para salir a hacer la voluntad de Dios. Nazaret representa lo conocido, lo cómodo, el lugar donde nos movemos habitualmente, nuestra zona de confort, de seguridad; nuestras formas comunes de actuar, nuestros pensamientos habituales, nuestras estructuras, nuestras certezas; nuestras creencias, prejuicios y preconceptos respecto de las personas y las cosas.
-      Capernaum, el nuevo lugar. Simboliza el movimiento, la acción, el cambio; es el lugar hacia donde tenemos que ir, el lugar al cual nos tenemos que mover para hacer la voluntad de Dios. Es ese sitio al que no muchos quieren ir; son esos cambios que pocos están dispuestos hacer; son esos desafíos que casi nadie quiere enfrentar; son esos procesos difíciles de enfrentar.
-      El Mar de Galilea es el medio en el que se desarrolla el ministerio y/o la voluntad de Dios; es el lugar donde se desarrolla la vida. En nosotros esto puede ser la comunidad, el trabajo, un grupo de pertenencia, o puede implicar un trayecto personal que hay que buscar y recorrer (como lo hizo Jesús).
  
¿Y todo esto para qué?
En lo general, para que aquellas personas despreciadas, excluidas, marginadas de la sociedad puedan ver luz en medio de las tinieblas. Para que aquellas personas que están por bajar los brazos reciban un renuevo en sus vidas (Jn. 7:38). Para que aquellas personas que se encuentran oprimidas por diversos yugos encuentren liberación (Mt. 11:29-30).
En lo personal, para que realmente podamos vivir la vida que Dios quiere para nosotros. Una vida nueva, distinta, que llame la atención; una vida con propósito, con sentido; una vida bien vivida. Una vida revolucionaria que se aparte del status quo imperante y que apueste por una sociedad mejor; una vida que rechace radicalmente toda forma de opresión e injusticia. Una vida que refleje el mensaje de amor, alegría y misericordia que Jesús nos dejó. Una vida vivida de acuerdo a la perfecta voluntad de Dios. Una vida comprometida con el evangelio.
Eso no significa que todo va a ser fácil, que todo va a ser sencillo.
El Mar de Galilea, que simboliza el medio en el cual nos movemos, se caracteriza por su pesca abundante pero también por fuertes y embravecidas tormentas (Mt. 8:24). Los frutos que recogemos son abundantes pero deberemos discernir entre los adecuados y los no adecuados (como los peces, cuáles se pueden consumir y cuáles no). Así, en la vida tenemos momentos de alegría como de tristeza, la pregunta es ¿con qué momentos nos vamos a quedar? En la vida nos encontramos con personas que son de edificación, que su cruce de camino con nosotros nos permite ser mejores personas y aprender; mientras otros dañan nuestros sentimientos, nuestra autoestima, nos generan dudas, etc. ¿Con qué nos vamos a quedar finalmente, con las palabras de quien nos edifica o con aquellas de quien nos trata de destruir? Qué opción tomamos, ¿el perdón o el rencor? ¿el odio o el amor?
Todo esto con la certeza de que, aunque haya dificultades, Jesús es capaz de calmar las tempestades y traer paz a nuestras vidas (Mt. 8:25-26).


En síntesis: sigamos el ejemplo que Jesús nos dejó, pongamos manos a la obra, actuemos, vayamos en busca de aquellos que necesitan recibir la buena noticia. Para ello, primero debemos estar dispuestos a salir de nuestra Nazaret, abandonar ese lugar conocido para adentrarnos en otro terreno. Producto de eso, veremos frutos que tendremos que discernir y momentos en los cuales la tormenta parecerá arrasar con todo; sin embargo, nunca debemos de perder de vista que Dios está con nosotros y nos sostiene (Is. 41:13)


Buena semana para todos y todas
Presbítea Ana Mássimo

Declaración de Ultrecht - En el marco del 125 aniversario.



1.   Adherimos fielmente a la Regla de Fe expresada por San Vicente de Lérins en estos términos: "Id teneamus, quod ubique, quod semper, quod ab omnibus creditum est; hoc est etenim vere proprieque catholicum" ("Debe tenerse como propiamente católico aquello que ha sido creído en todas partes, siempre y por todos"). Por esta razón preservamos y profesamos la fe de la Iglesia primitiva, según lo formulado en los símbolos ecuménicos y lo precisamente especificado por las decisiones unánimemente aceptadas de los Concilios Ecuménicos sostenidos en la Iglesia indivisa del primer milenio.

