Miembro de la Comunión Anglicana Libre - Iglesia Episcopal Libre y de la Comunión de Iglesias de Tradición Católica

domingo, 24 de abril de 2016

Quinto Domingo de Pascua: Quienes dicen que aman al pecador pero odian al pecado, son unos mentirosos



5º Domingo de Pascua
Ciclo C – Juan 13,31-35



1.    El texto en su contexto:

A lo largo de su Evangelio, Juan da testimonio de la gloria de Jesucristo (versículos 31-32 cf 1,14; 12,23).

En este discurso de despedida, Jesús mantiene el estilo enigmático que ya se revela en Jn 3,3-4 dando un sentido a sus palabras que la audiencia no capta. A través de este estilo de enseñanza algunas personas alcanzan la fe (2,21-22; 4,10-15.32-34; 11,11-13; 13,6-15.33-38; 14,2-9). Sin embargo, otras rechazan las enseñanzas y se cierran en la incredulidad (6,32-35.52-58; 7,33-36; 8,21-24.31-33.51-53.56-59). Jesús recorrerá el camino de la Pascua, muerte y resurrección, siendo glorificado junto al Padre, este camino no es aún el de la comunidad discipular que debe continuar la tarea evangelizadora (cf 7,34; 8,21).

Jesús va junto al Padre (Jn 16,28; 20,17), pero antes de la partida entrega el nuevo mandamiento, el que libera de las pesadas cargas de la ley religiosa (Mt 11,28-30), el que identifica a las discípulas y los discípulos (versículo 35). El mandamiento del amor al prójimo estaba en las Escrituras (Lv 18.19) y era el broche de oro de una serie de artículos destinados a promover la práctica de la honestidad, de la solidaridad y de la justicia al interior de la comunidad judía. Jesús y la comunidad discipular dan a este mandamiento un alcance universal (Mt 22,39; Mc 12,31.33; Lc 10,27; Rom 13,9; Gal 5,14; Sant 2,8).

La medida de ese amor es la propia vida de Jesús (15,13), entregada al servicio incondicional de todos y todas, pero muy especialmente, de aquellas personas vulneradas por el sistema religioso: los ciegos, los paralíticos, los leprosos, las mujeres, los niños, los pobres, los paganos. Amar como Jesús amó y a quienes Jesús amó, ese es el mandamiento (versículo 34).


2.    El texto en nuestro contexto:

El centro del Evangelio de hoy es el mandamiento nuevo. No es un mandamiento que se suma a la infinidad de preceptos bíblicos y eclesiásticos. Es el mandamiento que nos libera de todos ellos (Mt 11,28-30). Es el único mandamiento que nos obliga. Es el que nos identifica con Jesús, con su vida, con sus enseñanzas, con sus acciones. Es el que hace que la comunidad eclesial sea identificada como discípula,  no porque va a celebrar la Eucaristía, no porque reza la Liturgia de las Horas, no porque predica el Evangelio, no porque practica la infinidad de leyes religiosas, no porque cree en los dogmas y las doctrinas eclesiales.

La comunidad eclesial es identificada como discípula por su capacidad de amar (versículo 35 cf 1Jn 3,14; Hch 4,32-35).

En este quinto domingo de Pascua, el Evangelio nos interpela. Únicamente cuando amemos incondicionalmente, seremos discípulas y discípulos de Jesús. Esto significa que no corresponde a la comunidad eclesial juzgar, condenar, culpabilizar, discriminar. Los cristianos y las cristianas que en nombre de Dios hacen estas cosas son unos mentirosos (1Jn 4,20). Quienes dicen que aman al pecador pero odian al pecado, son unos mentirosos, porque en la práctica juzgaron y condenaron las acciones de determinada persona o grupo, culpabilizaron y excluyeron. El juicio es de Dios no de la Iglesia y pobre de aquella iglesia que se atribuya el juzgar porque no ha entendido el Evangelio de Jesucristo, porque no ha entrado en la novedad del Reinado de Dios, porque sigue atada a las costumbres y las tradiciones humanas.

Renovemos nuestro compromiso como discípulas y discípulos de Jesús, asumiendo radicalmente el amor como instrumento de transformación de nuestras vidas y de nuestros espacios vitales (familia, amistades, vecindario, lugar de trabajo, lugar de estudio, lugar de militancia).


Buena semana para todos y todas +Julio.

domingo, 17 de abril de 2016

Cuarto domingo de Pascua: Tomando como guía el Evangelio tras las huellas de Jesucristo




Cuarto domingo de Pascua
Ciclo C – Juan 10,13-30



1.    El texto en su contexto:

Jesús se presenta como el pastor, quien acompaña, protege, alimenta y guía a las personas bautizadas en el camino del discipulado (versículo 27). Existe un mutuo conocimiento entre Jesús, Maestro y Señor y sus discípulas y discípulos, al punto que cada discípulo y discípula es llamado por su nombre e invitado al seguimiento (cf versículos 3-4); este seguimiento no es otra cosa que “tomando como guía el Evangelio” (RB Prólogo 21) imitemos la vida de Jesucristo “qué pasó haciendo el bien” (Hch 10,38).

