Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

lunes, 19 de septiembre de 2016

Apostamos a la formación de iglesias inclusivas




“… porque Dios no hace diferencia entre las personas” (Hch 10,34).

Introducción

En el mes de la diversidad sexual, como miembros de la Iglesia de Jesucristo, nos sentimos en el deber de expresar nuestra posición en relación a la homosexualidad, para contribuir a la reflexión social y eclesial y poner fin a juicios y condenas de iglesias fundamentalistas.

La homosexualidad, al igual que la heterosexualidad, no es una enfermedad, ni una perversión. Es una orientación sexual natural, entre otras. Hablar de enfermedad, perversión, pecado o aberración es ser ignorante aunque quien lo afirma, sea doctor en Teología.

Eclesiología inclusiva

Desarrollar experiencias de fe inclusivas en el escenario uruguayo y latinoamericano, con una fuerte influencia de la iglesia Católica Romana y de las iglesias Evangélicas Pentecostales, es un permanente desafío de revisión y de conversión, naturalizando lo que se consideraba una aberración, que atentaba contra la naturaleza y contra Dios.

Las personas gltb, al igual que las heterosexuales están llamadas por Dios a vivir en plenitud su vocación humana y cristiana. La orientación sexual de una persona no es un impedimento para llevar adelante los principios y valores evangélicos, viva en soltería o en pareja, pues la complementariedad afectiva y sexual es parte de su naturaleza, como lo es en las personas heterosexuales.

Desde nuestra experiencia de fe, plasmada en la vida eclesial, entendemos que las personas gltb, al igual que las personas heterosexuales puede se diácono – diácona, presbítero – presbítera, obispo – obispa, pastor – pastora, puesto que cuando Dios llama no tiene en cuenta la orientación sexual sino el amor entrañable y misericordioso que siente hacia esa persona; igualmente, entendemos que las personas gltb, al igual que las personas heterosexuales, si sienten el llamado de Dios, pueden llevar adelante una vida consagrada o célibe; finalmente, entendemos que tanto las personas gltb, al igual que las personas heterosexuales pueden ser madres o padres, biológicos o adoptivos, si sienten el llamado a ese rol, tanto en la familia como en la sociedad.

Ciertamente, tenemos muy claro que, tomando como guía el Evangelio de Jesucristo, no podemos condenar ni la homosexualidad ni la heterosexualidad; la orientación sexual fue irrelevante a la hora del llamado al discipulado (Mc 16-20 y sus paralelos en Mateo y Lucas).

En conclusión:

La Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, miembro de la Comunión Anglicana Libre entiende:

- que Dios creó a la humanidad a su imagen y semejanza, a las personas gltb y a las heterosexuales (Gn 1,26-27) y se gozó en su creación (Gn 1,31); 

- que Jesucristo invita a participar de la fiesta de la vida y de la mesa (Mt 8,11) a todas las personas, tanto a las gltb como a las heterosexuales, y que sintiendo compasión especialmente por las personas gltb, por tantos siglos de abandono por parte de las Iglesias que debían cuidarles (Mc 6,34), invitándolas al seguimiento sin más exigencia que la necesidad de Dios = sed (Jn 7,37), ni la orientación sexual, ni sus prácticas homoeróticas; 

- que el Espíritu Santo descendió sobre todas las personas sin hacer diferencia (Hch 10,34).

Entonces ¿Quiénes somos nosotros para jugar, condenar, rechazar? (Hch 10,47).

Nuestra sociedad necesita iglesias inclusivas, de puertas abiertas y mesas tendidas, que sean capaces de acoger a todas las personas. Como una de esas iglesias, sentimos el llamado a servir a todas y todos siguiendo el ejemplo del Maestro (Mt 20,28) e invitar especialmente a quienes han sido rechazadas y rechazados durante siglos, de la experiencia eclesial a compartir la fe y la vida en común: “vengan y lo verán” (Jn 1,38-39).

Montevideo, 19 de setiembre de 2006
En el mes de la Diversidad Sexual.
Julio Vallarino, obispo de la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana.