2.   Por lo tanto rechazamos los decretos del denominado Concilio del Vaticano, promulgados el 18 de julio de 1870, referidos a la infalibilidad y al Episcopado universal del Obispo de Roma, decretos que están en contradicción con la fe de la Iglesia antigua, y que destruyen su antigua constitución canónica atribuyendo al Papa la plenitud del poder eclesiástico sobre todas las Diócesis y sobre todos los creyentes. Con la negación de esta primacía jurisdiccional no deseamos negar la primacía histórica que varios Concilios Ecuménicos y Padres de la Iglesia antigua han atribuido al Obispo de Roma reconociéndolo como el "Primus inter pares" (Primero entre sus iguales).

3.   También rechazamos el dogma de la Inmaculada Concepción promulgado por Pío IX en 1854 desafiando las Sagradas Escrituras y contradiciendo siglos de tradición.

4.   En cuanto a otras Encíclicas publicadas por los Obispos de Roma en épocas recientes, por ejemplo, las Bulas "Unigenitus" y "Auctorem Fidei", y el "Sílabo de 1864", las rechazamos en todos sus aspectos tal como están en contradicción con la doctrina de la Iglesia primitiva, y no les reconocemos ninguna autoridad sobre las conciencias de los creyentes. También renovamos las antiguas protestas de la Iglesia Católica de Holanda contra los errores de la Curia Romana, y contra sus ataques a los derechos de las Iglesias nacionales.

5.   Rechazamos aceptar los decretos del Concilio de Trento en materias de disciplina, y en cuanto a las decisiones dogmáticas de ese Concilio las aceptamos solamente en cuanto estén en armonía con la enseñanza de la Iglesia primitiva.

6.   Considerando que la Sagrada Eucaristía ha sido siempre el verdadero punto central de la adoración Católica, consideramos nuestro derecho declarar que mantenemos con fidelidad perfecta la antigua doctrina Católica referente al Sacramento del Altar, creyendo que recibimos el Cuerpo y la Sangre de nuestro Salvador Jesucristo bajo las especies del pan y del vino. La celebración Eucarística en la Iglesia no es ni una repetición continua ni una renovación del sacrificio expiatorio que Jesús ofreció de una vez para siempre sobre la Cruz, pero es un sacrificio, porque es la conmemoración perpetua del sacrificio ofrecido sobre la Cruz y es el acto por el cual representamos sobre la tierra y nos apropiamos del que ofrece Jesucristo en el Cielo, de acuerdo a la Epístola a los Hebreos 9,11-12, para la salvación de la humanidad redimida, presentándose por nosotros en la presencia de Dios (Heb. 9,24). El carácter de la Santa Eucaristía es entendido así, es, al mismo tiempo, un banquete sacrificial, por medio del cual los fieles reciben el Cuerpo y la Sangre de nuestro Salvador y entran en comunión los unos con los otros (1 Cor. 10,17).

7.   Esperamos que los teólogos Católicos, manteniendo la fe de la Iglesia indivisa, tengan éxito en establecer un acuerdo sobre las preguntas que han provocado controversia desde que las divisiones se presentaron entre las Iglesias. Suplicamos a los sacerdotes bajo nuestra jurisdicción que enseñen, mediante la predicación y la instrucción de los jóvenes, especialmente las verdades Cristianas esenciales profesadas por todas las confesiones Cristianas, evitando la discusión de doctrinas controversiales y cualquier violación de la verdad o de la caridad y, en palabra y en hechos establecer un ejemplo para los miembros.

8.   Manteniendo y profesando fielmente la doctrina de Jesucristo, rechazando admitir aquellos errores que por defecto de hombre han arrastrado en la Iglesia Católica, poniendo a un lado los abusos en materias eclesiásticas, junto con las tendencias mundanas de la jerarquía, creemos que podremos combatir eficazmente los grandes males de nuestro tiempo, que son la falta de fe y la indiferencia en materias de religión.



Utrecht, 24 de Septiembre de 1889 +Heykamp +Rinkel +Diependaal +Reinkens +Herzog

domingo, 19 de enero de 2014

El testimonio de Juan el Bautista sobre Jesús (Juan 1,29-34) y el testimonio de la Iglesia hoy




1-    El texto en su contexto:

Juan el Bautista reconoce a Jesús como el Cordero de Dios (versículo 29) Esta expresión aparece únicamente dos veces en el Nuevo Testamento (Juan 1,29 y 1,36). Oras cuatro referencias a Jesús como el Cordero de Dios encontramos en Hechos 8,32; 1 Pedro 1,19; Apocalipsis 5,6; y 7,17.