Jesús, el Camino, la Verdad y la Vida (14,6) comunica vida plena, vida digna y vida abundante (10,10), eso significa en el Evangelio, vida eterna y la comunica a todos sus discípulos y todas sus discípulas. La plenitud, la dignidad y la abundancia son producto del seguimiento radical de Jesucristo.

Por el bautismo participamos del misterio pascual de Jesucristo participando de su vida en el misterio trinitario (Rom 6,5-11 cf Ef 4,22; Col 3,9; Gal 2,19-20; 5,24-25; 1Pe 4,1; 2Tim 2,11; Rom 3,24; 1Co 1,30; Gal 3,27; Fi 1,1; 1Co 1,9; Col 1,4). Nos podrán quitar los bienes, nos podrán quitar la libertad, nos podrán quitar la vida, pero jamás podrán quitarnos la dignidad que nos fue conferida en el bautismo (versículo 29). Todas las personas son amadas entrañablemente por Dios, porque son su imagen y semejanza (Gen 1,27), sin embargo, quienes hemos sido bautizados y bautizadas, participamos de la dignidad de hijos e hijas de Dios ya que el Bautismo nos confiere la filiación (Lc 15,22-23).

Jesús afirma su unión a Dios (versículo 30: “El Padre y yo somos uno”). La participación en el discipulado nos une a Él (17,21-23). Por lo tanto, si nos mantenemos en unión con Jesucristo, estaremos participando anticipadamente de la vida en el Misterio Indecible al que llamamos Dios.


2.    El texto en nuestro contexto:

Nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana sentimos la voz de Jesucristo que nos invita al discipulado y confiamos plenamente en Él, porque lo reconocemos como nuestro Maestro y nuestro Señor que nos envía a servir (13,13-14).

En estos tiempos, y en estos contextos, el servicio que Jesucristo nos confía es trabajar por la paz y la justicia, contribuir en la defensa de los derechos civiles de quienes están vulnerados y vulneradas en su dignidad, demostrar con nuestro testimonio de vida que otro mundo es posible, que otra sociedad es posible, que otra economía es posible, que otra relación con la naturaleza es posible, que otra iglesia es posible.

Sentimos la voz de Jesucristo que nos llama en las personas y los grupos vulnerados en sus derechos y su dignidad, que sufren la discriminación y la opresión, que son visibilizados por el sistema religioso y político; y respondemos a su voz generando procesos de liberación, de sanación y de inclusión (Mt 25,31-45).

El Bautismo nos abre la puerta al discipulado de Jesucristo, a su seguimiento comprometido y radical. La Confirmación ratifica esta respuesta a la voz del Maestro y del Señor. Todos y todas, en esta Iglesia recibimos el llamado para dar testimonio del amor incondicional de Dios a todas las personas, en todos los lugares y en todos los tiempos. No hablamos de lo que no sabemos. Cada uno de nosotros y cada una de nosotras está aquí, en esta Iglesia, porque experimentó en su vida que Dios es Amor (1Juan 4,8), un amor que libera, que sana y que incluye en una comunidad de iguales. Esta experiencia nadie nos la podrá quitar (Jn 10,29).

El Evangelio de Jesucristo es nuestra guía.


Buena semana para todos y todas + Julio.

domingo, 10 de abril de 2016

Tercer domingo de Pascua: Por una iglesia comprometida en el seguimiento y el servicio




Tercer domingo de Pascua
Ciclo C – Juan 21,1-19

Por una iglesia comprometida en el seguimiento y el servicio


1.    El texto en su contexto:

Después de la segunda cristofanía a la comunidad apostólica, estando Tomás (20,24-29), Jesús resucitado volvió a revelarse a orillas del lago Tiberíades (versículo 1) a algunos de sus discípulos (versículo 2). Es importante tener claro que esta cristofanía se produce en Galilea, la región donde Jesús había iniciado su ministerio. El lago Tiberíades es llamado también lago de Galilea o lago de Genesaret (cf Lc 5,1; Jn 6,1).

Al parecer cada uno había retornado a su tierra y a sus quehaceres, aquellos que habían dejado para seguir a Jesús (versículos 2-3). Jesús resucitado se revela a ellos, en su tierra y en su vida de pescadores, en la cotidianidad de aquella gente, pero ellos no logran reconocerle (versículo 4). El versículo 5 es similar al relato de Lc 5,5-6; áquel lo ubica en el ministerio público de Jesús, éste en un episodio cristofánico, Jesús ya está resucitado. Una pesca exitosa luego de la frustrada noche donde las redes habían quedado vacías, es el episodio que permite reconocer la presencia del Resucitado (versículo 7) e ir a su encuentro (versículos 8-9).