 


miércoles, 14 de septiembre de 2016

Declaración a cerca de nuestra identidad eclesial





La Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana es una iglesia ecuménica e inclusiva. Nuestra identidad no es estrictamente católica, episcopal, ortodoxa, protestante o evangélica; porque en la medida que nos identifiquemos con una de esas tradiciones excluimos a las personas con otra tradición; por lo tanto, todas ellas confluyen a través de quienes la integramos; pues desde nuestro orígenes hasta ahora participan personas provenientes de las iglesias: Católica Romana, Veterocatólica, Episcopal, Metodista, Ortodoxa Armenia, Luterana y Evangélicas Pentecostales; también la integran personas que se definen como cristianas independientes, agnósticas y ateas; y es que Jesús, el Maestro y el Señor (Jn 13,13) no ha perdido vigencia y capacidad de convocatoria, interpelando a los hombres y las mujeres de todos los tiempos (Mc 1,27), invitándolas a ser parte de su proyecto transformador de la sociedad y la cultura (Mc 10,17-27; Jn 1,35-47), al que llamó Reino (Lc 17,21), cuya concreción es la justicia, la solidaridad y los derechos de todas las personas, especialmente de las oprimidas y excluidas (Lc 4,18-21 cf Is 61,1), para que gocen de vida digna, plena y abundante (Jn 10,10).

Nos identificamos con el movimiento de Jesús y la iglesia antigua pre constantiniana (siglos I al III): comunidades autónomas y diversas en sus teologías, tradiciones y prácticas litúrgicas, como lo eran las iglesias de Jerusalén, de Antioquía, de Corinto y de Roma, entre otras. Nuestro lema es: “en lo que es necesario: unidad, en lo que es dudoso: libertad, en todo caridad” (San Agustín de Hipona, 354-430).

Entendemos que es “propiamente católico lo que fue creído en todas partes, siempre y por todos” (San Vicente de Lerins, 450 dC), por lo tanto, vivimos la esencia de la catolicidad de la primera iglesia, haciendo del credo apostólico nuestro único cuerpo doctrinal, porque proclama las verdades de fe, comunes a todas las tradiciones eclesiales, definidas en los Concilios Ecuménicos de la Iglesia no dividida del primer milenio.

Somos una iglesia que invita a todas las personas a la Fiesta de la Vida (Mt 22,9-10), sin distinción, porque creemos y profesamos “que Dios no hace diferencia entre las personas” (Hch 10,34). Pero no podemos negar, que siguiendo el ejemplo de Jesucristo, sentimos una predilección especial por aquellas personas que, tanto el sistema político como religioso, vulnera en sus derechos y dignidad (Lc 6,21-22), por eso, siguiendo su enseñanza servimos (Mt 20,28; Jn 13,12-17) a nuestros hermanos y nuestras hermanas, que son el octavo sacramento (Mt 25,34-45).

Nuestra identidad no se debiera manifestar en las expresiones litúrgicas, en los ornamentos, en los tipos de oración, esa no es la característica de las discípulas y los discípulos de Jesús. Nuestra identidad se testimonia a la sociedad y las otras iglesias, haciendo lo que Jesús nos manda (Jn 15,7): amar (Jn 13,34-35). Un amor que se expresa en comunión fraterna (Hch 4,32-35), en acciones liberadoras y sanadoras (Hch 3,6), en solidaridad (Hch 2,45; 4,34), dando testimonio de nuestra fe (1Pe 3,15). La vida litúrgica es el lugar donde volcamos la fe compartida en estas acciones. Sin un servicio real la vida litúrgica no tiene sentido; el evangelista Juan equipara la Eucaristía al Lavatorio de los Pies (Jn 13,1-20); por eso, Eucaristía y Servicio están intrínsecamente unidos; para las personas miembros de la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, no puede haber uno sin el otro.

No somos una iglesia de sacrificios, con víctima, sacerdote y altar; esa es herencia pagana asumida por el cristianismo. Somos una iglesia que celebra la vida y el amor incondicional de un Padre Bueno que sale al encuentro de la humanidad, sin tomar en cuenta el pasado, restituyéndole derechos y dignidad (Lc 15,11-32); somos conscientes que compartiendo el sacerdocio universal (1Pe 2,9) participamos de la Eucaristía siguiendo el mandato del Señor (1Co 11,24).

La Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, es una iglesia pequeña (Mt 13,31-33), de gente sencilla y con limitaciones (1Cor 1,26), abierta a todas las personas (Hch 10), comprometida con los derechos humanos y la dignidad humana (Jn 10,10), radical en el seguimiento del Maestro (Lc 9,62), convencida que Dios guía nuestros destinos (Fil 1,6), emergente en medio de la sociedad, la cultura y las otras iglesias (Mt 5,14-16).

