Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

domingo, 29 de mayo de 2016

Segundo Domingo después de Pentecostés: El Cuerpo y la Sangre del Señor realmente presente en las personas excluidas del sistema religioso y político




2º Domingo después de Pentecostés.
Celebramos el Cuerpo y la Sangre del Señor presente en la Eucaristía. Una fiesta celebrada por primera vez en el año 1246 en Bélgica.
Ciclo C – Lucas 9,11-17


1.    El texto en su contexto:

Encontramos relatos similares al del Evangelista Lucas en Mt 15,32-39 y Mc 8,1-10. Este relato Marcos lo sitúa en Decápolis (Mc 7,31), tierra pagana. Demostrando la actividad inclusiva de Jesús entre los no judíos. Lucas lo ubica en Betsaida, un pueblo al nordeste del Lago de Galilea (9,10).

Lucas muestra a un Jesús dispuesto a servir (versículo 11): recibió a la gente, les habló del reinado de Dios y curó a las personas enfermas. Pero no se limitó a eso. También enseñó a la comunidad apostólica el milagro de la solidaridad. Compartir es la forma de distribuir la riqueza entre todas las personas. Ese es el modelo que deja para la comunidad eclesial (versículos 13-17).


2.    El texto en nuestro contexto:

Una iglesia que no comparte lo que tiene no es la Iglesia de Jesús. El distintivo de una comunidad eclesial es la solidaridad. No sólo celebra. La celebración es la expresión del acontecimiento divino – humano en la vida eclesial. Fundamentalmente comparte equitativamente a la interna de la comunidad y es solidaria hacia fuera.

La celebración eucarística solo tiene sentido cuando tenemos algo para celebrar: la experiencia del Señor Resucitado en medio de la comunidad compartiendo, identificándose en las personas vulneradas en sus derechos y dignidad siendo servidas por la Iglesia. De lo contrario, solo es un rito que repetimos domingo a domingo, pero carente de contenido. Jesús compartió la multiplicación de los panes, luego que la comunidad apostólica retornó de la misión (9,10).

La fiesta del Cuerpo y la Sangre del Señor en la Eucaristía nos remite directamente al servicio. El Señor que confesamos presente en el Pan y en el Vino, es el mismo que nos juzgará por el servicio a Él, presente en aquellas personas que el sistema religioso y el sistema político vulneran en sus derechos y dignidad (Mt 25,31-46). En ese momento, no importará cuántas veces comulgamos, cuántas veces participamos en la procesión de Corpus, cuántas veces estuvimos en la Hora Santa. Lo único que importará es cuántas veces amamos a quienes la religión y la sociedad rechazan.

Jesús es el modelo a seguir: recibir a la gente necesitada de buenas noticias; anunciarles el amor misericordioso de Dios, que en su designio misterioso, hizo de esas personas sus predilectas; acompañar el proceso de recuperación de sus derechos y restauración de su dignidad. Este es el centro de la actividad misionera de la Iglesia de Jesucristo.

Buena semana para todos y todas +Julio.



domingo, 22 de mayo de 2016

Primer domingo después de Pentecostés: Caminar tras las huellas del Maestro



Primer Domingo después de Pentecostés.
Jn 16,12-15

Caminar tras las huellas del Maestro


Con la celebración de Pentecostés, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana comienza el Tiempo del Espíritu Santo que se extenderá hasta el inicio de Adviento. Tiempo que es también de la Iglesia, tiempo en que el Espíritu Santo camina junto al Pueblo de Dios recordando las palabras y las acciones de Jesús, fortaleciendo el testimonio misionero, haciendo fecundo el compromiso en la liberación, la sanación y la inclusión que la Iglesia tiene con Jesucristo, el Maestro y el Señor (Jn 13,13-14).

En este primer domingo después de Pentecostés, el evangelista Juan nos recuerda la promesa de Jesús, promesa que recordamos y celebramos la semana pasada, con la venida del Espíritu Santo (versículo 13). Él nos guiará a la Verdad plena, esa que es Jesucristo (Jn 14,6), quien el apóstol Pablo afirma que por su medio hemos sido pacificados, reconciliados, justificados y tenemos acceso a la gracia (Ef 5,1-2).