El versículo 9 está cargado de un contenido altamente teológico. Juan presenta dos signos que para las comunidades discipulares eran una referencia directa al Maestro y al Señor; el pan que cada día en las casas era partido, repartido y compartido (Hch 2,46) siendo una referencia directa a la Eucaristía; y el pez , en griego idioma en que se escribieron los evangelios: ΙΧΘΥΣ (ichtus) era el acróstico que utilizaban los cristianos para identificarse ya que eran perseguidos por el imperio romano; este acróstico significaba   Ιησού Χριστέ, Υιέ του Θεού, Σωτήρα, cuya traducción es "Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador".

Jesús resucitado les invita a compartir (versículo 10). En la comida compartida el Señor se hace presente (versículo 12). El versículo 11 también debiéramos leerlo en clave pascual. La red contenía 153 peces, justo la cantidad de pueblos que se creía existían sobre la tierra; una red inclusiva abierta a todos y todas sin romperse.

Los versículos 15 al 19 presentan el diálogo entre Jesús y Pedro. Un diálogo que se refiere al ministerio en la iglesia (Hch 20,28; Ef 4,11; 1Pe 5,2) y al necesario seguimiento de cada discípulo y discípula al Maestro y Señor.


2.    El texto en nuestro contexto:

Este texto nos recuerda a las discípulas y discípulos del siglo XXI dos características que se han mantenido a través de los tiempos, que son propias del discipulado.

En primer lugar, buscar y descubrir al Señor resucitado en el aquí y ahora, en nuestra vida cotidiana, en nuestro entorno. No le busquemos en el templo porque eligió manifestarse en Galilea (Jn 21,1; Mt 28,7) que significa lo profano, lo impuro, lo despreciado; nada bueno esperaba el sistema religioso de esa región (Jn 1,46) y en aquellas personas que son vulneradas en sus derechos y su dignidad (Mt 25,31-46): las personas hambrientas, sedientas, sin techo, con escasez de abrigo, enfermas o privadas de libertad. Y una vez que le encontremos compartir en solidaridad celebrando, eso significa el pan y el pez.

En segundo lugar, seguirle. La invitación es a recorrer su camino (Jn 21,19) con radicalidad pues no hay lugar a la mediocridad (Mt 8,22; Lc 9,62). El proyecto que Jesús inició en Galilea necesita que nosotros y nosotras lo continuemos en todas partes (Mt 18,19-20) eso significan los 153 peces. Nadie debe quedar fuera del Reinado de Dios que es Fiesta (Mt 22,1-14 cf Lc 15,23) y Vida plena, digna y abundante (Jn 10,10 cf Lc 15,22). El proyecto de Jesús es liberador, sanador e inclusivo.

Nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana aceptamos y asumimos el inmenso desafío de seguir a Jesús en una sociedad y una cultura que rinde culto al dios individualismo, al dios dinero, al dios poder, al dios consumismo; y en un sistema religioso fundamentalista y dogmático que excluye a quienes no cumplen con sus postulados, que se considera el único verdadero, que culpabiliza y demoniza a las personas que no se someten a su poder, en unos casos espiritual en otros casos económico.

Nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana aceptamos y asumimos el servicio ministerial entre las personas oprimidas y excluidas por el sistema religioso de nuestro tiempo. En este domingo nos comprometemos a continuar y fortalecer la pastoral hacia las personas gltb. En este domingo nos comprometemos a continuar y fortalecer la pastoral hacia las personas que viven con vih. En este domingo nos comprometemos a continuar y fortalecer la pastoral hacia las personas ancianas. Con la certeza de que Jesús resucitado nos espera en ellas reafirmamos nuestro deseo de servirlas a través de la orientación pastoral; del acompañamiento en situaciones difíciles; de administrar el sacramento del matrimonio a personas del mismo sexo; de ordenar ministerialmente a personas gltb, de recibir en nuestras comunidades a clérigos casados y que fueron expulsados de otras iglesias; de recibir a las divorciadas y los divorciados vueltos a casar para que accedan a la comunión eucarística; de recibir a mujeres que han abortado sin juzgarlas ni condenarlas, porque únicamente Dios sabe por lo que han pasado, para que accedan a la comunión eucarística; de ordenar mujeres al diaconado, presbiterado y episcopado.

El Señor Resucitado es el centro de nuestra experiencia de fe, por eso, nosotros y nosotras somos sus testigos con el convencimiento de que “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres (Hch 5,29).

Buena semana para todos y todas.
+Julio, obispo de la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana.

domingo, 3 de abril de 2016

2º Domingo de Pascua: Una Iglesia enviada y comprometida con los derechos humanos y la dignidad huymana




2º Domingo de Pascua
Jn 20,19-31 – ciclo C



1.    El texto en su contexto:


El relato evangélico de hoy nos sitúa en dos escenarios.