La imagen del cordero puede aplicarse a Jesús tanto desde la perspectiva pascual (Éxodo 12,1-24; 1 Corintios 5,7; 1 Pedro 1,18-19 cf Juan 19,36; Éxodo 12,46; Números 9,12; Salmo 34 (35),20 (21); como desde la perspectiva expiatoria, es decir, haciendo referencia al cordero que se ofrecía cada día en sacrificio (Levítico 14,12-21; Hebreos 10,5-7 cf Éxodo 29,38-42; Números 28,3.9.13) haciendo referencia al Siervo de Yavé (Isaías 53,4- 7 cf Hechos 8,32); la frase “que quita el pecado del mundo” apoyaría esta última perspectiva, si bien plantea un giro importante, ya no se limita al pecado del pueblo sino al pecado del mundo; Jesús es salvación para toda la humanidad. En esta perspectiva sacrificial se apoyan los apóstoles Pedro (1 Pedro 1,18) y Pablo (1 Corintios 5,7).

Juan el Bautista, reconoce en Jesús al elegido de Dios (versículo 30 cf: versículo 15; versículo 27); Desatar la correa de la sandalia era la tarea de los esclavos; él no se considera digno ni siquiera de esa tarea (Marcos 1,6); que es manifestado al pueblo que se prepara por medio del bautismo (versículo 31).  Su propósito es preparar el camino (versículo 23)

Juan el Bautista da testimonio de que en Jesús, elegido de Dios (versículo 34 cf Isaías 49,3) reposa el Espíritu Santo (versículo 32 cf Mateo 3,13-17) y tiene poder para bautizar con el Espíritu Santo (versículo 33 cf Hechos 1,5; 2,1-4). La inmensa mayoría del pueblo creía que se había agotado el espíritu profético con la muerte de los últimos profetas de Israel: Ageo, Zacarías y Malaquías; sin embargo también esperaban el inicio de la era mesiánica, cuando Yavé volvería a derramar su Espíritu en el elegido (Deuteronomio 18,15-18). El pueblo que acompañaba a Juan en el Jordán, al oír su testimonio sobre Jesús, sin lugar a dudas asoció su testimonio al resurgimiento del Espíritu profético en Israel y por consiguiente, el inicio de la era mesiánica.

La era mesiánica era el restablecimiento de la justicia en medio del pueblo; Dios tomando partido activamente por quienes estaban en situación de opresión, cuyos derechos y dignidad eran vulnerados por el sistema reinante, apoyado por el imperio romano.


2-     El texto en nuestro contexto:

Uno de los grandes desafíos que enfrentamos las pastoras y los pastores en la actualidad, es poder actualizar el contenido de los Evangelios sin desvirtuar el mensaje.

Así como Juan el Bautista dio testimonio de Jesús, La iglesia está llamada a hacer lo mismo. A partir del relato evangélico ¿Cuál es nuestro testimonio, para las personas que no forman parte de la Iglesia, sobre Jesús ?

-       Jesús  es plenamente humano (versículo 30) sin negar lo afirmado en otros momentos sobre su origen divino (1,1-18; 20,28): por lo tanto, todo lo obrado por Jesús puede y debe ser obrado por sus discípulas y discípulos; no imitar plenamente y radicalmente a Jesús es recortar su mensaje, buena noticia de liberación e inclusión

-       Jesús es el elegido de Dios en quien se brinda la plenitud del espíritu profético (versículo 33), dando origen a la era mesiánica que se concreta con el inicio al tiempo de la Iglesia (Hechos 1,5; 1 Corintios 12,13): por lo tanto, la Iglesia tiene sentido, en la medida que encarna el espíritu profético de Jesús para denunciar las injusticias y anunciar las promesas divinas, a la sociedad y la cultura contemporánea, tomando partido por las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad por el sistema político, económico, social, cultural, religioso; porque la liberación que Jesús anunció es integral, abarcando a la totalidad del ser humano.

-       Jesús, el Cordero de Dios (versículo 29) es la víctima inocente y sacrificial, que con su muerte expió el pecado (Apocalipsis 5,6-14) no sólo de Israel sino de la humanidad (Mateo 1,21; 1 Juan 3,5), por lo tanto: introduciendo, de esta forma, el carácter universal e inclusivo del Reinado de Dios, que se traduce en restitución de justicia, derechos y dignidad para todas las personas, en todos los lugares y en todas las épocas; y poniendo fin a la religión del pecado y la culpa, de la penitencia y el sacrificio expiatorio (Hebreos 10,12 cf Mateo 10,28; Juan 3,17; 1 Timoteo 2,5-6; 1 Pedro 3,18; Hebreos 7,26-27; 9,28; 10,10; 10,14); la Iglesia es la comunidad de las personas salvas (Hechos 15,11 cf Efesios 2) y santas (1 Corintios 1,30, Hebreos 3,1).

Diversidad Cristiana, que Dios te conceda ser fiel discípula en el seguimiento de Jesús y fiel testigo en los lugares donde te encuentres.


Buena semana para todas y todos.
+Julio, obispo de Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana.

2º Domingo del Tiempo de la Iglesia. Ciclo A.

domingo, 12 de enero de 2014

Bautismo de Jesús - Mateo 3,13-17



Este relato también está presente en los evangelios de Marcos y Lucas, mientras que en Juan es abordado indirectamente (Mr. 1:9-11; Lc. 3:21-22; Jn. 1:32). Sin embargo, sólo en Mateo se expone con tanto detalle, por lo que cabe preguntarse el mensaje que quiso dejarnos Dios detrás de determinados versículos inspirando al evangelista a describir este hecho de esta manera.

Si vemos el contexto en el que se desarrolla, tenemos a Juan el Bautista quien en el año 29 d.C. aproximadamente empezó a predicar en los alrededores del Jordán (Lc. 3:1-2). Su misión era llevar a las personas al arrepentimiento y revelar al Mesías prometido en la persona de Jesús (Lc. 1:16-17), instándolos a confesar sus pecados, bautizarse y creer en Aquel que vendría después de él (Hch. 19:4), quien bautizaría en Espíritu Santo y fuego (Mt. 3:5-12), esto es el Cristo en quien reposaría el Espíritu de Dios y que fuera proclamado por el mismo Juan (Jn. 1:32-34).

Juan esperaba un Rey en mayúsculas, que vendría con juicio y condenación de los pecadores; un Rey furioso, violento, incluso malvado y déspota que, si nos regimos por los parámetros humanos y por lo que se vivía en la época, podría hacer un verdadero despliegue de soberbia y poder, eliminando de la faz de la tierra todo lo impuro (Mt. 3:7, 10).

Es en esas circunstancias y con esos antecedentes, que Jesús sorprende con su actitud:

a)   Jesús, si hubiese sido un Rey de otro tipo, podría haber hecho uso y abuso de su lugar de privilegio, esperando  cómodamente a que le sirvieran sin moverse de su lugar. Sin embargo, no espera que vayan a él sino que se dirige hacia donde está Juan; sale de su lugar para ir al encuentro; toma la iniciativa, se pone en acción.

b)   No concurre con una actitud soberbia sino con sencillez y humildad, mezclándose entre la multitud como uno más, reconociendo el ministerio de Juan y poniéndose a su nivel o en un nivel inferior.

c)   Muestra una disposición absoluta a hacer la voluntad de Dios: aunque no fuera necesario el bautismo (como lo veremos a continuación), él está dispuesto a llevarlo adelante.

d)   No hay enojo en él por la negativa inicial de Juan, sino todo lo contrario, lo insta amorosamente a cumplir con lo que Dios les estaba pidiendo. Si hubiese sido otro tipo de Rey, no hubiese aceptado tan plácidamente los cuestionamientos de Juan, sino que se hubiese enojado e incluso lo hubiese castigado.


Sin embargo, la gran pregunta es, ¿para qué se bautizó Jesús?

Juan predicaba el bautismo para el arrepentimiento, para el perdón de los pecados (Mr. 1:4), para que las personas prepararan su corazón para la venida del Mesías. Y como hemos visto en domingos anteriores, Jesús fue completamente hombre, pero no tenía pecado, por lo que humanamente el bautismo no tiene sentido, no tenía de qué arrepentirse ni de qué ser purificado. Jesús no precisaba prepararse para la venida del Mesías, pues era él mismo. Por todo ello se puede entender el cuestionamiento de Juan, además no tenía sentido que Jesús fuera bautizado por alguien “inferior” a él.

Entonces, nuevamente, ¿para qué se bautizó Jesús? Y yo prefiero la pregunta “para qué” en lugar de “por qué”. El “por qué” puede ser respondido como “casualidad” o “porque sí”, mientras que la primera no. En lo personal considero que el “para qué” indica propósito, causalidad, objetivo, fin, hay algo detrás que hay que descubrir.

Y en ese descubrir lo que hay detrás, algunos propósitos pueden ser los siguientes:

-     Para hacer la perfecta voluntad de Dios dentro del plan divino de salvación para toda la Humanidad (Jn. 8:29).

-     Era necesario que se cumpliese la Palabra de Dios donde indica que para entrar al reino de los cielos se debe nacer de nuevo del agua y del Espíritu (Jn. 3:5).

-     Es un punto de inflexión en su vida, a partir del cual él se encuentra preparado para desarrollar la misión que Dios le había encomendado. Él está dispuesto a morir a su vida como un ser humano más para pasar a escena como el Salvador, el Mesías, el Ungido de Dios, que vino a cargar sobre sí y llevarse en la cruz los pecados del mundo. La preparación le llevó 30 años, en ese acto exterioriza el proceso previo consagrándose a Dios.

-     Es a partir del bautismo que Jesús inicia su ministerio público, siendo presentado en ese acto por Juan como el Mesías esperado a la nación judía. O sea, a partir de allí Jesús sale a la escena pública y es conocido en Israel.

-     Era necesario para que él pudiera llevar todos nuestros pecados en la cruz. Jesús vino a la Tierra como hombre para cerrar la brecha que se había originado entre Dios y la Humanidad con el pecado original en el Edén. Entonces, para identificarse cabalmente como hombre, también debía pasar por esta situación. Y al sumergirse en las aguas y llevar adelante el mismo acto que miles de cristianos y cristianas han hecho durante siglos, se estaba identificando integralmente con nosotros, con todos aquellos pecadores que ha venido a salvar. Asimismo, es una simbología de lo que va a suceder posteriormente con su muerte y resurrección.


Todo lo anterior, puesto que el bautismo significa inmersión en el agua que simboliza la decisión de un cambio de vida, muriendo al pasado y naciendo a una nueva existencia de entrega a Dios, confiando en que a través de la muerte de Cristo en la cruz y por su infinita misericordia, nuestros pecados son perdonados (Ro. 6:3-4; Gá. 3:25-29; Col. 2:11-15). Por lo que al ser el bautismo la unión a alguien, en los cristianos es identificarnos con Cristo, en su muerte y resurrección, como nuestro Señor y Salvador.

En referencia al significado del bautismo, ver Ro. 6:3; 1 Co. 12:13; Gá. 3:27; Col. 2:12; 1 P. 3:21. En relación a la exhortación a los creyentes a practicarlo, consultar Mt. 28:19; Mr. 16:16; Jn. 3:5; Hch. 2:38; 10:48; 22:16.


Continuando, el relato del bautismo no termina allí, sino que a continuación el evangelista nos relata una epifanía de la Trinidad: el Hijo sobre el que reposa el Espíritu Santo y la voz del Padre hablando desde los cielos. Igual que en el momento de la encarnación, aquí también está presente la Trinidad en pleno.

Y es importante tener en consideración que con el bautismo en agua no alcanza, es necesario el bautismo en el Espíritu Santo. Es cuando la tercera persona de la Trinidad desciende sobre Jesús y lo unge, cuando realmente Cristo está preparado para el ministerio. El primer bautismo es símbolo y testimonio de este segundo bautismo, que es el que permite que seamos miembros del cuerpo de Cristo (1 Co. 12:13).

Es en ese momento, en que Dios proclama a Jesús como su Hijo, mostrando su amor y orgullo por quien será entregado a una muerte denigrante para la salvación de todos.


Es así, que las posibles líneas de reflexión respecto a la lectura de hoy son:

-     Salir de nuestra zona de confort, actuar, tomar la iniciativa, al igual que lo hizo Jesús yendo de Galilea al Jordán a encontrarse con Juan. Dios no va a hacer por nosotros lo que podemos hacer por nosotros mismos, debemos dejar nuestra zona de comodidad para ir al encuentro de la perfecta voluntad de Dios, con la fe y tranquilidad de que el Señor nos está respaldando en todo lo que hagamos.

-     El bautismo es el nacimiento a una nueva vida, por lo que no podemos quedarnos estancados en el pasado, debemos dejar la mochila de las cosas no tan buenas que nos pasaron en nuestra vida, para iniciar un nuevo camino. Por más que haya cosas que nos dolieron, hechos y actitudes, debemos perdonar. Porque el rencor, el dolor, la tristeza a los únicos que nos perjudican es a nosotros mismos y el Señor no quiere esa vida para nosotros. Dios nos brindó al Espíritu Santo por lo que es importante orar y pedir que sus frutos se hagan carne en nosotros. Y esos frutos son amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gá. 5:22-23). A esta nueva vida nos ha llamado Dios.

-     No subestimar a los demás y actuar con humildad. Todos tenemos dones hermosos que Dios nos ha regalado para poner a disposición, para regalar a los demás. Debemos dejar ser al otro y no encasillarlo en lo que nosotros creemos adecuado y/o correcto. Por ser cristianos y cristianas no somos ni debemos creernos mejor que nadie; debemos mezclarnos entre la multitud y, siguiendo el ejemplo de Jesús, servir con humildad y misericordia, predicando la buena noticia a todos sin acepción.

-     Aunque haya cosas que no entendamos o que nos parezcan innecesarias, no debemos quedarnos estancados en nuestras estructuras, sino seguir creciendo como hijos de Dios, y permitirle obrar en nosotros para llevar adelante su perfecta voluntad para nuestras vidas.

-     Debemos cultivar la paciencia y un sano amor, exhortando a los demás con mansedumbre y misericordia.


-     Finalmente, identificarnos con esas palabras de Dios que figuran en el último versículo, sentir su amor incondicional hacia nuestras vidas y pedirle en oración el ser dignos hijos e hijas de Él, para que día a día podamos tener la convicción en nuestro corazón de que Él nos mira y dice “ese es mi hijo amado, mi hija amada, de quien me siento orgulloso y en quien me complazco”

Buena semana a todas y todos.
Pbra. Ana Mássimo

domingo, 5 de enero de 2014

Epifanía: fiesta de solidaridad de la Divinidad con la Humanidad



EL CUARTO REY MAGO

Cuenta una leyenda rusa que fueron cuatro los Reyes Magos. Luego de haber visto la estrella en el oriente, partieron juntos llevando cada uno sus regalos de oro, incienso y mirra. El cuarto llevaba vino y aceite en gran cantidad, cargado todo en los lomos de sus burritos.

Luego de varios días de camino se internaron en el desierto. Una noche los agarró una tormenta. Todos se bajaron de sus cabalgaduras, y tapándose con sus grandes mantos de colores, trataron de soportar el temporal refugiados detrás de los camellos arrodillados sobre la arena. El cuarto Rey, que no tenía camellos, sino sólo burros buscó amparo junto a la choza de un pastor metiendo sus animalitos en el corral de pirca. Por la mañana aclaró el tiempo y todos se prepararon para recomenzar la marcha. Pero la tormenta había desparramado todas las ovejitas del pobre pastor, junto a cuya choza se había refugiado el cuarto Rey. Y se trataba de un pobre pastor que no tenía ni cabalgadura, ni fuerzas para reunir su majada dispersa.

Nuestro cuarto Rey se encontró frente a un dilema. Si ayudaba al buen hombre a recoger sus ovejas, se retrasaría de la caravana y no podría ya seguir con sus Camaradas. El no conocía el camino, y la estrella no daba tiempo que perder. Pero por otro lado su buen corazón le decía que no podía dejar así a aquel anciano pastor. ¿Con qué cara se presentaría ante el Rey Mesías si no ayudaba a uno de sus hermanos?

Finalmente se decidió por quedarse y gastó casi una semana en volver a reunir todo el rebaño disperso. Cuando finalmente lo logró se dio cuenta de que sus compañeros ya estaban lejos, y que además había tenido que consumir parte de su aceite y de su vino compartiéndolo con el viejo. Pero no se puso triste. Se despidió y poniéndose nuevamente en camino aceleró el tranco de sus burritos para acortar la distancia. Luego de mucho vagar sin rumbo, llegó finalmente a un lugar donde vivía una madre con muchos chicos pequeños y que tenía a su esposo muy enfermo. Era el tiempo de la cosecha. Había que levantar la cebada lo antes posible, porque de lo contrario los pájaros o el viento terminarían por llevarse todos los granos ya bien maduros.

Otra vez se encontró frente a una decisión. Si se quedaba a ayudar a aquellos pobres campesinos, sería tanto el tiempo perdido que ya tenía que hacerse a la idea de no encontrarse más con su caravana. Pero tampoco podía dejar en esa situación a aquella pobre madre con tantos chicos que necesitaba de aquella cosecha para tener pan el resto del año. No tenía corazón para presentarse ante el Rey Mesías si no hacía lo posible por ayudar a sus hermanos. De esta manera se le fueron varias semanas hasta que logró poner todo el grano a salvo. Y otra vez tuvo que abrir sus alforjas para compartir su vino y su aceite.

