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sábado, 24 de diciembre de 2016

Maldita Navidad





Mensaje Pastoral con motivo del 25 de Diciembre de 2016

Como todos los sábados fui al supermercado a las 8 de la mañana para hacer parte de las compras de la semana. Ya había cola en las cajas. La gente con casilleros de bebidas, lechones, corderos, asado. Pagaban cifras importantes. Muchos hasta la mitad de un salario mínimo nacional.

A media mañana fui a la ciudad, como todos los sábados, para alimentar a los perros en situación de calle. A las 10 de la mañana se dificultaba transitar por las veredas. Las personas llenas de paquetes. Los comercios repletos de gente comprando regalos. En las calles puestos y más puestos. La propaganda rodante promocionando artículos. Por todas partes venta de pirotecnia. No encontré los perros callejeros. La loca y consumidora humanidad les había desplazado una vez más.

Pasado el mediodía, ya de regreso en mi casa, pude observar tras la ventana la serenidad del jardín. Las ratoneras cantando. Los colibrí de flor en flor. Los gorriones comiendo semillas de árboles en el piso. Mis perros disfrutando la sombra. Fue en ese entonces que maldije la Navidad, el sistema neoliberal, el capitalismo salvaje que estimula la compra innecesaria y el consumismo voraz.

¿Qué tiene que ver todo ese despliegue de irresponsabilidad humana? Irresponsabilidad con el medio ambiente generando más contaminación con envases de todo tipo, portadores de las compras que se realizan. Irresponsabilidad económica, en algunos casos gastando más de lo que se puede, en otros gastando lo que debiera ser redistribuido en las personas empobrecidas. Irresponsabilidad cultural, pues estamos transmitiendo a las nuevas generaciones un antivalor como algo valeroso. Irresponsabilidad cristiana, pues estamos llamados a denunciar este tipo de injusticas que genera el sistema neoliberal, pero nos sumamos a las compras compulsivas, al gasto innecesario mientras millones pasan hambre y otros tantos mueren en las peores condiciones. Maldita Navidad! ¿Qué tiene que ver todo ese despliegue de irresponsabilidad humana con el nacimiento de Dios humanizado (Jn 1,14).

Desde la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana, queremos romper con la tradición de las fiestas navideñas, el árbol de navidad, la abundante cena, el negocio de los regalos. Para nosotros y nosotras, esta noche inicia un nuevo tiempo litúrgico. Tiempo de la Encarnación de Dios (Fil 2,5-7); desde el 25 de diciembre hasta el 5 de enero.  Los ejes de la reflexión serán en torno a las distintas encarnaciones: 

ü de Hijo de Dios en la historia humana,
ü de la Iglesia en la vida del pueblo;
ü de las discípulas y los discípulos en la sociedad y la cultura contemporáneas
.
Queremos recordarles a quienes perdieron la esperanza que Dios cumple sus promesas (Is 7,14 cf Mt 1,23). Durante casi cuatro semanas, hemos estado reflexionando y orando en torno a un eje central de la experiencia de fe judeo cristiana: la Promesa del Mesías (Dt 18,15-22) que trae paz con justicia a los pueblos de la tierra (Is 2,4) y que llegado el momento (Ga 4,4-7) el mismo Dios estará con nosotros y nosotras y entre nosotros y nosotras (Is 7,14) por amor a la humanidad (Jn 3,16) dignificando y plenificando la vida de cada mujer y de cada hombre (Jn 10,10).

Esta noche, noche santa, una vez más, la Iglesia tiene que recordarse a sí misma y recordarle a la sociedad, que Dios se hizo humano (Fi 2,7-8), en todo semejante a los hombres y las mujeres de su tiempo (Heb 4,15), asumiendo la condición de vulnerado en sus derechos y su dignidad (Lc 2,7-8), rodeado de empobrecidos y desplazados (Lc 2,8-20).

Esta noche, noche santa, la Iglesia tiene que anunciar a la sociedad que inicia un tiempo de buenas noticias para las personas vulneradas en sus derechos y su dignidad, para las empobrecidas, las desclazadas, las desterradas, las desplazadas, las marginadas, las discriminadas, las excluidas (Lc 4,18-21). Es un tiempo de sanación, de liberación, de cumplimiento de las promesas de Dios. Jesús ya no está entre nosotros para servir y dar la vida (Mc 10,45), ahora está para ser servido (Mt 25,31-46) en las personas vulneradas, que son sacramento de su presencia real entre nosotros y nosotras (Mt 25,40): “Emmanuel” (Dios con nosotros y nosotras, Dios entre nosotros y nosotras). Ahora, en este tiempo, es la Iglesia la enviada a servir siguiendo su ejemplo (Mc 9,35; Jn 13,13-15).

La Iglesia, al igual que Jesús, no está en el mundo para juzgar (Jn 3,17; 12,47) sino para comunicar a la sociedad de que otro mundo es posible con solidaridad e inclusión (Lc 7,22). Un mensaje contrario a este no tiene su origen en el Evangelio de Jesucristo.

Nada tiene que ver la maldita fiesta navideña con la bendita noche en que se cumplen las Promesas de Dios. Que todos y todas, tengan una vida plena en Dios.

+Julio, obispo de la Iglesia Antigua – Diversidad Cristiana.
24 de diciembre de 2016.

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