Está claro, que generalmente uno escribe el deber ser y no lo que es, pero con este horizonte, caminamos tras las huellas del Señor (Lc 5,11), seguros de que nos cuida (2Cor 12,9) en el camino de la vida y compensa nuestras falencias (Sal 137,8).

Bendiciones a todos y todas.
++Julio, Obispo de la Iglesia Antigua. Provincia Diversidad Cristiana de la Comunión Anglicana Libre.

martes, 13 de septiembre de 2016

Comunicado Episcopal sobre le Memoria de las personas GLTB víctimas del cristianismo






IGLESIA ANTIGUA
Provincia Diversidad Cristiana de la Comunión Anglicana Libre


COMUNICADO EPISCOPAL


En vísperas de la celebración de la Santa Cruz, común a las iglesias: episcopal, romana y ortodoxas, con la autoridad que me confiere el documento estatutario (artículo 44) declaro que a partir de mañana, todos los años, el 14 de setiembre, se celebre la memoria de las personas GLTB víctimas del cristianismo.

Durante siglos, algunas denominaciones cristianas han perseguido, juzgado, condenado, discriminado, excluido, silenciado, invisibilizado a personas gays, lesbianas, bisexuales y trans a causa de su orientación sexual, humillándolas y denigrándolas, violando sus derechos y su dignidad.

Si aceptamos que “Dios no hace diferencia entre las personas” (Hch 10,34) y que “Jesucristo murió por nosotros” (Rom 5,8), debemos entender que Dios las acepta como al resto de la humanidad y que Jesucristo también murió por ellas, lo contrario, sería afirmar que Dios miente, cosa que sostienen las iglesias fundamentalistas y literalistas con sus acciones homofóbicas.

Urge que las iglesias inclusivas levantemos nuestra voz en favor de las personas GLTB; que pidamos perdón por siglos de persecución; que reparemos por millares de vidas frustradas, condenadas, vulneradas; que recuperemos la memoria de esas víctimas para que no queden silenciadas e invisibilizadas para siempre encerradas en un armario. En Jesucristo, estas personas han sido crucificadas (Gal 2,20). Es nuestra misión bajarlas de la cruz (Mt 27,57-61).

Exhortamos a las personas miembros de nuestra iglesia, a las simpatizantes y a todas las personas de buena voluntad, a difundir este comunicado y celebrar el día 14 de setiembre de cada año, la memoria de las personas GLTB víctimas del cristianismo.

Montevideo, 13 de setiembre del año del Señor 2016.
++Julio, obispo de la Iglesia Antigua, provincia Diversidad Cristiana de la Comunión Anglicana Libre.

domingo, 11 de septiembre de 2016

17º Domingo después de Pentecostés - El Tiempo de la Iglesia: Una buena noticia para trabajadoras sexuales, personas con uso problemático de drogas, personas GLTB y personas con vih sida





Ciclo C - Lucas 15


El capítulo 15 de Lucas es el centro de su Evangelio. Las tres parábolas de la misericordia: la oveja recobrada (3-7), la moneda encontrada (8-10) y el padre bueno (11-32) son la comprensión de Dios y su reino que Lucas pretende transmitirnos. Imágenes muy contrarias al “dios cristiano” que nos han transmitido, un rey justo y recto sentado en un trono, juzgando y condenando.

1.     El texto en su contexto:

Los versículos 1-2 son el motivo por el cual Jesús expone estas parábolas o ejemplos sobre Dios y su reino. Los representantes del sistema religioso dominante en aquel tiempo, el judaísmo, criticaba a Jesús porque se rodeaba de gente considerada pecadora y de mala fama (Mt 9,10; Lc 5,29-30; 19,7).

Ante el juicio a esas personas, por parte de los representantes del sistema religioso dominante, Jesús expone la primera historia, tomando una imagen muy conocida y utilizada en el Antiguo Testamento: la figura del pastor (Is 40,11; Ez 34). Cuenta de una oveja que se pierde y el pastor dejando el rebaño va en su busca y cuando la encuentra la carga con alegría sobre sus hombros; e irónicamente explica que Dios sale a buscar a esas personas que el sistema religioso desecha y se goza al encontrarlas (3-7).

Jesús refuerza su enseñanza con otra historia, la mujer que habiendo perdido una de sus monedas la busca incansablemente hasta encontrarla y nuevamente insiste con el gozo que se produce en el cielo (= el Reino) cada vez que Dios sale al encuentro de las personas consideradas pecadoras por el sistema religioso dominante y las encuentra.