Mientras tanto la estrella ya se le había perdido. Le quedaba sólo el recuerdo de la dirección, y las huellas medio borrosas de sus compañeros. Siguiéndolas rehizo la marcha, y tuvo que detenerse muchas otras veces para auxiliar a nuevos hermanos necesitados. Así se le fueron casi dos años hasta que finalmente llegó a Belén. Pero el recibimiento que encontró fue muy diferente del que esperaba. Un enorme llanto se elevaba del pueblito. Las madres salían a la calle llorando, con sus pequeños entre los brazos. Acababan de ser asesinados por orden de otro rey. El pobre hombre no entendía nada. Cuando preguntaba por el Rey Mesías, todos lo miraban con angustia y le pedían que se callara. Finalmente alguien le dijo que aquella misma noche lo habían visto huir hacia Egipto.


Quiso emprender inmediatamente su seguimiento, pero no pudo. Aquel pueblito de Belén era una desolación. Había que consolar a todas aquellas madres. Había que enterrar a sus pequeños, curar a sus heridos, vestir a los desnudos. Y se detuvo allí por mucho tiempo gastando su aceite y su vino. Hasta tuvo que regalar alguno de sus burritos, porque la carga ya era mucho menor, y porque aquellas pobres gentes los necesitaban más que él. Cuando finalmente se puso en camino hacia Egipto, había pasado mucho tiempo y había gastado mucho de su tesoro. Pero se dijo que seguramente el Rey Mesías sería comprensivo con él, porque lo había hecho por sus hermanos.

En el camino hacia el país de las pirámides tuvo que detener muchas otras veces su marcha. Siempre se encontraba con un necesitado de su tiempo, de su vino o de su aceite. Había que dar una mano, o socorrer una necesidad. Aunque tenía temor de volver a llegar tarde, no podía con su buen corazón. Se consolaba diciéndose que con seguridad el Rey Mesías sería comprensivo con él, ya que su demora se debía al haberse detenido para auxiliar a sus hermanos.

Cuando llegó a Egipto se encontró nuevamente con que Jesús ya no estaba allí. Había regresado a Nazaret, porque en sueños José había recibido la noticia de que estaba muerto quien buscaba matarlo al Niño. Este nuevo desencuentro le causó mucha pena a nuestro Rey Mago, pero no lo desanimó. Se había puesto en camino para encontrarse con el Mesías, y estaba dispuesto a continuar con su búsqueda a pesar de sus fracasos. Ya le quedaban menos burros, y menos tesoros. Y éstos los fue gastando en el largo camino que tuvo que recorrer, porque siempre las necesidades de los demás lo retenían por largo tiempo en su marcha. Así pasaron otros treinta años, siguiendo siempre las huellas del que nunca había visto pero que le había hecho gastar su vida en buscarlo.

Finalmente se enteró de que había subido a Jerusalén y que allí tendría que morir. Esta vez estaba decidido a encontrarlo fuera como fuese. Por eso, ensilló el último burro que le quedaba, llevándose la última carguita de vino y aceite, con las dos monedas de plata que era cuanto aún tenía de todos sus tesoros iniciales. Partió de Jericó subiendo también él hacia Jerusalén. Para estar seguro del camino, se lo había preguntado a un sacerdote y a un levita que, más rápidos que él, se le adelantaron en su viaje. Se le hizo de noche. Y en medio de la noche, sintió unos quejidos a la vera del camino. Pensó en seguir también él de largo como lo habían hecho los otros dos. Pero su buen corazón no se lo dejó. Detuvo su burro, se bajó y descubrió que se trataba de un hombre herido y golpeado. Sin pensarlo dos veces sacó el último resto de vino para limpiar las heridas. Con el aceite que le quedaba untó las lastimaduras y las vendó con su propia ropa hecha jirones. Lo cargó en su animalito y, desviando su rumbo, lo llevó hasta una posada. Allí gastó la noche en cuidarlo. A la mañana, sacó las dos últimas monedas y se las dio al dueño del albergue diciéndole que pagara los gastos del hombre herido. Allí le dejaba también su burrito por lo que fuera necesario. Lo que se gastara de más él lo pagaría al regresar.

Y siguió a pie, solo, viejo y cansado. Cuando llegó a Jerusalén ya casi no le quedaban más fuerzas. Era el mediodía de un Viernes antes de la Gran Fiesta de Pascua. La gente estaba excitada. Todos hablaban de lo que acababa de suceder. Algunos regresaban del Gólgota y comentaban que allá estaba agonizando colgado de una cruz. Nuestro Rey Mago gastando sus últimas fuerzas se dirigió hacia allá casi arrastrándose, como si el también llevara sobre sus hombros una pesada cruz hecha de años de cansancio y de caminos.

Y llegó. Dirigió su mirada hacia el agonizante, y en tono de súplica le dijo:
- Perdóname. Llegué demasiado tarde.

Pero desde la cruz se escuchó una voz que le decía:

- Hoy estarás conmigo en el paraíso.

[Tomado de: Mamerto Menapace, Entre el brocal y la fragua, Buenos Aires, Editorial Patria Grande, 31987, 17-22]


miércoles, 1 de enero de 2014

MENSAJE PASTORAL CON MOTIVO DEL INICIO DEL NUEVO AÑO






Comunidad presencial.
Comunidad virtual.
Tengan mucha paz!

1.    Reconocemos su presencia en medio nuestro.

Hemos finalizado el año 2013 dando gracias a Dios porque sentimos su presencia en nuestra experiencia eclesial. Un año que estuvo marcado por diversos acontecimientos:

-       la pascua de familiares y amistades, en efecto, Edith, Raquel, Isabel, Roberto, el papá de Gustavo y la prima de Germán nos precedieron a la Casa paterna;

-       la celebración del sacramento del Matrimonio entre Gastón y Germán;

-       la retirada de dos miembros de la comunidad, Fernando y Cristina;

-       la ordenación presbiteral de Ana;

-       el surgimiento de las misiones en Tarariras (departamento de Colonia) y Pinamar (departamento de Canelones);

-       el crecimiento de la comunidad de Aguada (departamento de Montevideo) con la integración de Sebastián, Daniel R, Uruguay y Estela;

-       el surgimiento del espacio Vino y Vida Cotidiana al que se han sumado hermanas de la comunidad Metodista de Aguada: Gladys, María Julia y Zirán con sus hijas;

-       la celebración navideña con participación de las tres comunidades de Diversidad Cristiana (Aguada – Pinamar – Tarariras) junto a la comunidad Metodista de Aguada y amistades de la Iglesia Metodista en el Uruguay;

-       la incorporación de Diversidad Cristiana a la CONFEEL (Conferencia Episcopal Ecuménica Latinoamericana) y la integración de la Comisión Permanente de Reivindicación  de la figura del Arzobispo Ricardo Ferreira de Souza, fundador de la Iglesia Viejo Católica en América.

“El Señor ha hecho grandes cosas por nosotros y nosotras por eso estamos alegres”  (Salmo 126,3).


2.    Reafirmamos nuestro compromiso en el discipulado.

Estamos iniciando el año 2014. Un año que nos desafía a fortalecernos y consolidarnos como Comunidad Eclesial. Y esto es posible por medio de tres acciones:

-       participar con nuestra presencia de las distintas actividades de la vida eclesial;

-       participar con nuestros dones personales en el servicio a la comunidad eclesial y a la sociedad;

-       participar con nuestros bienes contribuyendo a la misión y el ministerio de la comunidad eclesial.

La Iglesia es una tarea colectiva que se consolida con la participación de todas y todos. Una participación que debiera caracterizarse por ser activa y constante, solidaria y comprometida (Hechos 2,43-47). En la que no hay lugar a los cálculos, la mentira y el egoísmo (Hechos 5,1-11).

En este comienzo de año reafirmamos nuestro compromiso en el seguimiento de Jesús, el Maestro y el Señor (Lucas 9,57), con el convencimiento de las exigencias que ello implica (Lucas 9,58.60.62).

En este año que inicia, les invito a ser una iglesia pobre (Lucas 9,58) y servidora (Marcos 10,45), profética y misionera (Lucas 10,1-12), al estilo de la comunidad apostólica de la que Lucas nos narra en Hechos de los Apóstoles.

Será prioridad consolidar los siguientes ministerios:

-       hacia personas GLTB (gays, lesbianas, trans y bisexuales)

-       hacia las personas con viven con VIH

-       hacia las personas de la tercera y cuarta edad;

e impulsar:

-       la formación permanente, tanto del equipo pastoral como de la comunidad en su conjunto

-       y la pastoral vocacional, formando ministros /as laicos /as y ordenados /as que puedan ir dando respuesta a los desafíos y las exigencias de la misión eclesial.


3.    Oración y discernimiento:

Pedimos la oración de todas y todos ustedes, para que el Espíritu Santo nos acompañe en el proceso de discernimiento de un nuevo ministerio. Durante el año 2013, hemos tenido algunas intervenciones puntuales a nivel del sistema carcelario, acompañando a personas que lo solicitaron. Nos resulta necesario discernir la voluntad de Dios en este aspecto, para implementar un ministerio de acompañamiento pastoral a personas privadas de libertad, durante el año 2014.

Comunidad presencial.
Comunidad virtual.
Bendiciones en este nuevo año que inicia.


+ Julio Vallarino
Obispo de Iglesia Antigua de Uruguay – Diversidad Cristiana
1 de enero de 2014.