El primer escenario se desarrolla a la noche del mismo domingo de resurrección (20,19a cf Mt 28,1; Mc 16,2.9); el mismo día en que María Magdalena había ido al sepulcro muy temprano y lo halló vacío (20,1). La comunidad apostólica estaba atemorizada luego de la detención, tortura y ejecución de Jesús, y aunque hubo algunos testimonios de que había resucitado, el miedo a las autoridades religiosas (versículo 19b cf 2,18; 5,10; 7,1) y la inseguridad estaban instalados. En ese contexto se produce la cristofanía. El Maestro resucitado se presenta en medio de ellos y les comunica su paz (versículo 19c cf 14,27). Jesús resucitado comunica la diversidad de bienes a su comunidad (cf N, 6,26; Sal 29,11; Is 9,6-7; 57,19; Lc 2,14; Jn 16,33; 20,19.21.26; Rom 5,1; Ef 2,14). Inmediatamente les muestra las señales que la ejecución dejó en su cuerpo (versículo 20 cf Lc 24,39). El Resucitado es el Crucificado. No cabe dudas a la comunidad apostólica que el Maestro resucitó, por eso la expresión de alegría (versículo 20 cf 16,20-22; 17,13). Tras el encuentro el envío (versículo 21 cf 17,18); la Iglesia es misionera desde su origen. Jesús la envía al mundo asistida por el Espíritu Santo (versículo 22 cf Ez 37,1-14; Jn 3,6-8; Hch 2,2-4).

Tomás no estaba cuando sucedió esta cristofanía y no creyó a pesar del testimonio que dieron, no solo las mujeres sino también el resto de los discípulos varones (versículo 24-25).

El segundo escenario se desarrolla ocho días, en la misma situación, reunidos a puertas cerradas, esta vez con Tomás presente, se produce una nueva cristofanía (versículo 26) donde Jesús reprocha la incredulidad de Tomás (versículo 27). La reacción de Tomás es contundente haciendo una confesión con alusiones tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento (Sal 35,23; 88,1; Jn 1,1; 5,18; 10,33-36; Rom 9,7; Fil 2,5-11; Col 1,19). Pero la respuesta de Jesús resucitado tampoco se demora reprochando su actitud; Tomás cree porque vio; sin embargo las grandes multitudes de discípulos y discípulas creerán por el testimonio de la comunidad apostólica (versículo 29 cf 17,20; 1Pe 1,8.12; 1Jn 1,2-3).

Finalmente, el evangelista Juan manifiesta el propósito de su libro (versículo 30): que a través de su testimonio, nosotros y nosotras que no hemos visto al Maestro resucitado, creamos que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios (versículo 31). En este último versículo, Juan concentra todo el misterio en torno al Maestro; misterio del cual durante siglos la Iglesia ha dado testimonio, quedando establecida definitivamente en el Concilio Ecuménico de Calcedonia (451 dC) la confesión de que Jesús es verdadero hombre y verdadero Dios.



2.    El texto en nuestro contexto:


Por la acción del Espíritu Santo (Jn 14,16.26; 15,26; 16,7) la Iglesia continúa la obra de Jesucristo siendo enviada al mundo para dar testimonio (Jn 20,21). Sin embargo, se presenta como la comunidad apostólica temerosa, insegura, dividida.

El relato evangélico de hoy nos interpela como Iglesia: ¿cuál es el mensaje para la sociedad y la cultura contemporáneas? ¿cuál es el contenido de ese mensaje? ¿qué grado de convencimiento tenemos? Estos interrogantes no son ajenos a nuestra Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, por eso sentimos la necesidad de afirmar que nosotros y nosotras, nos mantenemos en continuidad con la comunidad apostólica proclamando a Jesús resucitado como el centro de nuestra experiencia de fe; un mensaje de liberación, sanación e inclusión para todos y todas; con el pleno convencimiento que hoy, igual que antes, Jesucristo ofrece a la humanidad vida plena, digna y abundante (Jn 10,10; 20,31).

Este ofrecimiento de Jesucristo es denuncia de toda forma de injusticia, opresión, sometimiento, limitación de derechos y dignidad de la persona humana; pero es anuncio gozoso de que la justicia, la liberación, los derechos y la dignidad serán restaurados y prevalecerán contra toda otra forma de relacionamiento humano; para ello la iglesia es enviada (Jn 20,21) y nosotros y nosotras, la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana asumimos el compromiso de continuar trabajando, junto a otras iglesias, a otras expresiones de fe, a las personas de buena voluntad, porque los derechos y la dignidad humana es tarea de todos y todas.


Felices Pascuas de Resurrección
+Julio, obispo de la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana