Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica y Apostólica. Personería Jurídica 10103 (M.E.C. Uruguay).

domingo, 26 de junio de 2016

6º Domingo después de Pentecostés - Jesús nos invita también a nosotros y nosotras a un seguimiento radical, revolucionario y escandaloso.





6º Domingo después de Pentecostés
Lucas 9,51-62




1.    El texto en su contexto:

El relato evangélico de hoy nos presenta tres situaciones de llamados al seguimiento de Jesús, las tres se caracterizan por su radicalidad.

En la primer situación (versículos 57-58) un hombre se acerca a Jesús y le expresa si intensión de seguirle en el discipulado. Jesús le responde que el seguimiento es radical y desinteresado, todo disponibilidad.

En la segunda situación (versículos 59-60) Jesús invita a otro hombre a seguirle pero este le responde que aún no es el momento y que tendrá que esperar hasta que su padre fallezca. Pero Jesús le responde que el seguimiento es radical y que la misión no puede esperar.

En la tercera situación (versículos 61-62) otro hombre le dice a Jesús que quiere seguirle pero antes desea despedirse de su familia. Nuevamente Jesús presenta la radicalidad del seguimiento, es necesario estar disponible en todo momento.


2.    El texto en nuestro contexto:

Hemos hecho de nuestra fe una rutina cúltica. Nos consideramos discípulos y discípulas de Jesús cumpliendo con la celebración dominical semanal. Sin embargo, Jesús nos plantea una propuesta escandalosa y revolucionaria: dejarlo todo por él, haciendo del Reino de Dios el centro de nuestra vida.

Las cristianas y los cristianos que no hacemos de la justicia, de la solidaridad y de la inclusión el centro de nuestra vida, esos eran los indicadores del Reinado de Dios para Jesús, estamos muy lejos de pertenecer a su comunidad de discípulos y discípulas. Todas sus acciones fueron establecer la justicia (huérfanos, viudas, pobres), promover la solidaridad (compartir el pan) e incluir en una comunidad de iguales (leprosos, trabajadoras sexuales, paganos). Para Jesús, el Reinado de Dios no era algo abstracto allá en el cielo, sino concreto, palpable y realizable aquí en la tierra.

Seguir a Jesús en el siglo XXI implica indiscutiblemente continuar su obra en nuestro tiempo. Quienes espiritualizan el cristianismo se equivocan. Jesús nos invita también a nosotros y nosotras a un seguimiento radical, revolucionario y escandaloso. No hay lugar a la mediocridad. No hay lugar al negociado. No hay lugar a las seguridades que nos propone la sociedad y la cultura. No hay lugar al poder. No hay lugar a la evasión espiritualista.

Hoy al igual que ayer, establecer el Reinado de Dios urge en un mundo individualista, consumista, insolidario el testimonio de vida de las discípulas y los discípulos de Jesús se hace necesario y urgente. No podemos mantenernos en silencio ante la injusticia social; ante la discriminación por edad, raza, sexo o género; ante la contaminación del medio ambiente y la destrucción del planeta, la voz de las discípulas y los discípulos de Jesús necesita ser escuchada, es urgente asumir nuestro ministerio profético denunciando la injusticia y anunciando la buena noticia del Reinado de Dios que se manifiesta en relaciones más humanas, donde los derechos y la dignidad son el cimiento sobre los que se construyen esas relaciones; donde la responsabilidad y la reparación al planeta son los cimientos de una nueva civilización.

Jesús es clarísimo: “quien pone la mano en el arado y mira para atrás no sirve para el Reino de Dios” (Lc 9,62).

Buena semana a todos y todas +Julio.

domingo, 19 de junio de 2016

5º Domingo después de Pentecostés - Dos confesiones de fe: Pedro y María





5º Domingo después de Pentecostés:
Lucas 9,18-24


Dos confesiones de fe: Pedro y María


1.    El texto en su contexto:

El evangelista Lucas nos presenta un diálogo entre Jesús y sus discípulos. Uno de los tantos diálogos que el Maestro mantuvo con la comunidad apostólica.

Jesús les pregunta sobre lo que habían escuchado decir a la gente sobre él, quién era Jesús para la gente (versículo 18).

Algunos discípulos comienzan a decir lo que habían escuchado opinar a las personas que estaban en su entorno, a quienes curaba, a quienes enseñaba. Unos decían que era Juan el Bautista que había resucitado de entre los muertos, otros decían que era el profeta Elías que se había ido en un carro de fuego y aún le esperaban, finalmente, otros decían que un antiguo profeta había resucitado (versículo 19).

Jesús avanza un poco más en el diálogo y les pregunta directamente a ellos, qué opinaban sobre él, quién era él para la comunidad apostólica (versículo 20 a). Sin lugar a dudas, Jesús quería saber cuál era la expectativa mesiánica de sus discípulos y discípulas. En aquella época había tres tendencias, el Mesías vendría de la casta sacerdotal y purificaría el Templo y el culto, el Mesías era un guerrero que les libraría de la opresión romana y restablecería el reinado de David mediante un descendiente, el Mesías vendría de la tradición profética, dando cumplimiento a la promesa de Moisés y restablecería al pueblo de Dios. ¿En cuál de estas tendencias se alineaba la comunidad apostólica? ¿qué habían entendido de lo que Jesús les transmitió con sus palabras y sus acciones?

Pedro, asume la palabra en nombre de la comunidad apostólica y lo reconoce como el Mesías de Dios (versículo 20 b). Ciertamente una confesión ambigua porque cualquiera de las tres tendencias creía que el Mesías era enviado por Dios. Sin embargo, si hacemos una lectura crítica de los evangelios, encontramos algunos sucesos interesantes que nos dan pistas sobre en cuál de las tendencias se consolidaba la expectativa mesiánica de los apóstoles; Santiago y Juan se disputaban el poder sobre quién se sentaría a la derecha e izquierda de Jesús cuando restableciera el Reino de Dios, Pedro andaba armado y en el monte de los Olivos atacó a uno de los que aprendió a Jesús. Por lo tanto, podríamos presumir que la expectativa mesiánica de los apóstoles era la del guerrero que libraría a Israel del poder romano y restablecería el reinado de David.

Por eso, las palabras de Jesús a continuación de este diálogo, anunciando la persecución y la muerte (versículos 21-27). El discipulado no se transita hacia el poder sino hacia la Pascua.


2.    El texto en nuestro contexto:

Este diálogo entre Jesús y la comunidad apostólica es plenamente vigente en nuestros tiempos. ¿Quién es Jesús para nosotros y nosotras, las comunidades discipulares del siglo XXI?

Tendremos respuestas muy diversas, igual que le sucedió a la gente de su tiempo; unas personas dirán que es Dios, otras el Sagrado Corazón, otras Cristo Rey, otras el Señor de la Misericordia, otras un revolucionario, otras un hombre sabio y podríamos seguir agregando respuestas.

Nosotros y nosotras, quienes formamos parte de la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, hacemos nuestras la confesión de fe de María Magdalena, fuera del sepulcro vacío: “Maestro”. Jesús es nuestro Maestro, quien nos enseña el camino del discipulado, quien nos conduce al Padre.

En María Magdalena encontramos el modelo de creyente, quien le siguió desde Galilea a Jerusalén; quien le creyó sinceramente y estuvo junto a él cuando todos, incluidos los apóstoles le traicionaron, abandonaron y negaron; quien dio testimonio de él cuando todos tenían miedo y estaban escondidos.

Buena semana para todos y todas +Julio.


domingo, 12 de junio de 2016

4º Domingo después de Pentecostés: El Dios revelado por Jesucristo incomoda a las personas buenas



4º Domingo después de Pentecostés
Ciclo C – Lucas 7,36 – 8,3



1.    El texto en su contexto:

Los fariseos eran hombres que cumplían la Ley, es decir, las Escrituras del Antiguo Testamento, estrictamente y con mucho fervor. Oraban, hacían ayunos, daban limosna; ninguna de las enseñanzas de la Biblia dejaban sin cumplir. El Evangelio de hoy nos relata el encuentro de Jesús con uno de ellos, un hombre que podríamos socialmente considerarlo bueno, un ejemplo para otros.

El relato evangélico nos cuenta que mientras estaban comiendo una mujer de mala fama, una pecadora se acercó a Jesús y con sus lágrimas lavó sus pies, con sus cabellos los secó, los besó y los perfumó (versículos 36-38). Gestos de hospitalidad que Simón el fariseo no cumplió y Jesús se lo recriminará más tarde (versículos 44-46).

Pero este hombre que cumplía todos los mandamientos de la Biblia juzgó en su corazón a otra persona y la discriminó considerándola pecadora, indirectamente también juzgó a Jesús (versículo 39). Pero Jesús, le dio la lección de su vida poniéndole el ejemplo de los dos deudores (versículo 40-43). El amor es más fuerte que el pecado. Quien ama no lo hace por mandamiento de la Biblia, porque los sentimientos no se pueden forzar. Quien ama tiene un corazón bueno y aunque en la vida cometa muchos errores, Dios tiene en cuenta su mucho amor y no sus muchos pecados (versículos 47-48).

No fue la obediencia a las prácticas religiosas ni el cumplimiento de la Biblia lo que salvó a esta mujer sino la fe (versículo 50).



2.    El texto en nuestro contexto:

El Dios revelado por Jesucristo es un Dios que incomoda a las personas buenas, a las que van a misa, a las que rezan el rosario, a las que hacen vía crucis, a las que practican ayunos, a las que visitan las siete iglesias. Es un Dios que incomoda a los obispos, a los presbíteros, a los diáconos porque no se sujeta al Magisterio y a sus enseñanzas. El Dios revelado por Jesucristo es el Dios amoroso y misericordioso que sale al encuentro de la persona que las iglesias consideran pecadora (versículo 39 cf Lc 15,20-21), simplemente porque ya fueron juzgadas y condenadas por sus hermanos y hermanas, fueron excluidas de la comunión eclesial, fueron amenazadas con la condenación eterna ¿qué otro castigo puede haber? Y si a pesar del juicio, la condena, la exclusión de las iglesias siguen amando ¿qué otra cosa puede hacer Dios que abrazarlas, dignificarse y gozarse con ellas? (Lc 15,22-24).

No es el cumplimiento de los mandamientos lo que salva al ser humano sino la fe en Jesucristo (versículo 50 cf Ga 2,16) pues si la salvación nos llega por el cumplimiento de los mandamientos entonces sería falsa la enseñanza apostólica que dice que fuimos rescatados y la muerte de Jesucristo entonces fue inútil (Gal 2,21).

La salvación es un regalo de Dios y no es propiedad ni de las iglesias ni de sus pastores. Dios salva a quien quiere, cuando quiere y cómo quiere. Por eso, tengamos mucho cuidado en juzgar a las personas; la historia personal, las cosas que condicionaron el actuar, la experiencia vital de cada persona nadie la sabe, es fácil juzgar, condenar, excluir utilizando la Biblia ¿pero quién ha estado en los zapatos de esa persona?

Los nuevos fariseos de la religión somos los pastores que imponemos nuestra concepción de vida, manipulando la Biblia de acuerdo a nuestros intereses y motivaciones, a nuestras concepciones producto de una cultura que ha sido una máquina de producir injusticia y exclusión. El Evangelio de hoy nos desafía a revisar nuestras enseñanzas y a ser escandalosamente honestos como lo fue Jesús, tomando partido por las personas y no por los mandamientos de la Biblia o las enseñanzas del sistema religioso. Implica cambiar el paradigma de la “doctrina” por el del “amor”.

Jesucristo nos enseña que quien ama es salvo. Por eso, nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana nos comprometemos radicalmente en anunciar, especialmente a aquellas personas que el sistema religioso cristiano expulsa, que Dios las ama entrañablemente; que Dios las libera de todas las ataduras que les impusieron las iglesias; que Dios las sana de todas las heridas que le provocaron sus hermanas y hermanos de fe a través de juicios, condenas, desprecios, discriminación, exclusión, silenciamiento, invisibilización; que Dios las incluye en una comunidad de iguales, el Reino que anunció Jesucristo, presente en medio nuestro.

La Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana no hace diferencia entre las personas (Hch 10,34) porque entendemos que Jesucristo no las hizo. Todas las personas de mala fama, consideradas pecadoras por el sistema religioso cristiano: personas divorciadas, divorciadas vueltas a casar, separadas y conviviendo con nuevas parejas; personas gays, lesbianas, bisexuales, trans; parejas que utilizan métodos anticonceptivos; mujeres que han accedido a abortos …. tienen un lugar en nuestra iglesia. A ustedes especialmente, que han experimentado el rechazo de las iglesias, queremos decirles que Dios las ama, que Dios las dignifica, que Dios ha optado por ustedes, que Dios les entrega su Reino.

Buena semana para todos y todas +Julio.
 


domingo, 5 de junio de 2016

3 er. Domingo después de Pentecostés: Una Iglesia enviada a proclamar vida y dignidad



Tercer domingo después de Pentecostés.
Ciclo C – Lc 7,11-17


1.    El texto en su contexto:

Este relato nos recuerda al profeta Elías y la viuda de Sarepta (1Re 17,8-24) teniendo características muy similares uno al otro.

Jesús venía de Cafarnaúm (7,1-10) y se dirigía a Naín (versículo 11), una aldea cercana a Nazaret. Le acompañaba la comunidad discipular y gente simpatizante (versículo 12). Por el camino observó un cortejo fúnebre, una mujer viuda que acompañaba el cuerpo sin vida de su único hijo (versículo 13). No era un sepelio cualquiera. El muerto era el único hijo varón de una mujer que era viuda. Esta situación la ponía en un difícil lugar social. Con la muerte del hijo perdió no sólo a su único hijo, sino la posibilidad de descendencia (la bendición para las personas justas según la tradición religiosa), y sobre todo, quien vele por ella quedando totalmente desprotegida y vulnerable.

Jesús conmovido por la dolorosa situación de esta mujer sintió compasión y la consoló (versículo 13) e inmediatamente actuó. No le dijo que lo sentía. No le dijo que la acompañaba en el sentimiento. No le dijo que oraría por ella y por el eterno descanso de su hijo. Jesús actuó. Devolvió la vida al muerto y la dignidad a su madre (versículo 14-15). Esta acción de Jesús también renovó y reforzó la fe de quienes iban con él (versículos 16-17).


2.    El texto en nuestro contexto:

A diario en nuestro camino, al igual que Jesús observó a la viuda de Naín, observamos personas vulneradas en sus derechos y su dignidad ¿Quién puede negar esta realidad? ¿Quién no ve o no se entera de los feminicidios, del tráfico de personas, de pueblos originarios despojados de sus tierras, de personas en situación de calle, de inmigrantes ilegales y tantos otros rostros humanos, portadores de la imagen sagrada de Dios, vulnerados en sus derechos y su dignidad?

A diario, en nuestro camino, al igual que Jesús observó al joven muerto, observamos personas que están muertas aunque están vivas ¿Quién puede negar esta realidad? ¿Quién no ve o no se entera de las personas ancianas abandonadas en asilos, de las personas jóvenes con uso problemático de drogas, de las personas alcohólicas que lo han perdido todo, de las personas que transitan de un refugio a otro, de las personas trans que son explotadas y tantos otros rostros humanos portadores de la sagrada imagen de Dios, que la sociedad o la religión les considera personas muertas?

Las iglesias no podemos mirar hacia otro lado, cuando nos cruzamos en el camino con la viuda de Naín y su hijo muerto. El ejemplo del Maestro nos urge a actuar, a devolver dignidad a las personas que fueron vulneradas, devolver vida a las personas que fueron consideradas muertas.

Nuestra sociedad es una fábrica de muerte. Sin embargo, desde distintos lugares, se levantan pequeñas experiencias que restituyen vida y dignidad. Algunas de esas experiencias son eclesiales y otras no. Pero todas, siempre que trabajen por la vida digna, plena y abundante que es lo que Jesús comunicó a la humanidad (Jn 10,10) están anunciando que otro mundo es posible, con justicia y solidaridad.

La Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana no puede permanecer mirando para el costado. Para encontrar al Señor en nuestro camino es necesario que miremos a aquellas personas vulneradas y muertas en vida en las que quiso quedarse para siempre, como sacramento de su presencia entre nosotros y nosotras (Mt 25,31-46). Pero no solo debemos mirarlas, como Jesús, debemos actuar restituyendo dignidad, restituyendo vida.

Vida plena, vida digna y vida abundante a jóvenes adictos, a adolescentes del Marconi, a la trans que vende su cuerpo, a las personas ancianas abandonadas en el Piñeiro, a las personas en situación de calle, a los gays y las lesbianas discriminados, a los “ñerys” de la esquina, a las personas locas del Vilardebó y la Colonia, a las personas privadas de libertad, a las mujeres en situación de violencia doméstica y a tantas otras personas muertas por el sistema social y religiosos, nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana les decimos: “Levántate” (Lc 7,14).


Buena semana para todos y todas +Julio.