Pero no le parece suficiente a Jesús dejar en evidencia la mala intención de los líderes religiosos exponiéndolos con estas dos historias. Por lo tanto presenta una tercera, ésta mucho más evidente en todo sentido; la historia de Dios, el padre bueno. Un hombre tenía dos hijos, el primogénito: Israel y el menor: los pueblos paganos. Habiendo el hijo menor abandonado la casa paterna y decidido regresar, cuando su padre lo vio salió a su encuentro, se puso en camino, abandonó su sitio y corrió en busca del hijo abrazándolo, no le permitió arrepentirse, no le puso penitencia, no le reprochó lo que hizo, no lo condenó, por el contrario le devolvió la dignidad de hijo y señor (= calzado y anillo) e hizo fiesta porque recuperó a su hijo menor. Pero el hijo mayor se molestó y no quiso participar de la fiesta, juzgó y condenó a su hermano y aunque su padre salió a buscarlo y explicarle, el hijo mayor le reprochó haber recibido a su hermano en la casa paterna, considerándose bueno y justo, observante y fiel (11-32).

2.     El texto en nuestro contexto:

El relato evangélico de hoy, es una buena noticia, eso significa Evangelio, para aquellas personas que el sistema religioso dominante, en nuestra cultura el cristianismo, las iglesias cristianas poderosas e influyentes social y políticamente, consideran pecadoras.

¿Cuántas veces hemos oído testimonios de personas con uso problemático de drogas, o gltb, o que viven con vih, o que son trabajadoras sexuales que fueron discriminadas, juzgadas y condenadas por las iglesias?

¿Cuántas veces hemos escuchado sermones, hemos leído artículos, hemos visto publicaciones en Facebook condenando a las personas gltb por su orientación sexual, culpabilizando a las personas con vih, condenando a las  trabajadoras sexuales y responsabilizando a quienes tienen uso problemático de drogas?

¿Acaso esos pastores, arzobispos, obispos, presbíteros y diáconos no conocen el texto de Lucas 15? Seguramente que lo conocen pero no quieren o no pueden aceptarlo. Se ponen en el lugar del hermano mayor cuestionando el actuar de Dios.

Las tres historias nos presentan un esquema coincidente y claro en los siguientes verbos: perder – encontrar – alegrar.

No está en discusión. El sistema religioso dominante clasifica a las personas como buenas y malas, justas e injustas. Las personas buenas son las que se someten a las normas establecidas, el resto son todas malas, injustas, pecadoras, abominables, perdidas. A estas personas desechadas por el sistema religioso, Dios sale a buscarlas con la clara intención de encontrarlas, pero no para juzgarlas y castigarlas por sus acciones, sino para abrazarlas y dignificarlas (eso significan las sandalias y el anillo en la parábola del padre bueno); y cuando las encuentra se goza, Dios goza el abrazo con esa persona discriminada, desechada, invisibilizada, culpabilizada, Dios le restituye dignidad y lo festeja aunque el sistema religioso dominante se moleste, aunque no lo comprenda, aunque lo cuestione, aunque opte por quedarse fuera de la fiesta de la vida.

Luego de leer, reflexionar y orar este relato evangélico no podemos permanecer sin tomar posición. Estamos a favor o estamos en contra. No hay lugar para mediocridades, señores pastores, arzobispos, obispos, presbíteros y diáconos; si no se pronuncian son unos mediocres; si se pronuncian en contra de las personas que el sistema religioso dominante condena se están colocando fuera del Reino; lamento mucho decirles que tienen una sola opción, la que siguió Jesús y la que nos propone Lucas. De nada le servirá sus liturgias, sus mitras, sus trapos sagrados si no se juegan por quienes Jesús se jugó.

En este domingo, celebrando la Eucaristía, nos gozamos juntamente con Dios, porque nuestra mesa está llena de gente de mala fama, gente que otras iglesias han expulsado, por acción y omisión, gente que otras iglesias han juzgado y condenado. Nuestra mesa está llena de personas gays, lesbianas, trans, bisexuales, heterosexuales divorciados, con uso problemático de drogas, que viven en situación de calle, trabajadoras sexuales, personas que tienen vih sida que Dios ha encontrado e incorporado a la Fiesta del Reino.

Hoy reafirmamos con toda la radicalidad evangélica, la Iglesia Antigua – Divesidad Cristiana, nuestro compromiso con aquellas personas que el sistema religioso dominante de nuestro tiempo rechaza, juzga, condena, expulsa, invisibiliza.

Buena semana para todos y todas + Julio.