A lo largo de estos domingos del Tiempo del Espíritu Santo iremos reflexionando y renovando nuestra fe en el seguimiento del discipulado, iremos aprendiendo aquello que el Espíritu Santo nos enseñe, fundamentalmente por medio de la experiencia de vida eclesial. El Espíritu se manifiesta cuando hay iglesia, es decir asamblea, comunidad de creyentes reunida en el nombre de Jesús (Hch 2,1-4; 10,44-46).

El discipulado no es únicamente participar de la celebración dominical o recitar las oraciones diarias, el discipulado es esencialmente seguimiento del Maestro, decir lo que él dijo, hacer lo que él hizo, creer lo que él creyó (Jn 15,14). Jesús denunció la injusticia del sistema político y religioso, anunció el inicio del reinado de Dios en la humanidad, un reinado con justicia y compasión; Jesús sanó las heridas de las personas, especialmente de aquellas que el sistema religioso y el sistema político habían vulnerado en sus derechos y su dignidad, liberó de las pesadas cargas que la religión impone a las personas y formó una comunidad de iguales, convocando a todas las personas pero especialmente a las empobrecidas, las discriminadas y las excluidas; Jesús creyó en la paternidad de Dios, un Dios próximo y cercano, misericordioso y amoroso al que con toda confianza nos enseñó a llamarle Abbá (= Papi / Papito / Pa).

Pido que el Espíritu Santo nos acompañe a todos y todas, en este camino del discipulado que hoy retomamos de forma especial. Que nos de la fortaleza de seguir radicalmente fieles a Jesucristo sin distorsionar su Evangelio liberador, sanador e inclusivo. Que nos dé el valor de dar testimonio alegre de nuestra esperanza: otro mundo posible con justicia y dignidad para todos y todas.

Buena semana +Julio.



lunes, 16 de mayo de 2016

Domingo de Pentecostés




Domingo de Pentecostés
Ciclo C – Jn 14,15-26

Tengan todos y todas mucha paz.

Una vez más celebramos Pentecostés. El cumplimiento de la Promesa. Jesús no nos dejó solos y solas. Somos su Iglesia y el Espíritu Santo reside en nosotros y nosotras. Nos consuela y acompaña hasta el retorno del Maestro. En esta etapa de misión nos enseña y nos recuerda lo que Jesús nos transmitió (Jn 14,26).

La Iglesia, enviada al mundo por Jesucristo, revela el amor incondicional y misericordioso del Padre a la humanidad; una amor que alcanza a todos y a todas a través del tiempo, sin excepción. Todo ser humano es destinatario exclusivo del amor misericordioso y compasivo del Padre. Este fue el mensaje de Jesús, revelado con palabras y acciones. Este es el mensaje de la Iglesia de Jesucristo manifestado con palabras y acciones. No tenemos otro testimonio para dar: tanto amó Dios al mundo que envió a su único Hijo, no para condenar sino para salvar al mundo (Jn 3,16-17).

Ni Jesucristo ni la Iglesia condenan a nadie. Ambos comunican con todas sus fuerzas el llamado a la vida digna, plena y abundante (Jn 10,10); a la fiesta de la vida donde cada persona es revestida de la dignidad de hijo e hija de Dios (Mt 22,1-14). Únicamente nos salvamos en la solidaridad con las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad (Mt 25,31-46), entonces, cada quien se condena por su falta de amor (Jn 14,24) o se salva porque amó guardando las palabras de Jesús (Jn 14,23).

Hoy más que nunca, en medio de tantos fundamentalismos religiosos, incluso también dentro del cristianismo, urge comunicar claramente y sin ambigüedades el mensaje de Jesucristo, un mensaje de liberación, de sanación y de inclusión (Lc 4,18-19). En medio de tantas voces que dicen hablar en nombre de Dios, urge discernir sus contenidos pero sobre todo sus acciones (Mt 7,20), porque quien habla verdaderamente en nombre de Dios, esencialmente ama (1Jn 4,20) y sirve (Jn 13,14) en solidaridad (Mt 35,31-40).

Pidamos al Espíritu Santo la fuerza para continuar con el testimonio de Jesucristo en nuestro entorno. Que así, como acompañó a la Iglesia naciente en la tarea evangelizadora, nos acompañe ahora en estos tiempos modernos, renovando y actualizando el mensaje de Jesucristo a las nuevas realidades.

Feliz Pentecostés.

Buena semana para todos y todas, llena del Espíritu Santo. +Julio.

domingo, 1 de mayo de 2016

6º Domingo de Pascua: Una Iglesia que ha olvidado las enseñanzas de Jesús



6º Domingo de Pascua
Ciclo C – Juan 14,23-31

Una Iglesia que ha olvidado las enseñanzas de Jesús

1.    El texto en su contexto

Jesús se está despidiendo de sus discípulos y discípulas. Jesús comunica el mensaje de Dios que es Padre (versículos 23-24 cf 7,16; 14,10).

Él intuye el desenlace de la obra misionera (versículo 25 y 30), pero la comunidad discipular no quedará sola cuando Jesús ya no esté, el Espíritu Santo que Jesús pidió al Padre (versículos 16-17) y que a su vez representará a Jesús será el que recuerde las enseñanzas de Jesús (versículo 26).

Jesús se despide comunicando su paz (versículo 14,27). Shalom incluye los diversos dones que Jesús entrega a la comunidad discipular (cf Nm 6,26; Sal 29,11; Is 9,6-7[5-6]; 57,19; Lc 2,14; Jn 16,33; 20,19.21.26; Rom 5,1; Ef 2,14).

2.    El texto en nuestro contexto:

La Iglesia, continuadora de la obra de Jesucristo, tiene la misión de comunicar a la humanidad el mensaje de Dios, que es Padre bueno (Lc 15,11-32). Sin embargo, durante siglos se encargó de distorsionar esta verdad, revelando un Dios vengativo, verdugo, justiciero, castigador. Un Padre al que difícilmente, las discípulas y los discípulos de Jesús podemos llamar Abba (Mc 14,36). Pa, Papito, Papi no son atributos del Dios implacable, omnipotente, omnisciente y todopoderoso proclamado por la Iglesia.

Jesucristo comunicó el Espíritu Santo a la Iglesia (Jn 20,22) para que Él recordara las enseñanzas de Jesús durante su ministerio público (Jn 14,26). La Iglesia, sin embargo, durante siglos quiso permanecer amnésica, no recordando las palabras y los hechos de Jesús. En cambio reveló a la humanidad un Rey de Reyes, un Señor de Señores, un Juez de toda la tierra. Tanto lo repitió que Ella misma se lo creyó, olvidando al Maestro de Galilea que compartió su vida con pobres, leprosos, prostitutas, cobradores de impuestos, gente de mala fama (Mc 2,16), devolviéndoles dignidad e incluyéndoles en una comunidad de iguales.

La paz que comunicó Jesús a la Iglesia no ha sido la paz que la Iglesia comunica a la humanidad. Jesús se entregó por amor. A lo largo de los siglos, la Iglesia pidió a la humanidad que entregara diezmos, posesiones, poder, fortunas, cargos, títulos de nobleza, sumisión.

El Evangelio de hoy nos urge a detenernos; abrirnos al Espíritu Santo que nos recuerda las enseñanzas de Jesús “que pasó sanando y haciendo el bien” (Hch 10,38); pedir perdón a la humanidad por nuestras intolerancias “cristianas”; aceptar las críticas que provienen de la sociedad y la cultura por nuestra falta de testimonio; redescubrir los dones que Jesús comunica a la Iglesia para que los comparta con la humanidad; asumir una actitud de diálogo y de servicio con la sociedad y la cultura contemporáneas.

El Evangelio de Jesucristo es liberador, sanador e inclusivo para todas las personas, en todos los lugares y de todos los tiempos. La iglesia que no proclama este mensaje no es la Iglesia de Jesucristo, no es portadora del mensaje que el Padre bueno comunica a la humanidad, no posé el Espíritu Santo que Jesús pidió y envió.

La Iglesia de Jesucristo es aquella que comunica la compasión y misericordia del Padre, que dignifica a sus hermanas y sus hermanos, que ama hasta dar la vida por sus amigos y sus amigas, que sirve desinteresadamente a quien no puede devolverle nada.

La próxima semana estaremos celebrando el último domingo de Pascua y la preparación de Pentecostés, trabajemos arduamente para que estos días seamos comprometidos y radicales testigos de Jesucristo, el Maestro y el Señor.

Buena semana para todos y todas +Julio.